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Historia íntima de una mujer

Publicada el 05/09/2021 a las 06:00

A veces, mientras trabaja en la lavandería del hospital, recuerda el campus universitario y los años en los que estudiaba Filología Hispánica. Hubiera sido mejor, piensa, seguir estudiando y no arriesgarse a pasar toda su vida bajo el ruido acosador de las lavadoras y las secadoras. En la ropa que cada día llega, hay restos de sangre, heces, trozos de cordones umbilicales, huellas de muerte. La muerte deja un perfume extraño. Algunos ancianos se duchan, peinan, afeitan y empapan de Varón Dandy para darse un paseo, uno más, pero esta vez por un camino desconocido. Ese olor no lo quitan ni los centrifugados, ni las lejías, ni las temperaturas de 80 grados.

La muerte que ella huele y ve en el hospital no tiene la exclusiva. Las calles del lugar en el que trabaja dan al Estrecho y no es raro convivir con los naufragios de las pateras. Participa en las movilizaciones solidarias que procuran ayudar a los supervivientes. Ahora que hemos sufrido la pandemia y hemos salido a aplaudir a los médicos y a las enfermeras, no tanto a las trabajadoras de la lavandería, sería bueno recordar la hermandad etimológica que hay entre los hospitales y la hospitalidad.

¿Médicos, médicas? ¿Enfermeros, enfermeras? Aplaudamos, pero sepamos también que son pocos los que aplauden a las mujeres que barren, friegan o limpian la ropa de los contagiados. Ella se siente maltratada por la falta de vergüenza de alguna jefa y por el poco respeto de los que pasan a su lado sin saludar. La condena a la inexistencia no borra el miedo y la voluntad con la que muy de mañana toma el autobús para acudir a trabajar. Se necesitan almohadas, sábanas, pijamas y sudarios, que se apilan en las cajas de cartón. Los cadáveres durante la pandemia se enfundan en bolsas de plástico. La muerte pertenece ahora al mismo mundo que la bollería industrial. Pero a ella le gustaría tener por sudario las manos de su madre.

No le resulta fácil entrar en el vestuario para ponerse la ropa de trabajo. Es que le gustan las mujeres y teme que se le note, procura no mirar, darse la vuelta, esconderse. También se esconde cuando le preguntan si tiene novio, mejor no dar allí explicaciones, no decir cosas que le den argumentos a las demás para tratarla de forma diferente. Eso no le impide oír con atención las conversaciones de las compañeras. Las mujeres mayores van pronto a trabajar, vuelven con prisa a la casa porque tienen que arreglarla, hacer la comida, lavar la ropa familiar y cuidar a los nietos.

Todo esto lo cuenta en verso Begoña M. Rueda en el libro Servicio de lavandería (Hiperión, 2021), XXXVI Premio de Poesía Hiperión. Sabe por anticipado que cuando presente el libro se acercarán algunos lectores a preguntarle en qué instituto o en que universidad da clase… y que la mirarán por encima del hombro cuando responda que trabaja en la lavandería de un hospital. Tampoco la miran con buenos ojos algunas compañeras cuando se enteran de que es poeta. ¿Qué se creerá esta?, murmuraron cuando publicó Error 404 ( Visor, 2020).

La verdad es que no lo tiene fácil. Hay muchos también, peros y tampocos en su vida. Se da fuerzas a sí misma presentándose a premios de poesía, ganándolos, pero sobre todo escribiendo poemas con el mismo cuidado que plancha un pijama para el niño enfermo, para el anciano que acaban de ingresar, para el marido de la mujer que llora en el hospital y que casi no escucha la buena voluntad del hijo que murmura “no te preocupes, ya verás cómo se pone bien”. Ella intenta olvidar que ayer lavó las sábanas del enfermo que ahora sacan entre cuatro hombres del tanatorio. Sobre el ataúd corría el viento de levante y repiqueteaba la lluvia.

Hay mucho de colectivo en las cosas más íntimas.

 

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30 Comentarios
  • Chinchirina Chinchirina 05/09/21 23:54

    D. Luis, Poeta, eres un gran poeta. Que la política no trunque tu arte. Y gracias por traernos a esta gran mujer. Pero es la vida. Hay en el consejo de ministras más de una que no le llegan a la altura el zapato. Compraré sus libros.

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  • 3.14 3.14 05/09/21 19:23

    En este último año, despues de estar ingresada un mes, he preguntado a un sindicalista por la vacunación del personal de limpieza de los hospitales y de otros servicios sanitarios, si entraban en el término "personal esencial", para mi consternación no sabía, ni esperaba saber porque era personal de concesionarias privadas (suponía que las empresas se habrían preocupado. Dixit).
    Me alegro que alguien de la calidad ética de MGM escriba sobre las limpiadoras.

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  • GRINGO GRINGO 05/09/21 17:27

    Hoy estoy de acuerdo con LGM y su reivindicación de la importancia de todas las profesiones, y sobre todo, de todas las personas.

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  • Lucía Oliveira Lucía Oliveira 05/09/21 12:32

    Precioso artículo. Me apunto el libro.

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  • tarrul tarrul 05/09/21 10:58

    Maravilloso, muchas gracias Luis

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 05/09/21 10:43

    El link que sigue no es de una télé sino de la radio France culture. A partir del minuto 13:27 se comenta la novela Terra Alta de Cercas.

    https://www.youtube.com/watch?v=WFatTX0XykQ

    Luis es un gran maestro!!!

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  • Jose Espuche Jose Espuche 05/09/21 10:09

    Siempre suelo decir la verdad o mi verdad. Este artículo del Sr. García Montero tiene mis más sinceras felicitaciones. Escribe, como un maestro que es, este artículo riguroso y serio a la vez. En hora buena, ¡¡Maestro!! Felicitaciones de José Espuche.

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  • Orbegozo Orbegozo 05/09/21 08:46

    La sombra detrás de la luz, que proyecta el amigo Luis es que:

    En España si eres poeta, ( y no tienes padrinos políticos ) o un buen networking de amiguetes que te coloquen haciendo colaboraciones en periódicos digitales, tienes que vivir, "quitando mierda" de otros.

    En España, si eres una poligonera siliconada, sin neuronas, tienes la vida resuelta en los realitys de la TV, si eres una mujer sensible y poeta, te toca vivir vida de paria.

    En España, si eres vomitador de calificativos injuriosos tienes la vida resuelta en cualquier tertulia de radio o tv. si eres poeta o artista, vives de tus ancianos padres o trabajas de repartidor de Glovo en tu bicicleta a tus 45 años.

    En España, si eres cualquier cosa, ¡¡ buena suerte !! y ya veremos.
    Si eres poeta, aprende a fregar, barrer, hacer guardias, o despachar comidas.

    Yo de adolescente llegue un día a casa, después de haber leído de forma medio clandestina Las Nanas de la Cebolla de Miguel Hernández, y confiando que mi padre, ( comunista y libre pensador) me entendería, exprese con vehemencia mi intención irrevocable de ser POETA, mi sabio padre sin alzar la voz, ordeno que yo estuviera tres o cuatro días sin comer, al cuarto día de ayuno, mi padre me sentó y me preguntó: " ¿ cuantos días mas crees que podrás estar sin comer? ".
    Yo confesé, que ni un solo minuto más, entonces me explico que NO servía para poeta, que tenia que pensar en otra profesión, aunque si quería escribir versos en mis ratos libres, nadie me lo prohibía.

    En España, ser poeta, ser poetisa, y vivir de ello, sin tener muchos amigos influyentes es estar condenado a comer mucha cebolla.

    La cebolla es escarcha
    cerrada y pobre:
    escarcha de tus días
    y de mis noches.
    Hambre y cebolla:
    hielo negro y escarcha
    grande y redonda.

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    • GRINGO GRINGO 05/09/21 17:26

      Joder con tu padre.....!!!!

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  • paco arbillaga paco arbillaga 05/09/21 07:54


    Gracias, Luis, por poner en primer plano personas como Begoña M. Rueda que además de realizar un trabajo fundamental y necesario también tiene tiempo para ser solidaria y para desarrollar sus aficiones intelectuales.

    La descripción de alguna jefa que pasa al lado de Begoña sin saludar, ignorándola, es un ejemplo de cómo trata nuestra sociedad a muchas personas que hacen trabajos que no se valoran en su justa medida por lo imprescindibles que son para que la sociedad funcione.

    Cuántas Begoñas hay en el mundo a las que se les ignora e incluso a veces desprecia, personas que son fundamentales para que funcione la sociedad y que pueden tener unas cualidades, desarrollar unas actividades humanas bastante más dignas de destacar que esos personajillos con los que nos bombardea todo el día algún canal de TV mostrándonos sus habilidades amatorias y desamatorias, ¡y que tanta aceptación tienen en la audiencia! Osasuna.

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    • Ayla* Ayla* 05/09/21 11:08

      Dice mucho de nuestra sociedad no reconocer quiénes son los imprescindibles, casualmente los menos valorados.

      En marzo de 2020 pudimos aprenderlo, pero hemos vuelto a la sinrazón y a alabar la prepotencia.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 05/09/21 11:29


        Ayla*: Comparto lo que dices. Osasuna2 salu2.

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    • VICTORIA BALERDI VICTORIA BALERDI 05/09/21 08:47

      Que bien que reaccione Usted con el fondo y no como muchos con la forma. El menosprecio de las y los trabajadores manuales sigue. Gracias por su texto que comparte en su totalidad.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 05/09/21 09:55

        VICTORIA BALERDI: «El menosprecio de las y los trabajadores manuales sigue», dices. Y por eso hay que publicitarlo. Osasuna2 salu2.

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      • VICTORIA BALERDI VICTORIA BALERDI 05/09/21 09:19

        Disculpe, pero quiero decir "que comparto" y no que comparte, por supuesto.

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  • Grandota Grandota 05/09/21 07:34

    Gracias Luis por hablarnos de la escritura, prosa, poesía, con tanto amor

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