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Muros sin Fronteras

La ciudad que nunca duerme

Publicada el 20/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 19/12/2018 a las 21:13
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Es la primera vez que me sucede, y no es culpa de Donald Trump: me ha costado conectar con Nueva York, una ciudad mágica, tal vez por el cine y la televisión. Dejé de ver el escenario en el que se representa a sí misma las 24 horas al día para ver la tramoya en la que suben y bajan los decorados. Vi las tripas, la impostura del marketing de un modelo de vida.


El jet lag es el cansancio, la desubicación y el sueño que padecemos tras un viaje a través de varios husos horarios. Gabriel García Márquez –o Julio Cortázar, que hay controversia sobre la paternidad de la cita– dijo que se debe a que el alma es mucho más lenta que los aviones, por eso tarda unos días en alcanzar el cuerpo. Puede que mi desconexión inicial sea un jet lag intelectual en el que se me descuadraron las palabras y las imágenes.


Ocurre en las relaciones, en los libros y en las películas. La conexión depende más de nuestro punto de vista, de nuestra sensibilidad, que del elemento exterior. Es cierto, tiene razón: una mala película lo será siempre sin importar el estado de ánimo del espectador, pero saben a qué me refiero. La forma del agua de Guillermo del Toro, que me fascinó, depende del momento emocional del espectador. Las experiencias que entran por la piel, no solo por los ojos o los oídos, son las que permanecen.




Han transcurrido diez días y he dejado de buscar defectos de la ciudad para dejarme llevar, y estar. En este segundo verbo se encuentra la clave de todo viaje. Estar exige paciencia, no forzar, esperar. El buen viajero no busca, encuentra.

Vivimos en un mundo tan acelerado, nosotros y los objetos observados, que resulta imposible encontrarnos en un punto de observación. Si nos pausamos, es la ciudad la que se acelera. Si la ciudad se detiene, seguimos corriendo.



Casi siempre viajamos con todo empaquetado –maletas, ropa, vida, personas y países– en un safari urbano de 10 días con todo incluido. Aunque es la única opción para muchos, dentro de ese viaje puede suceder lo inesperado, la chispa que hace saltar la monotonía por los aires. A veces puede ser una frase, una mirada, una sonrisa.

El viaje, como las emociones y la película de Del Toro, tampoco depende del exterior, sino de la capacidad de cada cual de dejarse sentir, de abandonarse, de salirse aunque sea un segundo del papel de seriedad adjudicado por el entorno social.

No son solo los políticos y el clima de xenofobia que agitan de manera irresponsable, son más bien los tiempos que vivimos. Nos hallamos ante una transformación brutal impulsada por las nuevas tecnologías que deshumaniza a unas ciudades inundadas de franquicias. Casi se puede viajar sin salir del hábitat en el que nos movemos cada día.

Y deshumaniza a las personas que dejaron de hablarse. La comunicación quedó reducida al WhatsApp y a los mensajes de voz. Hablábamos de Nueva York, paradigma de una tendencia, no de África ni de nuestros pueblos cada vez más vacíos.

Desaparece la sorpresa, no solo de la observación turística, también de nuestras vidas, y con ella se esfuma la posibilidad de rebeldía (menos en Francia, claro). Vivimos sedados por una falsa idea de confort y de miedo a perder lo poco que tiene cada uno.

Las ciudades fotocopiadas que se representan a sí mismas durante diez días a través de sus monumentos se están autodestruyendo. La inercia de los viajeros que anhelan autenticidad a través de los llamados pisos turísticos, para escapar del viaje empaquetado, están destruyendo los centros históricos. Manhattan es en realidad un gran centro ya destruido. Todo son moles y coches, faltan las personas. Quedan algunos barrios, como el Bronx o Brooklyn que se resisten.

Las termitas turísticas vacían los centros de las ciudades. Suben los precios de los alquileres en busca del maná y modifican las tiendas, que dejan de ser de barrio para convertirse en otras de recuerdos para turistas. Quizá mi problema inicial con Nueva York es haber percibido por unos días la ciudad sin alma a la que nos dirigimos.
 

Disponemos de más medios técnicos que nunca para informarnos de la realidad que nos rodea y estamos menos informados y más expuestos a la manipulación. No soy un nostálgico del mundo lento que se fue. Hay cientos de periódicos digitales que hacen excelente periodismo. El problema vuelve a estar en nosotros: hemos sustituido la lectura pausada de un periódico en papel por el picoteo de webs y blogs. Lo malo es que a ese picoteo insustancial lo llamamos información. Es posible que sea solo una etapa en un cambio cultural.

De momento van ganando los malos. Nos dirigimos a un mundo cada vez más injusto, salvaje y despiadado. En Nueva York no se ve a los más ricos porque parecen etéreos, capaces de viajar en un mundo paralelo sin salpicarse. Están después los bastante ricos, el glamur, algo de lo que carecemos los españoles, las celebrities y el decorado de una ciudad que se vende a sí misma como nadie en este mundo. Todo es cine y –regreso a mi problema inicial– decorado.

Después están los pobres dispersos en una amplia gama de grises: los más afortunados tienen trabajo en la construcción –hay obras en cada calle; la economía funciona otra vez—o en los comercios. Algunos viejos (de mi edad) complementan su pensión como cajeros por horas en un supermercado. Cada edificio de pisos y apartamentos tiene su portero uniformado. Es el pleno empleo, como en China. Y después están los sintecho, los invisibles.

La deshumanización tiene que ver con este capitalismo salvaje. Nadie ayuda a nadie, nadie ve a nadie. Parecemos autómatas con orejeras. El otro día se cayó una joven en la escalera del metro de Union Square y acudí en su ayuda. Lo primero que hicieron sus ojos fue vigilar el bolso. Una amiga me dijo: “Nadie ayuda porque tienen miedo a que te denuncien por cualquier cosa”.

Me gusta Nueva York porque tiene capas de cultura. En ella viven decenas de ciudades que se superponen unas a las otras. Madrid está consumida por la política en B de los que dicen “no” a todo, y por una toxicidad xenófoba similar a la que padece EEUU. Nos queda París, como en la canción, siempre nos queda el París de los chalecos amarillos porque no importa cuántos sean los fracasos, todos sabemos que debajo de algún adoquín hay arena de playa.

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20 Comentarios
  • Isasi Isasi 22/12/18 21:47

    No soy muy seguidora de Guillermo del Toro, pero la forma del agua, me cautivo. Un gusto leerle siempre Ramón

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  • estovamal estovamal 20/12/18 13:04

    Describe usted un problema que me parece dramático, y universal. Las llama "ciudades fotocopiadas" con acierto. Es como si ya no hiciera falta viajar. Son todos los sitios iguales, recorridos por los mismos grupos de turistas dirigidos, cuando no autenticas manadas que se bajan de los gigantes del turismo, esas bestias llamadas Cruceros, que vomitan en media hora tres mil hormigas dispuestas a hacerse selfies delante de cualquier cosa, pero dandole la espalda.
    Las ciudades han desaparecido, son centros comerciales todos iguales. 
    Han perdido el carácter, la personalidad, que un día tuvieron, y que les hacía únicas. Y en las que, como dice, había que estar. Y encontrar, por ejemplo ahí en Nueva York, un pequeño bar en el que actua una banda de jazz, y te quedas a disfrutarlo.
    O las plazas en que cientos de oficinistas se toman el almuerzo, charlando con el vecino de banco y las palomas. ¡Qué cantidad de pequeñas y amables plazas ajardinadas había en NY.¡

    Un verdadero, y triste problema.
    Gracias por sus observaciones.

     

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    • Coronel Dax Coronel Dax 20/12/18 20:18

      Estoy de acuerdo en que viajar a los sitios más “turistificados” se ha convertido (yo creo que hace ya bastantes décadas que es así, pero es mucho más acusado en los últimos años) en algo muy masificado y menos auténtico. Además de los problemas de precios de la vivienda y precios en general que ocasiona a los residentes. Sabemos que en Ibiza el asunto ha llegado a provocar problemas de falta de personal que acepte ese destino.

      Pero veamos también el lado positivo. Le cuento una anécdota de mi padre para describir el carácter fanfarrón de las gentes de mi barrio de nacimiento, el Canyamelar, muy apropiada para este tiempo navideño y que ilustra mi razonamiento. Decía que había familias cuya almohada para dormir había dejado de cumplir su función, de vacía como estaba. Y es que algunos hogares tenían la costumbre de echar unas plumas en el cubo de la basura tras las fechas navideñas. La razón de ello era obvia: dejar pasmado al vecindario demostrando fehacientemente, y ahí estaban las plumas como prueba irrefutable, que habían estado bien surtidos en el puchero de Navidad (plato típico entonces) con un hermoso ejemplar de pollo de corral.

      Sí, por entonces sólo los potentados podían comer pollo más de una vez al año. Y otros muchos sólo lo comían en su imaginación. Ahora ya no solemos comer el hermoso pollo de corral, pero podemos comer todos y cuanto queramos de ese más humilde pollo de granja. Y lo mismo pienso del turismo. Quien suba a la Torre Eiffel es posible que sea porque le toca en un sorteo y sólo puede permanecer en ella unos minutos cronometrados, pero los viajes ya no son una opción de la que disfrutan unos pocos ciudadanos de unos pocos países escogidos. Habrá que corregir lo que haya que corregir, pero creo que es una situación preferible a la anterior.

      Un cordial saludo.

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      • estovamal estovamal 21/12/18 00:33

        Le aseguro que mi primer viaje a NY, del que tengo en mi memoria los apuntes de mi comentario, se hizo con un presupuesto muy propio de la escena que describe su padre, y que me ha encantado.

        Por entonces, hace "mil años" o cosa así, acababa de estrenarme como profesor (seis mil pesetas al mes¡) y me apunté al viaje de fin de carrera de mis alumnos, que me aceptaron como uno mas. Desde luego que lo único caro fue el billete de avión. Un hotel de dos estrellas, en el que corrían las cucarachas por todas partes y cuatro en una habitación. Y desplazamientos en metro y autobús.
        Esas plazas que menciono son en las que parábamos a descansar y comer el consiguiente perrito caliente. Y el bar en el que tocaba la banda de jazz, una cerveza a dolar. En fin, todo así.

        Por supuesto, no pude pagármelo todo con mi sueldo (por llamarlo de alguna manera), pero la ayuda que pedí a mis padres no les resultó excesiva.
        Y en aquella semana, creo que"estuve" en NY, en el sentido que dice R. Lobo.
        Un saludo igualmente cordial-

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  • paco arbillaga paco arbillaga 20/12/18 12:16


    «Vivimos sedados por una falsa idea de confort y de miedo a perder lo poco que tiene cada uno …»: el piso (quizás con hipoteca), el coche, los cuatros trastos electrónicos. ¡Nos creemos burgueses cuasi millonarios!… hasta que la cruda realidad sea porque nos sacude a nosotros o a alguien de los nuestros a base de un despido del trabajo o cualquier otro tipo de infortunio nos resitúa en nuestra verdadera realidad social.

    «De momento van ganando los malos»: O sea, como siempre; cerca de mis ocho décadas siempre he conocido que ganan los malos; o peor, desde hace cuatro décadas les ofrecemos a ellos la victoria en forma de votos.

    «Disponemos de más medios técnicos que nunca para informarnos de la realidad que nos rodea y estamos menos informados …» De esa mala información alguna responsabilidad es nuestra: tenemos webs que nos informan de todo, SOLO se trata de indagar en la red, pues como dice Ramón: «Hay cientos de periódicos digitales que hacen excelente periodismo.»

    «Nos queda París, como en la canción, siempre nos queda el París de los chalecos amarillos …», el de la revolución francesa, el de Mayo'68. Lo que ocurre es que siempre acabamos traicionando esos movimientos que nos indican que los cambios no solo están en los parlamentos sino que también pueden nacer en la calle. Osasuna y República Libertaria.

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    • Coloma Coloma 20/12/18 17:14

      Paco Arbillaga, te leo siempre con mucho interés, tus reflexión me parecen muy ilustrativas (a pesar que me distes plantón en Pamplona y seguro que estaríamos cerca pues estuve en la concentración de los lunes en la plaza del ayuntamiento).
      A Ramon le doy las gracias por sus columnas semanales.
      Al resto de los que formamos infoLibre deseares una felices fiestas.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 20/12/18 18:55


        Coloma: Hasta el lunes de marras estuve esperando que me citaras en algún lugar. También fui a la concentración. Por lo visto, no te entendí. ¡Te debo una! Osasuna2 salu2.

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        • Damas Damas 20/12/18 21:05

          ¡Jo, paco arbillaga! dices : ".... de marras" y ¡leñe! esa expresión creo que sólo se la he escuchado a mi padre.

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          • paco arbillaga paco arbillaga 20/12/18 22:14


            Damas: ¡Es que uno es muuuuucho viejo! Osasuna2 salu2.

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            • Damas Damas 21/12/18 06:49

              Creo, paco arbillaga, que no tiene nada que ver con la edad, sino con la provincia de nacimiento; por edad mi padre podría haber sido el tuyo.
              Mucha, mucha osasuna :-)

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              • Damas Damas 21/12/18 06:54

                ¡Qué evocadoras pueden ser las palabras! vuelvo a leer "de marras" y casi puedo escucharle diciéndolas.

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                • paco arbillaga paco arbillaga 21/12/18 07:25


                  Damas: Coincido con tu aprecio hacia las palabras, por lo que nos puedan recordar. Bastantes veces me sorprendo diciendo a familiares, a amigxs: «Como decía tal...», y esa evocación me hace recordar a personas a las que he querido, admirado. Por ejemplo, una familiar cuando algo le gustaba mucho, fuera comida u otra cosa, decía: «Esto está de puturrú» (¡tenía que ser algo buenísimo!, jjjjjj). Osasuna2 salu2.

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                  • Damas Damas 21/12/18 12:36

                    Y yo coincido contigo, en tu precisión, yo también valoro las palabras (en mi caso sobre todo y principalmente) por su aspecto funcional como medio de expresión y comunicación del concepto que tratan de representar.

                    Saludos osasunados y navideños (por las fechas en las que estamos)

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  • irreligionproletaria irreligionproletaria 20/12/18 11:11

    "Siempre llega la hora en la que nos cansamos de las cárceles, del trabajo y del coraje y reclamamos el rostro de un ser querido y el corazón maravillado de la ternura."
    ('La peste' pág.263. Albert Camus, traducción de Elisenda Julibert)

    Gracias Ramón, por todos los artìculos que a lo largo de este 2018, has compartido con nosotros.
    Hemos coincidido y he divergido de algunos; seguro que no lo he mirado con los ojos que tu lo escribías. Eres un gran periodista ...del grupo de los justos.

    Un abrazo, amigo.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 20/12/18 12:18


      irreligionproletaria: Me sumo a tu agradecimiento a Ramón, y también agradezco tus comentarios que a mí me resultan muy ilustrativos. Osasuna2 salu2.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 20/12/18 14:24


        Aviso: me he pinchado yo mismo un verde (¡qué vergüenza!).

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        • Hammurabi Hammurabi 20/12/18 17:08

          Ahí va uno mio para disimular

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      • irreligionproletaria irreligionproletaria 20/12/18 12:56

        Todo mi afecto, lagun, para ti y los tuyos.

        Entendía lagun/amigo, laguna/amiga y he venido dirigiendome a tí en ese término. Hoy, leo, on line, es.globe.com la siguiente definición: "lagun.(noun, adjetive) Persona no perteneciente a la familia, esposa o amante cuya compañía se disfruta y hacía quien se siente afecto."

        Mi escaso conocimiento de la lengua vasca, he podido utilizar el término de forma inapropiada; mis disculpas a tu parienta, aunque para alguien que comparte 'especiales' sentimientos contigo, aparezca innecesario.

        Deseo concordar contigo en esta relexión, también de Camus ('Carnets, II,p.145);

        "Lo que resulta admirable en el hombre no es que desespere, sino que deje atrás u olvide la desesperación."

        Besarkada bat,

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        • paco arbillaga paco arbillaga 20/12/18 14:22



          irreligionproletaria: Yo tampoco conozco mi idioma euskaldun, ¡tela marinera!, primero porque me lo negó el franquismo de diferentes maneras que no explico por no aburrir, y también en parte porque con una edad no he hecho ningún esfuerzo por aprenderlo.

          De todas maneras creo que lagun, por lo menos en Nafarroa, se utiliza para referirse a lxs amigxs. Así que, irreligionproletaria, lagun: besarkada bat eta osasuna!

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  • .Sasha .Sasha 20/12/18 09:48

    "Nadie ayuda a nadie, nadie ve a nadie. Parecemos autómatas con orejeras."

    Nos han invadido los ultracuerpos, y van ganando.

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