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Desde la tramoya

Los fascistas también tienen derechos

Luis Arroyo nueva.

Estamos haciendo un gran favor a los abuelos militares fachas, dándoles un protagonismo que no merecen. Distingamos primero dos hechos muy distintos, que se están confundiendo estos días. Uno es el chat. El otro es la concatenación de cartas escritas al rey y a otras instituciones.

En el chat, 40 amigos de 75 años en adelante, compañeros de promoción militar retirados, se ponen a despotricar contra el Gobierno con argumentos fascistas (que si la dictadura social comunista, que si hay que fusilar a 26 millones de españoles....). La ministra de Defensa ha enviado a la Fiscalía el chat, publicado por Alicia Gutiérrez en infoLibre, para ver si hay delito.

Si decir estupideces en un chat privado es un delito, entonces yo no entiendo nada. Solo faltaría que 40 amigos no pudieran decir gilipolleces, fanfarronadas y barbaridades en un chat. A mí mis chats a duras penas me aguantarían la revisión de un fiscal estricto, pero afortunadamente es mi conversación privada y nadie tiene derecho a entrar en ella mientras no amenace directamente a alguien o no me dedique a vender heroína o pasar pornografía infantil.

Por lo demás, ¿qué esperábamos que hiciera y pensara la mayoría de esos militares retirados, que ingresaron en las Fuerzas Armadas en pleno franquismo? Pues lo normal: leer a Pío Moa y a Ussía y desbarrar de la democracia y del libertinaje vigente. Obviamente, cuanto más jóvenes son los militares, menos fachas. Aun así, es normal que en las Fuerzas Armadas abunden los conservadores, como es normal que entre los profesores de filosofía haya muchos progresistas y entre los agentes forestales muchos ecologistas.

La cuestión es que esos abuelos ultras pueden hablar ahora y no podían, gracias a nuestras leyes, cuando estaban en activo. No hay duda de que nuestras Fuerzas Armadas están bien integradas en la democracia, aunque aún haya episodios extraños, como persecuciones y abusos de mujeres, o legionarios sacando a Cristo en procesión.

Ese chat de los jubilados inició una pequeña y ridícula operación de “pronunciamientos”. Escribieron al rey para declarar su patriotismo y su preocupación por el deterioro de nuestro país, en manos de socialcomunistas, filoetarras e independentistas. Según parece invitaron a otros grupos de otros compañeros militares también retirados, y llegaron a sumar tres cartas.

Pues, disculpen los ofendidos, pero también tienen derecho. Si lo hubieran hecho en activo, les habrían debido someter a juicio y sancionar. Quizá les habrían expulsado. Pero una vez retirados, como usted o como yo, y como los ingenieros, los taxistas o los fisioterapeutas, y también como los terraplanistas, los amish o los raelianos, esos señores mayores fachas tienen todo el derecho del mundo a escribir al rey, al papa o a Biden. Y de escribir idioteces.

Por fortuna, aunque no debemos dar nunca por garantizada nuestra libertad, desde hace medio siglo estamos más protegidos de esos fascistas que cuando ellos empuñaban sus pistolas.

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