Sobre este blog

El barrio es nuestro es un blog colectivo alimentado por la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM). El nombre alude al viejo grito de guerra del movimiento vecinal que sirve para reivindicar el protagonismo de la vecindad en los asuntos que la afectan, a menudo frente a aquellos que solo ven en el territorio un lugar de negocio y amenazan su expulsión.

El legado de la manifestación de los baches

En el distrito de Hortaleza, al noreste de Madrid, se ha celebrado el cincuenta aniversario de lo que fue la primera manifestación permitida en la ciudad tras la muerte del dictador, aunque entonces seguía muy vivo aquel desfasado Estado con su estructura paternalista de un Rascayú que tardó en irse, y represiva porque se basada en dos miedos: el que seguía latiendo en la memoria y en la carne tras la Guerra Civil y el miedo a ser señalado, a las detenciones, a la tortura… pero no seguimos porque llegaríamos a las fosas y a las cunetas.

Hoy hablamos de aquella manifestación de los baches de la Carretera de Canillas, el único acceso a Madrid que tenían las miles de familias que vinieron a este rincón de la periferia madrileña, en la que se construían barrios enormes sin ningún servicio público. Muchos grandes medios se han sumado a la ecolalia de un hecho que hoy en día es difícil entender y sentir, pero al que se mira con cariño y nostalgia, a veces inventada. En aquel entonces, algunos de los periódicos de la época ni lo hubieran nombrado, pero hoy se acepta como un momento importante de nuestra historia o nuestra distopía de lo “políticamente correcto”.

La manifestación contra los “200 baches por milla” de la Carretera de Canillas, como exclamaba una pegatina diseñada por el dibujante Antonio Fraguas, Forges, ocurrió un 13 de marzo de 1976. Sobre el valor icónico de esta manifestación, ni la persona que solicitó el permiso, Marta Hidalgo, tuvo conciencia del valor que el tiempo le aquilataría, aunque no olvida el miedo que pasó en el antes, durante y en el después, especialmente cuando el gobernador civil del momento, Juan José Rosón, la llamo para felicitarla “porque fue una manifestación ordenada”.

De haber sido cierto lo que dijo el gobernador, futuro ministro del Interior, una parte de los 700 manifestantes se hubiera ahorrado alguna carrera si la policía del momento hubiera sabido comportarse. Pero había que suponerlo inevitable. Como con el perro de Pavlov, una manifestación era como un azucarillo y, por tanto, era muy difícil para los cuerpos de seguridad evitar la saliva.

El orden y la ley son un matrimonio que hemos escuchado en himnos, discursos y arengas. Sin embargo, por primera vez y con la ley y en orden por delante, la manifestación de los baches supuso que las mujeres y los hombres pudieran salir a la calle a exigir su derechos sin algaradas ni detenciones, aunque se produjera algún escarceo, según denunció el inolvidable Paco Caño, referente del movimiento asociativo vecinal de Madrid.

No debió ser la primera manifestación que saliera por la Carretera de Canillas. Posiblemente fue anterior la manifestación del agua, según nos contaba el abuelito Valentín, nuestro muy querido y añorado Valentín Huerta. Fue una manifestación de “amas de casa” para reclamar que el agua llegara a las viviendas. Solo podía ser de mujeres porque, de otro modo, la carga policial era segura; sin embargo, Valentín no dejó de estar con ellas y vivió una temporada larga de miedo esperando que llegaran a detenerlo.

Fueron dos manifestaciones en aquel nuevo barrio que había fagocitado un antiguo pueblo en aras de que la ciudad de Madrid no podía ser más pequeña que Barcelona, según algunas malas lenguas. ¡Sin embargo, qué grande fue la gente que llegó a estos barrios y hasta con sus propias manos levantaron sus casas!

Aquello lo protagonizó una generación joven venida desde los cuatro puntos cardinales y dispuesta a trabajar para construir sus vidas y este futuro en el que ahora estamos. Esa generación reclamó la libertad y reclamó que la calle era suya y no de aquel ministro de la Gobernación que se bañaba en aguas radioactivas.

Hay una parte de la ciudadanía que cree que lo que tenemos es porque sí, porque hemos caído en esta parte del planeta o porque nos lo merecemos. Aquellos manifestantes de la Carretera de Canillas se habrían escandalizado de este modo de pensar y, peor, de actuar

Entonces ocurrió: se arreglaron los baches y había agua. ¿Qué hubiera pasado sin esas manifestaciones? ¿Seguirían los baches del miedo? ¿Seguiría la sed de libertad? Seguro que más de uno o de un millón piensa que eso era lo que tocaba entonces y que se hubieran tapado los baches y llevado el agua.

Hay una parte de la ciudadanía que cree que lo que tenemos es porque sí, porque hemos nacido en esta época, porque hemos caído en esta parte del planeta o porque nos lo merecemos. Creen algunas voces que el individuo no es responsable y nada se puede hacer para mejorar la sociedad. Aquellos manifestantes de la Carretera de Canillas se habrían escandalizado de este modo de pensar y, peor, de actuar. ¿Cuáles son las consecuencias?

Hoy no tenemos aquellos baches en los que el coche de Forges encalló, pero sí tenemos en Hortaleza un nuevo circuito de Fórmula 1, que se construye junto a una zona residencial y nos va a robar la calle y el descanso para lucro de unos pocos. ¿Por qué la protesta de las gentes de esos barrios no ha hecho que tiemblen los despachos?

Hoy tenemos en Madrid un barrio, la Cañada Real, que lleva más de cinco años sin electricidad, en condiciones tercermundistas y no pasa nada por esas vidas maltratadas y esas infancias pisoteadas, que se encuentran a pocos metros de donde está todo. No son motivo suficiente para que la ciudadanía dé una patada y tiemblen los despachos.

Hoy no tenemos aquellos baches en los que el coche de Forges encalló, pero sí un nuevo circuito de Fórmula 1, que se construye junto a una zona residencial y nos va a robar la calle y el descanso para lucro de unos pocos. ¿Por qué la protesta de las gentes de esos barrios no ha hecho que tiemblen los despachos?

Hoy estamos viendo la especulación con el proyecto Madrid Nuevo Norte, la conocida como Operación Chamartín; hoy vemos la asfixia de los centros públicos de educación sin climatización ni adecuación; hoy vemos la venta de viviendas a fondos sin alma y la desesperación de los jóvenes por el derecho a tener su casa; hoy lloramos con el torpe “ecocidio” de la tala de árboles; hoy nos quedamos pasmados por la externalización de la sanidad pública en manos de buitres que discriminan a los pacientes según el coste de la atención. Hoy y mañana y después siguen las causas sin ser motivo suficiente para que la ciudadanía dé una patada y tiemblen los despachos.

Miramos con nostalgia aquellos pasos decididos y valientes junto a los baches de la Carretera de Canillas. Somos los herederos de aquellas pisadas, pero nos han domesticado y vemos con indulgencia aquel pasado que nos trajo a un momento en el que los agujeros o baches en los derechos de la ciudadanía ya no hacen temblar ningún despacho ni analógico ni digital. ¿Qué legado dejaremos?

Juan Cruz es miembro de la Asociación Vecinal de Manoteras, Radio Enlace y Hortaleza Periódico Vecinal.

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Publicado el
27 de marzo de 2026 - 06:01 h
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