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Los libros

"Quien ama te inventa"

  • Los desnudos, poemario de Antonio Lucas, regresa constantemente al puente entre el yo y el nosotros, a la reflexión sobre la experiencia vital compartida
  • Aquí los sueños no excluyen la lucidez, la conciencia de las grietas que llevamos con nosotros en cada voluntad de nuevo comienzo

Publicada el 18/12/2020 a las 06:00

Los desnudos
Antonio Lucas
Visor
Madrid
2020

Los desnudos (Visor, XXII Premio de Poesía Generación del 27) comienza con una definición que remite al título: "Nosotros, los desnudos". Si los desnudos se encuentran en un fértil diálogo con las "criaturas vestidas ¡sin desnudo!" de Lorca para reivindicar precisamente la desnudez, la primera persona del plural apunta hacia algunos núcleos de significación constantes en el libro: el puente entre el yo y el nosotros, la reflexión sobre la experiencia vital compartida, la exploración de una serie de verdades que podemos llamar existenciales, verdades cuya enunciación se articula poéticamente desde lo particular a lo general. Los poemas, de pronunciado carácter meditativo, construyen sutilmente un diálogo sereno entre el yo y el nosotros, "los del borde de una fe que ya no abriga", los que debemos asumir la lucidez sin renunciar a los anhelos, los que siempre buscamos un equilibrio entre los sueños y la conciencia de su fragilidad.

Hay una voluntad arquitectural en la poesía de Antonio Lucas, que lo vincula a Joan Margarit. En "Casa nueva" encontramos una precisa definición que relaciona los espacios, lo afectivo y lo corporal: "Ya sabes que una casa parece un corazón que crece lento". También leemos una reflexión magnífica: "Toda casa nueva tramita alguna infancia/ que no quiso crecer". La reinvención de la infancia se materializa en un espacio a la vez físico y simbólico, depositario de las aspiraciones cifradas en los nuevos comienzos: en una casa nueva podemos intentar ser los niños que quisimos ser y recordar las palabras de Baudelaire que tanto le gustaban a Gil de Biedma: "le génie, c’est l’enfance retrouvée à volonté". Sin embargo, los sueños no excluyen la lucidez, la conciencia de las grietas que llevamos con nosotros en cada voluntad de nuevo comienzo, la sutil articulación temporal que remite a la perpetua reinvención del pasado que intentamos como antídoto para lo que nos inquieta: "Y nosotros recosiendo ya el pasado a ese instante/ que huye con nosotros". Esa lucidez, de nuevo íntimamente ligada al rescate de la infancia, queda patente también en el siguiente poema, "Autorretrato": "Podría decir que acepto lo que he sido./[…]/Quisiera, sin residuo alguno de lamento,/ regresar al túnel de ser niño,/ mirarme desde ahí,/ mirarme hasta el naufragio". El carácter de reinvención de la memoria aparece en "Je me souviens (Georges Perec)": "Recordar es tenerlo todo ya inventado". Y en el espléndido poema "Certeza" leemos: "A veces inventas alguna alegría/ que al contacto del aire parece un verano". Los versos del memorable poema "Las alas ciegas" de Luis Rosales vienen enseguida a la memoria: "Las alas llevan a la niñez,/ esto está claro, pero ahora,/ para que nunca vuelvas a sufrir,/ voy a inventarte una alegría,/ voy a extraer,/ de donde esté,/ algún recuerdo tuyo que pueda sostenerte". Leyendo Los desnudos creo que el imaginario afectivo de Luis Rosales está muy presente en el libro de Antonio Lucas.

Destacan también las imágenes y las reflexiones de los poemas en prosa "Federico García Lorca" ("Qué ve la nieve si te mira") y "Un libro de Ingeborg Bachmann" ("¿Cuánto puede un hombre tomar su soledad por lo que es?"), la exacta definición de "Inscripción" ("Eres la memoria de aquellos que has querido"), la sutil meditación amorosa que encontramos en "Juntos" ("El amor vive al fondo de las cosas./ Y dura lo que dura la quietud:/ concretamente el tiempo de existir dos veces") o en "Oración" ("Quien ama te inventa, sin saber lo que hace./ Y en esa ficción nos vamos gastando") o la sensualidad de los poemas dedicados a las islas griegas. Acabo esta reseña con los versos de "Tregua", el poema que cierra el libro y apunta con vitalismo hacia las posibilidades de tregua vislumbradas en medio del desasosiego vital: "Por eso que vivir se concreta en lo pequeño./ Ahí donde unos ojos te reclaman,/ donde piensas en alguien y lo salvas;/ donde alguien piensa en ti/ y da tregua a tu destino sin saberlo". Un libro excelente.

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Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura. Su último libro es El expediente Albertina (Edhasa, 2016).

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