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El futuro de la izquierda

Boaventura de Sousa: "Si la izquierda española solo discute sobre cuestiones de nacionalidad, nunca va a ponerse de acuerdo"

El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos.

La agenda de Boaventura de Sousa Santos (Coímbra, Portugal, 1940) está llena. El sociólogo, experto en globalización y descolonización y referente para los movimientos sociales y las nuevas izquierdas europeas, alterna entrevistas con medios, conferencias universitarias y encuentros con partidos políticos. Está en España —y luego estará en Argentina, Chile y Brasil— para hablar de su nuevo libro, Izquierdas del mundo, ¡uníos! (Icaria). Pero más allá del contenido del ensayo, que analiza la situación de estos partidos en Portugal, España, Colombia, Brasil y México, sus interlocutores le preguntan, como a un oráculo, por las cuestiones más diversas. El desafío del Gobierno italiano a la Unión Europea, el auge de la extrema derecha, el imperialismo estadounidense, la situación en Cataluña, la entente entre el PSOE, Podemos e Izquierda Unida... Todo se trenza en el discurso de De Sousa Santos. 

Pero se empieza por el final. Porque a la situación de la izquierda española se llega bien avanzada su conversación, el pasado lunes, con cuatro periódicos digitales, incluido este. En el prefacio a la edición española, Antoni Aguiló —investigador como De Sousa en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra— plantea un interrogante: "¿Será posible alcanzar consensos creativos que permitan pasar de la alternancia bipartidista a la alternativa?". El portugués invita al optimismo señalando la unión, en su país, entre el Partido Socialista, el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista, que ha permitido tener un Gobierno progresista. "Me da la impresión de que el ambiente está mejor para una articulación de izquierdas", asegura. No es un optimismo absoluto —dirá, a lo largo de la conversación, tener una "esperanza desesperada"—, pero es un tipo de optimismo. 

 

Aunque, tras esta primera intuición, lanza lo que parecería un rapapolvo. "En España hay un problema que no hay en Portugal y que no hay en otros países, que es el de la nacionalidad. ¿Hay una nación o hay plurinacionalidad? ¿Tiene que ser república o puede ser monarquía? Las cuestiones que no fueron resueltas durante la Transición vuelven ahora". La riña viene ahora: "La izquierda no está siendo capaz de dejar de lado estas grandes cuestiones, y si solo discuten sobre eso nunca van a ponerse de acuerdo". Y deja, incluso, un recado para el Ejecutivo de Pedro Sánchez: "La punitividad de la represión desde Madrid contra los políticos catalanes no ayuda a nada, porque son heridas que van quedando. Una democracia no existe con presos políticos". Que compare esta situación con la encarcelación de Lula da Silva en Brasil por corrupción quizás no guste, sin embargo, a los dirigentes independentistas. 

Tiene alguna recomendación más para los partidos de izquierdas, aunque ahora sí de manera global. "La izquierda se tiene que meter en la cabeza que son las garantes de la democracia. Una democracia que tiene que ser liberal, que tiene que ser representativa para poder ser también participativa". Esta tarea, defiende en el libro, debe abordarse con "humildad" pero también "ambición". ¿Por qué "humildad"? Porque un sector de esa izquierda ha sido muy crítico justamente con la democracia liberal que hoy debe defender: "Para parte de nosotros, y hablo por mí, la democracia es burguesa. Pero el problema es que con las contradicciones dentro de la democracia burguesa y las amenazas desde fuera… la tenemos que cambiar desde dentro". La "ambición" está clara: ser el bastión contra el "ciclo reaccionario global" que el sociólogo diagnostica. 

No es casualidad que De Sousa haga referencia en dos ocasiones a los años treinta, cuando las izquierdas europeas aparcaron sus diferencias para hacer frente al fascismo. "No pienso que la unión pueda ser de un día para otro", admite, ajustando el marco de acción a "crear una disponibilidad para compartir referentes". Pero no quita urgencia a la tarea: "Si no lo hacemos ahora, mañana será demasiado tarde. Las democracias europeas se unieron en 1930, pero Hitler ya estaba en el poder". Nombra a los "neofascitas" de Hungría, Polonia, Brasil, Italia, a los "pequeños partidos que se fundan en España", y se alarma: "El campo democrático disminuye, está siendo cercado". Aquí comienza la crítica a la izquierda, que De Sousa sabe unir en su discurso a una cierta esperanza: "Por eso pienso que las izquierdas tienen que abandonar el sectarismo, el dogmatismo, el infantilismo, para empezar una negociación. Que sea pragmática, como hicimos en Portugal. Vamos a intentar ver que lo que nos une es más que lo que nos separa, y hagamos una política común en torno a lo que nos une".

¿Se trata de recuperar el espíritu de la alianza antifascista, entonces? Se detiene unos segundos: "El fascismo no está lo suficientemente presente en nuestros medios de comunicación para que empecemos a hablar de una lucha antifascista". Se detiene unos segundos más, y reformula: "Y yo no quisiera que hubiera esta lucha antifascista. ¿Sabes por qué? Porque en los años treinta, cuando las izquierdas se unieron en los frentes populares, ya no se podía discutir nada. Te unías porque el enemigo estaba ahí. Pero ahora creo que podemos decir: ¿qué democracia vamos a tener, qué vamos a hacer con el Estado? Tenemos más campo para moldear las políticas y hacer cosas nuevas". 

Encuentra también motivos de optimismo en otros espacios de la política. Primero, que en Estados Unidos candidatos como Bernie Sanders, así como una base sustancial de votantes jóvenes, se definan como "socialistas" cuando esa palabra era tabú —"dirty word", palabra sucia, dice De Sousa, que pasa buena parte del año en el país norteamericano— incluso dentro de la izquierda. "Pero no es solo Sanders: son mujeres jóvenes, candidatas latinas. La esperanza para mí son las mujeres", añade. El mejor ejemplo en Estados Unidos es quizás Alexandria Ocasio-Cortez, que con 30 años ganó en julio las primarias demócratas en Nueva York. Pero De Sousa no duda en nombrar también a quienes "cambiaron la política portuguesa": Catarina Martins, Mariana Mortágua y Marisa Matias, todas del Bloco. Sin ellas, asegura concediendo su parte de mérito también al Partido Comunista y a Antonio Costas, "no habría una solución de izquierdas" en el país vecino. 

Todavía verá el sociólogo algún motivo de esperanza en lugares insospechados. El guiño de Pedro Sánchez a una política migratoria diferente con el Aquarius podría ser, dice, "una mirada a una Europa para el futuro": "Europa es un continente que necesita a 20 millones de jóvenes, y esos jóvenes están en campos de internamiento". Y amplía el desafío a los países del sur, que podrían ser un bastión solidario frente a la ultraderecha antiinmigración —y aquí se abre paso a cierta oscuridad: "Pero si Francia y Alemania no van a estar de acuerdo, hay razones para el pesimismo"—. Esperanza incluso en el desafío italiano a la Unión Europea con sus incumplimientos presupuestarios "sin precedentes": "Salvini pide muchísimo… y quizás Pedro Sánchez pueda pedir un poco más que los portugueses. En política institucional todo es posible. La extrema derecha puede hacer un servicio a los Gobiernos de izquierda que están intentando aumentar sus presupuestos".

Y sin embargo, cuando el sociólogo habla de un "fascismo internacional" en marcha y organizado, apoyado en Europa por el Gobierno estadounidense, todo optimismo parece poco. 

 

'La izquierda es la libertad'

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