Plaza Pública

Descolonizar el feminismo

Dina Bousselham

"Despertemos humanidad, despertemos porque no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de estar solo contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal".

Berta Cáceres

Ya no hay tiempo. Hemos estado muchísimo tiempo invisibilizadas, oprimidas, maltratadas, discriminadas, explotadas, violadas, asesinadas, marginadas. Y sobre todo silenciadas. Por justicia y por sentido común somos feministas y nos reconocemos en esa lucha que lleva tanto tiempo peleando, ese movimiento feminista que ha conseguido muchas conquistas presentes y seguirá luchando por las futuras.

Y me acuerdo de mi primer despertar, ese momento en el que dices "me siento feminista por esto". Y me viene a la mente un episodio que viví siendo muy pequeña y que me marcó mucho. Tenía 11 años, aún vivía en Tánger y me gustaba mucho el fútbol. En mi instituto (el Severo Ochoa de Tánger) habían decidido crear un equipito de fútbol femenino. Y decidí apuntarme. A mi madre, que en un principio no le convencía mucho la idea por ser un deporte poco femenino, decía, cedió finalmente y me acompañó en mi primer día. De camino a la escuela decidimos parar en una tienda de alimentación para comprar una botella de agua y mientras la esperaba en la calle se acercó un grupo de adolescentes, todos hombres, que viéndome vestida y preparada para jugar empezaron a gritar y a abuchear. "Te crees Zidane, las mujeres sólo servís para cocinar", decían. Cuando mi madre salió de la tienda fingí que me dolía la barriga y nos fuimos a casa.

Ese día me marcó mucho, no por el hecho de sentirme mal y abucheada por aquellos jóvenes, sino porque a pesar de eso al día siguiente me puse mis botas y decidí salir a hacer lo que más me gustaba: jugar al fútbol. Con esto quiero decir que es nuestro deber pelear y luchar para que a ninguna niña le arrebaten sus sueños o le hagan dudar sólo por el mero hecho de ser mujer. Que podamos hacer y decidir en libertad, sin que nadie nos juzgue por ello. Somos guerreras, somos valientes, somos libres y no necesitamos que nadie nos diga qué hacer.

Otras miradas al feminismo

A veces hablamos del feminismo como si fuese algo homogéneo. Pero existen muchas miradas. Creo que es interesante analizar cómo se reactiva el colonialismo en el feminismo blanco, urbano, de clase alta y media y como efecto del poder tiende a institucionalizarse porque no sólo tiene las condiciones materiales y simbólicas para funcionar como institución sino que parte de una estructura colonial histórica y racial que en última instancia no es más que otra forma de dominación ejercida por el heteropatriarcado sí, pero también por las propias estructuras político-sociales y económicas que se enmarcan dentro de ese neoliberalismo depredador que margina a las más pobres, a las más humildes y que son mujeres.

Una mirada que comparten feministas indígenas, campesinas, árabes, tercermundistas, pero también feministas blancas, por supuesto. Uno de los retos de quienes asumimos la difícil tarea de descolonizar nuestros feminismos ha sido el reconocer nuestro etnocentrismo (y eurocentrismo), rompiendo con las estrategias y estereotipos orientalizadores. Muy en la línea de lo que expone Edward Said en su libro El orientalismo.

Dicho de otro modo: se trata de no caer en la trampa de asumir un feminismo etnocentrista, eurocentrista occidental, capitalista, blanco, laico y de una supuesta clase media: es decir, el llamado "feminismo ganador". Porque muchas son clase obrera, no tienen DNI sino NIE, no hablan sólo castellano sino otros idiomas. Porque somos migrantes, pero sobre todo somos ciudadanas, vivimos aquí y peleamos igual que el resto de mujeres para que haya justicia, dignidad y para que se cumpla el respeto a los derechos humanos, el derecho a imaginar una vida mejor, un futuro mejor. Mujeres que pelean en primera línea (incluso con su cuerpo) por el derecho a la vivienda en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, en Stop Desahucios, en las Mareas, en las asociaciones de vecinos y en tantos otros espacios de lucha.

Por eso es importante tener claro quién es nuestro enemigo: ese sistema cultural e ideológico de Occidente que jerarquiza, marginaliza, segrega y explota a mujeres, vengan de dónde vengan. Por eso debemos reivindicar un feminismo amplio, plural, diverso, alegre y combativo.

El papel de Podemos

Podemos es la mejor herramienta de cambio que tenemos. Una herramienta cuyo objetivo es conectar con los problemas cotidianos de la gente y politizarlos. Pero también tiene una tarea fundamental, que se inserta dentro de ese politizar lo cotidiano, que es conectar con todas las mujeres de este país, visibilizar nuestros problemas y darles una respuesta política. No se trata sólo de feminizar la política, o poner al frente a mujeres, que es fundamental, sino transformar la sociedad, transformar la cultura política de este país, la cultura machista, racista y heteropatriarcal. Ese es el mayor reto de Podemos y eso pasa por trabajar desde las prácticas feministas cotidianas, desde los cuidados, llevar a cabo talleres de empoderamiento de la mujer, que las mujeres tengamos un espacio en el que compartir luchas y experiencias para mejorar la sociedad, y por supuesto empoderarnos. Por eso, en este nuevo ciclo político y en este proceso constituyente de formación de una nueva asamblea ciudadana estatal, es importante que sigamos construyendo un Podemos más feminista. Estamos llamadas a seguir empujando desde fuera y desde dentro para construir un Podemos más plebeyo, rebelde, más enraizado en los territorios y en los barrios. Que no deje atrás a nadie, y mucho menos a nosotras las mujeres.

Obreras y migrantes

Hay una viñeta de una escritora argentina, en la que sale una mujer indígena cogiendo en brazos a sus hijos en la que se lee: "Dicen que en Europa hay una crisis del Estado de bienestar, me gustaría saber qué es eso". Hay miles de mujeres marginadas precisamente por la configuración del propio sistema-mundo. Son las más pobres. Por eso decimos que las mujeres migrantes son triplemente discriminadas: por ser mujer, por ser pobre y por ser migrante.

Lo que decimos desde una mirada descolonial, o desde una mirada antirracista, es que ese sujeto que se define como el ciudadano que está en mejor posición también está marcando la lucha como el ideal al que una podría parecer querer llegar, pero una no termina de darse cuenta, y la propia teoría que hemos producido no da cuenta de cómo no solamente hay que destruir el lugar del subalterno sino también el lugar del opresor, justamente porque ese lugar de bienestar se mantiene en la medida en que una gran cantidad de gente se mantiene dentro de la subalternidad. Esa mujer ejecutiva, blanca, rubia, rica a la que muchas aspiran a parecerse, forma parte de ese modelo de sociedad que debemos combatir. Autorreferenciarse en la idea de clase media (como concepto ideológico) puede perversamente excluir a la mayoría de las mujeres que ya no son clase media, y que nunca lo fueron.

Por ello tenemos que trabajar y defender estrategias políticas que busquen romper y no perpetuar el modelo impuesto por el Estado moderno colonial y por el sujeto blanco burgués. Las diferencias raciales, sexuales o sociales tienen que ser conceptualizadas dentro del terreno político e ideológico y no sólo el de la conciencia individual.

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Dina Bousselham es cordinadora de áreas y responsable de Migraciones en el Consejo Ciudadano Autonómico de Podemos Comunidad de Madrid

“Puño en alto, mujeres de Iberia...”

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