Bertín ya tiene caseta en Ifema. "Señores, algo espectacular va a ocurrir en Madrid. Nos vamos a llevar la Feria de Sevilla al recinto ferial más grande de Europa". Pinchando en el enlace, uno averigua que puede hacerse socio del chiringo bertinesco por dos mil eurillos de nada: la cuota garantiza cinco pulseras de acceso y "pescaíto" para dos personas. How authentic!
Porque soy pobre como las ratas; si no, con gusto pagaría dos salarios mínimos por disfrutar en ese secarral multiusos (un día Fitur, al otro mortuorio de la última desgracia) de la tradicional fritura madrileña: calamar austral ultracongelado despachado en redondeles, úlcera asegurada. Les admito que, aun siendo aborigen, nunca me he manchado los zapatos de albero (me aterran las multitudes y, como todo escritor que se precie, prefiero chuzarme en casa), así que agradezco a los promotores de esta osadísima propuesta que me ofrezcan esta oportunidad de redimirme. Y sin molestos sevillanos de por medio, ¿quién da más?
"Paseos de caballos, coches de caballos", prosigue Bertín. Incluso, me cuentan, caballos a caballo. "Todo lo que hacemos en Sevilla, trasladado a Madrid. Un poco más amplio, así que estaremos más cómodos". La propuesta, tan calcadita, ofrecerá a los asistentes clases para arrancarse por sevillanas, cosa que jamás se ha ofrecido en Los Remedios (el barrio donde sucede la versión pobre de Madrilucía), porque a los andaluces —reconozcámoslo— nos falta espíritu emprendedor.
Últimamente Esperanza Aguirre está levantisca: como nos descuidemos, nos encasqueta su Eurovegas con holograma fantasmagórico de Sheldon Adelson incluido
"Iba yo de peregrina y me desahuciaste de mi casa", tiquitín tiquitiqui tiquitá. "Mírala cara a cara, que es chulapa" y "algo se muere en el alma cuando la línea 6 va a reventar". Mario Vaquerizo ya ha encargado un traje de lunares y los heavys de la Gran Vía se prueban el sombrero cordobés. La portada, un luminoso de Schweppes, porque en la Villa y Corte el rebujito se hace con tónica. Para la clausura, gran despliegue de pirotecnia a cargo de los artífices de la mascletá del Manzanares (¿las mejores Fallas?, las de Madrid).
Calculo que no terminaremos la década y la capital del reino será indistinguible de esos parquecitos que tienen una Torre Eiffel pocha al lado de un remedo del Golden Gate. El proyecto va muy avanzado: ya tenemos un año nuevo chino, la pólvora valenciana, flamenquito y faralaes de saldo (a lo Pitingo, vaya), una pequeña Caracas, un serpentín de Fórmula 1 y la amenaza de la noria londinense que quiso armar Villacís, Dios la confunda. Ojo, que últimamente Esperanza Aguirre está levantisca: como nos descuidemos, nos encasqueta su Eurovegas con holograma fantasmagórico de Sheldon Adelson incluido.
"Cómo reluce", que cantaba Chacón, "la gran calle de Alcalá cuando suben y bajan los andaluces". Los actores de Malinche ya ensayan jaleos y el plantel completo de El Rey León se arranca por bulerías. Qué suerte tenemos los expatriados del centralismo: a cambio de un alquiler imposible podemos vivir en un simulacro. Una ciudad desfondada y camaleónica: por la mañana, empanadas argentinas, por la tarde la Bertín Osborne extreme experience. Las campanadas de Año Nuevo patrocinadas por Stranger Things. ¿Para cenar? Filloas con dulce de leche. Very tipical, viva el paellador a la sombrita de un madroño.
Bertín ya tiene caseta en Ifema. "Señores, algo espectacular va a ocurrir en Madrid. Nos vamos a llevar la Feria de Sevilla al recinto ferial más grande de Europa". Pinchando en el enlace, uno averigua que puede hacerse socio del chiringo bertinesco por dos mil eurillos de nada: la cuota garantiza cinco pulseras de acceso y "pescaíto" para dos personas. How authentic!