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Foro Milicia y Democracia

Pinos, conejos y otras especies repobladoras

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Iñaki Unibaso (FMD)

Todos los estudios demográficos que se vienen realizando en nuestro país muestran, año tras año, cómo determinadas provincias sufren una pérdida constante de habitantes. Son territorios que suelen pertenecer a las regiones menos desarrolladas industrial y tecnológicamente, desde las que se producen flujos migratorios hacia las zonas con mayor desarrollo. Las provincias “donantes” de población tienen un sector primario predominante, sector del que la ciudadanía actual parece rehuir, en gran medida por el sacrificio personal que exige, lo que se ve agravado por un envejecimiento paulatino de la población que permanece en ellas. Toda esta situación es la que se ha venido a llamar la “España vaciada”, aunque personalmente soy más partidario de llamarla la “España que vaciaron”.

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A la cabeza —o, en este caso, a la cola— del ranking se encuentra la provincia de Zamora, que, como ocurre con la práctica totalidad de sus “compañeras” autonómicas, sufre este vaciado poblacional desde el establecimiento de la democracia. En la actualidad, la provincia ha perdido un 35% de población respecto a la que tenía en 1975.

El municipio zamorano de Toro fue un referente en el mundo de la milicia desde 1944 hasta 1997. Por el Campamento de Monte la Reina pasaron miles españoles para cumplir su servicio militar, principalmente bajo la figura de las entonces milicias universitarias, con nombres tan conocidos como el del expresidente del Gobierno, Felipe González. Durante muchos años fue un auténtico hervidero de ir y venir de jóvenes que, mientras estudiaban sus correspondientes carreras universitarias, pasaban allí los meses del verano para “cumplir con la Patria” en un servicio militar adaptado a las necesidades de lo que se podían considerar clases privilegiadas, ya que hemos de recordar que en el tercer cuarto del siglo XX la mayoría de los jóvenes no podía cursar estudios universitarios.

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La comarca toresana vio como el establecimiento de ese campamento añadía riqueza a su población, ya que la fuente principal de suministros para el día a día del campamento militar se nutría de lo que hoy conocemos como “kilómetro cero” o de proximidad. Obviamente, el campamento no era el principal foco económico de la zona, pues Toro es reconocido desde hace muchos años por su tradición vitivinícola, si bien hasta finales de la década de los 80 no se estableció la denominación de origen en su vino.

Vayamos ahora a finales de los años 90. El fin del servicio militar obligatorio, el inicio de la profesionalización de las Fuerzas Armadas y las sucesivas reorganizaciones de los ejércitos abocaron al cierre del famoso campamento de Monte la Reina.

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En esos años convulsos de cierres de cuarteles, ordenados primeramente por el Plan META (Plan de Modernización del Ejército de Tierra), bajo el mandato de Narcís Serra como ministro de Defensa y puesto en marcha en 1984, consistía en restructurar, reducir y homologar nuestras Fuerzas Armadas con los estándares de la OTAN, organización a la que nos habíamos adherido en 1982. 

Unos años más tarde un nuevo plan, el denominado Plan NORTE (Nueva Organización del Ejército de Tierra) llevaría a cabo una fuerte reforma de la estructura del Ejército de Tierra, con la finalidad de adaptar su organización a la realidad estratégica una vez finalizada la Guerra Fría. Esta reorganización llevaría consigo una considerable reducción del tamaño del Ejército de Tierra, por tanto, muchas fueron las unidades que desaparecerían del organigrama y, consecuentemente, muchos los cuarteles que acabarían cerrados, a pesar de las innumerables protestas de los alcaldes de las localidades afectadas y de sus vecinos, que veían como el cierre de un cuartel podría suponer una importante pérdida de ingresos, equivalentes a los que puede provocar el cierre de una industria.

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Monte la Reina fue uno de esos cierres, y a pesar de la oposición política y social de la comarca, la realidad es que en 1997 se echó el cierre definitivo al campamento en el que se habían formado, militarmente hablando, muchos miles de españoles en sus más de 50 años de funcionamiento. Tan solo una presencia testimonial y esporádica de unidades realizando maniobras en ese campamento en los posteriores años recordaría el esplendor pasado del cuartel.

El práctico abandono por parte del Ministerio de Defensa, al no considerarlo necesario para la Defensa Nacional, algunos conatos de subasta del campamento, junto con la declaración de “interés turístico” por parte de la Diputación Provincial de Zamora en 2015 hacían presagiar que acabarían desapareciendo el deteriorado alambrado y los típicos carteles de “Zona Militar. Prohibido el Paso” que delimitaban sus más de 1.200 hectáreas de terreno. Pero la historia aún tenía guardada otra oportunidad, aparentemente, para Monte la Reina.

En la corta vida, apenas tres años, del Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico, creado en 2017 por el Gobierno de Mariano Rajoy y dirigido a partir de la moción de censura de 2018 por Isaura Leal, parecía abrirse una vía para fijar las políticas destinadas a revertir la situación de aquella “España vaciada”.

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Coincidiendo con la última etapa de vida de ese Comisionado, el Ejército de Tierra declaró como necesario para el interés de la Defensa el acuartelamiento de Monte la Reina. Quien entonces ostentaba el cargo de jefe del Estado Mayor del Ejército era el general Francisco Javier Varela Salas, que pasará a la posteridad al llevar su nombre la Base Logística del Ejército de Tierra, el mayor proyecto de defensa e innovación tecnológica, ubicado en Córdoba.

Hay algo por lo que ningún juramento nos hará pasar: utilizar a nuestras familias como arma para el debate partidista

Además de la declaración de interés para la Defensa llevada a cabo desde el Cuartel General del Ejército de Tierra, entró también en juego el uso político de la reapertura de las instalaciones militares. Si bien el clamor político fue unánime entre todos los partidos, fue el partido del Gobierno quien, como si ejecutara una maniobra de la mejor caballería, explotó el éxito del anuncio. Lo hicieron sus responsables provinciales y autonómicos, y también el propio presidente del Gobierno, que anunció en un mitin en la capital zamorana que Monte la Reina sería una realidad si lograba seguir gobernando el país.

Hasta aquí podría ser algo normal, donde se mezclaban las necesidades de revertir la caída demográfica, las necesidades para la defensa y las promesas electorales.

Pero el gran inconveniente, el que hace saltar las alarmas entre los futuros destinatarios de esta "feliz idea", los trabajadores militares, es el modo en que algunos dirigentes políticos se refieren a la medida con cierto tono frívolo, dando por sentado que los militares servirán para repoblar la comarca.

Quizá la expresión que más daño hace a los militares es la que hace referencia a “traer a las familias de los militares” para fijar esa población tan necesaria en la comarca.

Los militares nos debemos a las decisiones de nuestro respectivo Gobierno, somos conscientes que estamos sujetos a movilidad geográfica y de que, llegado el momento, tras una decisión estratégica o política, hemos de abandonar nuestras ciudades de residencia para desplazarnos a otro lugar en el que dar continuidad a nuestra labor en beneficio de la ciudadanía y de las misiones que la Constitución nos encomienda. Pero hay algo por lo que ningún juramento nos hará pasar: utilizar a nuestras familias como arma para el debate partidista.

Lo ideal para cualquier militar zamorano que se encuentre destinado fuera de su tierra natal y que pretenda retornar sería conocer con tiempo suficiente si tendrá o no posibilidades de esa ansiada vuelta a casa

El tiempo pasa, y los anuncios sobre presupuestos, licitaciones, obras y visitas institucionales referidos a Monte la Reina se han ido sucediendo en los últimos años, siempre con el horizonte de 2027 como fecha de puesta en marcha de las instalaciones militares.

Ante peticiones reiteradas al ministerio para que anuncie qué unidades estarán destinadas en la comarca toresana, el silencio es la respuesta habitual. Lo ideal para cualquier militar zamorano que, obviamente, se encuentre destinado fuera de su tierra natal y que pretenda retornar sería conocer con tiempo suficiente si tendrá o no posibilidades de esa ansiada vuelta a casa, pero ante el silencio institucional, poca planificación familiar es posible.

Mientras tanto, y desde el primer anuncio, las asociaciones profesionales de militares, con AUME de manera destacada, están pidiendo a las administraciones implicadas en esta operación que actúen de manera que, llegado el momento de la puesta en marcha de la base, estén garantizados los servicios mínimos deseables para los militares y sus familias. Estos servicios se resumirían en cinco pilares básicos: vivienda, sanidad y servicios sociales, educación, transporte y, por último, pero no menos importante, un tejido económico y laboral para que las parejas de los militares puedan encontrar un puesto de trabajo que ayude al fin primigenio que dio lugar a esta idea: fijar población y ayudar al arraigo de nuevas familias en la provincia.

Lamentablemente, más de seis años después de los anuncios oficiales y a poco más de un año de plazo para la anunciada puesta en marcha, poco o nada ha cambiado, a pesar de la unanimidad política con ejemplos como la moción aprobada en el ayuntamiento de Zamora en septiembre de 2024 o la proposición no de ley aprobada en las Cortes de Castilla y León, al igual que otras iniciativas legislativas que fueron aprobadas en el Congreso y en el Senado.

Al parecer, la administración más cercana, el propio ayuntamiento de Toro, donde se asienta la base, es la única que tiene los deberes hechos o en vía de realizarlos. Pero, ante la cifra de militares que se baraja (tampoco existe cifra oficial), que rondaría los 1.400, no parece que tenga capacidad para absorber a todo ese contingente y a sus familias en caso de que finalmente opten por desplazarse.

Pinos, conejos y otras especies sí sirven para repoblar territorios, mientras las administraciones implicadas siguen deshojando la "margarita" de Monte la Reina

Ante toda esa situación, la falta de información oficial y las dudas que plantea el proyecto, la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en su centro asociado de Zamora, organizó recientemente unas jornadas tituladas Deslocalizando la defensa: posibilidades y desafíos de los emplazamientos militares en zonas rurales.

En estas jornadas se debatió desde distintos prismas. Por un lado, participaron representantes de la sociedad civil zamorana; por otro se expusieron los puntos de vista del presidente del Observatorio de la Vida Militar y de las asociaciones profesionales de militares, que coincidieron básicamente en la necesidad de garantizar los cinco pilares ya mencionados. Finalmente, hubo representación de distintas administraciones implicadas, con la excepción del propio ministerio de Defensa que, según indicó el codirector de las jornadas, volvió a dar la callada por respuesta. Con su ausencia, solo consiguió que las dudas sobre el proyecto siguieran sobrevolando la mente de los asistentes.

El ministerio de Defensa tiene en la localidad toresana más de 1.200 hectáreas de terreno para este proyecto. Más allá de una renovación del vallado perimetral, iremos viendo —o no— si finalmente serán de uso militar, de qué tipo, y con cuánto personal contará, y también en qué fechas sucederá. Pero, mientras tanto, no olvidemos que pinos, conejos y otras especies sí sirven para repoblar territorios, mientras las administraciones implicadas siguen deshojando la "margarita" de Monte la Reina.

Todos los estudios demográficos que se vienen realizando en nuestro país muestran, año tras año, cómo determinadas provincias sufren una pérdida constante de habitantes. Son territorios que suelen pertenecer a las regiones menos desarrolladas industrial y tecnológicamente, desde las que se producen flujos migratorios hacia las zonas con mayor desarrollo. Las provincias “donantes” de población tienen un sector primario predominante, sector del que la ciudadanía actual parece rehuir, en gran medida por el sacrificio personal que exige, lo que se ve agravado por un envejecimiento paulatino de la población que permanece en ellas. Toda esta situación es la que se ha venido a llamar la “España vaciada”, aunque personalmente soy más partidario de llamarla la “España que vaciaron”.

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A la cabeza —o, en este caso, a la cola— del ranking se encuentra la provincia de Zamora, que, como ocurre con la práctica totalidad de sus “compañeras” autonómicas, sufre este vaciado poblacional desde el establecimiento de la democracia. En la actualidad, la provincia ha perdido un 35% de población respecto a la que tenía en 1975.

Publicado el
12 de junio de 2026 - 06:01 h
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