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Los otros mismos

Publicada el 02/12/2020 a las 06:00

¿Son las derechas las mismas? En un comentario a mi anterior escrito en Plaza Pública, un amigo decía “son los mismos, amigo Sancho, son los mismos”, refiriéndose a los ejecutores de la política de acoso y derribo de un gobierno moderadamente de izquierdas, aunque ello (o quizá por ello) signifique la degradación de las instituciones ante la ciudadanía, y una disminución de la capacidad nacional de respuesta ante acuciantes problemas como la pandemia.

Creo que Ángel está en lo cierto. Si en muchos casos, por pura ley biológica, no son los mismos sino sus sucesores, sí que el acoso es parecido al ya realizado cada vez que una corriente partidaria de la solidaridad y la justicia social asoma por la puerta. El impulso es el mismo, sí, pero los procedimientos se han sofisticado, a la luz de nuevas técnicas de manipulación de masas y su soporte mediático y cibernético.

¿Se puede comparar a José María Gil Robles con Pablo Casado o Abascal?, sí, claro. En dicho artículo citaba la frase del primero: “La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio”. El poder por el poder, al servicio de intereses privados; esbirros los ha habido siempre.

Cuando están en manos de la izquierda, las instituciones molestan, ya que pueden disminuir las ganancias, así que o se recuperan o se degradan. Prostituyendo el concepto de libertad, al grito de “que gane el mejor”, se olvida que para llegar a ser mejor se precisa una igualdad de oportunidades que la gran mayoría de la población ve recortada precisamente por dichos voceros. A su vez, mirando hacia atrás, la lapidaria frase de Cristóbal Montoro: “¡Que se hunda España, que ya la levantaremos nosotros!” podría atribuirse perfectamente a Calvo Sotelo o al general Sanjurjo.

Sin embargo, hay que admitir que en el proceso ineludible de modernización, la derecha lleva ventaja. Se ha consolidado y se ha ampliado la nómina de los que se consideran parte de ella, ya sea por nivel social o económico, ya por seguidismo a la caza de las migajas que puedan ofrecerse. Se ha conseguido un cierto “orgullo” de pertenecer a los que, según Warren Buffett, van ganando, por mucho que se esté perdiendo en lo personal. Dicho orgullo queda grabado en las mentes, e incluso si aparecen dudas uno no sabe cómo desprenderse de él, ni a que alternativa acudir. Noelle-Neumann lo ha clavado en su libro La espiral del silencio (Barcelona, Paidós. 2011). En su página 23 dice: "La mayor parte de la gente no espera obtener un cargo o poder con la victoria (en elecciones). Se trata de algo más modesto: el deseo de evitar el aislamiento…" La derecha ha preparado la acogida, en forma de consumo, espejismo de progreso; incluso en el caso de no poder acceder a él, se vende la idea de que solo las políticas liberales podrán dar un atisbo de esperanza de lograrlo. Y me pregunto: ¿dónde se manifiesta la capacidad de acogida de la izquierda?.

Aquí aparece la segunda parte del drama con la pregunta del millón: ¿Son también las izquierdas las mismas, amigo Sancho, son las mismas? Deberíamos empezar por referirnos a “lo que queda de la izquierda”, pero el número no es el tema, aunque sí un grave problema. ¿Existe la solidaridad, la conciencia de tener mucho en común entre la gran población que lucha por llegar a final de mes; que aún intenta mantener una cultura libre; que opta por los servicios públicos reivindicando su calidad y su derecho a ser nutridos por sus impuestos? ¿Persiste el “orgullo de clase”?.

Insisto: ¿mantiene la izquierda la capacidad y la voluntad de acogida? Porque no hablamos de las cabezas pensantes, ni de los líderes mediáticos. Hablamos de la vecina del tercero, del parado, del trabajador al borde de la pobreza, y tantos más en esa franja enorme de ciudadanos y ciudadanas a los que la preocupación por tirar adelante su familia colma ya todo su tiempo, los que mirando aterrados el abismo, no tienen ánimo de ver (y reconocer) la mano que los empuja por la espalda, sino que la confunden con un eventual salvador. ¿Piensa en ellos la izquierda? Quizá legisle para paliar sus males (con gran enojo de la derecha), pero no los sube al barco. Pondré un ejemplo: es encomiable el posicionamiento de los que estén leyendo infoLibre en este momento, y a ellos mando un abrazo. Pero ¿cómo lograr que el mensaje, la noticia, el comentario, lleguen a aquél que, después de una agotadora jornada, se lanza sobre el sofá, ante unos medios de comunicación que le venden la moto de una forma de vida adecuada a los objetivos de la derecha, con el lema: “me relaja, no he pensado en nada”?; ¿cómo despertar conciencia en aquél que prefiere “Sálvame” a “Salvados” (ambos, programas legítimos)? Y si no, hagamos una encuesta: ¿Qué llama más tu atención: Los amoríos reales o la actividad del Banco de Alimentos?

Al respecto, he de confesar que siento un cierto desasosiego cuando veo que gran parte de la labor asistencial está en manos de la Iglesia o la educativa en escuelas concertadas, a menudo religiosas. La derecha ha sabido adaptarse. Con objetivos idénticos (¿para qué cambiar, si vamos ganando?), pero utilizando cualquier resorte a mano para potenciar su labor reclutadora entre la gran masa de gente a priori neutral, lo que se suma a su consustancial poder económico. La izquierda, que en algún momento tuvo dichos mecanismos, los ha ido perdiendo. Encerrada en cenáculos envejecidos o en plataformas de diseño, gira a su alrededor intentando coger el pescado del cesto contiguo, olvidando los generosos caladeros que están siendo barridos por las artes de arrastre de la derecha. ¡Hacia allí hay que remar!

Una variante del problema está en el populismo rampante de hoy en día (un 25% de las naciones según un reciente estudio de Trebesh, Funke y Moritz en el Centre for Economic Policy Research). Líderes que se dirigen a la masa de los desfavorecidos, prometiéndoles que ante la inoperancia de las instituciones tradicionales como los parlamentos (a los que se ha esforzado en degradar), ellos tienen la receta para su felicidad. Sustituye la conciencia de clase por la de pertenecer a un colectivo desafortunado, que solo podrá ser salvado por las fórmulas mágicas de un líder mesiánico. No quisiera que lo dicho hasta ahora hiciera pensar que predico un populismo “caritativo”, al contrario. La tumba de las instituciones se la están cavando ellas mismas, al centrarse en sus diatribas y olvidando que su misión es la de atender a las necesidades de la ciudadanía. Ensimismados en su “monopoly” de votos, dejan vía libre a los salvapatrias. Lo que aquí se propugna es precisamente que la política democrática regrese al espacio que les está robando el populismo. Si la demagogia y la emoción trucada tiene secuestrada a buena parte de la población, debería realizarse un acercamiento de los reos a las instituciones, para lo cual estas necesitan una generosa apertura de miras, aunque ello signifique pérdida de privilegios.

Si nos fijamos en las redes sociales, es bastante acertada la división propuesta por Nielsen en 2006 sobre la actitud de la población en general: 90% de “mirones”, 9% de colaboradores “esporádicos” y solo un 1% de participantes regularmente activos. Las cifras no deben ser muy distintas del posicionamiento de la población respecto a la política, hoy tan influenciada por dichas redes. Apliquémoslo al abismo existente entre la cima política, las Cortes, y la gran masa de gente, muchos de los cuales no podríamos calificar ni tan solo de “mirones”. Hay un debate intenso sobre un tema relevante, los Presupuestos por ejemplo. ¿Cuánta gente cambia de canal si se retransmite el debate? El esfuerzo de la derecha por hacerlo aburrido y aborrecible es manifiesto. Por algo será. Ahondemos un poco más: Las distintas propuestas son analizadas por los medios: ¿Qué tipología de gente lee lo publicado en infoLibre, por citar uno? Afirmaría que “los convencidos”, aquellos que tienen ya un posicionamiento previo, que el artículo en cuestión enriquece; una pequeña parte del 1%. Respecto a “los esporádicos”, difícilmente pasan del titular, y menos aún se esfuerzan en un análisis que ponga en cuestión sus premisas. ¿Y del 90%, o más, restante? Ha quedado patente que son campo abonado para la siembra de los Trump, Bolsonaro y tantos otros líderes de la derecha, cuyo ejemplo se va extendiendo por el mundo más profunda y rápidamente de lo que percibimos, gracias a que van venciendo también en la desactivación del espíritu crítico de gran parte de la ciudadanía.

Max Aub dijo respecto a la película Sierra de Teruel, pero que es aplicable al conjunto de lo que, para entendernos, llamamos izquierda: "Tal vez se halle en estas viejas y humildes imágenes el recuerdo de la figura que mi generación buscó desesperadamente; el puerto de la libertad por el camino siempre áspero de la justicia". El puerto se mantiene inalterable; quizá busquemos aún el camino, pero ¿aumenta o disminuye la cantidad de andarines? Si en el siglo XX estábamos en la lucha, luego pasamos a las trincheras y, al paso que vamos y al que va la derecha, pronto nos cobijaremos en las catacumbas.

Lo lamento, no tengo la solución, pero sí un montón de preguntas. Por ejemplo: ¿Cómo puedo lograr que mi vecina del tercero se sienta parte del colectivo esquilmado por la derecha (¡que lo es!), tome libre conciencia y actúe en consecuencia?.

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Antoni Cisteró es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre

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6 Comentarios
  • Antoni Roure Antoni Roure 04/12/20 11:43

    Siempre me gustan tus artículos, tan documentados y llenos de referencias que te hacen reflexionar. Dices que no tienes soluviones, pero no cejas en hacer propuestas. Siempre positivo. Yo, en cambio, hace ya bastante tiempo que he pasado a firmar parte de la legión de escépticos. No veo
    cómo convencer a la legión de trabajadores, que hacerlo va en contra de sus intereses. Cómo se puede hacer llegar a esa masa, que los partidos de derechas han votado en contra de unos presupuestos generales del Esrado, y que han supuesto un aumento de la inversión del:

    150% en sanidad
    70% en educación
    46% en dependencia
    80% en ciencia e I+D+i
    22% en becas
    30% en fomento del empleo
    60% en lucha contra la pobreza infantil
    157% en igualdad

    La verdad es que no sé qué argumento se pueden esgrimir más contundente que el citado.

    Un saludo.

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    • ACistero ACistero 04/12/20 18:13

      Gracias por tu comentario. El pesimismo es lógico, pero ello no quita la acción, que por nimia que sea, surge del encuentro entre una necesidad y un posicionamiento moral ante ella. Pequeña, sí, pero nunca irrelevante: lluvia fina, los mocos del pavo mojando los granos de anís, granito de arena que hace playa o dique, gota malaya... siempre necesaria, aunque al final digamos con Max Aub: "Digo mintiendo, hice lo que pude". ¡Cuídate!

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  • Maritornes Maritornes 02/12/20 20:34


    Estupendo artículo.

    Leo que la izquierda, "encerrada en cenáculos envejecidos o en plataformas de diseño, gira a su alrededor intentando coger el pescado del cesto contiguo, olvidando los generosos caladeros que están siendo barridos por las artes de arrastre de la derecha".

    Y, cuando pienso en esto, me acuerdo de las asociaciones de vecinos, que de alguna manera se han ido desmontando, y creo recordar que con ellas se hacían cosas importantes para la gente "del barrio" (verdad es que en ellas solía haber partidos políticos animando el cotarro).
    Ahora nos quedamos en casa, o vamos a pilates... ya no hay que arreglar aceras o poner bocas de Metro, y sin embargo... me pareció ver un eco de aquello en las manifestaciones reclamando atención sanitaria en los barrios de Usera o Carabanchel en Madrid, hace unos meses.

    Las formas de organizarse quizá han cambiado, también las necesidades... Ahora que los partidos ya no bajan tanto a la Tierra, la esperanza son los jóvenes (creo que no todos están las 24 horas con la nariz metida en el móvil), por eso hay tanto interés en enseñarles religión y apartarlos de los valores cívicos (o como se llame la asignatura). Nenes, catecismo caca.


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    • ACistero ACistero 03/12/20 18:25

      Muchas gracias por el comentario. Lo que señalas de asociaciones de vecinos (¡y tantas otras!) lo he plasmado en un libro, reflexionando sobre "participación", que saldrá en unas semanas. El rico tejido asociativo sufre cambios, y más con la pandemia que deja fuera a mucha gente, por no verse, por no dominar internet, etc... Sin embargo, son imprescindibles como puente entre "la gente" y el ámbito político.

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  • Angel Viviente Angel Viviente 02/12/20 01:42

    Lucido y desasosegante articulo, amigo Sancho.
    Muchas preguntas de dificil respuesta. ¿Hay caminos de reconstruccion? Hay que reconocer que esos otros lo han hecho muy bien, se han adaptado utilizando las nuevas tecnologias y los medios les han acompañado en ese recorrido. Los que seguimos este diario o alguno similar, no necesitamos que nadie nos convenza pero, ¿que pasa con ese amplio sector que se supone pertenece a la izquierda, que esta con el agua al cuello por la situacion ultraliberal en que se mueve, pero que desconfia de “la politica”, y esta por el  “todos son iguales”
    ¿Luchamos contra molinos o contra gigantes? Yo en esto me siento menos Sancho y digo que si, que son gigantes y nosotros pequeños enanos liliputienses, perdidos en discusiones bizantinas. ¿Como atraer a la vecina del tercero? Pues la unica opcion seria bajar del atico soleado y con aire puro, bajar a la arena de los problemas reales de la gente, a los de mi vecina, y la tuya . ¿Como bajo? ¿Que la ofrezco? ¿Se lo que sienten y necesitan? Esa es la cuestion que algunos deberian preguntarse, mas alla de las discusiones de salon. No hay varitas magicas. Hay mucho trabajo de discernimiento y empatia con los problemas de nuestros vecinos.

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    • ACistero ACistero 02/12/20 11:01

      Siguiendo con el Quijote, "“Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas, para dar remedio a ellas.” Así que no podemos ser pesimistas. Quizá una vía de solución es el papel cada vez más relevante de los colectivos con vocación social, acentuado con la pandemia, más cercanos a mi vecina del tercero que a los sesudos politizados. Ello siempre que los partidos se nutran de su fuerza, pero no intenten manipularlos. Gracias Ángel por tus siempre acertados comentarios.

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