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Haciendo la historia

Abjasia: la Costa del Sol caucásica que continúa su reconstrucción

  • La exposición The Sochi Project retrata la región, que, reclamando su independencia frente a Georgia, se ha convertido en una de las heridas abiertas en Europa Oriental
  • ¿Cómo se cuenta el pasado? infoLibre analiza cine, literatura y arte que se ha construido sobre algún hecho histórico en el último año

Publicada 18/08/2016 a las 06:00 Actualizada 17/08/2016 a las 14:58    
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Una de las fotografías de la colección The Sochi Project.

Una de las fotografías de la colección The Sochi Project.

¿Qué indican las líneas discontinuas en Google Maps? El mapa de cabecera de más de medio mundo traza, según qué fronteras, de manera discontinúa frente a otras de líneas seguidas y gruesas. Varias son ya las publicaciones y estudios sobre el trabajo de los topógrafos de Google, por lo que saldremos de los confines de Internet para preguntarnos qué hay en uno de esos territorios cercados por líneas que son intermitentes, dependiendo del país desde el que Google ponga su lupa.

Las confrontaciones fronterizas no son conflictos arcaicos. De cerca tenemos ejemplos como el reciente conflicto de Rusia y Ucrania por la anexión de la península de Crimea; el enquistado conflicto del pueblo saharui y Marruecos; el activo pero olvidado ya Nagorno Karabaj, disputado por Armenia y Azerbaiyán; o Abjasia, que desde hace años entorpece las conversaciones entre Rusia y Georgia, entre muchos otros.

Por actualidad o proximidad, seguro que los primeros son fácilmente reconocibles. Pero, ¿qué sabemos de Abjasia?



El fotógrafo holandés Rob Hornstra y el periodista Arnold van Brüggen expusieron hasta el pasado 10 de abril en la Sala Efti su proyecto Un país en construcción. En ella, el ganador del primer premio del World Press Photo, del Magnum Expression Award y del Canon Prize, entre otros, reúne fotos, videos y libros que recogen una pequeña muestra de The Sochi Project.



Un total de 11 viajes al Cáucaso para retratar una región invisible para el mundo, y que en su día brilló por acoger los Juegos Olímpicos de Invierno en la ciudad rusa de Sochi. Pero a Madrid llegó a principios de este año una de las tres regiones caucásicas exploradas, Abjasia: “Un atlas de la guerra y el turismo en el Cáucaso”, apunta el subtítulo de la exposición.



Orígenes del conflicto

Tras la Revolución de Octubre los bolcheviques prometieron la independencia al pueblo de Abjasia que históricamente había sido una región autónoma, algo que nunca se materializó pues, a pesar de que Stalin en 1931 le otorgó tal estatus, el territorio fue incorporado a Georgia automáticamente, cuyo Gobierno llevó a cabo una brutal campaña de georgización de la región.

Con la muerte de Stalin y la ejecución del jefe de los servicios secretos, Lavrenty Beria –uno de lo acérrimos partidarios de la pertenencia a Georgia y que nació en una aldea del Ókrug de Sujumi en Abjasia–, el territorio recuperó su autonomía, proliferando de nuevo una cultura abjasia entre la población que de nuevo se levantó por sus derechos.

“Georgia para los georgianos”

Con la desintegración de la Unión Soviética comenzaron a proliferar en todas las Repúblicas movimientos de corte nacionalista-liberal. Abjasia luchaba entonces por el aumento de su estatus administrativo, algo que confrontaba con las resoluciones del parlamento georgiano, que buscaban eliminar completamente la concepción de un Estado abjasio. El Consejo Supremo de Abjasia reanudó la validez de la Constitución de 1925, y aprobó la instauración de un nuevo Escudo y nueva bandera de la República de Abjasia.



Durante el proceso de independencia del gigante soviético, el líder independentista —que más tarde se convirtió en presidente de Georgia— Zviad Gamsajurdia usó una retórica muy agresiva contra las minorías de su región bajo la consigna de “Georgia para los georgianos”, alimentando el odio contra los pueblos que, como Abjasia, se encontraban bajo su yugo.

Previo a la gran contienda, el gobierno de Gamsajurdia fue repudiado por su pueblo, depuesto en enero de 1992, y sucedido por Eduard Shevardnadze, que abolió la Constitución de la RSS de Georgia y reinstauró la de la antigua República Democrática de Georgia, que anulaba por completo la autonomía de los abjasios.

El 23 de julio de ese mismo año Abjasia declaró unilateralmente su independencia y, el 14 de agosto de 1992, cuando Georgia tenía ya tenía un pie dentro de la ONU, decide enviar tropas a Abjasia para evitar una secesión emprendiendo así la guerra contra el díscolo territorio caucásico. El conflicto se intensificó con el llamamiento a la movilización general por parte del gobierno georgiano, y la llegada de milicias y voluntarios rusos que apoyaron a los independentistas abjasios.

No obstante, Rusia siempre se ha declarado neutral en el conflicto, aunque Shevardnadze acusó directamente a Moscú de haber llevado a cabo una guerra no declarada contra Georgia por presuntos bombardeos de sus tropas por parte de aviones rusos. La capital de Abjasia, Sujumi, cayó el 27 de septiembre de 1993, lo que ayudó a los separatistas a controlar rápidamente el resto del territorio. En diciembre del mismo año, los líderes georgianos y abjasios firmaron la paz con la mediación de la ONU y Rusia en Sochi.

La guerra relámpago

El 7 de agosto de 2008 estallaron de nuevo las tensiones entre Georgia y los territorios subversivos del Cáucaso. El entonces presidente georgiano, Mijail Shaakashvili, quiso recuperar tanto Osetia del Sur como Abjasia.



Tan solo cinco días hicieron falta a Moscú para tumbar sus intenciones. En la mañana del 8 de agosto, las tropas del Ejército Ruso entraron en Tskhinval a través del Túnel Roki desde Osetia del Norte y, sorteando varios contraataques georgianos, lograron imponerse y forzar a las tropas de Tiflis a retroceder. Los georgianos, sin apenas combatir, se retiraron.



Pero los protagonistas de la muestra de Hornstra en Madrid no eran ni Osetios ni rusos, eran Abjasios, niños y mayores los que sostenían en las instantáneas AK-47 sentados en el sofá de su casa; porque mientras tanto, en el Mar Negro se libraba su batalla, en este caso naval.

Un total de diez unidades rusas de la Flota del Mar Negro ocuparon y bombardearon la ciudad portuaria de Poti. Los rebeldes abjasios, mientras tanto, ocuparon el Valle de Kodori ante la retirada de las tropas de Shaakashvili, claudicando así el último bastión georgiano en el territorio.
 

Los argumentos de Rusia respecto a su intervención en el conflicto, se basaban en una respuesta a la agresión georgiana y a la defensa de ciudadanos rusos. Hay que tener en cuenta que la mayoría de surosetios y abjasios tienen pasaportes de la Federación Rusia, y además existen facciones importantes de la población que desean incorporarse algún día a ella.

El 26 de agosto de ese mismo año, el presidente de la Federación de Rusia, Dmitri Medvedev firmó el reconocimiento de la independencia de Abjasia y de Osetia del Sur, algo que alertó a Estados Unidos y a los países miembros de la OTAN, y que tensó aun más las relaciones entre Rusia y Occidente.

Estratégicamente necesarios

Tanto Osetia del Sur como Abjasia han sido territorios de gran importancia estratégica para Rusia, sobre todo el segundo, que supone una vía de escape al Mar Negro. Pero tras la guerra relámpago, su importancia se consolidó aun más. Desde entonces, las respectivas bases rusas en ambas regiones con efectivos de infantería, blindados, helicópteros y artillería antiaérea, funcionan de blindaje protector para los rusos.

Abjasia puso a disposición de Moscú las antiguas bases militares de la URSS, concretamente, Gudauta y Ochamchira –esta última cuenta con un aeródromo de importancia y sus aguas en el Mar Negro para la armada rusa–. En Osetia del Sur, los soldados rusos se instalaron en Tsjinvali y Dzhaba. 

Estados Unidos considera ambas bases militares como una provocación desestabilizadora; preocupación que se incrementó cuando observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y de la Unión Europea desplegados en Georgia, informaron haber visto helicópteros militares rusos invadiendo el espacio aéreo perteneciente a los georgianos.

¿Qué hay ahora en Abjasia?

Tras su independencia, vive bajo un embargo internacional. Su economía es completamente dependiente de Rusia, el rublo es la moneda en curso y, para viajar, la población utiliza pasaportes rusos.

La exposición de Hornstra pretende reflejar la imagen de "un país en construcción". Abjasia fue devastada a lo largo de los conflictos que tuvieron lugar hace tan solo ocho años. Por esto, el territorio trabaja actualmente por erigirse de nuevo. Pero la destrucción del país no frena la vida de los abjasios, cuyo territorio ha supuesto durante toda su vida y en la actualidad un filón turístico – fue el lugar favorito para veranear de los antiguos dirigentes soviéticos entre los que se encontraba Satlin– en el Cáucaso por su variedad paisajística.

El turismo es el principal motor de la economía abjasia. Playa o montaña con un suave clima subtropical, ofrece una gran oferta turística; desde los montes de Chjalta, de Gagra, Kodori o Bzipi son sus principales cordilleras, que en el sector turístico compiten con el predilecto destino de los eurasios, el turismo de sol y playa, en este caso en las costas del Mar Negro.  Hay que destacar que además, el valle de Kodori siempre ha tenido gran importancia geopolítica al ser lugar de paso de la antigua vía comercial conocida como la Ruta de la Seda. 

¿Líneas continuas o discontinuas?

Google Maps dibuja las fronteras de los países de manera diferente, dependiendo del lugar del mundo desde el que se conecte el servidor, y cuyos controvertidos casos se encuentran publicados en el documento Disputed Territories. Abjasia es una república independiente de facto desde 1992, reconocida por la mayoría de la comunidad internacional como una república autónoma perteneciente a Georgia.

Las intermitentes líneas de Google Maps tienen razón. Si buscamos Abjasia desde Rusia, las líneas serán continuas, al igual que si buscamos desde Nicaragua, Venezuela, o terminamos por el azar del destino en el microestado de Nauru; los únicos países que reconocen su estatus como país independiente.

LA AUTORA


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