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Caníbales

“¿Están rotos? ¿Me los están rompiendo?”

Publicada 20/02/2016 a las 06:00 Actualizada 19/02/2016 a las 18:13    
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Hace semanas que hay un runrún entre mis amigos.

- Tienes que ver Spotlight.

- Tienes que ver Spotlight.

- ¿Has visto ya Spotlight?

- Tienes que ver Spotlight.

Todos lo dicen bajito, como si fuera una conspiración.

Mis amigos son periodistas. Esa generación que conoció a Lou Grant (y, ya pasados los treinta, admiró The Wire), pero que no estudió periodismo por una serie ni por Todos los hombres del presidente, sino porque pensaba (pensábamos) que el mundo se podía cambiar contando la verdad.

“Periodismo es contar lo que alguien no quiere que se sepa”. Esa frase de George Orwell es justo lo que intuíamos a los dieciocho, cuando leíamos a Camus y a Kafka, y éramos unos jóvenes viejos, existencialistas, fumadores de Fortuna.

Ahora que somos viejos jóvenes (vigoréxicos, exfumadores, bebedores de alcohol caro) y no leemos más allá de nuestro TL, vamos al cine a escondidas, a ver Spotlight en silencio. Y, salimos del revés, claro.

***

La historia de los periodistas del Boston Globe que, con tanto esfuerzo y tanto tiempo, contaron lo que siempre habían tenido delante de sus narices, es la historia de lo que quisimos ser y no seremos: relevantes.

***

Spotlight cuenta, sin apenas efectismo, sin hacer de los periodistas héroes pero sí personas (esforzadas y falibles), una investigación periodística que duró meses y se publicó en el 2002. Y nos lo cuenta hoy, en el 2016, cuando todo vale; cuando las historias duran lo que aguanta un trending topic y da igual, prácticamente, si son verdad o mentira; cuando Aylan muere todas las mañanas en nuestra orilla, una y otra vez, sin helarnos ya el corazón.

(“Hace falta una tribu para educar a un niño, hace falta una tribu para silenciar su abandono”, dicen en Spotlight).

***

¿Qué es el periodismo ahora?

No lo sé (yo soy una infeliz: sigo leyendo a Camus). Sí sé que los periodistas nos miramos demasiado el ombligo del periodismo, en vez de mirar alrededor, a la gente a la que nos debemos.

***

Comí el otro día con un amigo abogado y hablamos de Spotlight desde otro lado: desde el lado de la Iglesia. ¿Lo sabían? “Lo sospechaban”, me dice, “pero no se imaginaban ese alcance. Pensaban que eran casos aislados y los mandaban lejos. Cuando lo supieron, juran que actuaron”.

(Como mi amigo analiza mis textos, preciso que esto no es, ni mucho menos, toda la conversación, pero sí la parte que me viene bien contar).

Ojos que no ven, corazón que no siente. Un refrán que aplicamos para desentendernos (un verbo horrible: “desentenderse”). Pero las víctimas no se van.

“Ni son todas de la Iglesia”. Mi amigo, como yo, ha leído Instrumental, de James Rhodes. La historia de un niño roto a los cinco años por su profesor de gimnasia. Roto y solo porque nadie se dio cuenta. Igual que los exalumnos de los maristas de Barcelona, que lloran a los cuarenta lo que no pudieron denunciar a los trece. Igual que el protagonista de la novela de Hanya Yanagihara (A Little life), un hombre destrozado por el silencio y la vergüenza.

***

Leo, y leo, y leo: dicen que hay una pauta, una razón perversa; que los hombres (no hombres: ¡niños!) son peores víctimas. Se avergüenzan, se duelen solos, no piden ayuda, no se dejan curar. En la segunda temporada de American Crime, por ejemplo, no hay forma de que se llame violación a lo que sufre un chaval. ¿Por qué? Porque es hombre y podría haberse defendido; porque era gay y podría haberle gustado.

Es el horror.

***

Mis amigos periodistas siguen conmocionados por Spotlight. A alguno le he obligado a ver El Club; V. me ha obligado a mí a ver Calvary. Hablan, hablamos, y yo, al llegar a casa, pienso siempre en la madre de James Rhodes. Esa madre que no se dio cuenta de que su hijo se había roto hasta que ingresó, mil años tarde, en un hospital psiquiátrico. Pienso en ella y vigilo a mis cachorros, mientras meten goles, mientras juegan, mientras duermen.

¿Están rotos? ¿Me los están rompiendo?


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9 Comentarios
  • Retornado92 Retornado92 26/02/16 17:35

    Yo pienso que esos casos se dan sobre todo en los países católicos, pues así como esa iglesia se opuso SIEMPRE al progreso de la ciencia, a la investigación, también se opuso SIEMPRE a la educación sexual haciendo del sexo un tabú, un secreto, a veces una vergüenza, que es lo que experimentan todos esos hipócritas que hacen voto de castidad y se horrorizan cada mañana cuando se despiertan con lo que se llama coloquialmente "la tienda de campaña", negándose a admitir lo natural del sexo y el deseo. Todos esos viejos dogmáticos que gobiernan esa iglesia han hecho del sexo un arma para dominar y humillar al pueblo (sabiendo que no se puede refrenar), mientras ellos se realizan con dinero y poder.., y dogmatismo, para mejor dominar a los otros, designándose por no se sabe quién como intérpretes de un ser todopoderoso en la tierra, con el cuento del cielo y el infierno, y eso de la vida eterna... Leonardo da Vinci ya descubrió el fenómeno de la evolución de la tierra, la erosión de los elementos, y tuvo que callárselo porque un viejo papa, quizá corrupto, pero dogmático y sectario, dictaminó que Dios había hecho así la tierra y, por consiguiente, la había hecho como era, perfecta.., por eso la tierra no podía girar alrededor del sol, sino al revés, ¡pobre Galileo!.., si para decir eso no hay que estar hinchado de orgullo y fanatismo, venga Dios y lo vea...

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  • Wildthing Wildthing 21/02/16 01:05

    Estoy totalmente de acuerdo con huesitos. El tema es importante, pero me parece absurdo que al final del artículo, la autora pretende que a ella le puede pasar lo mismo y no ser capaz de verlo. Vamos. 

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    • vicoposa vicoposa 23/02/16 09:18

      y a huesitos: ¿artículo flojo?, pero vosotros teneis hijos o nietos?????? Si los teneis, lo que no teneis es corazón, o alma, quizá cerebro???? o ninguna de los tres, porque la lengua se os ha ido

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    • Bruna Bruna 21/02/16 10:18

      A veces los hijos somos capaces de engañar a nuestros padres. No siempre, desde luego, pero quien de nosotros no ha inventado una historieta para encubrir porqué volvemos tarde a casa? Creo que la autora no da por hecho que a ella le vaya a suceder, lo que expresa es su temor a no darse cuenta y encontrarse con esa terrible situación que ningún padre o madre querría vivir. Las denuncias no pueden ser acalladas ni con el silencio ni con el consentimiento cómplice. Saludos.

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      • Wildthing Wildthing 23/02/16 16:47

        Gracias por tu comentario, Bruna. 

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  • Inguru Inguru 20/02/16 21:20

    Tiene que formar parte de la educación en los primeros años. No debemos creer que eso les pasa a los demás, porque no es así .

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  • LosCristos LosCristos 20/02/16 20:08

    La mala educación de Pedro Almodovar pasó sin pena ni gloria y es una película dónde se denuncian esas barbaridades. Los españoles no quisieron enterarse. 

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  • 28ABRIL 28ABRIL 20/02/16 18:15

    Se de lo que hablas, pero creo que deberíamos acostumbrarnos a hablar más claro para que todo el mundo sepa de lo que se habla, y no llamarse a engaño, (en política pasa mucho)

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  • huesitos huesitos 20/02/16 16:59

    Artículo flojo, que quieres que te diga.

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