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Desde la tramoya

Italia y España, parecidos y diferencias

El Partido Democrático (socialdemócrata) y el Movimiento 5 Estrellas (el inclasificable y populista M5S) han llegado a un acuerdo para formar Gobierno bajo el mando de Giuseppe Conte, después de que éste mismo tuviera que dimitir, en pleno mes de agosto para no enfrentar una moción de censura promovida por su socio de Gobierno, el ultraderechista Matteo Salvini. La corta y tortuosa trayectoria del Gobierno italiano de coalición formado por el M5S y La Liga ofrece  a España interesantes enseñanzas, algunas por parecidos, otras por diferencias.

Un líder de consenso no funcionará

Tras largas y duras negociaciones Conte fue la persona que La Liga y el M5S eligieron para dirigir el nuevo Gobierno. Sus dos líderes –Salvini y Di Maggio– se reservaron el puesto de viceprimeros ministros. Conte, un respetado y moderado profesor de Derecho ajeno a los partidos de la coalición, pudo dirigir el Gobierno por las especiales circunstancias en que los dos socios se encontraban: un resultado muy parecido en número de votos y escaños para ambos, y amplias diferencias ideológicas. En esas condiciones de empate, los jugadores están más dispuestos a acordar, y lo consiguieron de hecho. Aun así, el resultado ha sido un desastre, y solo un año después la alianza ha saltado por los aires.

Es España la situación es distinta, porque el PSOE tiene una posición dominante sobre Unidas Podemos, por mucho que el primero dependa a día de hoy del segundo. Nadie ha planteado en serio una presidencia del Gobierno para un hombre o una mujer de consenso. Pedro Sánchez, aun con su mayoría parlamentaria escueta, es ahora, hasta que se convocaran unas elecciones, el único candidato posible a presidir el Gobierno.

Nada une más que un enemigo común, pero esa unión puede durar poco

Cuando hay un adversario compartido a batir, los jugadores tienden a ponerse de acuerdo. La derecha italiana, con muchas dificultades, se puso de acuerdo para impedir un gobierno de izquierdas. En España hemos visto esa misma reacción en los gobiernos de coalición de uno u otro color, que se han formado en las regiones. El problema puede venir luego, con el día a día de la acción de Gobierno. Las contradicciones ideológicas son muchas veces insalvables. Y en el caso del Gobierno de Italia se vieron desde el primer día. El ejemplo más claro, la política de inmigración de Salvini, matizada o directamente contradicha por sus colegas de gabinete. Mirando a Roma, Sánchez y el PSOE han observado ese peligro y han declarado que no querían promover la existencia de “dos gobiernos en uno”.

Cualquier coalición es posible

Ya en su momento resultaba rara la alianza entre La Liga –neofascista– y el M5S, un populismo antipolítico difícil de ubicar en los esquemas tradicionales. Y resulta también extraña la nueva alianza que va a permitir que Conte siga gobernando: el M5S con los socialdemócratas que hasta hace tres días estaban en la oposición más fiera. Pero como demostró el parlamento español con la moción de censura a Rajoy, todos los acuerdos son posibles. Recordemos que el PNV, el partido realmente decisivo, solo 48 horas antes de derrocar a Rajoy, le había apoyado en la negociación de los presupuestos.

En el trono no hay sitio para dos

Eligiendo un buen tema –la inmigración–, una buena cartera –Interior– y una buena vía de comunicación –selfies en vídeo grabados desde su móvil– , Salvini ha logrado convertirse en una de las estrellas de la política europea. No es tan difícil con un mensaje anti extranjero, antieuropeo, racista, miedoso y macarra. El fascismo tiene éxito precisamente por la simplicidad de los mensajes, que agradan de inmediato a los ciudadanos cabreados o angustiados.

Hasta tal punto ha tenido éxito Salvini, que nadie se acordaba de que había un moderado profesor como primer ministro. Y menos aún de que había otro viceprimer ministro, Luigi di Maio, a la misma altura que Salvini. También eso lo observó Sánchez, motivo por el que vetó a Iglesias en su posible Gobierno de coalición. ¿Alguien podía creer que Pablo Iglesias no mantendría un perfil propio y competitivo con el de Sánchez siendo vicepresidente?

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Las encuestas mandan

Salvini se atrevió este verano a desafiar a Conte porque tenía en su mano encuestas que le daban como claro vencedor en unas posibles elecciones, con resultados mejores que en las de 2018. Pedro Sánchez puede afrontar nuevas elecciones porque también las encuestas le son favorables. Ni el primero ni el segundo se arriesgarían a competir si los sondeos fueran negativos. De hecho, es posible que Unidas Podemos prefiera finalmente apoyar a Sánchez –por razón de Estado, sin contrapartida alguna– , sabiendo que de haber elecciones, podría recibir un fuerte castigo.

Que las encuestas manden no es una frivolidad ni una herejía. Las encuestas son el reflejo del estado de ánimo de la población y de sus lineamientos y preferencias. Gobernar a golpe de encuesta es gobernar de acuerdo con el pálpito de la ciudadanía. No siempre es bueno, pero tampoco necesariamente malo.

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