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Desde la tramoya

Cómo hablar del cambio climático

Publicada el 15/03/2019 a las 06:00 Actualizada el 14/03/2019 a las 23:10
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La ONU acaba de presentar su enésima advertencia sobre el desafío que amenaza a la Humanidad entera. En su sexto informe sobre la situación del medio ambiente mundial (conocido como Geo-6), las conclusiones de 250 expertos de 70 países, que han trabajado durante cinco años, son definitivas. Es científicamente indiscutible que los efectos del aumento de la población, la concentración demográfica en grandes ciudades y las exigencias del desarrollo económico tal como lo concebimos ahora, están produciendo efectos letales sobre el medio ambiente. En particular, sobre las temperaturas del planeta y los fenómenos atmosféricos. Esos efectos están alterando ecosistemas y afectando ya directamente a los seres vivos. Hay un peligro cierto si no se toman medidas a escala mundial.

Recordamos todos al primo de Rajoy, según el cual la cosa no es tan grave. Recordamos la displicencia con que Trump, sobre un informe encargado por la propia Casa Blanca (de Obama, naturalmente), que advertía de los mismos peligros que la ONU, se limitó a decir “no me lo creo”. El clown-in-chief estadounidense ha llegado al punto de sacar a Estados Unidos de los acuerdos internacionales sobre la materia, y hace solo un par de meses, cuando la nieve y el hielo asolaban el país, en un tuit, se preguntó literalmente “¿Dónde demonios está el calentamiento global?”.

Es comprensible que los conservadores muestren esas resistencias (por fortuna cada vez menores) a creer en lo que cualquier científico que no sea un esbirro de la gran industria, certifica sin dificultad. Digo que es comprensible porque a las grandes petroleras, las mega corporaciones energéticas, las grandes industrias de la manufactura, los fabricantes de coches o de aviones, les cuesta mucho dinero cambiar sus hábitos. El calentamiento global en particular, el cambio climático en general, cuesta vidas ya y puede literalmente terminar con nosotros –quizá con nosotros no, pero con los nietos de nuestros nietos sin duda– pero evitar sus efectos es costosísimo para la Gran Industria mundial. Y como las grandes corporaciones, a la postre y sutilmente, controlan también las escuelas de negocios privadas, buena parte de la investigación científica que les afecta, los think tanks que financian, los informes que compran, o los bien alimentados lobistas que trabajan para ellos, el resultado es una contrainformación que cuestiona permanentemente los resultados de los trabajos científicos bienintencionados y neutrales.

Uno de los trabajos más concienzudos del conglomerado conservador negacionista consiste en enmarcar el asunto de manera favorable. Por ejemplo, utilizar “calentamiento global” para negarlo cuando las temperaturas se vuelven locas y bajan de manera brutal. Siguiendo la argumentación del clown-in-chief, ¿cómo puede afirmarse que se produce un calentamiento global cuando en Boston se mueren de frío?

Sin embargo, cuando se trata de hablar del fenómeno en general, los conservadores prefieren “cambio climático”. Porque, ¿no es normal que el clima cambie? Por supuesto, el clima cambia. Cambio climático sólo es una obviedad muy poco informativa. No hay que tenerle miedo a las obviedades. Por eso los progresistas tenemos que hablar de catástrofe climática, o de efecto invernadero.

Hay una buena cantidad de literatura académica sobre los efectos del enmarcado a propósito del cambio climático, y los resultados son poco concluyentes, pero sí hay algunas certezas. Por ejemplo, que aquellos que se definen como poco partidistas, son más sensibles a los conceptos que se utilizan. Y entre esa amplia mayoría de la población, que no se siente ni muy conservadora ni muy progresista, al escuchar “cambio climático” se suscita mucho menos sentido de urgencia que cuando se habla de “catástrofe climática” o incluso sólo de “calentamiento global” o “efecto invernadero”.

El “concepto cambio climático” elimina además la idea de agencia. No hay un sujeto. El cambio climático simplemente pasa. Es como el concepto “turbulencia financiera”. Las turbulencias son naturales, fenómenos que no podemos controlar. O como el concepto “mercado”. El mercado es un lugar en el que de manera espontánea, casi natural, se cruzan la oferta y la demanda, generando un precio equilibrado. Acordémonos ahora de Rato: “Es el mercado, amigo”. Como si nos dijera “¡Y qué quiere usted que yo haga…!”.

No. La catástrofe climática es el resultado de la ambición y la codicia humana. No solo ni fundamentalmente del pobre ciudadano individual que quiere coger el coche para conducirse por Madrid o por Londres, y que se enfada porque le impiden acceder al centro. Los efectos mayores del cambio climático son resultado de la explotación de nuestros recursos por un puñado de grandes productores y de la desidia o la complicidad de los políticos conservadores que les defienden. Echemos un vistazo a quiénes son los políticos que más decididamente promueven el control de las emisiones y no hay duda del resultado. Con algunas excepciones –honrosa para los conservadores, oprobiosa para los progresistas– los más activos son los que se sitúan en la izquierda. Por supuesto, como en casi todo, en el cambio climático también hay ideología.

Por eso es mejor, al hablar de cambio climático, utilizar metáforas que remiten a la “lucha”, la “guerra” o “el combate” contra el cambio climático. Cuando se utilizan esas analogías, la gente reacciona de manera más militante y activa que cuando no se sugiere la existencia de un conflicto. Como por ejemplo, cuando se utilizan palabras más neutras como “la prevención” o “la carrera”. En otros términos, la gente –especialmente los menos implicados ideológicamente– entienden mejor la urgencia de una “guerra contra el cambio climático” que una “prevención del cambio climático”.

La catástrofe medioambiental a la que estamos hoy abocados es tan compleja, tan abstracta, tan a largo plazo y tan etérea, que mucha gente no se la cree. Como decía con ironía Buenafuente hace unos pocos días, está todo eso del cambio climático, pero que nos dejen disfrutar de este calorcito y este sol maravilloso en una terraza en pleno mes de febrero.

Por eso es fundamental mostrar los efectos negativos del cambio climático de la manera más directa y concreta posible. Al Gore, cuando inició aquellas conferencias sobre “Una verdad incómoda”, utilizaba el ejemplo de los osos polares que se ven obligados a cambiar de ecosistema por el aumento de la temperatura y el deshielo de los polos. Aquellos osos polares se hicieron famosos en todo el mundo y eran dignísimos y más eficaces sustitutos de las complejas y frías estadísticas. Es más impactante ver una fotografía de cómo era el Polo Norte hace un siglo y cómo es ahora, que leer una tabla llena de números con las temperaturas medias del Planeta.

De manera que cuando hablamos de “cambio climático” no estamos hablando (solo) de ciencia ni de un fenómeno natural inevitable. Estamos hablando de codicia humana, específicamente de la codicia de los megapoderosos, con efectos catastróficos y muy concretos sobre nuestro agua, nuestro aire, nuestra tierra. Con consecuencias nefastas sobre los animales, las plantas y las personas. Y es nuestra responsabilidad hacerlo saber de la manera más clara y sencilla posible. Por el bien de los nietos de nuestros nietos.
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12 Comentarios
  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 17/03/19 22:34

    CODICIA. Ésa es la palabra clave de quien maneja los hilos del poder. CORRUPCIÓN, esa es la otra palabra clave del poder que se deja manejar por esos hilos. Todo forma parte del mismo juego: degradar los salarios, permitir las jornadas abusivas en lugar de reducir la jornada laboral para acomodarla al incremento de producitivdad conseguida en los ultimos 50 años para así repartir mejor la riqueza producida entre todos, invirtiendo la evolucion del índice de Gini. Si toleramos eso ¿cómo no vamos a tolerar el atropello a medio plazo que esla catástofe climática que se está gestando desde hace meidio siglo? La gan responsabilidad es la de los sindicatos que han sido "comprados con el oro de Moscú", como se decía en la epoca de Franco y han dejado, en España y en todo el mundo, de defender los derechos de los trabajadores. Es hora de que se enteren de que el bienestar de los trabajadores es su tarea. Nopueden segujir haciendo NADA.

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  • Lukus Lukus 15/03/19 20:41

    Hoy he visto llegar a la concentración en la plaza de María Pita de Coruña a una joven muy animosa por participar bebiendo COCACOLA en una una botella de plástico de un solo uso. Parecía concienciada con la lucha contra la contaminación y el calentamiento global.

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  • Lunilla Lunilla 15/03/19 11:21

    Alrededor del cambio climàtico y su significado existen diversos 'mitos': Sino solo dense Vd. una  vuelta por los comentarios del  realista y formidable articulo de hoy de Luis Arroyo. En el fondo la teoria de probababilidades, es solo sentido comun, expresado en  nùmeros. Lunilla /// PD: Enviado a Editar a las 11,20 h. a/m.

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  • Silk Road Silk Road 15/03/19 10:41

    Discrepo parcialmente:

    El calentamiento global es un hecho constatado. No merece la pena seguir insistiendo en ello porque los que no lo quieren ver no lo verán nunca. Que la actividad humana tiene influencia en ese calentamiento parece también fuera de toda duda: somos demasiados y producimos muchos gases de efecto invernadero.

    Ahora bien, que la actividad humana sea la única o incluso la principal causa está muy lejos de estar demostrado. Por el contrario, lo que sí está demostrado es que las variaciones en la actividad solar y en la radiación solar que llega a la Tierra producen cambios importantísimos en el clima. De hecho, sin que influyera la actividad humana, ya ha habido tanto glaciaciones como épocas en las que los casquetes polares no existían y sólo había agua en estado líquido.

    Está bien, por lo tanto, que tratemos de cambiar nuestro estilo de vida y de detener la explosión demográfica para influir lo menos posible en el clima terrestre pero que eso no nos haga olvidar que a lo mejor no somos tan poderosos como para cambiar mucho el clima y que a lo mejor lo que conviene es que vayamos pensando en cómo sobrevivir en un invernadero tipo Parque Jurásico.

    Dudo mucho que tengamos tanto poder como para destruir la Tierra. Lo que sí es seguro es que la
    Tierra y el Sol pueden destruirnos a nosotros.

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    • Txorigorri Txorigorri 16/03/19 10:02

      La Tierra no se puede destruir con la actividad humana, eso es evidente, pero sí modificar las condiciones ambientales del planeta hasta el punto de hacer inviable la existencia de vida humana.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 15/03/19 10:55


      Silk Road: Coincido contigo en que «incidentes naturales» provocados por el Sol, la Tierra o por meteoritos u otras «cosas» que nos lleguen del espacio nos pueden enviar en segundos a criar malvas, pero también opino que el ser humano tiene capacidad para destruir la vida en la tierra con sus arsenales atómicos y de armas bacteriológicas, y con sus empresas químicas y de materiales peligrosos, además que como sigamos utilizando tanto el plástico como material de envasado y transporte vamos a convertir todo el planeta en un inmenso Almería con el inconveniente que será no para producir alimentos sino para ayudar a exterminar la vida. Ojalá esté equivocado en mis apreciaciones. Osasuna2 salu2.

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  • GRINGO GRINGO 15/03/19 09:10

    Interesante artículo sobre hechos ya conocidos, pero que se agradece para cambiar un poco la vorágine de noticias sobre Catalunya, las encuestas demoscópicas, etc,etc,etc, aunque me ha tenido en vilo hasta última hora, esperando que apareciera PODEMOS como autor de algún desaguisado climático.
    Bromas aparte, éste asunto pinta muy, pero que muy mal.
    No se trata sólo de las bobadas que puntualmente pueda soltar Trump, toda la maquinaria de los EE.UU. es profundamente contaminadora, con anteriores presidentes y probablemente con los futuros.
    Además de ésto, no sirve sólo con que el primer mundo se conciencie y recicle, emita menos contaminantes, etc,etc, si en el contrapeso de la balanza está el mundo en desarrollo que contamina infinitamente más.
    Quién va a ser capaz de limitar las emisiones a China, India, Rusia y muchos países en desarrollo, cuando el resto de países desarrollados han contaminado y siguen en muchos casos contaminando lo que no está escrito.
    Se firman protocolos y más protocolos pero nadie los cumple.
    Lo dicho, pinta muy mal.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 15/03/19 09:02

    Empieza bien, pero se olvida inmediatamente de lo que importa: el aumento de la población, pese a aparecer en primer lugar en la frase "Es científicamente indiscutible que los efectos del aumento de la población, la concentración demográfica...", no vuelve a comparecer en el artículo. Y es una pena, porque está plenamente justificado empezar con ella, ya que la superpoblación humana es la variable más importante con mucho en el calentamiento global. Tal vez porque la frase entrecomillada no es de cosecha propia sino copiada del resumen de algún informe sobre el asunto, lo cierto es que toda mención posterior a la disparatada superpoblación del planeta brilla por su ausencia, con lo que no se nos informa de cómo habría que hablar de ella en relación no solo al calentamiento sino a todos los problemas ambientales del planeta, que son muchos y graves.

    Tiene que ser difícil abordar la cuestión clave de la superpoblación si un reconocido experto en comunicación es incapaz no ya de resolverla (tanto no se le podría pedir), sino de indicarnos siquiera cómo hablar de ella.

    Ya que tendremos que seguir mudos, tengamos al menos bien claro y bien presente cuál es el problema esencial para el caso. Y no: no es la codicia humana, con ser importante, sino la ilimitada capacidad de reproducción de nuestra especie.

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    • Txorigorri Txorigorri 15/03/19 22:12

      Estoy muy de acuerdo con su comentario. La superpoblación humana es el principal factor que influye en el cambio climático y el agotamiento de recursos. Creo que a nivel individual lo mejor que se puede hacer por el medio ambiente es no tener hijos.

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 15/03/19 08:11

    En el pueblo de mi padre, Arbo (PO), cuando yo era pequeño se hacía la vendimia entre la primera y segunda semana de septimebre porque venían las lluvias. Ahora se está haciendo a finales de octubre. En toda España pasa lo mismo. En Madrid capital hace siglos que no nieva. A lo sumo cae un poquito denieve algún invierno que otro para que los niños jueguen un día en el patio del colegio. No hce falta recurrir a los raonamientos de científicos simplemente hay que ver la realidad y no empeñarse en negar que el sol sale por el este.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 15/03/19 07:54


    Qué maravilla que en medio de tanto Procés, tanto hablar de encuestas sobre políticos y sus políticas, de las burreces que sueltan el tal Casado y sus posibles aliados para salvar a una España que siga siendo la reserva espiritual de Occidente, que alguien nos plantee un tema que nos está afectando tan directamente, en el que incidimos con nuestra forma de vida, con nuestra forma de consumir, y cuyos resultados sobre los ecosistemas los heredarán las generaciones que nos sigan.

    No hay que ser un especialista en climatología para observar, a pesar de lo que digan los «primos de Rajoy», que ALGO PASA, viendo el tiempo tan raro que estamos teniendo y que a algunos les parece tan maravilloso pues tienen un solecito que les da 20-30º en el mes de febrero cuando lo que tenía que hacer en este tiempo es llover o nevar entre otras cosas para que los cereales, la vegetación, LA VIDA de la flora y la fauna se puedan desarrollar debidamente.

    Aquí en Pamplona, donde disfrutamos de muchísimas praderas en los jardines de la ciudad, este invierno, por lo menos en mi barrio, ha habido margaritas silvestres ¡todo el año!, cuando en general desaparecían hacia noviembre y rebrotaban a finales de febrero. También comenta la prensa que la campaña del espárrago navarro este año se adelanta un mes debido a la climatología.

    Apuntar también que los ríos no llevan un caudal apropiado para estas fechas y que la nieve que hay por nuestros Pirineos cercanos tampoco es tan abundante como otros años.

    Como dice Arroyo, los más activos en esta lucha climática son los partidos, las agrupaciones ecologistas de izquierda, y a ellos deberíamos apoyar en esta guerra por la subsistencia de la vida de la flora y la fauna en el planeta.

    Una buena noticia: ¡LOS ESTUDIANTES! han empezado a manifestarse los viernes contra el calentamiento global; las manifestaciones y concentraciones de hoy se pueden consultar aquí:

    https://elpais.com/sociedad/2019/03/14/actualidad/1552560234_560621.html

    Deberíamos acompañar a los chavales en esta justa y necesaria protesta, en esta URGENTE EXIGENCIA. Osasuna!



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    • paco arbillaga paco arbillaga 15/03/19 08:29


      «Rebélate contra la extinción de especies y la crisis ecológica», dicho por lxs jóvenes le llena a uno de esperanza.

      Sugiero la lectura en este digital del escrito de Javier Martínez, «¿Ha llegado por fin el 15M climático?»:

      https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/03/15/llegado_por_fin_15m_climatico_92921_1012.html

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