Muros sin Fronteras

Grecia, Sarajevo y los bárbaros

Aplico con Grecia un principio balcánico: la mejor forma de acertar pronósticos en la zona es ser pesimista. Todos los movimientos y la mayoría de las declaraciones de los dirigentes europeos y griegos sugieren que nos dirigimos hacia el gran desastre: la salida de Grecia del euro y a un periodo de inestabilidad financiera y económica difícil de medir. Otro principio balcánico a tener en cuenta es no creer todo lo que oyes, lees y ves. Estamos ante una representación teatral de la que no sabemos el final. ¿Es todo ruido para justificar una ruptura o lo es para justificar un acuerdo? No nos precipitemos.

No descarten giros dramáticos en las próximas horas y días. Pero sobre todo no descarten rumores e intoxicaciones al por mayor. Forman parte del juego, de la negociación, del susto que se pretende inculcar. Los medios deberíamos ser cautos y no correr en el cortar y pegar. Recordemos: el poder miente, sea en Bruselas, Berlín o Atenas.

Hay peligros en horizonte y señales preocupantes, como que el ministro Luis De Guindos, ex alto cargo de Lehman Brothers, nos diga que no tenemos nada que temer. Sobre los riesgos, el periódico británico The Guardian, alerta sobre la posibilidad de que la Eurozona esté ante “un momento Sarajevo”, es decir ante el gran estallido.

Nadie puede prever qué pasará si hay un Grexit, por muchos cortafuegos que se inventen en el BCE y en el Eurogrupo. Se sabe cómo empiezan las guerras, pero no cómo terminan. Este axioma militar sirve para las guerras económicas. Sun Tzu, supuesto autor de El arte de la guerra, recomendaba dejar al enemigo una salida, porque el enemigo acorralado es más peligroso. Esta genial viñeta que encabeza la información del blog Zero Edge lo demuestra: la opción es muerte o muerte.

Los hay que arremeten contra la misma idea del referéndum sin darse cuenta, o sin querer darse cuenta, de que se trata de una baza negociadora, la única que tiene Alexis Tsipras, quien necesita una victoria clara del “no” para sentirse respaldado. La sociedad griega está polarizada y exhausta.

Estamos ante un partida de póker, algo frecuente en las cumbres de la UE, un club de países que tiene más inclinación por las cartas de azar que por el ajedrez. Esta vez hay una diferencia: todos los jugadores sentados alrededor de la mesa –BCE, Comisión Europea, Eurogrupo y FMI– saben que Syriza no tiene cartas, ni una mala pareja de sietes. El referéndum es también un intento desesperado de Tsipras para mejorar la mano.

El problema de Grecia es que no tiene demasiado peso político, demográfico (representan el 3,26% de la de zona euro) ni económico (su PIB pesa un 1,78%), y por eso está más cerca del desahucio que de la renegociación.

Si hacemos caso a la historia de la UE y a la lógica política deberíamos afirmar que al final, antes del suicidio colectivo, antes de asumir riesgos, habrá algún tipo de acuerdo que satisfaga a los acreedores y permita salvar la cara a Grecia.

Tsipras no necesita demasiado para salir airoso: solo unos gramos de dignidad, es decir, que el compromiso incluya la renegociación de la deuda. Si atendemos a Mariano Rajoy, ya sospechosamente en campaña electoral, lo que se quiere es que Grecia cambie de gobierno, no de moneda, vamos, que regresen los buenos tiempos con los amigos de siempre: Nueva Democracia y PASOK, los responsables de haber hundido el país, de la corrupción y del Estado clientelar.

A Syriza se le podrán criticar cosas concretas: promesas electorales irrealizables, falta de tacto en la negociación, un Varufakis que ha ido a la confrontación desde el primer instante, escasa experiencia en estas lides cuando enfrente están los más listos y los más sucios de la clase. Llamar a Christine Lagarde la jefa de los criminales no parece la mejor manera de ganarla para la causa.

El enconamiento entre Grecia y el FMI tiene algo de asunto personal, por eso Tsipras ha pedido una extensión del rescate de dos años y dejar fuera al Fondo. Es parte del faroleo, del teatro, no nos confundamos.

De aquí al domingo, salvo sorpresas, que las puede haber, el juego consiste en una competición a ver quién parece más duro y más intransigente. Cuando pase el domingo, regresará la cordura, aunque es posible que ya no baste la cordura y que todos hayan ido demasiado lejos. Hace falta audacia, valentía, valores.

El problema de fondo no es el ajuste que se exige para aprobar una extensión del rescate y seguir navegando en la provisionalidad. El problema es reconocer que el ajuste no ha funcionado, que las medidas adoptadas han empeorado la situación del país. Dos premios Nobel de Economía, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, aseguran que ellos también votarían “no” en el referéndum.

Aquí, en España, el Gobierno solo desea equiparar a Syriza con Podemos y el PSOE, que a Grecia le vaya muy mal y adelantar las elecciones antes de que los ayuntamientos y comunidades empiecen a funcionar. O tal vez no hacer nada y esperar a ver si hay suerte. La visión de Rajoy sobre Europa está a la altura de su visión sobre España

Un poco de música para terminar, canciones del alma griega contemporánea.

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