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Desde la casa roja

Lo aceptable

Publicada el 17/02/2021 a las 06:00

Hace ya dos meses que a la canciller alemana, Angela Merkel, se le quebraba la voz pidiendo, por favor, medidas de cara a la Navidad. Decía: “Aunque sea duro, y sé cuánto amor se ha puesto en montar los puestos de vino caliente y gofres, lo siento, pero desde lo más profundo de mi corazón, si el precio son 590 muertes día tras día, en mi opinión, esto es inaceptable”. Los Weihnachtsmärkte son una de las tradiciones más arraigadas en muchos países. Es el encuentro distendido de sus habitantes en las calles en mitad del crudo invierno de la Europa central.

A algunos nos impactó aquel mensaje porque lo lanzaba una política que se rompía por la tensión ante la responsabilidad de los acontecimientos y ponía su emoción a la altura de nuestra realidad cotidiana. Pero no tardaron en salir voces que afirmaron: no necesitamos que nuestros políticos lloren, queremos que actúen. En ese momento, Alemania tenía una incidencia menor que la que hoy tiene España y mientras Merkel reaccionaba así, en este país se abría la mano para celebrar las fiestas. Como si aquí la Navidad fuese algo crucial de peso incomparable a otros lugares. Como si la calle Preciados vacía en diciembre fuera algo más insólito que la Marienplatz de München sin sus puestos de Glühwein. Como si las cañas afterwork fueran algo obligado en Chamberí y no en Dublín.

El precio que hemos pagado ha sido de más de 9.000 muertos en enero y más de 7.000 en lo que va de febrero. ¿Qué es aquí lo aceptable? ¿Y quién lo acepta?

Cada día, cada uno de nosotros concedemos, aprobamos, asumimos pequeños riesgos y pasamos por alto las pequeñas cesiones cotidianas para que nuestra vida camine hacia algún futuro. Podemos conocer o adivinar y sopesar las dos partes de nuestra balanza imaginaria y lo hacemos constantemente. A veces, arriesgamos de más. Muchas otras, somos cobardes.

La historia reciente ha aceptado cifras terribles, ha asumido altísimos costes humanos y riesgos letales a cambio de territorios, para conseguir tomar el poder o defenderlo, por la imposición de una forma de entender el mundo o una fe. Casi nunca, los que perdieron la vida fueron consultados. Hoy, en febrero de 2021, vamos perdiendo nombres propios a cambio de que no frene la máquina, para que la normalidad social y económica siga girando, con o sin bajas. Nadie querría estar hoy en el lugar de los que deciden por nosotros, ni digo ni pienso que permitan la muerte, pero ¿por qué aquí vamos asumiendo los centenares de fallecidos y en otros lugares restringen la movilidad de forma preventiva y severa por menos?

No hace tanto tiempo que el presidente del Gobierno nos hablaba por televisión fin de semana tras fin de semana enviando mensajes, a veces, hieráticos, a veces, humanos, siempre insólitos, desde su tribuna del Palacio de la Moncloa. Pero hace meses que esa presencia se ha diluido de la misma manera que la estrategia de España para acabar con la pandemia. ¿Ya no estamos todos a una?, ¿ya no estamos en esa reiterada guerra contra el virus? Porque últimamente el optimismo de algunos responsables choca con las cifras, con los planes y los ritmos de vacunación. Y casi desde el principio, colisiona con las voces de los que viven a pie de camilla en las UCI.

La Comunidad de Madrid, la comunidad del milagro para quien crea en los milagros, la que ha perdido a más de 20.000 de sus ciudadanos por covid-19, la que lleva por estandarte la falsa diatriba entre la bolsa o la vida y se jacta una y otra vez de elegir la bolsa con soberbia, ha planeado abrir mañana la hostelería hasta las 23 horas y reducir las horas de toque de queda. La semana pasada volvió a ampliar las reuniones en restaurantes de cuatro a seis comensales. ¿Qué harán si no consiguen bajar los contagios a un nivel controlable y las nuevas variantes empiezan a extenderse? ¿Alguien se responsabilizará de lo aceptado? ¿Le está yendo mejor económicamente a Madrid por tener unas medidas más relajadas o, como dicen ellos, quirúrgicas? Las consecuencias de reducir las restricciones son tan importantes que deberíamos saber exactamente en qué resultados está desembocando.

Que nadie salga a llorar, aunque no será porque falten motivos. Lejos queda la esperanza que alguna vez tuvimos de una acción conjunta y coordinada y desestimada para siempre la cooperación y el entendimiento de los que deciden. La pregunta que subyace a todo esto reconozco que es muy bestia, pero quién no se la hace: ¿quién va a tener ganas de ir a tomarse una caña cuando agónicamente hayamos perdido los dos extremos de la falsa diatriba y estemos sin vida y sin bolsa? No queremos que lloren, está bien, queremos que actúen y, sobre todo, que esto amaine. Pero ni una lágrima y a la deriva, ola tras ola, de las mareas.

 

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14 Comentarios
  • Arbitrista Arbitrista 18/02/21 05:43

    Gracias por el artículo. Lo comparto.
    Me llama la atención, en esta llamada "tercera ola" del modo en que se está dosificando y ordenando la información. Se anuncia como buena noticia día tras día la disminución de la tasa de incidencia, luego se anuncia como buena noticia la disminucion de la tasa de contagios para finalmente y -como si fuera un dato menor- dar la cifra del numero de muertos: un día 700, otro 500, otro 300. Esta estrategia informativa está también al servicio de una manera concreta de entender la sociedad, la economía y la solidaridad. Se está intentando que cambiemos de respuestas comunitarias a un feroz individualismo y sí, ya tenemos uns cuantos muertos cercanos con nombre y sí , más de un dos por mil de nuestros conciudadanos está muero o muerta por Covid-19. Así que yo sí hago corresponsable de lo que pasa a los políticos que toman decisiones que ponen en peligro nuestras vidas.

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    • MIglesias MIglesias 18/02/21 10:30

      Cuando estamos subiendo, es que falta poco para llegar al cénit y luego bajará. Cuando estamos en la cresta de la ola es bueno porque ya solo puede bajar, aunque siga subiendo. Es una estrategia comunicativa perversa que minimiza la situación.

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  • Adamsberg Adamsberg 18/02/21 02:21

    Hola, Aroa. Muy de acuerdo en lo sostenido en el artículo. Sólo un melindre, una pequeña corrección semántica a la que no me puedo resistir porque la leo y escucho demasiado desde hace ya tiempo: una diatriba no es una disyuntiva, un dilema o elección entre opciones opuestas sino, según la RAE, esto: diatriba

    Del fr. diatribe, y este del gr. διατριβή diatribḗ 'debate'.

    1. f. Discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo.

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  • Argaru Argaru 17/02/21 22:14

    Como buena representante del partido “asaltante de caminos”, para Isabel Díaz Ayuso la dicotomía está entre la bolsa o la bolsa. ¡Quién dijo miedo, habiendo hospitales! ¡O si no, nos inventamos uno! El cinismo y la total falta de empatía de esta señora no tiene límites. Todo político debería rendir cuentas de sus cuentas y también de sus actos, porque de estos pueden depender nuestra economía y, en caso de pandemia, también nuestra vida. Nos regimos por un sistema económico que prima el beneficio sobre todo lo demás y se podría decir, sin temor a equivocarnos en estos tiempos de pandemia, que se le ha puesto un precio a la vida, sobre todo, a la vida de las personas mayores. ¿Cuánto vale la vida de una persona mayor? Cuando pase toda esta maldita pandemia, algunos de nuestros políticos deberían responder en los tribunales por todas esas víctimas que fueron inmoladas en nombre de la economía, porque la “bolsa o la vida” ya hace tiempo que se ha demostrado que es un falso dilema. No obstante, tal como está la justicia, viendo el “caso Cifuentes”, muchos se irán de rositas.

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  • FIngerlady FIngerlady 17/02/21 21:22

    Contra la estupidez de nuestros dirigentes está nuestra responsabilidad individual, llámese libertad. Nadie nos obliga a ocupar bares y terrazas como si no hubiese un mañana. Que ...si seguimos así...efectivamente no habrá

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    • CarmenMoreno CarmenMoreno 18/02/21 10:16

      No te confundas: no es estupidez, que también, sino mayormente se mueven por dinero y esto sí que es perverso. Hay mucha gente que si no impones unas normas a rajatabla, no harán caso y así nos va.
      Un saludo.

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  • Edmundo Edmundo 17/02/21 17:03

    Para mí, toda esta locura en la gestión de unos y otros se resume perfectamente en aquella exclamación archiconocida del ex presidente Rajoy: “¡Viva el vino!“

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  • tarrul tarrul 17/02/21 16:58

    Genial articulo, muchas gracias

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  • MIglesias MIglesias 17/02/21 11:43

    La pandemia ha dejado al descubierto no solo los déficits en políticas públicas y en cultura democrática de quienes debían arrimar el hombro y se han dedicado a buscar el voto fácil a costa de poner zancadillas, también ha destapado la ineficacia de nuestro sistema autonómico que debía ser una solución administrativa y ha resultado ser un sistema de reinos de taifas sin proyecto común, algo extensible a la UE, como si al virus le detuviera un cartel.
    En España han optado por salvar la Navidad, San Valentín, la Semana Santa, el verano y el día delamorhermoso, en un ejercicio de irresponsabilidad supina tanto desde el Gobierno como desde las CCAA, como si las fiestas fueran ajenas a la gente que las celebra. Yo asisto atónita día a día a las incoherencias entre datos y comentarios de Simón, de Ayuso ya qué decir, Sánchez desaparecido de la escena, jueces que vetan las medidas de protección... Vamos como pollo sin cabeza, los muertos se acumulan, las UCIs rebosan, nuestros sanitarios aguantan por responsabilidad (esos sí son héroes, no los raperos rabiosos) y la economía se derrumba porque sin parar no se para la pandemia, un ciclo interminable que nadie se atreve a cortar. Cortos de miras.
    De la responsabilidad individual ni hablo, pa qué, cuando vemos lo que vemos.

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  • New dawn fades New dawn fades 17/02/21 09:17

    Es evidente que las distintas administraciones tienen una responsabilidad muy importante en el control de la pandemia, y por tanto eso es muy debatido tanto en artículos como en foros de todos los medios de comunicación, como debe de ser.

    Pero yo quería hacer hincapié en la responsabilidad de los propios ciudadanos, es decir, en nosotros mismos. Cualquiera que se dé una vuelta por Madrid, y nombro esta ciudad porque es donde yo paso la mayor parte de mi tiempo, podrá ver el interior de los bares y restaurantes llenos de gente, las terrazas atestadas y, en general, la gente con la guardia alta, sin el respeto que tenía la virus hasta hace bien poco. A mi me asusta un poco esto, porque parece que la gente ya le ha perdido el miedo al bicho y ya no se acuerda de todo lo que hemos pasado. Pareciera además como si hubiese normalizado la cifra diaria de fallecimientos que sufrimos todos los días.

    Cada vez son más voces a mi alrededor que claman por el levantamiento de las restricciones por el bien de la economía. Y eso debería asustarnos a todos, y creo que debería atajarse de alguna manera, con campañas informativas, por ejemplo.

    Lo que está claro es que lo que veo a mi alrededor no me gusta nada...

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  • Hammurabi Hammurabi 17/02/21 08:16

    Unas líneas tremendas y reveladoras, que desgraciadamente suenan como un eco lejano. No hay conciencia...

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  • paco arbillaga paco arbillaga 17/02/21 07:23


    Aroa: Como dice SirDrake en su comentario, «por favor no te calles nunca» ante esta desgracia, ante la gestión que están haciendo algunos políticos de esta pandemia, ante tanta injusticia como las que cita SirDrake, a las que parece se ha acomodado la sociedad, viendo lo que están padeciendo los habitantes de la Cañada Real.

    Con esta pandemia estamos descubriendo que este país parece que no pueda vivir sin miles de bares, que toda la piel de toro debiera ser un toldo para proteger cafeterías, restaurantes, y que con ello se acabaran todos los problemas sociales.

    ¡La copa o la vida!, parece que nos dan a elegir algunos políticos. Osasuna para la gente decente.

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