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Qué ven mis ojos

No es una caravana de la libertad sino un intento de atropello de la democracia

Publicada el 26/05/2020 a las 06:00
“El ruido es lo contrario del argumento, su único fin es que no se nos oiga para que no se nos escuche”

 

Cuando nos despertamos el virus aún estaba ahí. No se había marchado él, sino nosotros, y al volver a la calle nuestra misión era hacerle frente a base de esquivarlo. Ya no valía quedarse parados y contener la respiración como la ayudante de un lanzador de cuchillos; al contrario, nuestra defensa debía ser activa, nos obligaba a poner de nuestra parte, a andarnos con pies de plomo y, en resumen, a buscar soluciones en lugar de culpables. Habíamos pasado de fase, todos lo deseábamos y algunos lo exigían, en la mayoría de los casos con la esperanza de que todo mejorase y, en el caso de los ultras y sus socios, de que fuera a peor y en su beneficio. Sus manifestaciones en coche, saltándose todas las normas sanitarias y las propias leyes de la razón, no eran una caravana de la libertad sino un intento de atropello de la democracia, y tenían algo de horda de bárbaros llegando a Roma, sólo que aquí los vehículos entraban en los laboratorios para destrozar probetas, microscopios y tubos de ensayo, en lugar de entrar a caballo en los templos.

La esencia es la misma, aunque la pregunta cambia: ¿por qué se llamarán conservadores, si lo destruyen todo? ¿Y por qué se los blanquea, se les da el título de demócratas, cuando a todas luces tratan de acabar con la propia democracia, que no debería tener lugar para el neofascismo derivado del neoliberalismo? Lo intentarán una y otra vez. Han utilizado para conseguirlo desde las víctimas del coronavirus hasta la ETA y ahora ya tienen a un mártir que sacar en procesión: el jefe de la Guardia Civil en Madrid, destituido por mandarle a la jueza un informe lleno de acusaciones contra Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. En el colmo del cinismo, lo acusan de no evitar la manifestación del 8M los mismos que contraprogramaron esa marcha cívica con un mitin en Vistalegre, donde uno de sus jefes llegó tan contagiado del covid-19 que acabó en el hospital, y los que ahora se saltan el confinamiento y las reglas de distancia social, para lanzarse a las calles a gritar libertad. Les siguen en los barrios altos, porque aquí de lo que se trata es de derribar a un Gobierno que plantea una fiscalidad progresiva, que paguen más los que más tienen. Hay quien cree que eso se habría arreglado enviando a la zona un destacamento no de antidisturbios, sino de inspectores de Hacienda.

El estado de hipocresía en el que se ha instalado la derecha de nuestro país es tan profundo que allí donde gobierna el PP gracias a los ultras, toma decisiones como la de entregarle a Vox la presidencia de la comisión de la reconstrucción en Andalucía, que es lo que ha hecho con la connivencia de Ciudadanos, un partido que se ha roto como todo lo que pretende moverse a la vez en dos direcciones opuestas. Ya hicieron lo mismo con la Memoria Histórica. Es el resultado de que en España ha desaparecido el centro político, ese espacio al que todos aspiraban y del que todos han escapado.

Un índice del nivel político de estos momentos lo marca el escándalo que intenta montarse por el hecho de que dos partidos, PSOE y Unidas Podemos, se atrevan a cumplir su programa electoral derogando la fatídica reforma laboral del PP, que sólo ha servido para traerle a las y los trabajadores precariedad e inseguridad, sueldos miserables, contratos basura, despidos fáciles, horas extras sin pagar... El arranque de ira de los empresarios, levantándose de la mesa de diálogo con la Moncloa tras el pacto de extinción, lo explica todo, y que en ese acuerdo esté Bildu no es el motivo, sino la coartada: ¿o es que alguien cree que si lo hubiesen firmado con otros, ellos estarían de acuerdo? La demostración del teatro al que asistimos es la ira del PP por la presencia de los “herederos de los terroristas”, que ha propiciado que las hemerotecas echasen humo con las declaraciones de su entonces alcalde de Vitoria, en las que alardeaba de haber pactado con la misma Bildu, animaba a que “cundiera el ejemplo” y decía que “ahí siempre ha habido, desde el principio, defensores de la paz”. Nadie en la calle de Génova salió a llevarle la contraria, lo mismo que ahora no levanta la voz contra la entrega del partido a la extrema derecha. Dice Pablo Casado que el Gobierno es “un pollo sin cabeza”. Me temo que a él y a sus socios sí que se les ve una: la del águila de la bandera anticonstitucional.

No hace falta ser un analista muy cualificado para entender que un ejecutivo de derechas siempre va a favorecer en lo que se pueda a la patronal y uno de izquierdas a la clase obrera, pero da la impresión de que lo primero se considera legítimo y lo segundo inaceptable. Hay que entender en qué manos estamos y cómo se escribe la historia con ellas, desde dónde y al servicio de quiénes. Por supuesto, en un Estado de Derecho cada cual defiende lo que quiere y tiene su idea de la justicia y la sociedad; y se supone que quienes votan a unos y otros comparten su ideología o, al menos, sus métodos, y por ello los secundan y les otorgan legitimidad. Porque a estas alturas y en este mundo saturado de información, no es verosímil que aún quede mucha gente que no se entera, que es manipulada, que no sabe lo que hace ni a quiénes avala con las papeletas que mete en las urnas. No, lo que hay en el Congreso y en el Senado es lo que los electores han puesto allí. Y muy pocos parecen dispuestos a cambiar de opinión, pase lo que pase y hagan lo que hagan los que consideran suyos. Y no suelen escuchar opiniones que no coincidan con las propias, vengan de donde vengan: dice el virólogo y eminencia científica mundial Florian Krammer que “si miras la curva de España ves que bajó muy rápidamente porque el país actuó rápido, no como Reino Unido o Suecia”; o la presidenta de la Comisión Europea dice que la “transparencia” de Italia y España “ayudó a otros a prepararse para el impacto”; o la Organización Mundial de la Salud vuelve a felicitar a España por su gestión de la crisis y les tocan la percusión del Cara al Sol con las cacerolas. El ruido explica cuál es la consigna: que no se les oiga, no vaya a ser que se les escuche.

No esperemos nada de ellos, no están aquí por nosotros, sino para hacerse con el poder a cualquier precio. No les importamos. Así que ahora, mucha prudencia y a demostrar de uno en uno que España puede, sabe y lo va a hacer. Aunque sea a pesar de los mismos de siempre.

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74 Comentarios
  • Ely Ely 02/06/20 02:28

    Qué se puede añadir? Fantástico como siempre Benjamín, adelante y ojalá te escuchen los que deben, seguro te entenderán, no se pueden decir mejor las cosas.

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  • pantera pantera 29/05/20 02:28

    Poco a poco se va poniendo al descubierto la "trama" conspiranoica contra el gobierno progresista. No es una cuestión de críticas al poder, de propuestas y alternativas, de debates argumentados...Se trata de provocar la crispación con todos los medios posibles: mentiras, tergiversaciones, manipulaciones, montajes ...Esto se puede constatar (no es una opinión) en el informe elaborado y tramitado desde algunos responsables altos mandos de la Guardia Civil sobre el tema del 8 de marzo, en la actitud de la juez, en la actitud delirante (y en muchos casos insultante) de la derecha política, en la escenografía callejera reclamando cínicamente libertad, desde algunos medios de comunicación proveedores de los bulos y las insidias constantes envueltas en la libertad de expresión, en las incitaciones al odio y en algunos casos con la violencia de expresión fascista (ocurrió, que yo tenga noticia, en Granada y en Málaga)...Objetivo: acabar con el gobierno progresista. El bien común, la Constitución y la Democracia, no tiene para ellos ningún valor; efectivamente, sr, Prado, "no les importamos", pero ya los estamos viendo al desnudo, sin más disfraces democráticos, ni más preocupación por una reconstrucción social y económica equilibrada (les sobra lo de equilibrada), ni más preocupación por la corrupción (de la que participan o han participado), ni por el buen desarrollo del estado de bienestar desde el ámbito público. Gracias, Sr. Prado, por su advertencia.

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  • Atlant*** Atlant*** 28/05/20 22:38

    Después de que pasa la ola, ¡todos sabios! Todo el mundo tiene claro en qué monte tenía que haber estado para no ser arrastrados por la fuerza del agua; apuesto que todos hubiéramos elegido el más alto. ¡Siempre ocurre así!
    Pero en toda calamidad humana, el valor tenemos que concedérselo, porque se lo merecen, a los/as que en medio del torbellino dentro de la ola, se prestan a salvar vidas a riesgo de perder la propia; por ejemplo: todo el personal sanitario y todos los trabajadores que han seguido en sus funciones para que a nuestros hogares sigan llegando los alimentos imprescindibles. Después tenemos un gobiernos, que, posiblemente haya cometido algún que otro error, no diré que no. ¡Y…! ¿Quién podría asegurar que no los cometería? Incluso más graves, en medio del Tsunami que supone esta pandemia que ha cogido desprevenido a los sanitarios, científicos y dirigentes del mundo entero. Además, con una Sanidad transferida a las comunidades autónomas que han hecho con ella, de su capa un sayo, menos fortalecerla. En Madrid, por ejemplo, el 70 u 80% en manos privadas y lo que quedaba de lo público completamente desabastecida en materiales y personal sanitario. La gravedad en el sistema sanitario ya se había producido antes en cada comunidad autónoma debilitando el sistema. Un gobierno rodeado de buitres que picotean en busca de una tajada. Además, medios de comunicación que han vivido en las cloacas del poder económico y un ejército de periodistas afines que le bailan el agua. Poder económico que cada vez que asiste a una mesa para el diálogo social, se levantan nada más aparecen los derechos de los trabajadores. Pregunto: ¿Alguien recuerda si alguna vez la derecha ha llevado a parlamente una propuesta para mejorar derechos y salarios de los trabajadores? –Creo que lo que sigue es el silencio.

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  • Atlant*** Atlant*** 28/05/20 22:36

    Dice Benjamín que “Un ejecutivo de derechas siempre va a favorecer en lo que se pueda a la patronal y uno de izquierdas a la clase obrera” que “lo primero se considera legítimo y lo segundo inaceptable”, y, es que a la hora de ir a votar, cada uno tiene una idea preconcebida. Un porcentaje de votantes solo están dispuestos a oír los mensajes que vienen de sus ideales preferidos como si fueran parte de su religión aunque lejos de la realidad, no les importe ser engañados. Entre los votantes, algunos esperamos a oír las propuestas que más se acercan a nuestras sensibilidades como ciudadanos solidarios con los más desfavorecidos y con los trabajadores. Los trabajadores somos el motor del país, sin nosotros no hay producción y, si no hay producción no hay progreso, ni desarrollo ni justicia social; si una parte de la riqueza producto de la producción no regresa a la sociedad productiva no hay justicia social. Esto, la derecha nunca lo ha tenido ni lo tendrá en cuenta, porque ella nunca mira hacia abajo. Protegen siempre al patrón en contra de los derechos de los trabajadores que somos los que estamos produciendo la riqueza que en la mayoría se la llevan a paraísos fiscales. Es la práctica del saqueo como principio y como sistema que la derecha se presta satisfecha a darle cobertura. En mi comentario anterior hacía una pregunta acerca derechos del trabajador presentados por la derecha en el Parlamento, aseguraría que no tiene respuesta. Lo deja claro en las afirmaciones de Benjamín. A todo esto, la derecha se arroga el derecho de ser los únicos dueños de todas las instituciones del Estado: empezaron con la bandera, ahora la Guardia Civil, otras veces es la Policía, la Justicia, etc. Pero cuando estos investigan sus fechorías corruptas no ahorran descalificativos para ponerlas por los sue-los

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  • Alfa Alfa 28/05/20 14:07

    Muy acertado Benjamin

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  • Alfa Alfa 28/05/20 14:07

    Muy acertado Benjamin

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  • JARAJA JARAJA 27/05/20 18:30

    Muy buen artículo

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  • micanuto micanuto 27/05/20 09:53

    "Hay que entender en qué manos estamos y cómo se escribe la historia con ellas, desde dónde y al servicio de quiénes ". Así es. ! Que no habrá tenido que aguantar Marlasca, para decir , !!Hasta aquí hemos llegado !!, el que fue elegido como ministro de interior para contentar a los apoderados de los poderosos.

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  • cromwell cromwell 27/05/20 08:14

    Claro, esclarecedor y real artículo, muchas gracias por recordarme e informarme sobre hachos que tenía olvidados o inconexos. Gracias Benjamin.

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  • Heradis Heradis 26/05/20 23:39

    Una vez más, dando "en el clavo". Gracias, Benjamín Prado.

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