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Plaza Pública

Los progresistas europeos deben conciliar solidaridad y estabilidad

  • Unos días antes de la elección presidencial del 17 de noviembre en Chile, la ex presidenta y candidata Michelle Bachelet da su opinión sobre la Unión Europea, su influencia y los desafíos que los 28 tienen que enfrentar

Michelle Bachelet
Publicada el 17/11/2013 a las 06:00 Actualizada el 23/11/2013 a las 21:36
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Creo que hoy en día Europa es una mezcla de logros pasados y desafíos futuros. Sin embargo, lo que queda por ver es si el espíritu progresista que ayudó a conseguir lo primero, ahora será el mismo para alcanzar esto último. Los logros reflejan los valores fundamentales expresados en el Tratado de Roma fundacional, especialmente, construir una nueva Europa entre todos y vivir en paz. No cabe ninguna duda de las repercusiones positivas de cualquiera de estos valores que sirvieron de inspiración. Con solo el 7% de la población mundial, la Unión Europea representa el 25% del PIB mundial y sigue siendo la primera potencia comercial. Al mismo tiempo, su sentido de la solidaridad le lleva a asumir casi el 50% del gasto en ayuda al desarrollo. Mientras tanto, el proceso de crecimiento ha permitido conseguir varios hitos importantes en términos de integración, lo que ha dado lugar a un conglomerado de 28 naciones con distintas culturas pero con un único objetivo : ser europeas y reunir diferentes nacionalidades bajo un lema común. A pesar de las graves repercusiones que ha tenido la crisis económica en el proyecto europeo, hasta el momento, el euro ha capeado bien el temporal. Sigue siendo una divisa fuerte en los mercados internacionales y, hasta ahora, ningún país adherido al euro se ha retirado de la eurozona, a pesar de las especulaciones generalizadas que indicaban lo contrario.

Paz y democracia

La paz, el elemento más fundamental del proyecto europeo, también se ha garantizado durante los últimos 50 años, si bien con la notable excepción de la crisis yugoslava. No se trata de una hazaña insignificante si echamos la vista atrás a la historia de Europa, la cual había sido constantemente asediada por guerras y conflictos desde la caída del Imperio romano. En tiempos de paz, la Unión Europea ha reforzado las prácticas democráticas y ha desarrollado una cultura de coexistencia pacífica que ha ido más allá de tensiones y diferencias individuales. Esto provoca que la UE no solo sea una hazaña para los ciudadanos europeos, sino que también haya sido debidamente reconocida por sus logros por el resto del mundo, incluida América Latina. Sin embargo, también es cierto que conseguir todo esto no ha sido tarea sencilla y que Europa no está exenta de problemas. En los últimos años, la estructura se ha tambaleado en muchos sentidos y las tensiones se han intensificado durante las negociaciones institucionales y políticas. Por un lado, se trata de una cuestión de economía actual y deuda soberana. Pero si profundizamos un poco más, también tiene que ver con los efectos de acontecimientos pasados. La historia jamás es estática en ninguna región del mundo: ejerce una influencia poderosa en el pensamiento político moderno y enmarca gran parte del debate sobre las aspiraciones que tiene la población para su sociedad. En Europa, el periodo de historia que tiene especial repercusión hoy en día es la Guerra Fría y sus secuelas. 

Las consecuencias del neoliberalismo

Durante cinco décadas, se establecieron dos mundos, y dos visiones de sociedad y política, en suelo europeo. La caída del Muro de Berlín en 1989 y el fin del denominado socialismo «real» provocaron, a su paso, una necesidad de conciliar dos conceptos esenciales pero opuestos desde ambos lados del Telón de Acero: libertad e igualdad. Así pues, el principal reto al que se enfrentaba la recién creada Unión Europea era trabajar hacia una mayor cohesión social e igualitarismo en todo el territorio de Europa. Lamentablemente, ahora sabemos que conciliar estos dos conceptos no es tarea fácil y, en algunos casos, se ha demostrado que va más allá de los políticos de Europa. Donde sea que arraigasen la lógica del mercado y el neoliberalismo, trajeron consigo un grave deterioro, tanto de la justicia como del bienestar. Es como si Europa hubiese cambiado un telón de acero por un muro de indiferencia.

Actualmente, ha dejado a la Unión Europea con la necesidad de tratar una serie de cuestiones que amenazan con debilitar el proyecto europeo. Para empezar, sus distintas organizaciones, especialmente el Parlamento Europeo, la Comisión y el Banco Central, requieren de una mejor coordinación y de una visión común para la toma de decisiones. No obstante, son simples herramientas para afrontar los desafíos que han surgido con la crisis económica. Lo que verdaderamente importa es que Europa desarrolle políticas realmente comunes. Cuando se observa desde fuera, se puede ver lo difícil que es diseñar e impulsar dichas políticas, algo que incluso se ha complicado aún más con las sucesivas adhesiones de nuevos miembros, las cuales han ampliado el abanico de intereses en juego. Y he aquí donde radica la debilidad. Hoy en día existe una sensación de urgencia que se propaga por toda Europa : la población está envejeciendo, la inmigración está cambiando las sociedades y el desempleo está teniendo un efecto devastador en las generaciones más jóvenes. Sin embargo, se trata de una realidad que los gobiernos y los partidos progresistas no saben siempre cómo tratar. El nuevo milenio trajo consigo una ola de oportunidades para que Europa aprovechase al máximo sus cualidades. Pero tenemos que reconocer que fue culpable de falta de visión en cuanto a los nuevos peligros que representa la globalización y un sistema financiero global sin normas claras ni controles adecuados.

Crecimiento : una cuestión más importante

¿Cuál debería ser la respuesta de los partidos progresistas de Europa frente a tantos desafíos importantes? Creo que deben ser claros e inequívocos: su tarea consiste en oponerse abiertamente a los modelos de crecimiento y desarrollo que sostienen la desigualdad. No es una simple cuestión de determinar si se está produciendo crecimiento económico o no, se trata de controlar cuánto crecimiento se está generando, hacia dónde se dirige y qué efecto tiene en mujeres, hombres y familias, y en el medio ambiente.

En resumen, se trata de introducir políticas centradas en la protección del bienestar de las generaciones actuales y futuras. En Europa, el debate está presente entre aquellos que abogan por la austeridad y la estabilidad financiera, por un lado, y aquellos que dan máxima prioridad a la solidaridad, por el otro. Los progresistas deben aprender cómo ponerse del lado de la solidaridad al mismo tiempo que buscan con calma y responsabilidad un retorno a la estabilidad financiera. Si los progresistas fuesen capaces de posicionarse correctamente y lograr un equilibrio adecuado en materia de política, sobre todo antes de las elecciones europeas del próximo año, la crisis podría suponer una nueva oportunidad para ellos.

Un interés mutuo

Como chilena, existen varios puntos en común entre mi país y Europa que son inevitables. En términos de orígenes culturales y étnicos, Chile tiene sólidos vínculos con Europa en muchos aspectos. Nosotros también hemos logrado hitos importantes, como el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, el acuerdo bilateral más exhaustivo, progresista y de mayor alcance jamás firmado por Chile. ¿Por qué? Porque se basa en la reciprocidad, en el interés mutuo y en un fortalecimiento de las relaciones entre Chile y la UE en todos los ámbitos, con tres pilares básicos : política, economía y cooperación. De modo que cuando uno habla sobre condiciones de acceso al mercado e inversión, también tiene que enfatizar que el principal objetivo es promover, difundir y defender valores democráticos, sobre todo, el respeto por los derechos humanos, la libertad de las personas y los principios del estado de derecho. Estos son los cimientos sobre los que ahora deseamos construir una sociedad más democrática e igualitaria.

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Michelle Bachelet, expresidenta de la República de Chile (2006-2010), ex directiva de ONU-Mujeres (2010-2013), candidata por la coalición de izquierda a la elección presidencial chilena del 17 de noviembre 2013 (su sitio de campaña). Este texto será publicado en el segundo número de la nueva revista de opinión pública europea Queries, a salir el viernes 22 de noviembre 2013.
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