Muy fan de...

Muy fan de... Tejero

El golpista Antonio Tejero Molina, el 23-F, en el Congreso de los Diputados.

¡Quieto todo el mundo, Tejero ha vuelto a la palestra! Bueno, a la paella. 33 años se cumplen de tu performance de varietés en el Congreso de los Diputados en el papel de primera vedette, Antonio, y aún no sientes que se te ha pasado el arroz. Muy fan.

Qué detalle tan tierno de tu hijo, el teniente coronel Antonio junior, prepararte una comidita en un cuartel de la Guardia Civil –que para eso tenía mando en plaza–, con el dinero de todos los primos que nos pasamos la vida aflojando la cartera para que otros muevan el bigote. Claro que cualquier festejo se queda pequeño si se trata de recordar el día en que papá salió en la tele acojonando al personal. Seguro que a los postres tu vástago te regaló el DVD de aquella serie del Fary: "Menudo es mi padre". Vaya torito.

Al arrocito, que me imagino convocado como evento de grupo de Facebook: "Amiguetes que la liaron el 23-F", acudió tu colega, el excapitán Jesús Muñecas Aguilar, autor de algunas de las frases gloriosas de aquel sórdido circo ochentero: "Dentro de un rato vendrá la autoridad competente, militar, por supuesto". A lo que añadió: "Estésen tranquilos", como si le traicionara la idea de que aquello parecía una comedia de Esteso, sólo que la vuestra sin destape, sin gracia y con mucho miedo de los espectadores. Un crack, el tal Muñecas, seguro que en la Cuartel Party se pidió esa parte del arroz que se suele pegar al culo de la paella, que para eso está acusado de torturas por la Justicia argentina.

Ay, parece que fue ayer cuando tú y tu pandilla gastasteis una broma macabra a un país que tenía el cuerpo para poco humor negro después de haberse pasado cuarenta años riéndole los chistes a Chiquito de Ferrol. Tristemente presente el acontecimiento, justo ahora que ha muerto Adolfo Suárez, uno de los pocos que afrontó en pie vuestra fanfarronada.

Aquel vodevil te costó la cárcel y cuentan que aprovechaste tu estancia a la sombra para pintar cuadros, escribir tus memorias, hacer la carrera de Geografía e Historia y aprender idiomas, en plan hombre del Renacimiento. ¡Qué aplicado, Antonio! ¿aprendiste idiomas? Lo que daría por oírte decir en inglés aquello que le gritabas por teléfono a García Carrés –un alto cargo de los sindicatos verticales del franquismo– en esa noche de temor y transistor: "¡Viva España, coño!". Un poeta.

Desde luego, eres un hombre de fuertes convicciones. Ya lo habías intentado en 1978, en aquella operación que preparasteis en la cafetería Galaxia –bien elegido el lugar, porque formabais un elenco tan exótico como el de la cantina de Star Wars, pero sin swing–. Era la continuación de los planes que comenzaron un año antes en otra reunión en Xátiva que celebrasteis algunos nostálgicos del blanco y negro, no sé si allí también compartiríais arroz…

Y aunque pagaste siete meses de cárcel por la trama galáctica, nada más salir, volviste a la carga. Ésta vez llegaste más lejos y lograste entrar en el hemiciclo, aquella tarde en la que España sesteaba con el soniquete de fondo de la votación parlamentaria, para investir a Calvo Sotelo como sucesor de Suárez y se despertó con un Freddy Krueger con tricornio, protagonizando Pesadilla en Carrera de San Jerónimo Street.

30 años te cayeron por atentar contra la democracia casi recién estrenada pero tú no decaíste, Antonio, tan seguro de ti, nunca pediste perdón ni perdiste fuelle. Y un año después, mientras España se encomendaba con fe futbolera a Naranjito, fundaste desde la tranquilidad de la cárcel tu propio partido –"Solidaridad española"– pero sólo te votaron 28.451 tejerinos… tejerianos… tejerenses –no sé cómo se denominan tus seguidores– y eso que el lema era bueno: "¡Entra con Tejero en el Parlamento!". Un aplauso.

En fin, Antonio, no hay duda de que eres una estrella y, si a las de Hollywood les dedican unauthorized biographies, a ti te dedican almuerzos no autorizados. El del pasado 18 de febrero le ha costado el puesto a tu hijo, aunque su hermano Ramón dice que el castigo es injusto porque en aquella reunión no se celebraba el 23-F y asegura que no era más que una comida de amigos. Claro, en ese caso, deberíais haber ido a un Burger y tú habrías podido ponerte la corona de cartón, ahora que no llevas tricornio, pero usar las instalaciones de un cuartel para ese peculiar botellón –aunque en Interior no se enterara ni la Virgen– es un golpe… bajo.

Dice la RAE que la nostalgia es "la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida", eso debes de sentir tú cuando te veas estos días, una y otra vez, en las imágenes de archivo de aquel momentazo que dio la vuelta al mundo y al estómago de tantos españoles. Suerte que tienes uno de esos hijos que siguen a rajatabla el dicho: "el que a los suyos se parece, honra merece", dispuesto a prepararle una fiestecilla a papá y colegas, para conmemorar con un arrocito el día aquel que hicieron el gamba.

Antonio y pandilla, un consejo, déjense de paellas conmemorativas en cuarteles, que no está el horno para arroces. Se sienten, coño ya en una butaca a ver Qué tiempo tan feliz y disfruten de las canciones de Los Triunfitos, aunque ustedes no triunfaran aquel 23-F, por suerte para este país ¡que es España, coño!

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