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Plaza Pública

Golpe de timón… a la derecha

Publicada el 12/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 11/12/2018 a las 21:38
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Si algo destaca en el resultado electoral de las recientes elecciones andaluzas es la victoria de las derechas y la nueva representación parlamentaria de la extrema derecha.

Después de casi 40 años, parece que habrá un gobierno conservador en Andalucía, con una influencia, más o menos explícita, del extremismo conservador. La derecha del PP y Ciudadanos no va a perder esta oportunidad, impulsada por aspiraciones de partido y por la influencia de la extrema derecha. Con ello no solo finaliza un prolongado gobierno del centroizquierda con un proyecto en declive, amarrado los últimos cuatro años al clavo ardiendo del centro derecha, sino también la hegemonía de un partido-región y el cambio del imaginario progresista de Andalucía, como ocurrió hace ocho años en Asturias con el Gobierno del Foro de Álvarez Cascos.

Si hace cuatro años la novedad fue la crisis económica, la consiguiente ruptura del modelo bipartidista y la aparición de dos nuevos partidos para traducirse en una representación cuatripartita imperfecta, hoy se suma un nuevo partido, pero a la extrema derecha del espectro. Fundamentalmente, una división del PP por su derecha y otra oportunidad de canalizar la ira contra el sistema.

Sin lugar a dudas, aunque continúa el deterioro por el malestar de la crisis, han sido determinantes los efectos de la crisis catalana y sus consecuencias sobre la identidad nacional española en una parte de las derechas, que la identifican con la lengua, la uniformidad y el autoritarismo. También de la implosión de la representación política como consecuencia de la citada crisis, la corrupción y la indignación consiguiente, que sigue siendo una herida que supura, en este caso en su expresión más reaccionaria y antipolítica.

Su impacto va más allá de la representación institucional de una fuerza política extremista con un programa explícito que, por primera vez desde la Transición, se sitúa al margen o confronta directamente con principios y valores constitucionales como los derechos humanos, la igualdad social y de género o el modelo de Estado. También ha sido relevante una campaña electoral con un programa implícito de fake news y de rechazo a la corrección política, sea ésta la del lenguaje inclusivo o la pluralidad religiosa. Campaña en que las derechas ya instaladas se han polarizado aún más, contribuyendo con ello al blanqueamiento de su programa. Todo ello como reacción de rechazo ultraconservadora a la crisis social, política y territorial y sus consecuencias de malestar social, cuestionamiento de la legitimidad de la política e incertidumbre y polarización nacionalista.

La extrema derecha ha logrado alterar en favor de las derechas la relación de fuerzas políticas, lo que pone en evidencia su acierto en la lectura de las consecuencias de la inestabilidad política y la movilización de sus respectivos electorados. Sus consecuencias trascienden el cambio de mayorías al normalizar posiciones ideológicas radicales de rechazo al modelo de integración territorial, la fiscalidad como base del estado social, la libertad de conciencia del estado aconfesional o a la igualdad de género, la primacía de los derechos humanos, el derecho de asilo, la aportación de la inmigración y la Unión Europea. Normalización e influencia de la extrema derecha y sus ideas en el debate público que polarizarán en el futuro, más si cabe, las relaciones políticas, y obstaculizarán el diálogo y el acuerdo imprescindibles para la estabilidad en un contexto de representación cada día más plural.

Por otro lado, la situación acaba con el espejismo de la hasta ahora “excepción española” en la representación de la nueva extrema derecha en Europa. En este sentido, no es casual la felicitación de la extrema derecha europea y tampoco la incorporación de los tópicos de su programa al de la española. El eje del populismo autoritario en Europa se agranda también por el sur.

En definitiva, la inseguridad y la rabia siguen mostrando que continúa y se agrava la crisis de legitimidad del sistema democrático: primero para hacer frente a la crisis y la corrupción; ahora entre un número cada vez más significativo de ciudadanos.

Ante ello, ¿qué hacer? No vale quedarse en la descalificación ni en la minimización del fenómeno. De nada vale volver la vista atrás, como si de un neofranquismo se tratara, ni quedarse solo en las causas sociales de la rabia antipolítica, o lo que además sería catastrófico: blanquear sus postulados entre los trabajadores, como algunos han apuntado ante la desobediencia de Salvini frente a la UE.

Hay mucha más tela que cortar. La extrema derecha ha llegado a las instituciones como tal, aunque ya estaba entre nosotros. A la recuperación de la seguridad democrática de las políticas sociales y laborales frente al autoritarismo y la xenofobia, hay que sumar la participación, el buen gobierno y la lucha contra la corrupción, y también la pelea democrática por los derechos humanos y por el sentido común de las gentes, y en primer lugar de los trabajadores. Pero, sobre todo, la izquierda está emplazada a colaborar entre sí, sin diluir su diversidad política y electoral, a recuperar el patriotismo republicano y la idea de España como territorio de derechos, libertades e igualdad, también a la defensa de un nuevo federalismo europeo frente a la endogamia y la renacionalización.
_____________

Gaspar Llamazares es promotor de Actúa
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5 Comentarios
  • Elvira Nantes Elvira Nantes 13/12/18 11:28

    Ya vemos como entienden Llamazares,Garzón y la querida Almeida la colaboración de la izquierda!
    No les dará vergüenza ...

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  • jorgeplaza jorgeplaza 12/12/18 18:07

    Un artículo, aunque Llamazares cuente con todos mis respetos, que entra en la categoría de "pajaritos y flores". Hay que colaborar entre las izquierdas respetando su diversidad y recuperar el patriotismo republicano (pero no se puede recuperar algo que nunca se tuvo, creo yo) y defender un nuevo federalismo europeo y tal. Pues muy bien, pero ahí están unas elecciones generales al caer con Torras llamando a la insurrección "de baja intensidad" y una posible nueva crisis económica asomando de nuevo su fea cara. Algo concreto habrá que hacer, digo yo, más allá de los buenos deseos que expresa el artículo.

    Como siempre, concretar es mucho más difícil que enunciar principios. Sobre todo porque, mientras que las grandes ideas y el papel lo aguantan todo, de las políticas concretas se puede, si ese fuera el desgraciado caso, concluir sin duda alguna que han fracasado.

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  • luzin luzin 12/12/18 12:04

    Con todo el respeto sr. Llamazares, no voy a rebatirles los argumentos desde un punto de vista ideológico, se lo voy a decir desde un punto de vista puramente político, de poder: No se enteran de nada, llevan tanto tiempo fuera de la realidad que no saben qué se está cociendo, los ciudadanos están completamente anonadados viendo como su espacio común, su espacio político y económico se está fraccionando, destruyendo y entienden que eso pone en riesgo su prosperidad. Estamos en un proceso que intenta destruir el país y la izquierda no tiene discurso, ese es el motivo de la pérdida de 700.000 votos en Andalucia, que se dice pronto. ¿Qué piensan que va a ocurrir en las otras autonomías? ¿o en las generales?

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  • .Sasha .Sasha 12/12/18 10:48

    Otro análisis repetitivo y muy releído de los mismos asuntos con la misma óptica y la misma receta de tantos, con el añadido de que quien lo escribe ha sembrado una semillita más de nuevo partido para convertir una unidad de acción en una carrera de gente sin sentido de la orientación. Señor Llamazares, si no va a aportar nada más que lo que sabemos, haga un Fernando Alonso.

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  • platanito platanito 12/12/18 08:13

    Pués a ver si su minigrupo es eficaz a la hora de pegar los platos rotos, don Gaspar.

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