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La agenda europea de 'millennials' y 'Z'

Gonzalo Velasco Monasterio | Irina Betancor Almeida
Publicada el 08/10/2021 a las 06:00

La Fundación Alternativas ha presentado una encuesta realizada por 40dB[1] a jóvenes españoles de entre 18 y 35 años para conocer su opinión sobre la Unión Europea. En ella dejan claro cuáles son sus problemas y quién debe resolverlos. El europeísmo se mantiene en los jóvenes, pero tendrá que responder a los grandes retos de una generación que se resiste a vivir peor que la anterior.

Una juventud maltratada

España es uno de los peores países de la Unión Europea para ser joven. Tiene una tasa de desempleo juvenil del 38%[2] (frente al 17% de media en la UE) y una edad de emancipación media de 30 años (frente a los 26 de la Unión). La encuesta de Fundación Alternativas refleja esta áspera realidad en las opiniones y preferencias de los jóvenes españoles.

Sus cuatro principales problemas son el desempleo (60%), la dificultad para emanciparse debido al precio de la vivienda (38%), la calidad del empleo juvenil (32%) y la pobreza y desigualdad económica (29%). Todos ellos problemas de índole económica, más sangrantes si cabe al enmarcarlos en el contexto europeo.

Además, quienes señalan estos entre sus principales problemas creen de manera mayoritaria que el mejor nivel de gobernanza para solucionarnos es el nacional, con la excepción de la pobreza y desigualdad económica que se entiende que sería mejor resuelta entre el nivel nacional y el europeo por la mayoría de los encuestados.

Según datos de Eurostat (2020)[3], España tiene una de las tasas más altas de jóvenes con educación superior (terciaria) de la UE (38% de los jóvenes españoles de entre 20 y 29 años frente al 31% de media en la UE). Mientras que el mercado laboral español es mucho menos capaz de generar empleo para estos jóvenes formados (un 21% de desempleo en jóvenes españoles entre 20 y 29 años con título universitario) que el mercado laboral europeo (10%). Por no hablar de las condiciones laborales de aquellos que consiguen trabajar.

Esta situación laboral y económica hostil hace que las generaciones ‘millennial’ y ‘Z’ representadas en esta encuesta miren hacia Europa con cierta esperanza. Los jóvenes españoles señalan como principales ventajas de pertenecer a la UE la libertad de movimiento tanto para viajar (42,5%) como para trabajar (35%).

La lectura de estos datos lleva a pensar en una generación que precisamente porque conoce la cruda realidad de su país, asume que su futuro pasa por salir. El 64% de los jóvenes españoles desempleados está dispuesto a emigrar para conseguir un trabajo[1]. Una fuga de cerebros que, por otro lado, va sin duda a profundizar en los problemas estructurales económicos y sociales ya existentes en el país.

Cambio climático: ¿primero las cosas de comer?

Según Inglehart (1991), cuando se satisfacen nuestras necesidades fisiológicas —el pan, trabajo y techo— pasamos a preocuparnos y a trasladar otras demandas que trascienden a esas necesidades. El ecologismo para él era uno de los paradigmas de lo que denominó cuestiones post-materiales.

Pero, qué puede haber más material que el incremento de los desastres naturales, las sequías, las extinciones masivas de especies, las enfermedades derivadas de la contaminación atmosférica o la influencia de la cuestión verde en el precio de la energía, por no mencionar otros muchos problemas derivados del cambio climático.

En España, la encuesta de Alternativas revela que los jóvenes sitúan la lucha contra el cambio climático en quinto lugar entre sus principales problemas (21,9%). Mientras que siguen priorizando con porcentajes muy superiores los problemas de carácter material-económico.

Quizá por no haberse trabajado lo suficiente el espacio político o quizá por la urgencia de los otros problemas, el sistema político español carece todavía de un partido verde notorio. Mientras que en estos momentos, en muchos estados de la UE lo verde es mayoritario y determinante. Según datos del último Eurobarómetro[2], los ciudadanos de la UE sitúan la lucha contra el cambio climático como principal prioridad (43%).

Al haber en esta área una oferta política tan reducida en España y puede que por la magnitud global del problema, los jóvenes españoles entienden que el cambio climático es un problema a resolver preferiblemente de manera compartida entre el nivel nacional y el europeo (54%) o exclusivamente a nivel europeo (30%). 

Sabemos que los asuntos verdes tienen un claro predictor sociodemográfico: la edad. Los jóvenes son más propensos a preocuparse por la cuestión climática. Por lo que nos encontramos aquí con un claro contraste entre la juventud española y la opinión pública europea. 

Como ya pasó con la ola de derecha radical, es posible que España vaya a ser también de los últimos en sumarse a la ola de partidos verdes en Europa. Y si el espacio debe construirse desde la juventud, aquí todavía hay mucho terreno por labrar.

Desigualdad de género: ¿está en Europa la solución?

La sociabilización política de los jóvenes en torno al feminismo es una de las piedras angulares de la acción civil en España. Según el estudio internacional llevado a cabo por IPSOS en 2019[1], España es el tercer país más feminista del mundo: con un 44% de la población considerándose feminista. Las movilizaciones del día 8 de marzo han situado a nuestro país en portadas internacionales, afianzando la agenda política nacional y global. Poniendo la mira en los datos, la encuesta publicada por Alternativas muestra cómo la juventud española señala la desigualdad de género como su sexta preocupación. Además, al ser preguntados sobre el ámbito con mayor capacidad para solucionar este problema, un 47,2% señalaba ambos niveles, el europeo y el nacional, frente a un 28,5% que apuntaba solo al nivel de la UE y un 16,2% que se refería al ámbito del Estado. En esta distribución de datos se puede leer entre líneas una de las características fundamentales del movimiento feminista: su vocación universal, un cambio de paradigma que trasciende a España y que irremediablemente advoca por irradiarse al resto de Europa.

Algunas de las demandas de los múltiples colectivos feministas han atravesado el ciclo de creación de políticas públicas, materializándose en leyes vanguardistas en el mundo entero. Un ejemplo eminente de esta dinámica es la llamada ley del “solo sí es sí”, un proyecto de adaptación del marco legislativo español al Convenio de Estambul. Por ahora, solamente otros ocho países de la UE cuentan con una normativa de esta índole: Suecia, Irlanda, Luxemburgo, Alemania, Chipre, Bélgica, Portugal y Grecia. Además, al tratarse de una competencia no cedida al nivel supranacional, el sistema de gobernanza europeo no tiene capacidad legislativa en la materia.

Según los datos publicados por el Ministerio de Igualdad, en España hubo un total de 150.804 denuncias por violencia de género en 2020[2]. Sin embargo, hoy en día no existe un instrumento legislativo específico a nivel de la Unión que aborde este problema de forma conjunta. Por lo tanto, la juventud española proyecta hacia Europa la solución al problema de la desigualdad de género a pesar de la falta de competencias de las instituciones en esta materia y a expensas del avance político a nivel nacional.

La libertad de circulación, piedra angular del europeísmo de los jóvenes

Hooghe and Marks (2009) teorizaron un cambio de paradigma en cuanto a la percepción de la población europea respecto a la UE, que supieron sintetizar como una evolución desde “el consenso permisivo hasta el disenso restrictivo”. La idea subyacente viene a ilustrar cómo la creciente politización de la integración europea ha resultado en un aumento de las voces críticas, con la consecuente capitalización del descontento político que los partidos nacionales aprovechan de cara a los procesos electorales. En resumen, la opinión pública sobre la Unión ha pasado de ser prácticamente inexistente y, por ende, no oponer resistencia a la integración, a convertirse en una fuerza de fricción política y movilización. En España este proceso ha sido menos acusado que en otros países europeos, pues sigue manteniéndose como uno de los estados miembros más europeístas. Uno de los resultados más relevantes de la encuesta es el amplio consenso de la juventud española en torno al sentimiento de pertenencia a la UE, con 2 de cada 3 encuestados que afirman sentirse bastante europeístas.

Los jóvenes identifican la libertad para moverse y trabajar en otros países europeos como las dos principales ventajas de formar parte del club comunitario. Estos datos ilustran un fenómeno interesante, la estandarización de la llamada generación Erasmus: los jóvenes españoles han nacido en un espacio de libertad de circulación y residencia que sienten como propio. Muestra de ello es que la implantación de un pasaporte Schengen haya recibido el apoyo de 3 de cada 4 jóvenes.

Ahora bien, el caso particular del europeísmo en España no puede explicarse sin matizar que Europa se percibe como una ventana de oportunidad, una salida potencial a la situación de precariedad laboral e incertidumbre económica. Esto queda reflejado también en los datos del último Eurobarómetro[3], que muestra cómo un 52% de los españoles identificaba la UE con la libertad para viajar, estudiar y trabajar en cualquier parte de Europa. Más allá, según el Eurobarómetro 95, más del 50% de los españoles confiaba en las instituciones europeas, frente a un 36% en Francia. Además, una enorme mayoría (70%) consideraba que España estará mejor equipada para abordar el futuro dentro de la UE. Por lo tanto, España es un país eminentemente europeísta, con una juventud que defiende su identidad europea y un espacio político que no ha llegado a polarizarse en torno a los valores europeos.

Continuidad generacional

Los resultados de la encuesta publicada por Alternativas muestran una paradoja en la percepción de los jóvenes españoles respecto a la UE. Por un lado, a nivel general, la Unión es sinónimo de oportunidad, de mejora, de futuro. Ahora bien, es el gobierno nacional el que puede gestionar mejor los problemas prioritarios de la juventud, en su mayoría de índole socioeconómica. Por otro lado, el cambio climático y la desigualdad de género quedan relegados a un segundo plano, aunque ahora sí: es la UE la mejor capacitada para encontrar una solución. La juventud española señala al gobierno nacional para las cosas de comer y, aunque valora muy positivamente la libertad para trabajar en otros países europeos, mira hacia la UE para obtener respuesta a sus demandas post-materiales.

De cara al futuro, lo más plausible es que el actual consenso en torno a la pertenencia y valoración de la UE se mantenga vigente en España. Una juventud pro-europea es sinónimo de un marco político eminentemente europeísta, que dejará escaso margen a los partidos nacionales para incluir elementos euroescépticos en sus discursos. Europa es, al fin y al cabo, un pilar de certidumbre para la juventud española.

 

[3] Eurostat 2020, https://ec.europa.eu/eurostat/databrowser/view/yth_demo_040/default/table?lang=en

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Gonzalo Velasco Monasterio es analista político en la Fundación Alternativas e Irina Betancor Almeida es especialista en políticas públicas europeas.

 

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1 Comentarios
  • Eleusis Eleusis 07/10/21 22:36

    Muy interesante artículo. Gracias

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