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Telepolítica

¿Por qué siempre ganan los malos?

Publicada 28/04/2017 a las 06:00 Actualizada 28/04/2017 a las 10:22    
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Quienes hemos colaborado de una manera u otra a promover la creación de series y películas tenemos una deuda pendiente con la sociedad. Hemos cometido un grave error. Con el deseo de agradar al espectador y de buscar empatizar con sus ilusiones y esperanzas, se ha recurrido habitualmente a buscar finales felices para cerrar las historias de ficción. Especial daño se ha hecho a los niños y jóvenes a quienes hemos educado de forma equivocada en un modelo de vida inexistente. La verdad hay que decirla bien clara: en realidad, son los malos los que siempre ganan. O al menos, casi siempre.

No es casual que todas las culturas represoras, desde el macartismo estadounidense hasta el mismo franquismo, además de censurar cualquier atisbo de activismo social, impusieran la obligación de incluir finales felices en las películas. Se intentaba transmitir la sensación de vivir en un mundo justo en el que después de todo conflicto o sufrimiento, la justicia se imponía y los buenos salían victoriosos. Sabían perfectamente lo que hacían.

Lo de estos últimos días en España se ha convertido en un inesperado festival de exhibición del malismo como forma de vida imperante. Hay quien pretende vendernos que todo esto no es más que la prueba de que el sistema funciona y que quien la hace la paga. Aunque soy un optimista empedernido, creo que estamos ante la evidente constatación de que los corruptos profesionales son los que tienen el control. Tanto es así, que sólo se les descubre cuando, en pura práctica de la impunidad, cometen algún error por exceso de confianza o porque alguien de su entorno decide delatar la actividad en venganza por alguna cuita pendiente.

La verdad es que viendo cómo funcionan estas tramas mafiosas resulta realmente meritorio poder acabar con ellas. La parte decente de la policía, Guardia Civil, fiscales y jueces tiene muy bajo reconocimiento social para la titánica tarea que desarrolla. Lo normal es que salieran derrotados en la mayor parte de ocasiones. De los malos, conocemos algunas de sus fechorías cuando son descubiertas y, en ocasiones, llegamos a sacar a la luz algunos de sus métodos de trabajo. Personalmente, tengo que reconocer que me impresiona y me asusta su absoluta dedicación a las tareas delictivas. Creo que, algunos de ellos, si ocuparan la mitad del tiempo que dedican al pillaje a desarrollar actividades legales podrían llegar a ganar aún más dinero.

Nuestros corruptos más destacados delinquen desde la mañana a la noche. Se reúnen a diario con personajes de calaña similar para tramar sus fechorías. Planifican los golpes con altos grados de sofisticación. Es verdad que, a la vez, siempre subsisten chapuceros en el negocio como parece entreverse en las macarras y horteras andanzas de personajes como Granados. Sin embargo, hay auténticas eminencias del saqueo como aquellas de las que se acusa a Rato. Toda una vida dedicada al robo y al camuflaje de los golpes, pero a la vez manteniendo las apariencias hasta como vicepresidente de Gobierno o dirigiendo el Fondo Monetario Internacional. O qué decir de las acusaciones contra la familia Pujol, donde su pasión por el latrocinio tendría que aparecer con seguridad en el ADN de todos sus miembros.

Especialmente asombroso es todo lo que rodea a Ignacio González. Según los indicios que se presentan estos días, su entrega al delito muestra una auténtica pasión por el ejercicio del hurto organizado. Por lo que empieza a aparecer en las informaciones que se filtran, estamos ante una eminencia de la extorsión. Sería un Ironman de la corrupción. Ha cultivado la delincuencia en casi todas sus modalidades. Presuntamente, ha manejado como nadie sus contactos políticos, judiciales, empresariales, policiales y mediáticos al servicio de un único fin, la apropiación de bienes ajenos. Cada día busco con expectación la reproducción de sus apasionantes conversaciones grabadas. Son espectaculares. Sólo espero poder escucharlas con su propia voz para admirar los matices que su conocida y proverbial desfachatez deben aportar.

Todas las informaciones que se han ido difundiendo en estos últimos años componen un completo curso sobre técnicas de corrupción política. Algunas de las materias que formarían parte de este auténtico máster universitario resultan especialmente complejas. No están al alcance de cualquiera. Por eso, es necesario contar con la colaboración constante de profesionales de un elevado nivel de conocimientos y, consecuentemente, muy bien pagados: Bufetes de abogados, especialistas en ingeniería fiscal, manipuladores de la contabilidad financiera, expertos en creación de empresas off-shore, reclutadores y adiestradores de testaferros, eminencias en la fabricación de laberintos societarios inaccesibles, etc. Para delinquir a este nivel es evidente que se requiere un alto grado de amoralidad al alcance de muy pocos. Pero, además, hay que asumir que para jugar las ligas mayores de las que hablamos, hay que tener auténtica vocación, ambición y dedicación a esta peculiar tarea.

Por estos motivos, defiendo que lo normal es que casi siempre ganen los malos. Pensemos un momento en la desproporcionada batalla que se plantea. En una de las grabaciones de Ignacio González se lamentaba, con toda lógica, de cómo era posible no poder seguir actuando si controlaban el Gobierno, las instituciones del estado y los medios de comunicación. No resultaba coherente que todo se viera dificultado por la insistencia de un simple juez suplente empeñado en entrometerse. Por supuesto, ya se estaba diseñando un plan para ponerle freno en el que se esperaba contar con la estrecha colaboración del Ministro de Justicia y del fiscal Anticorrupción.

Desde que nacemos, el sistema nos enseña qué debemos hacer para ser buenos conciudadanos. Formar parte de la mayoritaria sociedad de la gente buena consiste, según los cánones establecidos, en levantarnos cada mañana, interesarnos por nuestra familia y dedicarnos a estudiar o a trabajar. Es importante cuidar de los nuestros, atenderles en sus necesidades y proveerles de aquello que requieran para subsistir. Además, debemos no crear problemas, no alterar el orden establecido y no acercarnos a lugares conflictivos. Al acabar la jornada, debemos volver a casa, cenar, ver un rato la tele y no acostarnos tarde que hay que madrugar al día siguiente. Si queremos ser buenos con nota, el sistema nos aconseja dar parte de nuestro dinero a causas nobles que luchan por ayudar a resolver los problemas que el propio sistema crea, como la pobreza infantil, la destrucción del medio ambiente o la ayuda a las víctimas de los conflictos bélicos. Y ya, para los que busquen un reconocimiento post mortem existe la posibilidad de la práctica religiosa que requiere cierta dedicación de tiempo y la aceptación de unos principios morales más o menos complicados de seguir ¿Alguien en su sano juicio puede creer que de esta manera podemos ser capaces de crear un ejército de personas nobles y bondadosas capaces de enfrentarse a los malos de verdad? ¿Con semejante entrenamiento? Lo normal es que nos arrasen.

La sucesión de escándalos de corrupción sacados a la luz por la eficacia de los cuerpos de seguridad del Estado y de algunos jueces y fiscales ejemplares, con la colaboración de algunos medios de comunicación, ha extendido una evidente situación de alarma social que reúne tres sentimientos aparentemente contradictorios:
 
  •  Un cierto alivio derivado de ver que algunos corruptos de altos vuelos están en el foco de la ley.
  •  La profunda indignación generalizada empieza a ser sustituida por un preocupante hartazgo de buena parte de la población, cansada de la reiteración de escándalos protagonizados por políticos corruptos y empresarios corruptores que hacen una execrable utilización de su privilegiada situación.
  •  Una creciente preocupación de cara a los procesos judiciales venideros derivada de la falta de seguridad de que el sistema judicial sea capaz de castigar con justicia a los delincuentes implicados en tantos escándalos.

Estos tres sentimientos entremezclados de alivio, hartazgo y preocupación completan un estado general de esquizofrenia social que nos impide ser capaces de superar racionalmente la extendida crisis de confianza en el modelo político que nos gobierna.  La sociedad civil no tiene procedimientos adecuados para hacer frente a la maldad organizada. Los estamentos dedicados a la persecución y castigo del delito carecen de los recursos necesarios para afrontar esa batalla. Supongo que no es casual. Lo más dramático del asunto es que acabar con la corrupción no debería ser especialmente complejo. Bastaría con contar con poderosas instituciones independientes dotadas de elevados recursos económicos. Además de su eficacia social, sería de una gran rentabilidad económica. Esos recursos los cubriríamos sobradamente con los bienes que evitáramos que robaran.

Pero este tipo de medidas no van a tomarse si no hay una presión social que lo empuje. Se hace necesaria más que nunca la participación en la vida política a través del voto, la presión a los partidos y, en definitiva, una sociedad más activa y reivindicativa dispuesta a enfrentarse a los problemas, en contra de lo que nos han enseñado a hacer. Tenemos que crear fuerzas del bien capaces de vencer a los ejércitos del mal.

Martin Luther King, antes de que lo asesinaran, realizó una intensa actividad de protesta y lucha frente a la injusticia. Han quedado para la historia muchas de sus frases más célebres. En una ocasión, defendió lo siguiente: “Aquellos que aman la paz deben aprender a organizarse tan eficazmente como hacen aquellos que aman la guerra”. Estos días, cuando termino de ver las noticias en televisión, se me viene a la cabeza obsesivamente ese pensamiento.


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12 Comentarios
  • Folgo Folgo 28/04/17 21:19

    Comienzo el comentario felicitando a José Miguel Contreras por su art. y manifestar el deseo de volver a disfrutar en la "Sala de visionado" de sus entretenidas disquisiciones de series y pelis. Es una lástima, en mi opinión, que no se haya decidido en esta ocasión a construir el guión y obtener un producto más pulido y mejor concluido. Se me ocurre, igual que a otr@s comentaristas, que en la que es 1ª Temporada (de la serie) falta el último Episodio titulado «La Moción de Censura». Obviamente en este episodio se trataría de presentar las circunstancias relativas a la presentación de la moción y las situaciones a las que los buenos y los malos se enfrentan, sus prolegómenos y desarrollo, dejando abierta la votación y el resultado de la moción para el que podría ser el E. 1 de la 2ª T.

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  • El Quijote El Quijote 28/04/17 20:42

    Excelente artículo José Miguel.

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  • Josuevg Josuevg 28/04/17 18:27

    Buen artículo sr. Contreras. Enhorabuena.

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  • Bacante Bacante 28/04/17 17:04

    En cualquier caso,  entre la mierda reinante e imperante,  cómo se agradece la frase en negrita y la mera mención de un Martin Luther King. 

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  • Bacante Bacante 28/04/17 17:02

    El señor Contreras,  el que esto escribe,  es un optimista empedernido.  Imagínese cómo se encuentra el pesimista irredento.  Porque se ha dejado la parte más importante y decisiva de la población: la que opina que TODOS SON IGUALES y que lo mismo da votar a uno u otro,  votar que no votar. El "yo no voto nunca", el "yo soy apolítico" .   Los canallas amorales profesionales también se han empleado en emponzoñar por completo la confianza ciudadana. Hay que oir a Inda,  el gran periodista y amigote del  alma de Ferreras (antaño esperanza ilusa de progres), mentir con descaro y con desvergüenza (cuánto "malo" por centímetro cuadrado en cualquier rincón) sobre Podemos,  exagerando sus tonterías o errores y ocupando un lugar de preeminencia en todo  medio audiovisual que de tal se precie.  El imprescindible,  con su sonrisa,  su tic, su caradura y su malignidad.   En todas partes cuecen habas,  pero es hábito de países medio civilizados contar con estructuras democráticas que detecten y no consientan la permanencia del corrupto en el poder.  Nuestra Democracia nunca lo ha sido. La Historia del Psoe se ha escrito con deshonor,  cal viva,  maletines y desvergüenza. ¿Qué esperar de los herederos del fascista? 

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    • AML AML 28/04/17 18:09

      Bacante, entre el artículo y tú me habéis dejado pasmao. El artículo me parece un grito justo de todos aquellos que hemos aceptado unas normas de comportamiento en sociedad basadas en principios tan esenciales que, hasta un libro tan marrullero como el nuevo testamento, declara como el fundamento de la moral: Ser solidario con  el prójimo y no hacer lo que no quieres que te hagan. Por eso no asumimos que los malos se rían de nosotros con su repugnante impunidad y su desfachatez. Me recuerda a una viñeta de Carlitos, con su bate de beisbol y la gorra de jugador, diciendo: "¿Cómo podemos perder, cuando somos tan sinceros?".  Tu comentario es aplastante e incontestable. Si tuvieras más razón, te dolería. "En todas partes cuecen habas,  pero es hábito de países medio civilizados contar con estructuras democráticas que detecten y no consientan la permanencia del corrupto en el poder.  Nuestra Democracia nunca lo ha sido. La Historia del Psoe se ha escrito con deshonor,  cal viva,  maletines y desvergüenza. ¿Qué esperar de los herederos del fascista?". No se puede decir mejor, al menos desde mi punto de vista. Gracias a Contreras y a ti. 

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      • Bacante Bacante 29/04/17 09:22

        Muchas gracias,  AML.  Me alegra mucho verte por aquí. Que tengas un buen día de puente. 

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  • Toño Inares Toño Inares 28/04/17 14:12

    Tengo un libro que leí hace años escrito por otro profesor, entonces de de la Universidad de Catania, titulado "El delito como empresa", donde desentrañaba parte de los secretos de la Mafia. Hoy voy a imprimir este articulo y lo voy a guardar en el libro. En mi opinión es una forma magistral de tratar con elegancia un asunto tan sórdido y de tanta bastardía como es nuestro delito de amiguetes cañí. Enhorabuena.

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  • AMP AMP 28/04/17 11:45

    ¿Por qué siempre ganan los malos?¿Porque hay más malos que buenos, quizá?

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  • Jaca1930 Jaca1930 28/04/17 11:18

    Los malos siempre ganan porque se van colocando estratégicamente en las instituciones de forma que puedan cubrirse las espaldas unos a otros. Y si llegan a ser descubiertos, siempre cabe la posibilidad de que haya muchísimos buenos que sean redomadamente idiotas, masoquistas, o ambas cosas a la vez. 

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  • AMP AMP 28/04/17 10:11

    Así es José Miguel, nos lavan el cerebro desde chiquititos. Hasta que no tuve más de dos décadas, no me di cuenta de que los pieles rojas eran los buenos y los del séptimo de caballería los malos.

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  • Martina Martina 28/04/17 10:03

    Simplemente INSUPERABLE!!!!!

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