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Antes y después del 1 de octubre

Juan-Ramón Capella
Publicada el 15/09/2017 a las 06:00
¿Cómo se han encrespado las cosas hasta llegar a constituirse en Cataluña una gran minoría independentista? Sobre un mantillo originado mucho tiempo atrás —la pugna por el arancel entre industriales y agrarios en el S.XIX, la leva forzosa que desembocó en la Semana Trágica barcelonesa, la supresión de la autonomía por Franco y, resucitada, la Guerra de Sucesión del S.XVIII—, lo de ahora ha crecido impulsado por dos fuerzas conservadoras: el Partido Popular y Convergència i Unió.

El Partido Popular, para cosechar votos, reunió cientos de miles de firmas contra el último Estatut catalán aprobado por el Congreso, previamente refrendado —sin gran entusiasmo entonces, todo hay que decirlo— en Cataluña, y lo recurrió ante el Tribunal Constitucional; promovió además una ignominiosa campaña contra los productos catalanes en el resto de España. Estuvo completamente sordo a peticiones, como la que afecta a la escandalosa situación de las autopistas catalanas, sobre lo que quiero detenerme aquí como paradigma de cuestiones menores pero que explican el emocionalismo reinante en el movimiento independentista.

Las autopistas catalanas, las primeras del país, fueron construidas con el aval del Estado a las compañías concesionarias, aval que permitió a éstas financiarse sin exponer capital. De eso hace casi sesenta años y el negocio debe haber sido formidable. Muchos catalanes se han quejado de tener que seguir pagando los peajes, e incluso hubo un intento menor de usarlas negándose a pagar. Todo el mundo señala lo mismo: de Barcelona a Zaragoza se paga, pero a partir de ahí las vías son gratuitas. Los concesionarios de las autopistas incumplieron reiteradamente condiciones contractuales, e incluso consiguieron que la autovía entre Barcelona y Lleida, terminada salvo unos pocos kilómetros, permaneciera inacabada muchos años hasta que el ministro Borrell puso fin a este escándalo. Un mínimo de sensibilidad hubiera podido apaciguar la cuestión —hay múltiples maneras de resolverla, algunas poco costosas—, pero los gobiernos del PP, en cambio, han prolongado los plazos a las concesionarias.

Hay otras muchas cuestiones semejantes —los trenes de Cercanías del área metropolitana de Barcelona, por ejemplo, con los que cualquiera puede llegar tarde al trabajo— que explican el emocionalismo que ha llevado al independentismo.

Convergència i Unió es el otro culpable principal. Artur Mas, presidente de la Generalitat, decidió junto con otros proceder por vías de hecho. Con su inmenso poder mediático y educativo atizó el fuego independentista. Con excelente astucia política llamó derecho a decidir —algo con lo que no es fácil estar en desacuerdo— a lo que en realidad era un derecho a la secesión. Con ello se ha creado una confusión indescriptible, pues muchos catalanes no secesionistas se consideran con derecho a decidir.

Cataluña ha gozado de la mayor autonomía de su historia con el régimen de libertades. Jamás tuvo tanta. Pero sus gobernantes, corruptos los de CiU, la han usado tan mal que hoy la deuda de la Generalitat catalana es un bono basura cuyo principal tenedor es el Estado y que, tarde o temprano, acabaremos pagando todos los contribuyentes españoles. Y la corrupción envuelta en la bandera se perdona, tanto en Cataluña como entre los votantes del PP.

El independentismo sigue siendo minoritario en Cataluña, pero el derecho a decidir ha dividido a los catalanes. División real: entre las familias, entre vecinos de un mismo edificio. Ha causado división incluso en las organizaciones catalanas afines a Unidos Podemos. Entretanto, la multiplicación de procesos judiciales, inevitables por el recurso de la Generalitat a las vías de hecho para conseguir objetivos políticos —creo que mayormente electorales— contribuye a crear la tensión buscada por el independentismo. Ojala no la incrementen nuevos errores políticos.

Las brechas sociales abiertas son menores entre Cataluña y el resto de España que entre los propios catalanes. Y a esto habrá que atender cuando el fracaso del 1 de octubre se haya consumado: habrá que decidir de veras, con elecciones en Cataluña y en España y con cambios constitucionales. Aunque los vencedores estarán en condiciones de exigir a los perdedores que paguen por la derrota, es una exigencia política que no lo hagan y se atengan al apaciguamiento. Si se acaba con la corrupción acá y allá, la autonomía catalana puede funcionar mejor y atender a la otra gran brecha social: el brutal incremento de las diferencias entre ricos y pobres, ensanchada en los años de crisis.
___________

*Juan-Ramón Capella es catedrático de Filosofía del Derecho. Su último libro es 'Impolíticos jardines' (Trotta, 2016)
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18 Comentarios
  • svara svara 17/09/17 23:48

    Excepcional. Se puede decir mas alto pero no mas claro. Las mentes lúcidas como la de Capella contribuyen a la ayuda para recuperar cuanto antes el pensamiento juicioso después de tanta manipulación de las derechas reaccionarias. Su fin es esconderse detrás del tótum revolútum, generado por ellos, para distraer la atención de la ruina económica y social a la que nos han llevado. Mi conclusión es que núnca estarán saciados y volverán a liarla si se lo permitimos.

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  • Paco b. Molina Paco b. Molina 16/09/17 19:26

    Ademas de los argumentos que nos ofrece el artículo, puede que también tengan que ver en el tema dos razones que se han impuesto en los últimos años. La primera es la perfecta planificación de las élites políticas de la derecha en Catalunya, tras comprobar lo fácil que es parapetarse en una bandera para salir impune de cualquier atropello, recuerden el caso de Banca Catalana, la frase de Pujol, ahora paciencia y después independencia, ha resultado profética. Y otra razón es la imposición en los últimos cinco años de una perversión del lenguaje, de lo que tenemos como ejemplo, el derecho a decidir, que ha marcado el terreno de la discusión y ha llegado calar profundamente en la población.

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  • mogronauta mogronauta 15/09/17 23:52

    También lo comparto. Excelente análisis.Gracias por su artículo.

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  • AntonioMD AntonioMD 15/09/17 18:55

    Buen análisis; lo comparto al 100%. Enhorabuena al autor y gracias.

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  • Raúl Suárez Raúl Suárez 15/09/17 11:27

    El señor Catedrático se olvida de la gran influencia que tuvo "er sepillao estatutario" por parte del PPxxE, a cual ni se nombra, no vaya a ser que.., y lo ha llevado a la irrelevancia como partido en Catalunya. Usted ha producido un texto a conveniencia de un partido que es tan culpable de la situación en Catalunya como el PP, señor Capella. Por mucho que intenten ustedes quitar culpabilidad y reflotar a su PPXXE, el de los cinco millones de parados.

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    • Rosa73 Rosa73 16/09/17 12:17

      ??? Realmente te has leído el artículo???

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    • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 16/09/17 07:49

      ....."Tirando de Hemeroteca Raul Suarez" : "En los llamados errores de Stalin està la iferencia etre una actutud Revolucionaria y una aactitud Revisionista [...] . Asi se pronunciaba Pablo Ignlesias Turriòn, en una tesis Dosctoral en 2008: "Se debe ver a Stalin [...] continuaba, en el contexto històrico en el que se desarrollò, no debe verselo como una especie de bruto, sino que se lo debe apreciar en ese contexto històrico particular.... Yo he llegado al comunismo por Papà Stalin y nadie puede decirme que no lea su obra. Lo he leido aùn cuando era cconsiderado 'muy malo' leerlo, pero ese era otro tiempo y, como no soy una persona no demasiado brillante y ademas testaruda continuo leyendolo. . (Pablo Iglesias Turriòn -2008 ) [...] ...El Diablo Cojuelo - PD: -Moraleja ) Aqui y ahora apor parte de este que suscribe habria que preguntarse sore la ruindad de algunas personas, predicanddo el derecho a decidir.."

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 15/09/17 09:43

    Excelente artículo, aunque un pelín corto. Cómo señala Jorge Plaza, el independentismo catalán viene de lejos. No sé si tanto como las revueltas de los remensas como algunos pretenden, transformando la historia, por cierto, que he oído hablar a algunos independentistas con un desconocimiento histórico enciclopédico, pero sí hubo una declaración de independencia en 1934, durante la segunda República por la que muchos suspiramos, que se cerró con cuarenta y seis muertos, miles de detenidos y unos cientos desterrados. No es nuevo. Todo derecho se deriva de un pacto social que implica una contrapartida de deberes. Quiénes claman por el derecho a decidir, del que soy firme partidario, todo el mundo tiene derecho a elegir su firma y circunstancias de vida, deben recordar que ese derecho no es absoluto. Viene matizado por las reglas de la sociedad en que se vive. Por ejemplo tengo derecho a decidir si en mi escalera se pone un ascensor, pero aunque lo pague yo no puedo ponerlo si el resto de los vecinos o la mayoría de ellos no están de acuerdo. Deberé llevar la propuesta a la Junta de vecinos y es obligación mía, que soy quien quiere el ascensor, convencer a los demás vecinos de sus bondades, y no al revés. Cuando estás en minoría dentro del colectivo general has de atenderte a las normas. Por más que tres de los cinco vecinos del ático apoyen el ascensor. Serán sólo tres sobre los cien vecinos del inmueble. Si no se respetan estos principios podríamos llegar al absurdo de que cada persona tuviera su propio Derecho y forzara a los demás a cumplirlo. Me parece tan evidente que las normas elegidas entre todos sean el marco de convivencia, por más que la Constitución a mí no me causa alborozo y alegría, y que sólo cambiándolas se pueden hacer cosas no previstas en ese marco, que no consigo entender esta cerrazón de "mi ley es la que vale". Porque así no habrá cordura y sin cordura sale el animal que todos tenemos dentro. Voten cuanto deseen, pero hágase dentro de la ley cambiándola si es preciso. De lo contrario se abre una puerta difícil de cerrar. Nadie, ni siquiera una colectividad, puede imponer sus propias normas.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 15/09/17 09:43

    Excelente artículo, aunque un pelín corto. Cómo señala Jorge Plaza, el independentismo catalán viene de lejos. No sé si tanto como las revueltas de los remensas como algunos pretenden, transformando la historia, por cierto, que he oído hablar a algunos independentistas con un desconocimiento histórico enciclopédico, pero sí hubo una declaración de independencia en 1934, durante la segunda República por la que muchos suspiramos, que se cerró con cuarenta y seis muertos, miles de detenidos y unos cientos desterrados. No es nuevo. Todo derecho se deriva de un pacto social que implica una contrapartida de deberes. Quiénes claman por el derecho a decidir, del que soy firme partidario, todo el mundo tiene derecho a elegir su firma y circunstancias de vida, deben recordar que ese derecho no es absoluto. Viene matizado por las reglas de la sociedad en que se vive. Por ejemplo tengo derecho a decidir si en mi escalera se pone un ascensor, pero aunque lo pague yo no puedo ponerlo si el resto de los vecinos o la mayoría de ellos no están de acuerdo. Deberé llevar la propuesta a la Junta de vecinos y es obligación mía, que soy quien quiere el ascensor, convencer a los demás vecinos de sus bondades, y no al revés. Cuando estás en minoría dentro del colectivo general has de atenderte a las normas. Por más que tres de los cinco vecinos del ático apoyen el ascensor. Serán sólo tres sobre los cien vecinos del inmueble. Si no se respetan estos principios podríamos llegar al absurdo de que cada persona tuviera su propio Derecho y forzara a los demás a cumplirlo. Me parece tan evidente que las normas elegidas entre todos sean el marco de convivencia, por más que la Constitución a mí no me causa alborozo y alegría, y que sólo cambiándolas se pueden hacer cosas no previstas en ese marco, que no consigo entender esta cerrazón de "mi ley es la que vale". Porque así no habrá cordura y sin cordura sale el animal que todos tenemos dentro. Voten cuanto deseen, pero hágase dentro de la ley cambiándola si es preciso. De lo contrario se abre una puerta difícil de cerrar. Nadie, ni siquiera una colectividad, puede imponer sus propias normas.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 15/09/17 12:39

      Bien argumentado el paralelismo con la comunidad de vecinos, aunque le ha faltado completar la analogía diciendo que los vecinos de las comunidades de copropietarios --igual que los de las CC.AA.-- suelen andar a la greña.

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  • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 15/09/17 09:21

    ....-" Ninguna Constituion demoràtica del mundo reconoce la 'falacia' del llamado 'derecho a decidir', solapado ene el derecho a la "Autodeterminaciòn" quie solo see podria reconocer mediante una reforma Constitucional que exige oara su aprobaciòn una mayoria de 'tres quintos' de cada una de las càmaras conforme al aart. 167.1 de la Cosntitucion Española. ... El DIablo Cojuelo ... PD: Existe , mucha mas argumentacion en este sentido, refereido al mismo tema, sde lo aseguro a Ustedes.......

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  • jorgeplaza jorgeplaza 15/09/17 07:54

    Se nota que está escrito por un catedrático: el artículo está bien argumentado y señala con ponderación aspectos que se suelen olvidar, como el poco entusiasmo que suscitó el re-Estatut (refrendado positivamente, sí, pero por bastante menos de la mitad del censo electoral) o que la corrupción política se reparte equitativamente a los dos lados de la muga lingüística.

    Pero equitativo reparto de culpas entre el PP y CiU es falso. Muchos años antes de fundarse el PP porque aún no se había acabado de constituir la Segunda República --normalmente reivindicada en estas páginas como el régimen más democrático que ha tenido España-- Macià ya se había declarado independiente. El independentismo catalán nunca ha atendido a más razón que sus propios deseos --o caprichos-- y conveniencias y, no hay que olvidarlo, ninguno de los partidos "catalanistas" (ERC, CiU, etc) ha renunciado nunca a la independencia. La mejor prueba de que, fingiera lo que fingiera, el propósito político real de Pujol era justamente la independencia ("hacer país", decía el muy hipócrita) fue la incansable zapa de décadas de la enseñanza doctrinaria, exclusivamente en catalán, en las escuelas de la CAC.

    La torpe actuación del PP que señala el artículo es real y ha actuado como detonante, pero la carga explosiva la fueron depositando pacientemente los secesionistas catalanes durante lustros. Además, la actuación del PP es también secundaria al lado del desencadenante real de esta crisis, probablemente la última, provocada por los secesionistas catalanes: lo decisivo ha sido la Gran Recesión económica mundial, que se ha notado en toda España con gran virulencia, pero que en Cataluña --donde existe una larga tradición (el nacionalismo independentista justamente) de echarle la culpa hasta del mal aliento a España y los españoles-- se ha llegado a interpretar por una parte muy importante de la población como debida, precisamente a eso, a la influencia mefítica de España. Esta rabotada secesionista es, pues, el equivalente al Bréxit o al auge de partidos como el Front National: detrás tiene escasos fundamentos racionales pero una larga tradición y, si no termina triunfando, le va a andar cerca.

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    • gualdo gualdo 15/09/17 15:57

      Sr Plaza, vive usted en Cataluña? Parece estar muy seguro del detonante, como si conociera profundament a muchos independentistas catalanes; tanto que hasta corrige sus propias palabras. No creo que el pp tenga un papel secundario en la actual situación. Si el detonante es el pp, como usted mismo afirma, eso sólo puede interpretarse de una manera.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 15/09/17 19:55

        El detonante, como su mismo nombre indica, sirve para detonar (iniciar una explosión o un estallido) de una carga explosiva sin la que el detonante no serviría de nada. Creí que la metáfora la entenderían hasta en los pueblos, pero ya veo que he sido demasiado optimista.

        Viví de niño dos años en Barcelona y aprendí a reconocer las diferentes variedades y subespecies.

        Por ejemplo, está el catalán normal y corriente, que en lo esencial se parece muchísimo al madrileño normal y corriente o al ovetense normal y corriente. Buena gente todos ellos (sin pasarse) a la que le gusta vivir tranquila y no meterse en líos. En ellos se basa el buen funcionamiento de cualquier sociedad. Suelen predominar numéricamente, pero dada su alergia a los líos, se necesitan al menos dos de ellos por cada sieso para que el equilibrio ecológico no se altere. Desgraciadamente, han empezado a escasear en el ecosistema catalán.

        Está también cierto catalán de pura cepa que por principio mira por encima del hombro a todos los "castellanos" sin que la experiencia le haga jamás cambiar de opinión: desgraciadamente, suele ser más rico e influyente que la media y es abundante aunque no llegue a ser mayoritario salvo en ciertas comarcas de Gerona donde solo los más audaces "castellanos" se atreven a internarse. Le voy a dar un representante del grupo: el arquitecto y excatedrático de la Escuela de Arquitectura de Barcelona "senyor Eusebi Bona" (en los años 60, don Eusebio Bona: viene en la Wiki) del que, si viene a cuento, contaré una ilustrativa anécdota en algún momento.

        Otra variedad zoológica destacable es el "catalanizado", tonto útil o charnego ávido de hacérselo perdonar, que llega a los mayores extremos de abyección por congraciarse con los "pura cepa" y hacerse un huequecillo en el escalafón: Rufián es un prototipo.

        O sea, que sí: que conozco el paño.

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    • JoanCavalle8746 JoanCavalle8746 15/09/17 12:30

      Por qué no te callas !!!!! Eres un pelazo además de cínico. Si soy el que te recrimina casi todos los días......TONTO....

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      • jorgeplaza jorgeplaza 15/09/17 12:37

        Se descalifica usted solo. Sigue poniendo demasiadas mayúsculas. Y le sigue sobrando la e del apellido.

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  • vianero vianero 15/09/17 07:43

    Encuentro muy objetivo el artículo y muy sensata su conclusión. Gracias.

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