El 21 de mayo terminó su último examen de primero de carrera. Estudia Matemáticas y ha logrado sacarlo todo, con buena nota incluso. Sabe que pagar su carrera es un esfuerzo doble para sus padres: no sólo es la matrícula, hay que sufragar la residencia, los gastos mensuales, el transporte, comer... Gastos que le permiten vivir sin grandes excesos, no es de los que se pueden permitir escapadas de fines de semana. Así que ha decidido que este verano va a trabajar: ya que no tiene que estudiar para ninguna recuperación, va a hacer su “hucha” para el año que viene.
Esta historia, real, de un chaval a punto de cumplir los 19 años, desmonta todos esos lugares comunes que han creado en torno a una generación que insisten en llamarla de cristal. Chicos y chicas a los que hemos dejado pocas posibilidades para poder creer que vivirán mejor que nosotros. Una generación que no acepta nuestros mismos códigos, nuestros mismos objetivos porque han visto que a nosotros nos ha funcionado de aquella manera. Una generación que denostamos porque no tienen las mismas prioridades que teníamos nosotros a su edad, pero es que tampoco pueden tenerlas: comprarse una casa es una quimera; independizarse suena a trampa; y ahorrar es algo que pasa muy pocos meses.
Hemos normalizado un ritmo de vida y de estrés que no es sano
Pero es más fácil llamarles memos blanditos, como ha hecho esta semana el presidente de los empresarios manchegos. Se burlaba de su poco aguante, de que, ahora, se cogían bajas porque les había dejado la novia. Como si con eso demostraran ser poco, ¿qué?, ¿hombres? Como si priorizar su estado anímico les restara valía. Los duelos hay que comérselos, hombre. Los duelos los sufres en tu casa, en tu cuarto, a oscuras, escondido, para que nadie te vea. En la oficina, en el trabajo, pones buena cara, desconectas tu corazón y tu mente y pones el piloto automático para seguir con lo que tienes que hacer. Suena todo tan de otra época que agota...
Justo ahora que las empresas y grandes corporaciones buscan lo que se llama soft skills, aquellas habilidades que hablan más de la empatía de esa persona, de su capacidad para trabajar en equipo, de encontrar los mejores roles para cada proyecto, de entender que no es cuestión de conseguir buenos números sino de apostar y crear un propósito que haga a las empresas y a los negocios más globales, más humanos. Justo ahora, este señor se carga todo eso con dos frases y, lo peor, pone a toda una generación en la picota, volviendo a tirar de tópicos injustos. Muy injustos.
Tengo a muchos chicos y chicas de esa generación cerca. Que están peleando, a pesar de que lo tienen todo en contra por conseguir un futuro que se ajuste a su formación y a sus expectativas, las suyas, no las nuestras. Que tienen sus propias prioridades, entre ellas, la principal, ser felices. Con lo que tienen y con lo que hacen. Y que, en eso, nos están dando una lección. ¿A cuántos amigos, vecinos, gente de su edad escucha constantemente quejarse de que no tiene tiempo, de que vive estresado, cansado? Hemos normalizado un ritmo de vida y de estrés que no es sano. Y ellos, esa generación joven, tiene la valentía de poner por delante su bienestar emocional a todo lo demás. Si se tiene que coger una baja, señoro, sepa que luego volverá más centrado, más feliz, más seguro para poder afrontar las tareas que quiera encargarle. Igual debería de darle una pensadita a esa frase.
El 21 de mayo terminó su último examen de primero de carrera. Estudia Matemáticas y ha logrado sacarlo todo, con buena nota incluso. Sabe que pagar su carrera es un esfuerzo doble para sus padres: no sólo es la matrícula, hay que sufragar la residencia, los gastos mensuales, el transporte, comer... Gastos que le permiten vivir sin grandes excesos, no es de los que se pueden permitir escapadas de fines de semana. Así que ha decidido que este verano va a trabajar: ya que no tiene que estudiar para ninguna recuperación, va a hacer su “hucha” para el año que viene.