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Florentino vs. Catar

Javier Valenzuela nueva.

El emirato de Catar le ha ganado a Florentino Pérez los primeros 45 minutos del encuentro: Mbappé no jugará en el Real Madrid en la temporada 2021-22, lo seguirá haciendo en el Paris Saint-Germain (PSG). Pero aún queda partido, toda una segunda parte, como señalan los comentaristas radiofónicos y televisivos del recién clausurado Mercado de Verano. Con un poco de suerte, Florentino bien podría terminar fichando a Mbappé dentro de unos meses, en el próximo Mercado de Invierno. Y, además, podría pagar por ello mucho menos de los 200 millones de euros que ofrecía ahora.

Soy futbolero. Aunque hace lustros que no le doy una patada a un balón, me sigue entreteniendo mucho ver a 22 hombres o mujeres compitiendo por introducir el esférico en la portería contraria. Pero aunque usted no sea futbolero, aunque incluso odie este deporte y el masivo espectáculo y colosal negocio en que se ha convertido, seguro que está al corriente de que Messi terminó abandonando el Barça e incorporándose al PSG, y de que Mbappé es el gran objeto de deseo de Florentino y el madridismo. Los muchos rumores y las escasas noticias relacionadas con estos dos casos han sido los grandes culebrones mediáticos de los meses de julio y agosto.

Sin dejar de ser un juego muy democrático –lo practican millones de chavales y chavalas pobres en todo el mundo–, el fútbol ha terminado por convertirse en el epítome más evidente del capitalismo contemporáneo. El fútbol es global, lo importante en el fútbol es ganar, en el fútbol termina cayendo el débil y sobreviviendo el fuerte, el fútbol mueve muchísimo dinero... Y voy más lejos: el fútbol es el principal, si no único, negocio que, sin la menor vergüenza, con absoluta obscenidad, exhibe públicamente un mercado de seres humanos, del físico y el talento de seres humanos.

¿Acaso compiten en vivo y en directo los bancos y las multinacionales, las universidades y las tecnológicas, las editoriales y las productoras por el fichaje de un ejecutivo, un ingeniero, un arquitecto, un investigador, un escritor o un actor? No lo hacen, no. Compiten por contratar a los que consideran mejores, pero, de momento, con discreción. Solo el fútbol ha transformado en un show adicional asuntos como si Messi o Mbappé terminan jugando en el Barça, el PSG o el Real Madrid. Asuntos que generan nuevos temas, audiencias e ingresos para los medios de comunicación.

En Mercado de invierno, una de sus últimas novelas, el escritor noir Philip Kerr expresó sentimientos respecto al fútbol que comparto. No hay un modo racional de explicar por qué a cientos de millones de personas en todo el planeta nos encanta ver jugar con un balón a dos equipos de once miembros cada uno. Pero es un hecho indiscutible. El fútbol ha terminado por encarnar una especie de fraternidad universal, lo más parecido en nuestros tiempos a la lengua franca del planeta. O, si lo prefieren, el fútbol es un asunto religioso. Los clubes son los dioses, el estadio es la catedral donde jugadores e hinchas comulgan, los equipos compiten para que sus seguidores vayan al día siguiente al trabajo llenos de orgullo porque ganaron los suyos.

Y, por supuesto, el fútbol es política y negocio, ya más de lo segundo que de lo primero, añade Philip Kerr en su novela. El fútbol confirmó su politización en el Mundial de Argentina de 1978. Se celebró bajo una dictadura militar e incluyó una victoria por 6-0 de los anfitriones frente a Perú, amañada por el mismísimo general Videla. Volvió a confirmarlo ocho años después, en el Mundial de México, donde el triunfo de la Argentina de Maradona frente a Inglaterra fue una revancha simbólica y emocional por la derrota en la Guerra de las Malvinas. Por cierto, el Maradona entre divino y diabólico de la Mano de Dios y el Gol del Siglo, el machismo y las drogas, la cordialidad y el antiimperialismo, sigue siendo el jugador de fútbol más literario.

Cayeron después el Muro de Berlín y la Unión Soviética, y el fútbol fue más allá de la politización, se entregó en cuerpo y alma a lo importante en los nuevos tiempos: el dinero. Se convirtió en mascarón de proa del triunfante capitalismo global. No es casualidad que la disputa por Mbappé haya estado protagonizada por Florentino Pérez, el empresario más poderoso de España, y el riquísimo emirato de Catar, propietario del PSG y, dicho sea de paso, protector de la dirigencia talibán. Al final, los jeques de la dinastía Al Thani han dejado muy claro que, en vísperas del Mundial que se celebrará el próximo año en Catar, un Mundial comprado por ellos al precio que fuera menester, quieren ver al PSG ganar la Champions 2021-22 con la tripleta formada por Mbappé, Messi y Neymar.

Pero Florentino no está derrotado, faltaría más. No solo porque podría fichar a Mbappé dentro de unos meses, cuando termine su contrato con el club parisino, sino también porque sigue adelante con su idea de alumbrar una copa europea aún más elitista, millonaria y americana que la Champions de la UEFA, la llamada SuperLiga. A tal efecto, según informó este miércoles infoLibre, ha contratado junto al Barça y la Juve un bufete de lobby británico. Su objetivo es “ganar los corazones y las mentes” de aficionados y creadores de opinión para el sueño del empresario que convirtió el palco presidencial del Real Madrid en el espacio VIP más codiciado del sur de Europa.

Pueden ir encargando las pizzas. Volveremos dentro de 15 minutos, tras la publicidad.

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