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Desde la tramoya

Derecho a cenar

Está la carcundia encendida porque el ministro Marlaska cenó el martes. El PP ha pedido incluso la dimisión del ministro. Por cenar. El más contundente ha sido Teodoro García Egea, el secretario general, conocido por su finura, por su sofisticado estilo y por su ponderación. Dice Teodoro lo siguiente: “El Gobierno de Sánchez está sobrepasado. Su ministro del Interior debe dimitir. En el peor momento, cuando miles de policías se parten la cara defendiendo a los catalanes de los violentos, su máximo responsable no parecía muy preocupado”.

El ministro cenó a 1,1 kilómetros del Ministerio, a diez minutos andando, al lado de su casa. En el sitio donde come casi cada semana. Y donde está la mejor conversación de Madrid.

Pero no puede ser. Hay que “parecer preocupado”. El ministro debe dimitir por cenar y por no parecer preocupado. La política se convierte en una profesión muy ruin cuando la ejercen personas como García Egea. Llevo veinte años dedicado a la comunicación política. Sé, por supuesto, que hay que prevenirse bien en el manejo de los símbolos, pero hay que remitirse a 2004, cuando el PP perdió “por sorpresa” las elecciones, para encontrar los niveles de mezquindad a los que llegan algunos líderes del PP de hoy.

Los hechos son los siguientes y creo que admiten poca discusión: el Gobierno de España, y el ministro Marlaska en concreto, han previsto desde hace meses el despliegue de la Policía Nacional en Cataluña para poder complementar el trabajo de los Mossos d’Esquadra. Cuando, como se preveía, se han producido las revueltas, cuando se han quemado ruedas, contenedores y coches, cuando se ha bloqueado el aeropuerto y la estación de trenes de Barcelona, las dos policías, la catalana y la española, y los bomberos y los servicios de salud, han reaccionado con entereza y con responsabilidad. Se han contado unos 200 heridos, una cuarta parte de ellos policías. Todos leves.

La Policía Nacional, compuesta por unos señores y señoras que apenas cobran 2.000 euros al mes, dirigida por el ministro Marlaska, está haciendo una tarea admirable. También la está haciendo la Policía dirigida por Miquel Buch, el consejero de Interior catalán.

Aunque las imágenes del fuego, las porras y los adoquines no son en absoluto inspiradoras, lo cierto es que nuestro país vuelve a reaccionar de manera modélica frente a los violentos, sean cuales sean sus motivos. Al frente de esa Policía hay un ministro que está haciendo un trabajo complejo, como cualquiera que tiene que afrontar algaradas tan violentas como las que estamos viendo. Lo mejor que puede hacer la oposición en estos casos es callar, prestar apoyo al Gobierno y no incordiar.

Pero el PP siempre tiene a mano un Egea para decir la última tontería. Como pedir que dimita el ministro por cenar después de dirigir durante doce horas seguidas el operativo y por hacerlo en el restaurante del barrio al que lleva yendo toda la vida. Qué lástima.

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