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Los problemas de las residencias que la vacuna no ha solucionado

Manuel Pereira-Puga y Jorge Hernández-Moreno
Publicada el 19/04/2021 a las 06:00

Las residencias para personas mayores estuvieron en el centro de las agendas mediática y política durante la primera parte de la pandemia. Se estima que a 23 de junio de 2020 habían fallecido con coronavirus o síntomas compatibles con la enfermedad 20.268 residentes de centros de servicios sociales, la mayoría en residencias para mayores; lo que suponía alrededor de la mitad de las muertes relacionadas con la enfermedad en el país. La situación generó una tremenda alarma social.

Ahora, tras la priorización de las residencias para mayores en las estrategias de vacunación y la consiguiente inmunización de los residentes, parece que el tema comience a caer en el olvido. Sin embargo, los problemas que afectan al sector y, con ello, al bienestar de nuestros mayores siguen estando presentes. La crisis de la COVID-19 ha agravado y puesto ante los ojos de los decisores públicos y los ciudadanos los males que aquejan al sector desde hace años, sobre todo los que sufren sus profesionales, en su inmensa mayoría mujeres. De ellos nos hacemos eco en el informe En primera línea contra el coronavirus: el trabajo de cuidados de larga duración a personas mayores en España, recientemente publicado por la Fundación Alternativas.

La dependencia, y dentro de ella el cuidado a las personas mayores, está infra-financiada. El personal que atiende a los mayores es escaso. En muchas ocasiones las ratios asistenciales fijadas normativamente por el Gobierno central y las Comunidades Autónomas no llegan a cumplirse y, al menos en algunas regiones, están anticuadas y son inadecuadas para proveer un servicio de calidad a un colectivo social tan vulnerable. El sector residencial es incapaz de atraer y retener profesionales. Los bajos salarios, la alta carga de trabajo y las duras condiciones físicas y mentales de las actividades de cuidados hacen que el personal de perfil sanitario no conciba el sector de los cuidados más que como una estación de paso antes de conseguir un puesto fijo en el sistema sanitario, donde los sueldos y las condiciones son significativamente mejores y existe un mayor reconocimiento social a su labor; mientras, el personal no sanitario se plantea otras alternativas profesionales. Además, la elevada proporción de empleo atípico; especialmente la contratación temporal y a tiempo parcial (a veces indeseado), suponen un gran escollo adicional a la construcción de trayectorias profesionales a largo plazo.

Otro de los grandes problemas a destacar es el del déficit formativo de buena parte del personal de perfil no sanitario, que se ve agravado (y más en situación de pandemia) por la ineficaz conexión entre los servicios sociales y la sanidad. Es necesario que se diseñen titulaciones de formación profesional que den los conocimientos y competencias adecuadas a los futuros profesionales del cuidado y, a su vez, que las administraciones y los empleadores garanticen el aprendizaje permanente en el puesto de trabajo. Pero nada de ello tendrá éxito si no se mejoran las condiciones del empleo, de tal modo que los jóvenes valoren el de los cuidados como un sector profesional con futuro. Es también imprescindible recordar que las residencias no son centros sanitarios, aunque puedan tener médicos y enfermeras, así como material y equipamientos básicos. Por tanto, ha de darse una gran coordinación entre residencias y centros de salud y hospitales.

Tradicionalmente, en España la provisión de cuidados se ha dejado en manos de la familia (y cuidadoras informales, generalmente de origen extranjero) o, alternativamente, del mercado. La dependencia en España es un sector sobre el que los poderes públicos no han actuado decididamente hasta hace muy poco, si lo comparamos con otros países del entorno. No hubo una ley estatal que regulase el sector hasta 2006, la denominada ley de la Dependencia; y la deficiente implementación del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (el SAAD) que esta contemplaba ha sido sobradamente analizada en los últimos años. Por tanto, la asignatura sigue pendiente y lo seguirá estando cuando hayamos vencido a la pandemia. Algunos retos del sector han de ser encarados para construir un modelo de cuidados de calidad. Es necesario aumentar la financiación del sistema y que ello se plasme en las retribuciones de todo el personal, reducir la temporalidad y el trabajo a tiempo parcial, mitigar los riesgos físicos y mentales de las personas trabajadoras, desarrollar una legislación a nivel estatal sobre ratios (mínimos) de plantilla y mejorar la formación del personal no sanitario; cuestiones todas estas que requieren una reforma de calado del actual sistema de servicios sociales.

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Manuel Pereira-Puga y Jorge Hernández-Moreno trabajan en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (IPP-CSIC).

 

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5 Comentarios
  • Jose Espuche Jose Espuche 19/04/21 17:28

    Buen artículo ilustrativo de las residencias de mayores.

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  • Jose Espuche Jose Espuche 19/04/21 17:25

    Las residencias de mayores le ha pasado igual que a los taxis, lo han acaparado grandes empresas que solo buscan beneficios económicos. Mientras no haya una nueva distribución de las residencias. Es demencial los acaparadores y estos tienen conexión con los políticos que dirigen las Instituciones públicas y políticas. ¿Las grandes empresas que dirigen las residencias de mayores, solo buscan beneficios económicos, no beneficios sociales. O no es así?. Son iguales a la Iglesia Católica. Una pequeña parte de la Iglesia Católica busca beneficios sociales pero el grueso de la Iglesia Católica busca beneficios económicos.

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  • Artero Artero 19/04/21 12:59

    UNA POLÍTICA QUE VAEN CONTRA DE LAS RESIDENCIAS, Y FAVOR DE LOS ANCIANOS Y SUS FAMILIARES ES, SUBVENCIONAR LOS CUIDADOS EN SUS DOMICILIOS YA SEAN CUIDADOS POR SUS FAMILIARES, O POR TRABAJADORASQUE LES ASISTAN

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 18/04/21 22:11

    Tengo noticia de que algún juez está empezando a sobreseer las denuncias porque no ve delito en los miles de homicidios cometidos en las residencias por seguir el protocolo de las autoridades autonómicas por el que se prohibía llevar a los enfermos a los hospitales.
    Es aceptable que no vean el delito de asesinato, pero ¿cómo es posible que no vean el delito de desatención médica obligada conro causa de muerte. Pero si es grave que el juez no vea ese delito es más grave que tampoco lo vea el Ministerio Fiscal convirtiéndose así en la coartada perfecta para el sobreseimiento del juez ¿Tendrán que salir a la calle los familiares de los que murieron en plena desatención para que les hagan caso como pasó cuando el país se llenó de manifestantes contra la estafa de las preferentes, las subordinadas y las acciones de Bankia que, pese a la evidencia, algunos jueces tampoco veían delito en ella y los Fiscales parece que ni estaban ni se les esperaba que actuaran protegiendo el Orden Público cmo se supone que es su obligación? Pero la justica se salvó cuando apareció un JUEZ JUST, y no fue destruida por la cólera de Dios ompipotente y JUSTO, Ese primer juez no sólo admitió a tramite las demandas sino que empezó a fallar a favor de las víctimas y detrás de él empearon a ponerse todos los demás. De repente TODO quedó claro para TODOS los jueces. Y es que la justifica a veces es un poco sorprendente. Esperemos que haya también EMERJA algçu juez que también VEA LA LUZ y otorgue la "tuetela judicial EFECTIVA" a la que tienen derecho los familiares de las miles de víctima del homicidio de sus padrees y abuelos que muriero como perros como pudo comprobar la UME cuando entró en las residencias. De lo contrario me temo - salvo que dios actúe - voy a tener que darle la razón a aquel alcalde de ¿Jerez de la Frontera? al que encarcelaron por decir en voz alta lo que pensaba tantísima gente que, aunque pensaba lo mismo, sólo se atrevía a decirlo en voz baja.

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  • W. SMITH W. SMITH 18/04/21 20:52

    Antes de cualquier otra cosa se necesita ver en la cárcel a todos los que hicieron posible que cientos de residentes falleciesen indignamente sin los cuidados hospitalarios necesarios. Mientras así no sea cualquier mirada al futuro (por bien intencionada que sea) es un brindis al sol. Esto retrata a nuestro poder judicial.

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