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Plaza Pública

¿Para qué los medios públicos?

Teresa Aranguren Publicada 11/11/2015 a las 06:00 Actualizada 01/12/2015 a las 19:12    
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¿Para qué necesitamos medios públicos? La pregunta dicha con tonalidad retórica suele enarbolarse como una proclama de modernidad y liberalismo a ultranza, entendiendo, claro está, el término liberal como sinónimo de libertad de mercado y la modernidad como la aspiración, resultado de una admiración sin reservas por el modelo de sociedad estadounidense, a parecernos cada vez más a ellos, a los Estados Unidos de América, digo. Así que en ese contexto de pensamiento ultraliberal la pregunta, dicha con tono retórico y adecuadamente airado, trae prefigurada una única respuesta: para nada.

En realidad la idea de la necesidad de medios públicos es de matriz radicalmente europea. Es en el ámbito europeo en el que toma forma la idea de que los medios audiovisuales son demasiado poderosos como para dejarlos exclusivamente en manos de intereses privados. La necesidad de unos medios públicos sujetos a rigurosos controles de calidad y lo suficientemente potentes como para ser referentes en el ámbito de la comunicación audiovisual parte de la conciencia de que a través de la radio y la televisión no solo se transmiten noticias y entretenimiento, sino también actitudes, emociones, prejuicios o contraprejuicios, estados de opinión y de ánimo que en cierta medida conforman la tonalidad mental de una sociedad. Y no conviene que tanto poder dependa en exclusiva de las leyes de la oferta y la demanda. La noción de “servicio público” aplicado a los medios de comunicación es un logro de las sociedades europeas y se inscribe en el marco ideológico que sustentó la construcción, o el proyecto de construcción, del llamado “Estado del Bienestar”. No es de sorprender por tanto que desde el mundo ultraliberal, los medios de comunicación públicos hayan sido siempre objeto de furibundos ataques. Más aún en época como la actual, cuando la crisis económica y el ascenso de las derechas en Europa está poniendo patas arriba todo lo que lleva el marchamo de “ público”. Desde la sanidad a la radio-televisión pública.

Con todo, no es tanto en el terreno ideológico como en el de la práctica donde se juega la auténtica defensa de los medios de comunicación públicos.

Por muy alineado en el campo ultraliberal que esté un político, sería dífícil que se atreviese a cuestionar, si es británico, la existencia de la BBC, si alemán, de la ARD y la ZDF o, si sueco , de la excelente SVT, la televisión pública de Suecia. Entre otras cosas, porque cualquier político británico o sueco o alemán es consciente de que sus posibles votantes perciben los medios públicos de su país como algo que forma parte de su identidad británica o sueca o alemana, algo propio, que pertenece a los ciudadanos, no al gobierno.

Y una de las claves, no la única pero sí la más determinante, en ese proceso de identificación de la ciudadanía con sus medios públicos es la independencia de éstos con respecto al poder político, la seguridad de que ni su programación ni su línea informativa pueden manejarse desde los despachos de los ministros, o de los asesores de imagen de los ministros, o del presidente del Gobierno y sus asesores de imagen. El prestigio de la BBC, el modelo que siempre viene al caso cuando el caso es la pertinencia o no de unos medios públicos, proviene del amplio margen de independencia profesional con el que funciona. Ese es su gran logro. Y esa es la gran carencia de otros.

“Eso vale para los ingleses o para los suecos, pero aquí en España es imposible, sea el PSOE o el PP, aquí el que está en el gobierno es el que manda en TVE”. Tantas veces hemos escuchado este argumento que se ha convertido en una especie de evidencia incuestionable. Lo dice gente de la derecha y, esto es más grave, a veces gente de la izquierda. Esa resignada aceptación de unas supuestas reglas del juego que asignan a los medios públicos el papel de portavoces del gobierno de turno es el principal argumento en su contra. En contra no ya de su funcionamiento en un momento dado, por aquello de que ahora no mandan los míos, sino en contra de su existencia. Creo que solo desde una radical defensa de su independencia profesional se puede defender radical y eficazmente la existencia de los medios públicos.

En ese sentido la ley para la reforma de los medios de titularidad estatal de 2006 fue un paso importante, al crear un marco legal que amparaba la “desgubernamentalización” de CRTVE. Y porque dio origen al periodo de mayor independencia profesional de la radio-televisión pública en España.

El marco legal por sí solo no habría bastado, pero contó con el empuje y el entusiasmo de los profesionales de la casa y con el respaldo de una ciudadanía que percibió enseguida el valor de lo que estaba ocurriendo, el valor de tener unos medios públicos con credibilidad, rigor e independencia professional. Medios públicos, no gubernamentales.

Pero el éxito suele acarrear suspicacias. El éxito de la radio-televisión pública de esa época no gustó demasiado a los competidores de las cadenas privadas. Y en 2009, el mismo gobierno que había impulsado la reforma de CRTVE asestó lo que yo considero un golpe bajo a su estabilidad presupuestaria, al eliminar por ley los ingresos publicitarios sustituyéndolos por unas tasas a los operadores privados que nunca han alcanzado los niveles previstos. Aun así, CRTVE, especialmente sus informativos, siguió contando con el respaldo de la audiencia. Hasta que el PP llegó al poder.

En abril de 2012, el Gobierno de Mariano Rajoy dictó el decreto ley por el que se cambiaba la ley de 2006 y se facilitaba el nombramiento del Presidente de CRTVE por simple mayoría absoluta. Una de las primeras decisiones del nuevo presidente fue el cese de Fran Llorente, director de los Servicios Informativos, el área más valorada y de mayor éxito de audiencia en todos esos años. El mensaje era claro, olvidense de razones profesionales y menos aún de independencia profesional, las cosas vuelven a ser como siempre han sido, quien manda en el gobierno, manda en los medios públicos. El mensaje vino acompañado de un brutal recorte presupuestario, en torno a un 40%.

La experiencia había durado menos de cinco años. Más que efímera, fue una experiencia abortada. Aun así fue una experiencia importante. Mostró que la cuestión no es que en España, o si se quiere en los países del sur de Europa, no se pueda aspirar a tener unos medios públicos independientes, sino que es preciso contar con una decidida y por supuesto mayoritaria voluntad política para defender ese modelo. Y garantizar su permanencia.

Lo contrario significa resignarse no solo al deprimente panorama de la CRTVE actual con sus informativos sometidos a continua injerencia del partido en el gobierno y perdiendo audiencia al mismo ritmo que prestigio, sino a que los medios públicos dejen de tener sentido para la ciudadanía. Lo contrario significa renunciar a una auténtica defensa de los medios públicos.





Teresa Araguren es miembro del Consejo de Administración de RTVE


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8 Comentarios
  • Rasec Rasec 24/04/16 20:05

    Yo veo interesante la existencia deradios y tvs públicas pero sin control público (ahí está el quid). Desde mi punto de vista se debería crear una ley organica que exigiera para su modificación una mayoría cualificada, en la que se estableciera un sistema de selección del director por razones profesionales con el apoyo de una mayoría amplia del parlamento y al mismo tiempo dotarla de un medio de financiación (si la iglesia lo tiene, por qué no la TV). También debería de centrarse en sus funciones, procurando que cubriera sectores de interes social que no cubren las privadas por no ser rentables. Por ejemplo no intentar competir con las publicas en contratos carísimos como futbol, motociclismo, automobilismo... que siempre van a dar las privadas y centrarse en deportes minoritarios. De esa manera sería más económico, no habría publicidad y complementaría con una programación de calidad aunque fuera más minoritaria: producción de documentales, programas culturales... No me gustaria una TV pública con Grandes Hermanos.

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  • MónicaBN MónicaBN 16/03/16 11:23

    Como miembro del Consejo ¿qué medidas has propulsado para que se garantice el derecho a la información plural, veraz y contrastada en RTVE? Y en los personal ¿has renunciado a algún privilegio por ser miembro del Consejo?

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  • Guapa Guapa 12/11/15 21:12

    Una puntualizacion sobre la falta de "medios publicos" en los Estados Unidos. De hecho existen una emisora de radio NPR (National Public Radio) y un canal de television PBS (Public Broadcasting Service) de ambito nacional y publicos de gran prestigio. La diferencia radica en que en los EE.UU. el que los medios sean publicos significa que se financian con las aportaciones de los espectadores no con fondos del estado.

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  • luzin luzin 11/11/15 09:43

    Creo que la articulista cuenta la historia al revés. Las RTV públicas han funcionado en Europa como monopolios dado que los gobiernos han prohibido las emisiones privadas, en concreto en Gran Bretaña hasta los años 50 no se permitió otra cadena privada. En España hasta los 80 y seguimos en realidad con unos medios de comunicación completamente controlados por la oligarquía dominante.  En España seguimos con el mismo mantra, resulta que todos los medios públicos deberían ser independientes y al servicio de los ciudadanos, pero no es así, y nunca lo ha sido, ni los sindicatos, ni los partidos, ni la justicia, ni las TVs públicas, ... están al servicio de los ciudadanos que eso sí, religiosamente deben pagarlos. En España no hay democracia, es una oligarquía de partidos, los españoles no pueden elegir a sus gobernantes y no hay separación de poderes, y en esta situación es imposible que ningún medio de comunicación público sea independiente

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  • Lunilla Lunilla 11/11/15 06:41

    Se puede ser : Destructivo o Autodestructivo; parece la misma cosa pero no lo es. Elmantener un Ente Publico de Radio Teleevisiòn de caalidad e independiente, no es nada del otro mundo; En eol nuestro España ya lo hemos disfrutado, 2.004 - 2011 a la "chita callando" y sin problemas. Molete.

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  • Sofocles Sofocles 11/11/15 00:48

    Entiendo El articulo y respeto la opinion de Teresa, pero lo veo como una ilusión irreal.... no me fio de los gobiernos ni de izquierdas ni de derechas españoles para mantener una radio televisión de calidad e independiente. Y como opino así, creo que seria mejor para España no tener medios públicos. Para mi es el equivalente a pensar que si dejas un plato de carne en el suelo el perro no se lo comerá. Por otro lado, la persona que escribe el articulo no comenta nada respecto al COSTE con mayusculas que representa RTVE.  Resumiendo: A) RTVE es carisimo, el dinero se puede emplear en otras cosas o ahorrarlo B) No me creo que se despolitice de una manera continua en el tiempo. C) No me creo que seamos capaces de tener una RTVE que sea economica, funcional, independiente y cumpla su labor social. Luego lo mejor es que no exista como ente publico.

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    • losdel38 losdel38 12/11/15 20:42

      ...Y yo si creo tener una RTVE que sea economicamente funcional,independiente. Los Obispo/curas se llevan anualmente 12000 millones €...¿ Y que hacen ? Trabajar 1/2 hora a la semana y con vino, ya tenemos 12,000 millones y que estos que son propietarios de mas de 100,000 Inmuebles que paguen el IBI que los currantes cristianos lo pagamos.

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    • Arkanoid Arkanoid 11/11/15 11:55

      Pues si hasta EEUU puede tenerla no veo por qué nosotros no. La PBS es un ejemplo de independencia y de calidad, siendo cierto que no tiene cobertura nacional y que su capacidad de competencia con las TVs privadas es reducida dadas las característas de su programación.

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