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Luces Rojas

El valor de la democracia

Publicada 22/11/2017 a las 06:00 Actualizada 21/11/2017 a las 21:51    
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El siglo XX en España fue extraordinariamente variado. Muchos españoles nacieron con una monarquía, la de Alfonso XIII, vivieron dos dictaduras, una república y una guerra civil, y murieron con el nieto de Alfonso XIII, Juan Carlos I, como jefe de Estado. Pero las vivencias y experiencias serían muy diferentes si dejáramos hablar a alguien que estuvo siempre con el orden tradicional, que ganó la guerra y vivió tranquilo y feliz durante la dictadura de su Caudillo; o si por el contrario, atendiéramos a la versión de otro español que soñó con la República, la vio, luchó con ella hasta perder y nunca tuvo paz con Franco.

Vista desde una perspectiva comparada, la peculiaridad principal de la historia de España en el siglo XX fue la larga duración de la dictadura de Franco, salida de la guerra civil. No fue un paréntesis en la historia de España de ese siglo, sino el elemento central que dominó el escenario de forma absoluta durante casi cuatro décadas. La República y la revolución fueron destruidas por un autoritarismo que no cayó en 1945 y sobrevivió tres décadas a ese fascismo que tanto le había ayudado a establecerse.

La democracia que surgió a finales de los años setenta era sólo uno de los resultados posibles y hoy sabemos que fue positivo, que la consolidación de la democracia cambió el lugar de España en Europa, con su total integración en ella, uno de los sueños de las élites intelectuales españolas desde finales del siglo XIX. Se dejó de describir a un bando como representante de la verdadera España y la democracia trajo libertades amplias y la condición de ciudadanos europeos. También en España, como había pasado en una parte de Europa y Norteamérica, la democracia se asoció con el triunfo del capitalismo, que ya no estaba acosado por fuerzas revolucionarias.

Si algo caracterizó a las democracias europeas que se consolidaron tras la Segunda Guerra Mundial fue el compromiso de extender a través del Estado, del Estado del bienestar, los servicios sociales a la mayoría de los ciudadanos. Superar el atraso español en equipamientos colectivos, infraestructuras y sistemas asistenciales fue uno de los grandes desafíos de la democracia durante el último cuarto de siglo.

El gasto público del Estado representaba menos del diez por ciento de la renta nacional en 1900, apenas había crecido unos puntos en 1960, no llegaba la veinticinco por ciento cuando murió Franco y, sin embargo, rondaba el cincuenta por ciento en el 2000, con porcentajes similares a los de los países europeos más avanzados.

La distribución más equitativa de la renta, el drástico descenso del analfabetismo, la escolarización generalizada hasta los dieciséis años y la creciente cualificación profesional, con más de millón y medio de estudiantes universitarios, eran indicios incontestables de que la modernización había llegado a buen puerto.

El siglo veinte fue extraordinariamente variado, “de extremos”, como lo acuñó el historiador británico Eric J. Hobsbawm, pero al hacer balance casi todo el mundo celebraba que, después de tanta batalla, finalizadas las grandes rivalidades ideológicas, Europa era en el año 2000 más democrática y rica que nunca. Menos violenta y más estable. El capitalismo parecía funcionar con reglas establecidas, respetadas por los ciudadanos y los gobiernos. Y ahí estaba también España.

Pero apenas una década después, dilapidada parte de esa prosperidad, reaparecieron en algunas partes de Europa los fragmentos más negros de su historia. La riqueza no se distribuyó de forma igualitaria y algunos países, con Alemania al frente, no quisieron compartir los privilegios económicos. Las democracias se volvieron más frágiles, los estados dejaron de redistribuir bienes y servicios, que había sido su principal aportación a la estabilidad social, y comenzó a crecer el extremismo político, el nacionalismo violento y la hostilidad al sistema democrático. Hungría y Polonia son ejemplos significativos de una tendencia que se está extendiendo incluso por las democracias más fuertes y consolidadas.

Hace tiempo que descubrimos que las democracias, aunque imperfectas, abren vías de libertad y participación que las dictaduras y autoritarismos no contemplan y estrangulan. Lo que ocurre es que la democracia no es solo un sistema de gobierno, con instituciones y participación electoral. En una democracia parlamentaria los ciudadanos tenemos que defender nuestros derechos frente a los abusos del Estado y del poder. La democracia es más estable y justa cuando funciona desde abajo a arriba, con participación ciudadana, movimientos sociales que defienden intereses que las autoridades y los partidos en el Congreso no son capaces de articular.

Lo que está pasando ahora en España y en Cataluña no es la consecuencia del régimen de 1978, sino de los vicios de la democracia que hemos construido entre todos. Pensar que los ciudadanos ya no podemos cambiar las políticas, sino sólo los políticos, porque todo está en manos de unos pocos que nos manipulan, supone bajar los brazos y despreciar la historia de los movimientos sociales y de las acciones colectivas.

Es verdad que casi todo huele ahora a un "nuevo orden social", de control absoluto del capitalismo internacional y de burocracias supranacionales, con políticos corruptos o arrodillados ante ellos. Pero eso, con escenarios y protagonistas diferentes, no es la primera vez que pasa en nuestra historia reciente. Y como ha ocurrido siempre, no hay una única y simple verdad para analizar los hechos y buscar soluciones.

Nos están acostumbrando a creer que las soluciones son sólo electorales, de cambio de actores políticos, pero el problema es que hemos abandonado a la educación como guía imprescindible para captar los entresijos de la sociedad tan compleja que hemos creado. Desarrollar los poderes del razonamiento y del análisis no es algo que se estimule mucho entre nosotros, dominados como estamos por la mentalidad de los tecnócratas y de los corredores de bolsa, que animan a obtener beneficios inmediatos. Cada vez está más claro que nuestra riqueza nacional obtenida en los largos años dorados del boom inmobiliario no fue a parar a la educación. ¿Quién pedía eso, por cierto? ¿Quién lo pide ahora?

El debate Cataluña/España ha sustituido la diversidad —de clases, culturas e ideologías— por símbolos. Las banderas aparecen como refugio. Los dirigentes y sus principales seguidores convierten la política en mentiras, a los oponentes en enemigos. La nación y el pueblo, la representación política, impregna la vida cotidiana. La solidaridad, la distribución más equitativa de la riqueza y de la renta, se rompe frente a las rivalidades nacionales.

Hay que cambiar a los políticos, pero se pueden cambiar también las políticas. Y aprender de la historia, seguir enseñando las grandes diferencias entre las dictaduras y las democracias, entre la anulación de derechos individuales y colectivos básicos y la libertad. Como dijo el historiador estadounidense John Lewis Gaddis, la historia es como un espejo retrovisor: si uno solo mira atrás, acaba en la cuneta; pero ayuda a saber de dónde venimos y quiénes están con nosotros en el camino. Hacer tabla rasa del pasado, pensar que podemos levantar un mundo nuevo sobre las cenizas del anterior —en forma de república independiente o nuevo paraíso terrenal— hará imposible el entendimiento.
_______________

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y profesor visitante en la Central European University de Budapest.

 
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14 Comentarios
  • Sua Sua 18/12/17 11:34

    Por todo lo leído en esta época, creo que volvemos a las dos Españas de las cuales no habríamos salido pero ya no se hablaba. Ahora somos "CONSTITUCIONALISTAS" los buenos o "INDEPENDENTISTAS" los malos. Al que quiere llegar a un entendimiento entre todos lo tildan de"EQUIDISTANTE" ¿Cree alguno estar en posesión de la verdad absoluta?.
    Presiento que algunas personas les puede aquello de "El que no está conmigo está contra mí" Mucha "escuela" pero poca tolerancia, mucho "ego" y poca escucha.
    Nuestros políticos no saben argumentar sin despreciar al oponente, aunque sea con falsedades; últimamente se lleva el "no lo digo yo, lo dice..." y quieren que lo demos por "palabra de dios"
    ¡Que pena! Los no políticos, (no apolíticos) trataremos de ser críticos y obrar en consecuencia

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  • Marimé Marimé 26/11/17 19:07

    Lamento discrepar en dos conceptos, que modifican sobremanera la comprensión de lo que fue y es España. La dictadura de Franco emana de un golpe de estado y la guerra posterior no fue civil sino internacional o mundial o como se quiera, desde el momento en que al menos dos ejércitos extranjeros intervinieron en nuestro territorio, con indudable eficacia asesina e invasora.
    El concepto guerra civil aislado, sin referencia a su único agente provocador que fue el golpe, sitúa al gobierno legítimo agredido y al ejército agresor en el mismo plano y eso es además de falso, injusto.

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    • casanovahistory casanovahistory 28/11/17 19:48

      He dedicado cientos de páginas a ese tema y muchas de ellas a lo que acuñé como "Una guerra internacional en suelo español". No se puede repetir siempre lo mismo, a gusto del consumidor. Hay que leer.

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  • vaaserqueno vaaserqueno 23/11/17 11:37

    En mi opinión falta mucho y sobra mucho más para que pueda considerar que esto que vivimos en este país pueda llamarse democracia. Faltan recursos reales y fácticos de control, participación, proposición y veto de abajo a arriba, (incluso ese concepto que tenemos de abajo y arriba dice mucho de donde estamos); falta, como dice el autor, educación en democracia, en conocimiento del marco legal en el que se encuadra el Estado, en su desarrollo y en sus consecuencias y sobran conformismo, símbolos interesados que oscurecen la verdad, intereses espurios, barreras burocráticas y legales ante las que se estrella cualquier intento de salir de la rueda... Vivimos una pseudodemocracia, un sistema que se ha adueñado de algunas de las características de la democracia y nos ha hecho creer que son la Democracia, confundimos esas pocas características que son la consecuencia de la democracia con la democracia misma, pero un sistema de gobierno en el que la única participación real del pueblo que se admite es introducir una carta blanca en una urna cada 4 años es cualquier cosa menos democracia y, como a partir de ahí los elegidos pueden hacer y deshacer a su antojo, ya se encargan de pergreñar leyes y procedimientos que les protejan y perpetúen su estatus y el de los que les financian. Y eso sin meterme en lo de la UE, que de democracia no tiene ni un parecido meramente estético

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  • LAIE LAIE 23/11/17 03:46

    Con todos mis respetos al autor, jamás he vivido en una democracia española consolidada y jamás se dejó de describir a un bando como representante de la verdadera España. Durante estos 41 años de transición a no se bien bien que régimen, los intereses políticos, sobre todo del PP y ahora tambien de Cs, se han ocupado de que España no olvidara la maldad de los rojos y la bondad de los azules. Se aprecia en su actitud con las víctimas del franquismo, o su animadversión a eliminar símbolos fascistas, o con su matraca de olvidar la historia cuando hablan de ella los rojos pero su insistencia en removerla cuando quieren promover de nuevo el odio. Hoy en día, estamos en una fase tan involucionista de nuestra débil democracia que asusta pensar que no estemos muy lejos de que España sea un país más de ultraderecha en una Europa, también débil,que tiene más razón de ser como mercado común que como unión de países con principios democráticos. Demasiadas diferencias entre los países que, aunque el sr. Junker reniegue del nacionalismo, siguen sintiéndolo. Al fin y al cabo hablamos de sentimiento, costumbres, idiomas, historia, religión, cosas tan propias y comunes de los habitantes de un país que es imposible erradicar. No creo que nos dirijamos a un sistema mas social y equitativo. Los españoles estan viviendo una peligrosa apatía solamente rota cuando el mandatario de turno invoca la unidad de España (nacionalismo) Mientras tanto ven pasar, como si no fuera con ellos, la perdida de derechos y libertades como si no tuvieran derecho a exigirlas sino solo a tenerlas cuando el gobierno de turno se las dé. Nos quieren hacer olvidar que los derechos que no se defienden, se pierden. Yo creo en el derecho de que el ser humano ha de ser dueño de su futuro, poder realizarse, progresar, tener sus objetivos propios y compartidos y hacer lo posible por conseguirlos y tanto da si es ir a Marte como levantar una república independiente sobre las cenizas de un régimen autoritario y corrupto que se resiste a aceptar que hay ciudadanos dispuestos a vivir de otra forma.

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  • Queso Tierno Queso Tierno 23/11/17 03:08

    Creo que con la plurinacionalidad, el desafío catalán, la pasividad de los políticos de las CA que no han intervenido ni participado en nada, la inoperancia del Senado, la poca importancia del Congreso, la falta de entendimiento entre los distintos partidos, la división de nuevo manifiesta de las dos Españas, la corrupción institucionalizada, la pobreza social creciente con la clase media casi desaparecida y falta de ética y moral política, más que en democracia, estamos en 'demos gracias' de que no se haya venido todo abajo.

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  • Luis Fernando Luis Fernando 22/11/17 17:49

    Estoy de acuerdo con el artículo del profesor Casanova. Y es cierto que la democracia es más auténtica si se estimula desde abajo. Sin las demandas de las asociaciones civiles, no habría todavía en España matrimonio homosexual -tampoco lo habría si hubiese gobernado permanentemente el PP-. Se trata de llevar las demandas sociales justas al Parlamento y también, por supuesto, de llevar al Gobierno a partidos sensibles con las desigualdades sociales. Hacer socialdemocracia, hoy como ayer, es la tarea...Solo que hoy, en un mundo globalizado, sin control de los movimientos de capital, es todavía más difícil.. Ya no basta con una justa política fiscal nacional, se impone una política fiscal europea común y una lucha constante y eficaz de la Unión Europea contra la evasión en paraísos fiscales.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 22/11/17 13:33

    Pues sí, el artículo es un resumen de lo que pasa. Imagino que intenta decir que esas macrollamadas al fascismo por uno y otro lado no son tales y que la hipérbole como recurso constante acaba cansando y pierde su sentido. Pero vaya, es anodino y no dice gran cosa. Intranscendente. Menos mal que es de un cátedro. Si lo escribe un ayudante igual le cuesta el puesto.

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  • Yanez70 Yanez70 22/11/17 13:13

    Algunas verdades y algunos lugares comunes, hasta que nos pone Hungría como ejemplo de “hostilidad al sistema democrático”. Mh. Vale. Pero los políticos de Hungría no han sido votados? Son tan corruptos como los del PP? Luego miras quien es Julián Casanovas, y resulta que es profesor en la Central European University. Fundador de esa universidad: George Soros. Ah, vale. Que le pasa a Mediapart? Va mal de pasta y necesita dinero de Soros? Quien sabe....

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    • jorgeplaza jorgeplaza 22/11/17 13:57

      ¿Conoce usted el significado de la palabra miserable? ¿Y el de ruin? No creo que haga falta ponerlos aquí explícitamente porque supongo que está usted desde chiquitito muy familiarizado con las dos.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 22/11/17 10:29

    Es difícil no estar de acuerdo con el artículo. Para fastidiar, que es mi especialidad, me quedo con lo siguiente: "La democracia que surgió a finales de los años setenta era sólo uno de los resultados posibles y hoy sabemos que fue positivo, que la consolidación de la democracia cambió el lugar de España en Europa, con su total integración en ella, uno de los sueños de las élites intelectuales españolas desde finales del siglo XIX." ¿Por qué fastidio seleccionando este párrafo? Pues porque parece evidente que al profesor Casanova, que muy de derechas no parece, el "Régimen del 78" que dicen unos cuantos cretinos, no le parece que haya estado tan mal. Podría haber seleccionado también estas otras frases para llegar a la misma conclusión: "La distribución más equitativa de la renta, el drástico descenso del analfabetismo, la escolarización generalizada hasta los dieciséis años y la creciente cualificación profesional, con más de millón y medio de estudiantes universitarios, eran indicios incontestables de que la modernización había llegado a buen puerto."
    Es evidente que padecemos hoy en España más o menos los mismos problemas que el resto de los países ricos y democráticos. Problemas que son graves, pero básicamente los mismos: jugamos en la misma liga que Francia o Italia, por ejemplo. Si la idiotez del "Régimen del 78" tuviera algo que ver con la realidad, padeceríamos otros muy distintos que poco o nada tendrían que ver con los de Francia, Italia o Bélgica y se parecerían más no sé si a los de Zambia o a los de Venezuela, pero no a los del resto de los países europeos.
    Ya sé que los fanáticos no se bajan del burro así los maten, pero por mí que no quede.

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    • Arkiloco Arkiloco 22/11/17 14:30

      Muy de acuerdo contigo Plaza y también con que no se apearán del burro. Si no piensas que vives en un lugar horrible y cuasi fascista ¿qué te queda para traer a estas secciones de comentarios?

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      • jorgeplaza jorgeplaza 22/11/17 19:15

        Pues traeríamos a estos comentarios la verdad o lo más que fuéramos capaces de aproximarnos a ella, pero no mentiras evidentes. En política o en lo que sea debe partirse de hechos y no de fantasías o quimeras más o menos interesadas. Equiparar el régimen franquista (o sea, el auténtico "Régimen") con la democracia restablecida en 1978, que es lo que se pretende al usar la expresión "Régimen del 77" es una majadería por mucho que la repitan los interesados en que sea creída, que son fundamentalmente don Iglesias y sus secuaces, puesto que no tienen ninguna otra manera de alcanzar el poder más que haciendo tabla rasa de las instituciones actuales. Basta considerar que pueden decir con toda tranquilidad esa barbaridad y otras muchas por el estilo y siguen siendo diputados electos con inmunidad parlamentaria para comprobar que esto de "Régimen" tiene muy poco, por seguir hablando de hechos y no de delirios.

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  • Ángel S.B. Ángel S.B. 22/11/17 09:32

    Hace usted un análisis un poco sesgado... estoy de acuerdo en algunas cosas que dice... sobre todo en la educación....y que debe ser la sociedad civil la use se oponga a los poderes ....pero aquí en este país José erradicó el fascismo en la transición al contrario de cómo ocurrió en Alemania..con juicios a los nazis etc... aquí siguió mandando económicamente, políticamente, judicialmente, militarmente y sociológicamente etc.etc el Franquismo y esto no lo menciona usted en su análisis....Sea un poco más exhaustivo en sus análisis porque si no pensaré que no es usted honesto....Aunque en muchas opiniones estoy de acuerdo con usted..Salud y República..!!!

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