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Diario de una confinada

He perdido la cuenta

Publicada el 24/04/2020 a las 06:00

He perdido la cuenta. No sé cuántos días llevamos confinados, si me lo jugara todo en un concurso de la tele, no ganaría nada, salvo que la suerte me acompañara y acertara de chiripa o viniera en mi ayuda el comodín del público.

He perdido la cuenta, “lo juro” –como diría mi superlativa Celia–. Para saber cuántos días de confinamiento hemos dejado atrás tendría que consultar la fecha del anuncio del primer decreto y sumarle tres, los que ya llevaba metida en casa cuando entró en vigor el estado de alarma. ¿O eran dos? ¿O eran cuatro? No lo sé, he perdido la cuenta.

He perdido la cuenta de cuántos cafés me he tomado después de no sé cuántas duchas, para no ir a ninguna parte.

He perdido la cuenta de las noches en las que me he puesto un auricular en una oreja para engancharme a un podcast, cuanto más aburrido mejor, o a un audiolibro que me interese poco o a una clase de “aprende inglés mientras duermes”, que me interesa menos.

Y he perdido la cuenta de cuántos tapones me he puesto en la otra oreja, la libre de podcast, porque el silencio rotundo de la nueva normalidad actúa sobre mi cerebro como un despertador.

He perdido la cuenta de cuántas mañanas miro el teléfono deseando que no llegue uno de esos mensajes que no queremos que lleguen.

He perdido la cuenta de los días que llevo sin abrazar a mi madre y a mis hermanos y a mis sobrinos y a mis amigos…

He perdido la cuenta de cuántos días llevo sin hacer planes, sin esperar gran cosa, sin desear algo que no sea que acabe.

He perdido la cuenta de cuántos días llevo sin permitirme llorar, ni decaer, ni sacar la rabia.

Y ahora debería decir que todo lo que he escrito antes no vale, hay que rectificarlo como una medida de gobierno: no he perdido la cuenta, en realidad la he abandonado. Porque la he extraviado adrede, como cuando quieres olvidarte de un amor que no te quiere y empiezas a dejar de fijarte en esas fechas y dejas de escuchar esas canciones y tratas de borrar todas las huellas para evitar sufrir, para que no te duela.

Sobre cuántas veces he dado las gracias a los que están sumando sin descanso, desde donde les toque, con sus conocimientos, con su esfuerzo, con su ánimo… no tengo ni idea, pero no porque haya perdido la cuenta sin querer ni porque me haya empleado a fondo en olvidarla, es que nunca tuve intención de memorizarla, porque me da igual cuántas gracias sume, mientras ellos y ellas sigan, yo seguiré agradeciéndolo.

Cuando esto acabe, cuando salga el sol, se nos olvidarán muchos de estos días llenos de vacío, pero habrá asuntos que permanecerán para siempre en nuestra memoria por dolorosos o por luminosos. Y de todo lo que va a ser imborrable yo quiero recordar que hubo gente, en medio de este mar tan oscuro, que no dejó de nadar aunque le doliera todo.

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6 Comentarios
  • Antonio LCL Antonio LCL 24/04/20 11:37

    Dentro de tanta oferta informativa donde los cuchillos se desafilan de tanto cortar maleza, qué placer compartir emociones tan sencillas, escritas y sentidas. Permítame Raquel compartir sus emociones, me hace feliz.

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    6

  • tarrul tarrul 24/04/20 10:06

    Gracias Raquel. De lo que no pierdo la cuenta es de leer a diario tus artículos que mi animo alimentan.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 24/04/20 09:12


    «… me da igual cuántas gracias sume, mientras ellos y ellas sigan, yo seguiré agradeciéndolo.» Y yo también, Raquel. Somos ocho pisos en la casa, y en cinco hay familias con miembros trabajando en Sanidad y en otros servicios públicos. He hablado con ellos, ayer mismo con Puy, que trabaja en la Sanidad Pública de Navarra.

    Te llena de emoción, gratitud, fe en la humanidad, oírles hablar con esa generosidad, sencillez y entereza de lo que están haciendo, y que no es solo atender a los enfermos que son quienes más necesitan sus servicios, sino que además tienen que animar a compañeras que están asustadas, deprimidas, agotadas de las largas y tensas jornadas de trabajo, y que además tienen que atender a hijos, parejas, padres ya muy mayores, añadiendo a todo ello la inquietud de poder transmitirles el mal que nos invade.

    Hay gente maravillosa en nuestro derredor pero parece que no lo sepamos porque no salen en la tele ni en los medios vendiendo su trabajo. Sin estas personas anónimas para la mayoría, ejerciendo todo tipo de profesiones, sin su bien hacer, la sociedad quedaría paralizada. Mi gratitud y admiración hacia todas ellas. Osasuna.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 24/04/20 09:16


      (El confinamiento, la vejera, o las ganas de decirlo, me han hecho enviar este archivo por duplicado. ¡No es que veáis doble!)

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  • paco arbillaga paco arbillaga 24/04/20 08:51


    «… me da igual cuántas gracias sume, mientras ellos y ellas sigan, yo seguiré agradeciéndolo.» Y yo también, Raquel. Somos ocho pisos en la casa, y en cinco hay familias con miembros trabajando en Sanidad y en otros servicios públicos. He hablado con ellos, ayer mismo con Puy, que trabaja en la Sanidad Pública de Navarra.

    Te llena de emoción, gratitud, fe en la humanidad, oírles hablar con esa generosidad, sencillez y entereza de lo que están haciendo, y que no es solo atender a los enfermos que son quienes más necesitan sus servicios, sino que además tienen que animar a compañeras que están asustadas, deprimidas, agotadas de las largas y tensas jornadas de trabajo, y que además tienen que atender a hijos, parejas, padres ya muy mayores, añadiendo a todo ello la inquietud de poder transmitirles el mal que nos invade.

    Hay gente maravillosa en nuestro derredor pero parece que no lo sepamos porque no salen en la tele ni en los medios vendiendo su trabajo. Sin estas personas anónimas para la mayoría, ejerciendo todo tipo de profesiones, sin su bien hacer, la sociedad quedaría paralizada. Mi gratitud y admiración hacia todas ellas. Osasuna.

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  • Risco Risco 24/04/20 08:42

    Raquel, soy un asiduo seguidor tuyo. Disfruto cada uno de las hojas de tu diario.
    Solo quiero aportar mi sentimiento hacia todos los que remamos en la medida de nuestro mar, con una simple llamada, con un whatsapp, con unos minutos de aplauso diario, con nuestra disciplina esperada, con nuestro deseo de mejorar, con nuestro pensamiento en los que se han ido, con...
    Un beso. Cada día es uno menos. Cambiemos el orden de conteo.

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