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El Ojo Público

Campanadas 2019 al servicio del autobombo de las televisiones

Publicada el 01/01/2020 a las 13:36 Actualizada el 01/01/2020 a las 13:57
Saben que estamos todos frente al televisor –no hay momento de mayor audiencia en el año–, los ojos fijos en el reloj... Y lo aprovechan: todas las grandes cadenas utilizan los 15 o 20 minutos previos a las campanadas, que dan paso a 2020, para contarnos las maravillas de sus respectivas programaciones. TVE relata sus inminentes estrenos, sean o no continuación de series tan longevas como Cuéntame; Antena 3 se apoya en las caras más conocidas para lanzar mensajes de permanencia; Telecinco recurre a sus programas más populares para recordar que lo importante es "pasarlo bien". Todas supeditan ese tiempo de espera al autobombo –lo llaman autopromociones pero es publicidad pura y dura– para "fijar imagen de cadena" hasta el momento cumbre en que solo importará el reloj.
 
Hubo un tiempo en el que TVE emitía un programa específico con ese contenido. Se denominaba Y sin embargo te quiero, y relataba en clave humor e ironía lo que íbamos a ver durante la siguiente semana; ahora, no. Ahora el autobombo se ha colado hasta en los sumarios de los principales informativos y a ello se consagraron, sin complejos de otras épocas, los presentadores. En TVE Anne Igartiburu –quince años ya como la mujer de rojo– y Roberto Leal, el antiguo reportero y hoy chico para todo en la cadena pública. En Antena 3 repiten también Alberto Chicote y Cristina Pedroche; ella encarnando (otro año más) el morbo de cómo aparecería de vestida o desvestida, promocionado por imágenes previas y veladas en redes sociales... y que se tradujo en un atuendo entre La guerra de las galaxias y el Egipto histórico, que cubría a la presentadora desde la barbilla a los pies. En Mediaset optaron por "huir" del reloj de la Puerta del Sol y trasladar a Jesús Vázquez y Paz Padilla a Guadalupe en Extremadura.
   
Llegó el momento de los tañidos, sin mayores incidencias, y tan solo TVE acompañó el sonido con números; las cadenas comerciales, como su propio nombre define, situaron en la pantalla doce botellas de Coca-Cola, para brindar, cuando el refresco desapareció, con sendos botellines de cerveza Estrella Dorada: ahí es nada el dineral que ambas cadenas ingresan por la publicidad más cara del año; quizás no quisieron desentonar de la propia fachada del gobierno regional, donde se proyectaba la omnipresente "chispa de la vida".
   
Después, ya se sabe: con los más jóvenes desaparecidos de los hogares familiares, al resto nos sirvieron dosis, más o menos repetitivas, de galas musicales, con similares, cuando no repetidas, actuaciones previamente grabadas y empaquetadas. Nada nuevo Nochevieja tras Nochevieja. Solo TVE se salió, como en los últimos años, del guión previsible: con ese espacio previo de José Mota, un artista que no parece estar ya para programas semanales de impacto, pero que sorprendió con una recreación del golpe del 23F. Casi cuatro décadas después del escalofrío de 1981, el cómico entendió que ya era momento de hacer parodia de aquel esperpento de la mano de ellos, de los cómicos, que han ido apareciendo desde entonces en noches como esta, englobados en el saludo común de "Heil Gila".
 
Y La 2, con una nueva entrega de Cachitos de hierro y cromo, consagrado, como siempre, a actuaciones musicales del pasado –incluso del pasado muy pasado–, y rótulos plenos de ironía y alusiones al presente: "Empezamos el año I después de Camilo Sesto"; "¡Escuchen!, es Malú", o "Los vestidos de Pedroche se los ponía Raffaella (Carrá) para bajar a comprar el pan". Una Nochevieja más, la cadena menos promocionada de TVE se convirtió en oasis frente a lo repetitivo y previsible.
 
Por último, parece obligado señalar dos contenidos previos a los previos. En el Telediario 2 de La 1 aparecieron dos muestras de imaginación aplicadas a la información: un resumen de 2019, encarnado por José Sacristán desde el Teatro Real de Madrid, que nos devolvió a una de las esencias de los Informativos. Era –es, se puede ver en RTVE/A la carta– un relato de "un viejo y cansado, que se bebió, sorbo a sorbo, su pasado; un relato de hechos recientes que al personalizarse en Sacristán era más una emoción dilata que un resumen al uso. El periodista Carlos del Amor es el autor de la idea, con un equipo de profesionales de TVE. Y otro profesional de TVE, Fran Llorente, puso al Laboratorio de RTVE, que él dirige, a los mandos de un resumen de la década pleno de ritmo televisivo, de sucesos impactantes y, sobre todo, de aquello que define al medio: la imagen. Que ambos espacios se situaran y cerraran el último Telediario del año podrían marcar un camino hacia el futuro: cambios tecnológicos imprescindibles, sí; pero al servicio de la imaginación y capacidad de innovación de los mejores profesionales.
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