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A la carga

¿Y si los políticos despidieran a sus asesores?

Publicada el 19/06/2019 a las 06:00 Actualizada el 19/06/2019 a las 19:35
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De acuerdo con los datos del Eurobarómetro, la encuesta que periódicamente realiza la Comisión Europea en los Estados miembro, la confianza de los ciudadanos europeos en los partidos políticos continúa siendo bajísima, en torno al 18 por ciento (encuesta de otoño de 2018). En algunos lugares es aún más baja. Si nos fijamos en los países de Europa occidental, en Francia, Grecia y España se registran niveles de confianza por debajo del 10 por ciento; en España, concretamente, del 8 por ciento.

¿Cómo puede sobrevivir una democracia de partidos con niveles de confianza como estos?

El caso español es especialmente desconcertante, pues el bipartidismo imperfecto que imperó durante varias décadas ha saltado por los aires debido a la aparición de nuevos partidos como Podemos, Ciudadanos y Vox. Recuérdese que en las últimas elecciones generales la suma de PSOE y PP no llegó al 50 por ciento del voto, frente a más del 80 en 2008. Cabría pensar que esta renovación de la oferta partidista ha insuflado algo de confianza en el sistema. Sin embargo, no ha sido así. Los datos del Eurobarómetro muestran que el nivel de confianza no ha variado apenas en España desde 2013 pese a la renovación del sistema de partidos. ¿Cómo es posible que la gente siga desconfiando de los partidos cuando la oferta política ha aumentado tanto?

Se han apuntado muchas causas de la desafección ciudadana hacia los partidos: los escándalos de corrupción, la incapacidad de los partidos para transformar las demandas populares en políticas públicas efectivas, la captura de los partidos por parte de los intereses económicos, etc. No dudo de que estos factores y muchos otros pueden ser cruciales. Me gustaría, de todos modos, explorar una causa que puede parecer menor pero que quizá sea más importante de lo que creemos.

Uno de los problemas principales de los políticos, ya sean viejos o nuevos, es que están atrapados en la compleja telaraña del debate público. Sus intervenciones en las instituciones o ante los medios son resultado de un proceso complejo en el que intervienen asesores de comunicación, jefes de prensa, “dircoms”, “spin doctors” y un sinfín de cargos intermedios que elaboran argumentarios y líneas estratégicas. Los políticos se someten voluntariamente a la servidumbre de todos estos consejos, que siempre van en la misma dirección: cómo blindarse ante las objeciones, cómo llamar la atención, cómo fijar un mensaje que el público retenga, cómo resumir un razonamiento complejo en un par de ideas fáciles de recordar, cómo deslegitimar al rival.

El resultado está a la vista: los políticos son como máquinas parlantes que no transmiten credibilidad alguna. Intentan “colocar” mensajes prefabricados, pero sus palabras resultan tan artificiales que no convencen más que a los convencidos. La red de asesores que rodea al político tiene la vista puesta en las siguientes 24 horas. Como los acontecimientos cambian bastante deprisa, también van cambiando los mensajes del político. Esos cambios, en no pocas ocasiones, acaban en una contradicción palmaria. Pondré un ejemplo: cuando el PP ganaba las elecciones sin mayoría absoluta, sus dirigentes insistían o “machacaban” con la ilegitimidad de la “coalición de perdedores”. Ha bastado que la derecha se divida para que ese principio que de manera tan enfática enarbolaban los populares se haya trastocado en su opuesto. La prioridad hoy es que las derechas sumen votos para echar del poder al ganador, el PSOE, al que se presenta como un partido fuera del bloque constitucional.

Muchos otros ejemplos son posibles. En mi artículo anterior de infoLibre subrayé las incoherencias del PSOE con la reforma laboral. Y en otros artículos me he referido a las traiciones de Ciudadanos, partido que pasó en pocos meses de asegurar que nunca apoyaría a Mariano Rajoy en la investidura a hacer justamente lo contrario.

Este tipo de incoherencias son letales para el mantenimiento de la confianza entre ciudadanos y representantes. Si el político se deja llevar por el regate corto y por los mensajes enlatados que le proporcionan sus asesores, no debería extrañarse de que su valoración ciudadana se hunda. Aunque los asesores estén convencidos de que los ciudadanos somos idiotas, no somos tan idiotas.

He tenido ocasión de conocer a un cierto número de políticos a lo largo de mi vida, de diferentes tendencias ideológicas. En un ámbito privado, muchos de ellos me impresionaron por su talento, vocación, conocimiento y preparación. Sin micrófonos realizaban diagnósticos certeros y a veces profundos, ponían en perspectiva su tarea y a veces reconocían sus limitaciones y sus errores. Pero luego, cuando tenían la cámara delante, se transformaban. Si estaban en un mitin vociferaban con el registro acartonado (e insoportable) de estos eventos; si estaban en un debate, recurrían a argumentos simplistas y absurdos que ni ellos mismos creían. En lugar de expresar sus propias ideas, se sometían a los argumentarios aprobados por sus equipos.

¿Qué sucedería si los políticos rompieran con los corsés y clichés con los que actúan? ¿Cómo actuarían los políticos si despidieran a ese enjambre de asesores que les rodean y les dicen a cada momento lo que tienen que argumentar y cómo tienen que hacerlo? Muchos políticos se hundirían, qué duda cabe, pues no están a la altura de la tarea que pretenden desempeñar; pero algunos otros, los más capaces, quizás consiguieran que los ciudadanos los escucharan con algo más de atención y confianza. Si se atrevieran a decir lo que verdaderamente piensan, admitieran sus limitaciones, dudaran como todos dudamos, en definitiva, si hablaran con algo más de autenticidad, el público quizá les empezara a otorgar la credibilidad que hoy no tienen.

Un cierto escepticismo hacia los mensajes políticos es sano. Una desconfianza absoluta, sin embargo, es letal para la democracia representativa. La opinión pública española ha dejado de creer en los partidos. Quizá si los líderes políticos prescindieran del “consejo experto” de sus asesores algo podría cambiar. Con un 8 por ciento de confianza en los partidos, la cosa no puede empeorar mucho más. ¿Por qué no intentarlo?
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28 Comentarios
  • mrosa mrosa 21/06/19 18:41

    Completamente de acuerdo.

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  • Denny Colt Denny Colt 20/06/19 16:36

    Yo lo que no sé es de qué hablarían los políticos si no tuvieran asesores. Porque las decisiones que más afectan a los ciudadanos, que son las económicas, hoy en día no se toman en los parlamentos nacionales, sino en instituciones como la UE. Y detrás de esas instituciones se encuentran los bancos y grandes empresas moviendo los hilos. ¿Cómo explicar toda esta movida a la ciudadanía? Normal que prefieran discutir entre ellos en plan Sálvame Deluxe, en vez de hablar de las cosas que de verdad importan. Están el asunto muy embrollado. Ni siquiera los partidos más revolucionarios como Podemos se atreven a contarnos las cosas como son. Quizá porque todo el mundo ha visto lo que les pasó a sus primos de Grecia: los grandes bancos y lobbies financieros se cargaron de un plumazo la soberanía nacional griega y su derecho de autodeterminación. Tal vez por eso los de Podemos parecen confiar más en un discurso con vaguedades como 'asalto a los cielos' y poesías poesías de ese tipo. El PSOE, por su parte, me consta que prefiere no prometer mucho cuando anda de campaña electoral, porque sabe que si gobierna podrá hacer la mitad de la mitad de la mitad de la mitad de lo propuesto. Me parece un posicionamiento más lógico que el discurso de la izquierda-izquierda. Al menos es una manera de no tomarnos por idiotas.

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  • Queso Tierno Queso Tierno 20/06/19 03:11

    Si los políticos despidieran a sus asesores, los volverían a contratar, pero bajo otra denominación. Eso si, estoy convencido que, esto y otras cosas más que siguen a la espera, ocurrirá... cuando las ranas crien pelo.

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  • Aynur Aynur 20/06/19 02:53

    LA CONFIANZA. El Sr. Cuenca es un firme defensor de los barómetros, las encuestas y los datos. Y hasta cierto punto es lógico, vive de ello. Y, en mi modesta opinión, no lo hace nada mal. Creo que es un buen profesional. Pero le ocurre como a gran parte de los juristas: nunca cuestiona aquello de lo que vive. Sí lo critica, pero no lo cuestiona. Y este artículo, lo que en él se expone, y a lo que se refiere, era una buena oportunidad. Desconozco: las variables que miden la confianza, qué significa confianza, cómo se entiende la confianza en los distintos países europeos con distintos argumentos para tener o no confianza, qué entiende por confianza el medidor de la misma, y por último cómo cocina la confianza el eurobarómetro. La cuestión de la "confianza en los políticos" no cuestiona a los políticos, cuestiona a los que depositan o no la confianza. La medida (los datos) se pone de parte de los políticos, lo medido de parte de los que son medidos. Ni el eurobarómetro ni el Sr. Cuenca invertirían la relación. Realmente habría primero que "medir" (:cuestionar) al eurobarómetro, luego, preguntarse sobre lo que sustenta, sostiene y justifica a los políticos, esto es, la forma que ha adoptado el sistema político actual. No sea que lo que unos entienden como confianza, otros se refieran a política. Y resulte que hay un 90% que no cree en el sistema de representación que se nos ha dado (¿impuesto?) Asi que, parece ser, han de cargarse las tintas sobre los encuestados, que para eso se les pregunta. Por eso decía que el Sr. Cuenca no muerde la mano que le da de comer y, habil e inteligentemente, detrás de una aparente neutralidad, hay una patente defensa del dato, de la encuesta, de la medida. Creo que, una vez más, ha perdido la oportunidad de llegar al fondo de las cosas, de cuestionarlas, de plantear alternativas, de ayudarnos a mirar de otra forma. Y creo que tiene capacidad para ello. Un saludo. (PD: no le añado lo de "Profesor" que me recuerda al Ferreras y eso sería para censurar mi comentario)

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  • Argaru Argaru 20/06/19 01:52

    ¡Qué cosas tiene esta democracia nuestra! Hace 20 o 30 años, si el PP hubiera presentado a un gorila y el PSOE a un orangután, como futuro presidente, cualquiera de estos dos parientes “nuestros” se sentaría en el despacho de La Moncloa antes que Julio Anguita con IU que, por supuesto, tendría menos representación que los herederos de los hoy “odiosos” separatistas. Por esta razón y alguna más, hoy en día, solo el 8 % de los españoles confía en sus políticos. Y esto, ¿representa algún problema? ¡Qué pregunta más tonta! Para nuestros políticos, ABSOLUTAMENTE NO. Serán elegidos SI o SI. Con confianza o sin ella. La confianza es ABSOLUTAMENTE INNECESARIA y prescindible. Sobre todo, mientras no exista una conciencia colectiva crítica con el poder político, cuando este se pasa por “el forro de la entrepierna”, los intereses generales.

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    • GRINGO GRINGO 20/06/19 09:01

      "Hace 20-30 años...", ahora mismo !!!, se vota al partido, ponga a quién ponga....

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  • Evaus Evaus 19/06/19 23:48

    Sr.Cuenca, pienso que el mayor problema como usted lo reconoce, es que la clase política es muy muy poco preparada. Hablan de todo como si supieran de idem. No encontrará usted en la política gentes de alta trayectoria profesional en todas las actividades. Estar todo el día expuesto y dispuesto a votar y decir lo que le digan que diga, da una idea de la clase política. El que más gracia me hace es el señor de coca-Cola, que como está forrado, vendrá aquí a jugar y ver como se las ingenia para que hagan leyes para ser más rico, porque ya me dirá el Sr. marcos de Quinto, a qué vino aquí. A apuntalar a VOX??? De pena. si estamos en un 8% no tardaremos en pasar al 5%.

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  • JPZ JPZ 19/06/19 23:36

    Como siempre, muy acertado. Es necesario seguir diciendo las cosas claras y llamándolas por su nombre.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 19/06/19 16:28


    ¿O sea que tan zotes son algunos políticos que tienen asesores que aún son más zotes que ellos? ¿Cómo confiar en algunos políticos que mienten más que hablan? Osasuna!


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  • Prometeo46 Prometeo46 19/06/19 12:43

    El contenido del artículo referido a la inmensa mayoría de políticos, me parece acertado pero creo que hay notables excepciones, estoy pensando en tres o cuatro políticos de la izquierda que me parece que no siguen las directrices, o las siguen muy poco de sus asesores, incluso dudo que alguno de ellos los tenga, me refiero concretamente a Ada Colau, Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Kichi el alcalde Cádiz.

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  • Galias Galias 19/06/19 11:58

    Yo creo que mezclando las ideas de unos y otros comentaristas podíamos llegar a algún acuerdo razonable. Lo del "curita", como le llama un amigo mío a Ferreras es de un espectáculo que sobrepasa a los filmes de más efectos especiales. Cuando parece que un contertulio u otro que ha entrado a opinar en antena y a reflexionar o no le gusta, le corta, salta a otra noticia y apenas iniciada, salta a otro asunto y luego a otro, es el sunami provocado por el cambio climático....lo malo es que todos le agradecen su llamada...espectáculo y negocio de Atresmedia.
    En la Televisión española, el conductor del programa de las mañanas se cansa de repetir que ha llamado insistentemente a Abascal, pero que no ha querido ir, pero seguirá llamándole. Hoy Bono ha dicho que estaba en el programa porque le había invitado e insistido para que fuera, aunque él ya no pinta nada....y se ha dedicado a contar sus batallitas.
    Con todo esto lo que quiero decir es que si los dirigentes políticos debían despedir a sus asesores, puede que hubiera que despedir a todos los que dirigen las tertulias y a muchos tertulianos o cerrar las Si los que tenemos una cierta capacidad de análisis, nos volvemos locos y confundidos, aquellos que tienen menos......da como resultado esa confianza en los políticos solo en el 8%.

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    • persona persona 19/06/19 21:43

      Muy de acuerdo con GALIAS ,la Sra.Ana y el Sr.Ferreras son dos embaucadores. que solamente saben decir verdades-retorcidas- mentirosas ,en la época que yo era un crio recuerdo había tómbolas de ferias y decían que no vengo a bender, que vengo a regalar (Nosotros como críos hasta nos lo criamos) pero creo que muchas gentes siguen siendo críos hoy en dia

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