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Una Puerta del Sol vacía para despedir 2020

  • Será la primera Nochevieja sin público desde que se inauguró el reloj en 1866

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Publicada el 31/12/2020 a las 06:00 Actualizada el 31/12/2020 a las 13:51
Un coche de la Policía Local vigila la Puerta del Sol en la madrugada del lunes, primera jornada de toque de queda en la capital.

Un coche de la Policía Local vigila la Puerta del Sol en la madrugada del lunes, primera jornada de toque de queda en la capital.

EFE

La Puerta del Sol será en los últimos minutos del 2020 la imagen de un año distinto. El reloj que la preside volverá a marcar el tránsito del año viejo al nuevo. Pero lo hará en soledad. Tras más de un siglo frecuentada por personas que elegían su suelo para la despedida anual, estará vacía. Las autoridades así lo han dispuesto como imprescindible precaución ante la pandemia. Estos días han aparecido en redes sociales fotografías de la celebración multitudinaria en 1918, tras la que llegó la segunda ola de la mal denominada "gripe española", que multiplicó las muertes ocasionadas por la primera. Quizás ese lejano recuerdo explique la unanimidad de las distintas autoridades para negar al público el acceso a ese lugar emblemático durante más de un siglo, y plató permanente para la televisión desde que se iniciaran las transmisiones en 1962, con la única excepción de la que tuvo lugar desde Barcelona once años después.

Algunas cadenas buscaron en años puntuales escenarios distintos, pero los resultados adversos aconsejaron volver al tradicional y buscar la diferenciación en las parejas de presentadores que jalean el antes y el después de las campanadas. En esta ocasión, TVE ha decidido que sean dos mujeres las protagonistas: Anne Igartiburu, que sumará 16 años consecutivos al frente de la retransmisión, con diversos acompañantes masculinos, y Ana Obregón, que lo hará por cuarta vez, en un año especialmente difícil para ella tras la muerte de su hijo. Una hora después, Ana Guerra y Roberto Herrera tomarán el relevo desde Santa Cruz de Tenerife. Será el debut de la cantante, y la decimoséptima ocasión en que Roberto Herrera estará ante las cámaras.

También desde la Puerta del Sol despedirá el año Atresmedia. Por quinto año consecutivo, Alberto Chicote y Cristina Pedroche serán los protagonistas en Antena 3, mientras en La Sexta repetirán, por quinta vez consecutiva, Iñaki López y Cristina Pardo. Mediaset es el único grupo de televisión que ha puesto tierra y mar por medio, y traslada a Gran Canaria la sede del cambio de año. Sandra Barneda y Christian Gálvez protagonizarán desde allí las doce campanadas en horario peninsular y, una hora después, en horario de Canarias.

Según las crónicas del siglo XIX, en aquella España campesina y empobrecida no eran muchos los que tenían reloj, por lo que se fue extendiendo la costumbre de acudir a la plaza principal de la población a oír las campanadas que marcaban el inicio de un nuevo año. En el caso de Madrid, la instalación en 1866 del reloj para coronar la Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol, marcó el inicio definitivo de una costumbre llena de altibajos durante las décadas siguientes. A partir de 1907 llegaron noticias e imágenes de Nueva York, con las celebraciones multitudinarias en Times Square, que acrecentaron el número de personas que se congregaban en la Puerta del Sol. Sin embargo, la popularización de la radio dejó a la mayoría en sus casas, y a los más pudientes en fiestas de hoteles y restaurantes donde sonaban, a través de la radio, unas campanadas, pronto coreadas y gritadas por la concurrencia.

Pero llegó la televisión en 1956, y seis años después dispuso de los medios técnicos para transmitir desde allí el cambio de año. Nochevieja tras Nochevieja, el gentío se fue congregando, armados de alcohol con el que combatir el frío, serpentinas, confetis y disfraces, hasta rebasar el espacio de la Puerta del Sol y obligar a las autoridades a reprimir aforos, objetos que pudieran ser peligrosos, y hasta prohibir el alcohol. Ya en los últimos años hemos visto como dos y hasta tres horas antes se desaloja ese espacio, para controlar a continuación la entrada y lograr que se cumplan a rajatabla las medidas de aforo y seguridad dictadas. Allí, a pie de calle está buena parte del espectáculo; pero más arriba, en balcones frente al reloj se sitúa la otra parte, la de los más populares presentadores de las distintas cadenas de televisión encargados de narrar el momento culminante de las doce campanadas. Unos sonidos idénticos cada año, pero que este 2020 nos parecerán muy distintos, al difundirse sobre una plaza vacía.

Fallos y anécdotas

Las transmisiones de TVE sufrieron su mayor chasco en 1989, precisamente el último antes de aparecer las cadenas privadas. Marisa Naranjo, una reputada locutora de continuidad, fue la designada por la dirección para ser la imagen y voz del tránsito hacia los noventa, y en el momento clave ocurrió lo impensable: sin los medios actuales, Naranjo no atinó a distinguir entre cuartos y campanadas..., que dejó sonar hasta que terminaron, justo cuando ella decía "aquí comienzan las campanadas", y solo se veía la vuelta del carillón a su lugar y entre la concurrencia estallaban las tracas de bienvenida a 1990; la locutora solo acertó a decir "ha terminado 1989. Espero y deseo que hayan tomado las uvas sin precipitación y de acuerdo a como hayan sonado". Afortunadamente, no existían entonces las redes sociales, pero la mayoría de los medios de comunicación se ensañaron durante días con el despiste.

Cuatro años después, Irma Soriano, desde Antena 3, deseaba a los espectadores que empezaran el año de una “forma fantástica y maravillosa, que fueran felices”, y anunciaba los cuartos cuando en realidad sonaban las primeras campanadas; Irma fue consciente del error y, con cara de desconcierto, acertó a decir: "no he oído carrillón, no he oído cuartos". En ese mismo momento, en Telecinco, José María Iñigo y Carmen Sevilla acertaban al dar paso al reloj, pero retrocedieron treinta años en el tiempo al desear a los espectadores "un feliz año 1964".

En 2002 tuvo lugar la catástrofe del Prestige y Telecinco decidió que Mercedes Milá presentara el evento desde Muxia, "zona cero" de la costa inundada de chapapote. Hasta allí se desplazaron los equipos de la cadena para realizar los ensayos previos, que eran convenientemente grabados... y uno de los cuales fue emitido en diferido en la Nochevieja, después de que el temporal de ese día provocara problemas técnicos insalvables para realizar el programa en directo. Es el único caso conocido en el que las campanadas han salido al aire previamente grabadas.

Diez años más tarde, a Paula Vázquez, que presentaba junto a Carlos Sobera el especial de Antena 3, se le soltó el único tirante del vestido que lucía instantes antes de las doce. Aunque Sobera intentó ayudar a resolver el incidente, no hubo más remedio que reclamar la presencia ante cámara de la sastra profesional de la cadena. El desaguisado fue resuelto con toda naturalidad y presentadores y sastra saludaron juntos a los intrigados espectadores.

En la Nochevieja de 2014, Ramón García y Ana Obregón eran los encargados del cambio de año en TVE, mientras cundía la preocupación por que el anuncio de la llegada de 2005 no fuera respondida por la muchedumbre que abarrotaba la Puerta del Sol con una rima, muy en boga en aquella época, pero inapropiada para sonar en los hogares; el asunto se solventó sin mayores problemas, pero inmediatamente después Ana le pidió a Ramón la capa que lucía siempre en Nochevieja y, en el traslado, la capa voló hasta el suelo. "¡Ha tirado mi capa, mi capa de la suerte!”, exclamaba, entre la sorpresa y el disgusto, Ramón.

El fiasco con mayor repercusión tuvo lugar en 2014, y fue protagonizado por Canal Sur. La autonómica había elegido el reloj de la catedral de Almería para ese año, pero cuando la actriz Ana Ruiz y el cocinero televisivo Enrique Sánchez se aprestaban a cantar la primera campanada, saltó a las pantallas de medio millón de andaluces un anuncio publicitario, que se interrumpió un instante con la imagen en directo, vuelta a la publicidad y regreso cuando sonaba la novena campanada. Las críticas, con apertura de expedientes, e implicaciones políticas, fueron constantes durante buena parte del 2015.

 

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