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'La izquierda es la libertad'

Publicada el 10/11/2018 a las 06:00 Actualizada el 09/11/2018 a las 13:21
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infoLibre publica un capítulo del libro La izquierda es la libertad, obra de José Andrés Torres Mora, doctor en Sociología y diputado del PSOE en Cortes.
El libro está publicado por Catarata  y llegará a las librerías el 19 de noviembre.

El 14 de noviembre se presentará la obra en la Librería Los Editores de Madrid, a las 19.00 horas. El acto contará con la intervención del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, de la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, y del autor del libro.
 
_________
 
Una izquierda y con dificultades

 
  Los socialistas tendemos a preguntarnos, a veces de mane­ra poco elegante, por qué los trabajadores, y las clases desfavorecidas en general, votan en un porcentaje impor­tante a la derecha. No nos cabe en la cabeza que las vícti­mas de la explotación y la alienación capitalistas voten a quienes, lejos de querer reformar el capitalismo, están claramente dispuestos a acentuar sus peores rasgos. Según la encuesta poselectoral del CIS de las elecciones genera­les de 2011, el 34% de los obreros no cualificados votó al PP, en tanto que al PSOE lo hizo el 30%. En el caso de los obreros cualificados, los porcentajes fueron del 37% para el PP y del 29% para el PSOE. Cuando los socialistas nos preguntamos por las razones de nuestros pobres resultados electorales en esos sectores sociales, nos con­vendría recordar el poema de Calderón sobre el sabio mísero y pobre que se alimentaba de hierbas: “¿Habrá otro, entre sí decía, / más pobre y triste que yo?; / y cuan­do el rostro volvió / halló la respuesta, viendo / que otro sabio iba cogiendo / las hierbas que él arrojó”. Si los socia­listas volviéramos el rostro veríamos a los comunistas lamentándose de que la famélica legión nos vote a noso­tros y no a ellos.

A un comunista no le asombran los resultados electo­rales que acabo de mostrar. Para muchos de ellos es obvio que el PSOE y el PP son lo mismo. O quizá, el PSOE algo peor. El comunista comprende perfectamente que los explotados y oprimidos no distingan entre el PP y el PSOE, lo que no le cabe en la cabeza de ninguna manera es que solo el 8% de los obreros no cualificados y el 7% de los obreros cualificados votara a IU en aquellas elecciones.

En la izquierda tenemos una cierta tendencia a recla­mar dos primogenituras: la moral y la intelectual. Y cuanto más a la izquierda nos decimos, más sabios y más puros nos creemos. Pero a lo mejor convendría mirarnos al espejo de vez en cuando. Es duro tener que aceptar que la derecha te gane unas elecciones por mayoría absoluta en mitad de una crisis financiera mundial que es la prueba material del fracaso de su proyecto económico; es duro que cuando todo el mundo habla de la necesidad de refor­mar el capitalismo, los electores te manden a casa y pon­gan a la pura y dura derecha al frente del Gobierno con una mayoría absoluta. Pero es más duro no pararte a pensar qué te ha pasado. Limitarte a creer que no fuiste lo sufi­cientemente de izquierdas y que por eso la gente te castigó votando mayoritariamente a la derecha. ¿No estaba Iz­quierda Unida ahí? ¿Por qué la gente no los votó? ¿Por qué los trabajadores prefirieron votar al PP que a IU? De igual modo que los economistas han encontrado en la econometría una fantástica herramienta para ocultar las debilidades de su disciplina, hay una incierta izquierda que siempre ha encontrado en un lenguaje voluntaria­mente abstruso el refugio para sus debilidades prácticas y teóricas. En todo caso, expresado con más o menos oscu­ridad, el argumento de esa izquierda es siempre el mismo: que no fuimos lo suficientemente de izquierdas, o que la gente está alienada.

¿Nos podemos conformar los socialistas con la expli­cación de que la derecha es malvada y los trabajadores que la votan están alienados, por decirlo educadamente? ¿Se conformará la izquierda que no pertenece a la tradición socialista con la explicación de que los socialistas somos malvados y los trabajadores que nos votan están igual de alienados que los que votan al PP? Uno de los problemas de la izquierda es creer que todavía hay dos. Desde que cayó el muro de Berlín los comunistas o excomunistas pasan sus horas muertas consolándose con la crisis de la social­democracia, pero ¿qué hay de la suya? Todavía no han explicado el sentido de su largo viaje, que en España se inició en 1921 cuando se escindieron del PSOE, y que parece acabar precisamente en la socialdemocracia. ¿O qué es lo que están defendiendo ahora? ¿La socialización de los medios de producción o una tasa a las transacciones financieras? ¿La dictadura del proletariado o las listas en plancha al Congreso? ¿La revolución anticapitalista o la renta básica universal?

Casi cien años después de aquella escisión entre so­cialistas y comunistas, y a pesar de haber gobernado mu­chas veces en distintos países europeos, los socialistas no hemos acabado con el capitalismo. No somos precisamen­te entusiastas del capitalismo, pero creemos que el merca­do y la libre empresa, con reglas y controles públicos, son compatibles con una sociedad sin pobreza y sin opresión. Esa fue, básicamente, la apuesta de socialistas, socialde­mócratas y laboristas en la posguerra europea. Eso fue lo que hicimos en un pacto con una derecha, la democraciacristiana, que ha desaparecido sustituida por el neolibera­lismo de Thatcher y Reagan. Aun así, después de casi cua­tro décadas de neoliberalismo, el Estado del bienestar, la combinación de libertades individuales y derechos socia­les sigue siendo el mejor sistema político que han tenido los seres humanos en su historia. Es un ideal que, aunque requiera una puesta al día en su formulación política y económica, sigue vigente. ¿Qué queda del proyecto comu­nista? ¿Cuál es el legado de la otra izquierda? Decía Tony Judt que lo peor del comunismo es lo que vino después. Y ahí están Putin y Merkel para darle la razón, por un lado. Y, por el otro, una incierta izquierda, que a veces ni se reconoce como tal —y mucho menos como comunista revolucionaria—, que se ha pasado la vida pidiendo expli­caciones a los reformistas por haber traicionado la revolu­ción al construir el Estado del bienestar, y que ahora se dedica a reprochar a los socialistas no defenderlo sufi­cientemente.

Y, por cierto, algunas cosas serían más fáciles para el proyecto socialdemócrata en la economía globalizada si los trabajadores chinos tuvieran derechos sindicales y liber­tades políticas, de esas formales y burguesas que tan poco le han importado siempre a una incierta izquierda. Pero de eso no es elegante hablar en presencia de esa izquierda, en su presencia solo se puede hablar de la traición de la socialdemocracia a los trabajadores occidentales. A los líderes de la izquierda radical les gusta citar la anécdota en la que, preguntada por lo mejor de su legado, Thatcher respondió: Tony Blair. Debe darles mucha risa, pero no estaría mal que se miraran en el espejo, a ver qué les queda de su programa de hace un año o, peor aún, de toda su bio­grafía política hasta que “se les puso la cara seria”. Y si no que se lo pregunten al señor Tsipras. Bienvenidos a la socialdemocracia, a su crisis, a sus problemas. Porque lo cierto es que desde hace mucho tiempo no hay dos izquier­das, trabajosamente hay una que no termina de encontrar una respuesta a su debilidad política y teórica.

Perry Anderson demostró que la derrota política de la revolución alemana llevó a los intelectuales marxistas a un grado de abstracción cada vez más inútil para la acción política. Pero no solo a los intelectuales alemanes. Gober­nar acerca mucho más a la izquierda a la realidad de los excluidos que llorar por ellos desde la oposición. Y hay quienes tienen demasiado miedo a perder su pureza revo­lucionaria como para gobernar y hacerse cargo de los pro­blemas corrientes de la gente corriente. Como dice Rancière, hay una cierta izquierda ilustrada que imagina a los excluidos más que los conoce. Es la izquierda del todo y la nada. Esa incierta izquierda que tiene dudas cuando se trata de apoyar a Gobiernos socialistas y que las resuelve mal, tal como ha ocurrido en Asturias y Andalucía. Esas dudas que los socialistas no hemos tenido a la hora de faci­litar que ellos gobiernen Madrid, Barcelona o Valencia. No les hemos hecho una jura de Santa Gadea, no hemos pre­tendido humillarlos, ni darles ninguna lección por sus pecados de acción u omisión, por el pasado que tienen o por el que no tienen, como ellos hacen con tanto placer con los socialistas.

Se puede mejorar la vida de la gente aunque no se ten­gan ni los planos del paraíso, ni las fuerzas para asaltarlo. El problema de las vanguardias indignadas es que, con la mejor voluntad, siempre diseñan un programa de acción que resulta demasiado pesado para los hombros de los excluidos. De los excluidos reales, no de los imaginados románticamente por ellos. Los indignados, que suelen tener una extracción social de clase media ilustrada, que son funcionarios, estudiantes o profesores, deducen del dolor de los excluidos una poderosa fuerza de cambio político. Por eso, siempre están temiendo que una mejoría de la economía y de las condiciones de vida de los exclui­dos dé al traste con el momento revolucionario. Pero no es desde el dolor que nace de la opresión y de la explotación, sino desde la fuerza de los derechos, del disfrute de una adecuada protección sanitaria, del acceso a la educación en todos sus niveles, de la protección frente a la depen­dencia, al desempleo o a la vejez, de donde la gente común saca las energías que permiten construir un proyecto polí­tico de igual libertad que acabe con la alienación y la explotación que produce el capitalismo.
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8 Comentarios
  • opendewindowparaquelamoscafly opendewindowparaquelamoscafly 13/11/18 00:15

    Defendéis una monarquia que instauró un dictador fascista, una bandera que eligió un dictador fascista, un himno que eligió  un dictador fascista.
    Muy socialista todo.
    Así nos va.
    Mi padre siempre me dice que el padre de Gallardón en una entrevista hace muchos años dijo “no todos los franquistas se fueron al PSOE”
    Bona nit 
    Amunt Valencia!

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  • opendewindowparaquelamoscafly opendewindowparaquelamoscafly 13/11/18 00:06

    Sinceramente me repugna el primer capítulo, por lo que el resto del libro, si sigue el mismo camino, debe ser un panfleto.
    Es más sencillo. Simplemente analizando lo que defienden en la oposición, y viendo lo que hacen cuando gobiernan, no hace falta escribir un libro para ver qué es el PSOE.
    Se sienten más cómodos con la derecha que con la izquierda, y lo demuestran sin complejos.
    Yo le puedo explicar porque los trabajadores votan a la derecha.
    Tienen todos los medios de comunicación mayoritarios en su poder, y los utilizan a saco, no hacen prisioneros.
    Yo defiendo que el PSOE es un cancer para España. De la derecha no espero nada, pero del PSIE he esperado demasiado y demasiado tiempo. Y ahí estamos.
    ¿No tienen ninguna responsabilidad en los privilegios De la Iglesia, banca, hidroeléctricas, constructoras, ...?
    Háztelo mirar Sr. Torres Mora.
    Si que estoy de acuerdo con el título, pero el PSOE no es de izquierda.
    Mi familia ha votado al PSOE mucho tiempo, pero nunca más, ninguno.
    Algo de lo que me siento orgulloso.
    No sois de fiar

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  • fotovoltaico fotovoltaico 12/11/18 20:44

    los socialdemocrata eligieron un camino interesante a mi forma de ver ,que era lo fundamental en el progreso humano en los años 80, la educacion gratuita para todos los ciudadsanos,la sanidad y se igual ante la ley y muchas connotaciones mas.No voy hablar de Europa .pero si de España que lo he mamado,recuerdo los principios socialista con Felipe Gonzalez ,los bandazos que daba,si a la OTAN.,no a la OTAN,luego escuchaba al sr solchaga que España era un pais del pelotazo,etc,.Entretanto en Andalucia gobernaba el sr Chaves,con su slogan preferido Andalucia imparable,vino despues los sinverguenzas de los Eres.Este señor se llevo 20 años gobernando Andalucia y por lo que yo conozco ,que tengo mis añitos ,siempre fue para mi un mediocre,entre tanto vino Aznar, que era para los de drechas el Dios de los Dioses, con su ministro de economia Rodrigo Rato ,otro fenomeno ,que esta en la carcel.luego vino SR Zapatero con un aire progres y lo vote de nuevo al socialismo ,los primeros cuatro años ,afirmo que para mi lo hizo bien,sinembargo su ministro Solbes otro fenomeno, repitio hasta la saciedad que la crisis, que crisis?,hoy esta en Enel de consejero de esta electrica, igual que su compi Elena Salgado que esta de consejero de Endesa, podemos seguir.Yo me considero socialdemocrata,esa ideologia esta en caida libre ya que sus militantantes han abrazado el liberalismo,simplemente que dar una visual al panorama

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 11/11/18 07:18

    No hablo del ultimo chaparrón: en otoño de 1977 veía en el Teatro Martin a Flowers de Lindsay Kemp Company. Y al final de la función Lindsay dijo eso: viva la libertad! Lo recuerdo de manera nítida.
    Estoy de acuerdo con eso de que la izquierda es la libertad

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  • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 10/11/18 22:29

    Parece que empieza anunciando una autocrítica, pero todo el texto es un "Pues anda que ellos". Además, se fabrica un espantajo para darle palos. La izquierda comunista ya no existe.

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  • Lucky Luke Lucky Luke 10/11/18 11:25

    Los espacios comunes de los partidos de izquierdas son amplios. Las dudas llegan cuando dices ser republicano y mantienes la monarquía con tus actos, o cuando te jactas de defender un estado laico, o como mínimo aconfesional y mantienes los privilegios de los obispos. o cuando firmas acuerdos vergonzosos como el caso Castor. En fin. Habla de China, de Rusia. Diría que se a olvidado Venezuela. Defender la república, un estado acofensional de verdad, que no le da privilegios a los obispos y defiende a los más desfavorecidos no es de comunistas, es ser socialista sin paños calientes.

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  • POR EL CAMBIO POR EL CAMBIO 10/11/18 06:56

    Curioso que este señor utiliza más de la mitad de lo publicado a criticar ferozmente a toda postura ideológica a la izquierda de la socialdemocracia. Ningún análisis, ninguna reflexión, ninguna autocrítica a ciertos dirigentes socialdemócratas que no han cambiado la sociedad pero si su vida personal a través del ejercicio de lo público y las puertas giratorias. Dirigentes socialdemócratas que defienden el mercado con más ardor guerrero que prestigiosas élites empresariales. En fin, así nos va y todavía nos sorprendemos que trabajadores y clases populares no distingan entre la derecha y esa izquierda

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    • paco arbillaga paco arbillaga 10/11/18 09:26


      «''Las izquierdas tienen que abandonar el sectarismo y el infantilismo bajo el principio de que si no lo hacemos ahora, mañana será demasiado tarde''. ¿Cómo se puede llegar a ello? Con acuerdos pragmáticos.»

      https://www.publico.es/politica/boaventura-sousa-izquierdas-abandonar-infantilismo.html

      ¿Alguna idea mejor, o alguien sabe cómo se puede hacer YA la revolución? Osasuna y República Libertaria.

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