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Luces Rojas

Mentar el fascismo en vano

Publicada 03/01/2018 a las 06:00 Actualizada 22/02/2018 a las 20:41    
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El fascismo es uno de los términos más controvertidos de la historia contemporánea y, al no existir una definición universalmente aceptada por historiadores y científicos sociales, se usa y abusa de él, en el espacio y en el tiempo, aplicado a diferentes contextos políticos o como forma de insulto ante cualquier exhibición de comportamiento autoritario, proceda éste del amplio firmamento político de la izquierda o de la derecha.

Durante varias décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el legado del fascismo, de su dominio de Europa, de la guerra racial, de la limpieza étnica y de los millones de asesinados, encarcelados  y exiliados, parecía desvanecerse frente a la fortaleza de la democracia, un fenómeno del pasado, sin futuro, derrotado en una guerra global.

En los últimos años, sin embargo, la aparición de movimientos racistas, xenófobos y protectores del orgullo y de la identidad nacional nos han traído ecos del fascismo histórico, de aquel que echó sus semillas y creció entre 1919 y 1945. La historia avisa, aunque muchos, lejos de tomársela en serio, prefieren mentar el fascismo en vano, convertirlo en un dardo de tertulia y propaganda política frente al oponente. Por eso este  artículo está pensado especialmente para  quienes  solo han visto el fascismo en las películas, nunca lo sufrieron, ni lo estudiaron en las escuelas, o tienen el desprecio al conocimiento como bandera.

Las interpretaciones más relevantes del fascismo proceden fundamentalmente, aunque han evolucionado mucho con el tiempo, del marxismo, de las visiones del totalitarismo elaboradas durante la Guerra Fría y de las teorías revisionistas y del “nuevo consenso” que aparecieron en el mundo académico desde los años noventa del siglo XX.

Si el marxismo había identificado al fascismo desde el principio como una respuesta represiva del capitalismo ante las crisis política y socioeconómica causadas por la Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique, las teorías del totalitarismo defendieron que el fascismo y el comunismo se parecían mucho en sus estructuras de poder, en el papel desempeñado por sus partidos únicos, en la naturaleza burocrática del Estado y en el uso del terror.

Aunque las explicaciones de Carl Friedrich y Hannah Arendt iban mucho más allá de un mero paralelismo entre los estados Nazi y Soviético/Estalinista, lo que se divulgó y consolidó fue, más en el escenario político que en el académico, su identificación total en esas prácticas comunes “totalitarias”, dejando de lado e ignorando sus diferentes orígenes sociales, sus ideologías antagónicas y sus diferentes alternativas al capitalismo y a la democracia.

El historiador y filósofo alemán Ernst Nolte, muy influyente en las posteriores aproximaciones revisionistas y del “nuevo consenso”, fue mucho más allá y defendió que la ideología y prácticas del Holocausto eran un reflejo de las purgas políticas de Stalin de los años treinta. En su provocadora sentencia, el gulag fue anterior a Auschwitz. En una imagen simplificada de la historia, que es lo que gusta a quienes la ignoran o les interesa solo su uso político en el presente, los bolcheviques serían los “primeros culpables” y los nacionalsocialistas quedarían exculpados o minimizados por copiar lo que había sido ya iniciado por el marxismo.

A partir de esa explicación, en la que los factores sociales y económicos que condujeron al surgimiento del fascismo interesaban poco o nada, algunos autores, Roger Griffin entre ellos, pusieron énfasis en la ideología “positiva” del fascismo, que no solo buscaba destruir las formas políticas existentes sino crear un “nuevo mundo”. El fascismo, además de su parte reaccionaria y ultraderechista, tenía también su lado racional,  revolucionario, una especie de síntesis de ideas de la derecha y de la izquierda, una “tercera vía” entre el capitalismo y el comunismo.

Los historiadores que han aportado análisis empíricos sobre el fascismo, desde Italia a Alemania, pasando por España, Rumanía o Hungría, y no sólo teorías o definiciones, se han alejado casi siempre de ese revisionismo y han destacado sus componentes antidemocráticos, antisocialistas, paramilitares y ultranacionalistas, su carácter de religión política (Emilio Gentile), manifestado en la profusión de símbolos y ritos y en el culto a los mártires. Los fascismos fueron movimientos de masas que nacieron desde la violencia callejera y, tras conquistar el poder, militarizaron al Estado y a la sociedad.

No todos los casos históricos de fascismo, o sus compañeros de viaje colaboracionistas, tuvieron como componente esencial el determinismo biológico del nazismo alemán, la creencia de que la raza aria era superior a las demás y su profundo y radical antisemitismo, pero, cuando fueron derrotados en 1945 y pudo hacerse balance, se comprobó que todos se habían sumado a las atrocidades de la guerra imperialista, los campos de concentración, las cárceles y los asesinatos en masa del contrario (rojos, judíos, demócratas o disidentes). Y los que los copiaron y sobrevivieron a la era fascista, los regímenes de Franco y Salazar en España y Portugal, mantuvieron durante sus largas décadas de dominio la misma hostilidad y violencia frente al liberalismo, el comunismo y la democracia.

Como escribió Primo Levi, “la memoria de lo que sucedió en el corazón de Europa, no hace mucho, puede servir como advertencia”. Es probable que el fascismo, como fuerza electoral y paramilitar, continúe  siendo marginal en muchas partes de Europa, pero aquellos que señalan a las minorías étnicas, inmigrantes o refugiados  como chivos expiatorios de los problemas que no pueden solucionar nuestros políticos y sociedades –y atacan al mismo tiempo a la democracia, al multiculturalismo y a los derechos humanos–,  están sembrando la semilla de un nuevo fascismo, con su rastro de intolerancia, abuso y esclavitud.

No todo lo que se opone a la política establecida es fascismo o populismo. Los tertulianos con poder de comunicación que llaman fascistas a todos aquellos que no piensan como ellos –sean independentistas catalanes, nacionalistas o podemitas– y, desde el otro lado, quienes piensan que nuestra actual democracia es franquista, deberían leer un poco de historia, escuchar sus ecos, fiarse de quienes de verdad la han investigado, construir argumentos y conceptos con más rigor. Como hemos demostrado algunos en el año de su centenario, para elaborar versiones fieles a la historia y críticas de la revolución bolchevique –y de paso del comunismo o del estalinismo-, no es necesario equiparar todas las manifestaciones de violencia política o dictatoriales. Ni mentar el fascismo en vano.
______________

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y 'visiting professor' de la Central European University de Budapest.

 
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15 Comentarios
  • coldo coldo 23/02/18 15:36

    Un estado autoritario se caracteriza pior imponer unos intrereses y reprimir cualquier oposición. El fascimo implica imponer la ideología.,implantandola desde la infancia. Hoy las DENOCRACIAS se plantean como un nuevo fascismo. El que se opone es un ANTISISTEMA y queda EXCLUIDO. Bienvenidos al nuevo mundo . HEIL

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  • jamonfresco jamonfresco 05/01/18 22:05

    Creo que el profesor Casanovas hace un análisis incompleto y poco objetivo sobre el fascismo.
    Una cuestión es el termino fascista que se emplea indiscriminadamente para denostar al adversario político que es contrarrestado (o era) por el termino comunista.
    Ambos son realidades sociales pasadas
    Con resultados bien diferentes
    El fascismo fue derrotado en la IIWW, el comunismo venció en esa misma guerra y terminó por extinguirse por sus propios errores y por los crímenes cometidos por Stalin de categoría moral equivalente a los cometidos por el nazismo alemán, aunque numéricamente diferentes. El nazismo era ejercido por un dictador que sometió al pueblo alemana a su único criterio durante 12 años aplicando una de las más extravagantes, depravadas y dañinas dictaduras. El Nazismo establecido en Alemania fue derrotado por las armas en la IIWW.
    El comunismo no fue derrotado por ese conflicto mundial, sino que formo parte del bando vencedor con un balance muy desfavorable en vidas humanas para el comunismo. Los comunistas fueron gobernados por otro dictador implacable Stalin de la misma o peor catadura moral que Hitler.
    Mientras que los defensores de a) la democracia) b) los sistemas capitalistas fueron hábiles frente a las víctimas del conjunto de sus aliados URSS Gran Bretaña y USA.
    El resultado fue que el imperio británico estaba arruinado y solo quedaron dos países con dos ideologías incompatibles a cuál más cruel, despiadada e inhumana, la comunista (URSS) y la capitalista (USA)
    FIN DE LA PRIMERA PARTE

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  • Grever Grever 04/01/18 14:20

    Cogiendo algunos de los rasgos citados por el profesor Casanova cuando menciona a los historiadores que han aportado análisis empíricos quizás no se pueda, en rigor académico, calificar de fascismo al independentismo catalán del procéss de estos últimos años pero cierto aroma si que desprende.
    Antidemocráticos: Modificación del reglamento del Parlament y aprobación de Ley de Transitoriedad. Referéndum del 1-O sin garantías de proceso.
    Antisocialistas: Ni de izquierdas ni de derechas sino todo lo contrario, véase el pacto entre el centro derecha catalán (CDC-PDCat-JxCat) y el centro izquierda catalán (ERC).
    Ultranacionalistas: ¿Se han fijado en los apellidos de las listas de ambos partidos? La nación-república catalana por encima de las ideologías de los socios del govern y su apoyo por la CUP. Xenofobia hacia "lo español", declaraciones despectivas sobre andaluces o extremeños.
    Movimientos de masas: escenografías de las Diádas desde 2011.
    Símbolos y ritos: nueva bandera (estelada) homenajes a caídos por Cataluña.
    Mártires históricos: Lluis Companys y Jaume Compte.
    Mátires modernos: los miembros del govern de Puigdemont "exiliados" y encarcelados.
    ¿No es fascismo? Se le parece mucho.

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    • phentium phentium 23/02/18 07:32

      Dice ud.:
      "La nación-república catalana por encima de las ideologías de los socios del govern y su apoyo por la CUP. Xenofobia hacia "lo español", declaraciones despectivas sobre andaluces o extremeños."

      A la primera parte yo le responderia que mucho mejor estaria España si la Nacion Española estuviera por encima de las ideologias de sus gobernantes. No entiendo que le moleste tanto que las ideas esten por encima de las personas. A no ser, claro, que eso solo le moleste cuando a Ud. no le gustan esas ideas.

      Xenofobia hacia lo "español". Falso. Xenofobia hacia cierto españolismo rancio y que solo pretende imponer Castilla al resto de España, sus costumbres y su cultura, lo de la lengua es evidente. En una palabra: xenofobia hacia el nazionalismo español que nunca trajo nada bueno a este pais, solo dolor y miseria para que cuatro descerebrados levantaran la barbilla.
      Si que debo reconocer mucha torpeza por parte de las fuerzas vivas catalanas al permitir que demasiados demagogos afirmen lo mismo que Ud. en este aspecto, asi como mucho gacetillero con aspiraciones periodisticas que encuentran una magnifica audiencia entre los perezosos mentales.

      Desprecio hacia Andalucia y Extremadura: exactamente igual que en el apartado anterior, es decir, desprecio hacia cierta Andalucia y cierta Extremadura. Todos somos conscientes de que en ambas regiones, al igual que en Catalunya, hay de todo, pero las dos que Ud. cita han tenido un trato de favor excesivamente prolongado en el tiempo. Afortunadamente en mi estancia en Extremadura pude verificar que un sector de la juventud reconoce que todas esas ventajas de las que ha gozado su region, en realidad las ha mantenido en su posicion de desventaja convirtiendose en un medio facilon de propaganda electoral. Un poco aquello de no me des peces y enseñame a pescar.
      Debo reconocer aqui tambien una mala praxis de algunos politicos catalanes no haciendo esta distincion. Y añado tambien que hay que darle las gracias a mucho gacetillero.

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    • Luis Fernando Luis Fernando 05/01/18 16:16

      No seré yo (castellano-aragonés en Tenerife, español) quien defienda a los políticos independentistas catalanes. En Infolibre vengo sosteniendo la tipificación del Procès como delito de rebelión (a partir de una violencia institucional y jurídica, consumada a partir de la aprobación por el Parlament de las dos leyes secesionistas en los días 6 y 7 de septiembre de 2017 y revitalizada, incrementando su antijuridicidad, con la convocatoria por el Govern del referéndum de autodeterminación de Cataluña...).
      Esa actuación frontalmente inconstitucional, delictiva, no convierte a los políticos independentistas en "fascistas" (porque la violencia material activa -un rasgo de todas las modalidades de fascismo- afortunadamente, no ha concurrido en Cataluña: Los episodios de violencia independentista han sido de violencia pasiva -por ejemplo, a la puerta de los colegios electorales el 1-O, frente a los agentes de la policía y guardia civil-.

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  • esfera esfera 03/01/18 19:54

    Qué está ocurriendo en buena parte de Europa y América del norte, con el ascenso de los partidos políticos de extrema derecha, o bien, de los partidos nacionalistas xenófobos, y además homofóbicos, etc... amantes _ defensores de la posverdad, y crueles enemigos de los DERECHOS HUMANOS olvidados , como cualquier ser humano sin certificado de defunción, solamente perceptibles para los niños, los llamados a ser marginados de la sociedad y su cultura GLOBAL deshumanizada y decadente.
    Saludos cordiales.

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  • platanito platanito 03/01/18 18:37

    Estoy leyendo su trabajo sobre octubre 1917 en formato digital y le confieso que me está resultando duro de digerir, en particular por la cantidad de referencias a otros investigadores. Al comprar el libro esperaba una síntesis menos farragosa de ese periodo. He encontrado demasiados nombres de gentes y de organizaciones. Estoy a medias del capítulo conclusiones y la verdad es que he sacado muy poco en limpio. Debe ser que mis meninges ya no están para estos trotes. Lo siento.

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    • Luis Fernando Luis Fernando 05/01/18 15:42

      Los análisis de las bibliografías comparadas sobre cualquier tema histórico son un rasgo permanente del profesor Casanova (que nunca plagia ideas ajenas; por el contrario, cuando secunda una idea o valoración ajena, siempre cita al autor y su obra). En "La venganza de los siervos" esas citas y análisis bibliográficos son obligados: El libro no es resultado de una investigación directa de los hechos históricos -que, necesariamente tendría que haber sido de las fuentes primarias rusas, en ruso- sino una ardua síntesis de centenares de libros, escritos en inglés, sobre la revolución de 1917. Y no es tan difícil entender las identificaciones, entre Casanova y algunos de los autores citados, y las conclusiones finales a las que llega el profesor.
      Le sugiero que lo vuelva a leer, más despacio o con mayor detenimiento o en momentos más propicios.

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      • platanito platanito 14/01/18 19:46

        Gracias por la aclaración.

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  • luzin luzin 03/01/18 11:57

    Necesario artículo y acertada publicación por parte de la dirección ante tanto desafortunado comentarista por estos lares. Más claro el agua ...
    Mostrar mi admiración por el profesor Casanova, uno de los muchos intelectuales españoles de calidad que pasan desapercibidos para el gran público. En particular me encanta su trabajo sobre el anarquismo en España.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 03/01/18 11:00

    Veo que muchos no son capaces de ofrecer propuesta sin mentar algún chivo expiatorio tipo liberalismo etc... En realidad no tienen un proyecto real y solo les queda utilizar chivos expiatorios para unir... ¡Al final se llega a odiar en nombre del bien! Estamos apañados...

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 03/01/18 08:46

    Tengo que reconocer que me ha recorrido un escalofrío la espina dorsal al leer este artículo. En mi opinión subyace en él una equiparación entre fascismo y comunismo. Y puede que sin duda lo que Stalin entendía por comunismo estuviera mucho más cerca del fascismo mussoliniano. Pero ambas ideologías son radicalmente diferentes. El fascismo nace como reacción al comunismo o para ser más exacto, como una rama, apoyada por los poderes fácticos, de los movimientos sociales de mediados del siglo XIX, que trataban de agrupar el descontento social y las primeras manifestaciones de rebelión popular contra una situación deleznable de las clases más desfavorecidas. Cuando se habla de "fascismo" actualmente se suele hacer para resaltar una postura autoritaria o dictatorial. La utilización excesiva de metáforas y metonimias ha llevado a que se pierda el sentido originario de las palabras. La perversión del lenguaje es uno de los primeros objetivos para el control, aunque sea democrático, de los propios adeptos en particular y la sociedad en general. Estoy de acuerdo en que no se debe mentar el fascismo en vano. Ni confundirlo con otras ideologías totalitarias de estructura piramidal como fue el nazismo. Comparten algunos métodos y ciertos objetivos. Pero, como se puede ver el el Himno "All'armi!" del fascio italiano (cuna y casi único lugar donde imperó con cierta exactitud esa ideología) su obsesión es acabar con comunistas y "bolcheviques" porque "no quieren ni patria ni familia". En resumen, estando de acuerdo con que no se debe llamar "fascista" al adversario político con la ligereza que hoy se hace, confundiendo actitudes más o menos autoritarias con una ideología determinada, no sé si la vía de este artículo es la más adecuada ni si realmente es lo que pretende. O si es simplemente una loa a una democracia cuya aplicación sigue manteniendo el poder en manos de unos muy pocos que acaparan poder y riqueza mientras un porcentaje importantísimo de los seres humanos se mueren de hambre y miseria, o, en el "paraíso occidental" apenas llegan a fin de mes. Ellos los crearon y los arrojaron contra nosotros. Y ahora pretenden ponerles caretas para que no les reconozcamos.

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    • Luis Fernando Luis Fernando 05/01/18 16:32

      Hay pasajes de su comentario que no comprendo:
      -Dice vd que "subyace en el texto del profesor Casanova una identificación entre comunismo y fascismo". No hombre, no: Dicha identificación -sostenida por Nolte y Griffin, entre otros- es precisamente la que critica Casanova, que se identifica claramente con los estudios empíricos de lo que supuso el fascismo en Alemania, Italia, Hungría, Rumanía, España y Portugal.
      -Más adelante, sostiene vd que el fascismo surgió "a mediados del siglo XIX": El fascismo es la respuesta violenta del capital ante la amenaza de la revolución socialista en Rusia, que no habría sido posible sin la Iª G.M. Es un fenómeno específico de Europa que se desarrolla entre 1914 y 1945.
      - No debe usarse el término "fascista" en vano, a modo de insulto frente a opiniones adversas. En efecto, no son fascistas ni el PP, ni los independentistas catalanes ni Podemos. Si comparte, como comparto yo, esa admonición del profesor Casanova, no comprendo el porqué de su referido escalofrío...

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    • estovamal estovamal 03/01/18 10:40

      Me parece que no conoce usted al Prof. Casanova, o que no ha leído bien el artículo.

      Admito que el lector, siempre, proyecta en lo que lee su propia forma de pensar, pero hay textos, más próximos al conocimiento científico, en los que parece más difícil comprender esas interpretaciones. 

      Por otro lado, tengo la impresión, por otras intervenciones en comentarios, que usted no suele pensar o expresarse de esta manera, por lo que insisto en mi parecer: creo que no ha leído detenidamente el texto del prof. Casanova.

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    • Gerolo Gerolo 03/01/18 09:48

      Léelo de nuevo, anda...

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