Felipe, el Hermoso

Da gusto escuchar a Felipe. No falla nunca. Está inmenso en su papel de jarrón chino, tal y como vaticinó él mismo cuando perdió el gobierno, acosado por ese Aznar al que ahora ríe las gracias y con el que ha compartido Marbella como lugar de vacaciones. Son más cosas las que les unen que las que les separan. Les separa tan poco que si preguntas, costaría contestar. Bueno, sí, el ex presidente socialista no figura en los papeles de Epstein. Es lo que tiene el paso de los años, que te vas olvidando de la matraca del ¡Váyase señor Gónzalez! y hasta de que el del bigotito te quería meter en la cárcel, y solo queda la nostalgia que sienten la mayoría de los expresidentes de los tiempos en que todo el mundo se cuadraba ante ellos. 

Ahora resulta perfecto para llevarlo a un acto y asegurarte viralidad. Fijo que proporciona un titular. Para eso sale de su casa del barrio de Salamanca. Que viva donde le plazca, porque eso no está reñido con la defensa de unos principios, pero como decía Ortega, yo soy yo y mis circunstancias. Y el actual entorno de Felipe está muy alejado de los problemas de la gente corriente. “Hay que convivir con esto, no le vamos a echar, tiene toda la libertad, ha sido un presidente socialista con un desempeño muy importante” dice un miembro destacado de la Ejecutiva socialista consciente de que eso les gustaría a la derecha política y mediática. 

“La opinión más frecuente dentro del partido es que ha perdido la conexión. Felipe hizo hace tiempo su viaje. Los más jóvenes ven que ha escogido otro modo de vida y no le tienen en cuenta. A los más veteranos es difícil que no nos genere un impacto ese tono tan agresivo cuando lanza invectivas. Que haya normalizado a Vox como para preferir una alianza, cuando PP y Vox nos llaman asesinos en el Congreso, es alucinante”, dice un veterano socialista en activo. Nadie le quita a González el mérito que tuvo en su etapa, pero ahora se ha erigido en portavoz del Club de los Resentidos. Se puede disentir y criticar libremente, pero otra cosa es llamar al boicot, presumiendo de votar en blanco y sumarse al ‘el que pueda hacer, que haga’ con tal fruición. 

La realidad es que las palabras de Felipe son un regalo para activar al electorado progresista, porque los que piensan como él hace por lo menos 15 años que no votan al PSOE

Aparte del shock que supone escucharle para los que vivieron su etapa al frente del Gobierno, la realidad es que las palabras de Felipe son un regalo para activar al electorado progresista, porque los que piensan como él, hace por lo menos 15 años que no votan al PSOE. A un Gobierno desgastado, al que no se ha dado tregua en estos ocho años, y en un contexto de involución cultural global, lo que mejor le puede funcionar en las urnas es buscar la reacción ante lo que causa rechazo, como señalan algunas gentes del partido. Elegir a Sánchez para impedir que la ola ultraderechista que recorre el mundo se instale en La Moncloa. 

Hay algunos votantes mayores, no olvidemos que son más de nueve millones de pensionistas, que suponen el 25% del electorado, a los que las imposiciones nacionalistas, la crisis climática y los temas identitarios les chirrían. La distribución y la justicia social todavía les encajan, pero la política migratoria les molesta igual que a la derecha. Puesto en la balanza, optan por el discurso más radical, a pesar de que, si llegan Feijóo y Abascal, ya han anunciado que “algo habrá que hacer” con las pensiones, porque les parecen insostenibles. Este target no ha cogido la papeleta de Pedro Sánchez jamás. Por eso, Felipe no va a mover el voto de quienes en su día fueron socioliberales y ven justificado su cambio de orientación política con sus argumentos. Para que luego digan algunos que sus sermones no sirven para nada. Son útiles para tranquilizar sus conciencias.

Por cierto, qué poca caridad ha tenido Rafael Escuredo, ex presidente de la Junta de Andalucía, con ese tuit que tanto ha corrido entre las generaciones de socialistas más próximas al expresidente: “Ay!!!, Felipe de mi alma ¿por qué no te retiras de una vez y nos dejas en paz? Y no porque nos hagas daño, sino porque nos das pena”. Dejadle seguir siendo Felipe el Hermoso.

Da gusto escuchar a Felipe. No falla nunca. Está inmenso en su papel de jarrón chino, tal y como vaticinó él mismo cuando perdió el gobierno, acosado por ese Aznar al que ahora ríe las gracias y con el que ha compartido Marbella como lugar de vacaciones. Son más cosas las que les unen que las que les separan. Les separa tan poco que si preguntas, costaría contestar. Bueno, sí, el ex presidente socialista no figura en los papeles de Epstein. Es lo que tiene el paso de los años, que te vas olvidando de la matraca del ¡Váyase señor Gónzalez! y hasta de que el del bigotito te quería meter en la cárcel, y solo queda la nostalgia que sienten la mayoría de los expresidentes de los tiempos en que todo el mundo se cuadraba ante ellos. 

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