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Un año del 23J: Sánchez se ve fuerte para aguantar y fía su hoja de ruta a Cataluña y los Presupuestos

Qué ven mis ojos

Mira quién baila

“Hay dos formas de combatir unamentira: con otra o con la verdad”

Que seas un paranoico no significa que no te persigan, decía el músico Kurt Cobain. Que la gente ya no crea en la política no significa que los ciudadanos se hayan vuelto indiferentes o escépticos, sino que no tienen en quién confiar. Sólo hay que hacer unos cuantos números para ver que la nota media que le damos los españoles a nuestros cargos públicos se resume en cuatro palabras: no dan la talla. Hay quienes van delante o están al mando, pero no hay líderes; hay estrategias, pero no ideologías. Los nuevos partidos no quieren ser ni de derechas ni de izquierdas y nosotros sospechamos que la equidistancia consiste en poner la equis en la casilla del que va ganando y que por eso Dante reservó en su Divina comedia “los rincones más oscuros del infierno para los neutrales.”

Cada época tiene sus palabras de moda y hoy en día una de las que más se repite es desafección, que es una enfermedad de los afectos, un virus de la fe, un debilitamiento de las convicciones cuyo resultado es la muerte de la militancia. Somos las víctimas de un sistema injusto, pero eso no significa que no tengamos una parte de la culpa, por cambiar nuestra solidaridad por su sálvese quien pueda y no querer saber que lo público se destruye privatizando hospitales, colegios o empresas de abastecimiento, pero también sumándose a la filosofía del individualismo, convenciéndonos de que la realidad hay que afrontarla de uno en uno. Divide et impera, decían los romanos, cuya táctica era alentar la envidia, la competencia y la ambición entre los pueblos que conquistaban: divide y vencerás, lo que se quiten unos a otros mientras luchan entre ellos, acabará en nuestras manos.

Votar con los ojos cerrados

Cuando se acercan unas elecciones, sin embargo, todo es diferente, porque quizás el poder no cambie de dueños pero puede cambiar de encargados; así que a la mayoría de los candidatos, que hasta ese momento parecían tan inaccesibles, sólo les queda una opción para que les voten: no parecer ellos. Mira quién baila, quién se deja entrevistar, quién baja los impuestos, quién pisa las calles, quién devuelve pagas a los funcionarios, quién reconoce errores, quién anda de bar en bar dando discursos contra el populismo... Estar en campaña significa que enciendes la televisión y ves banderas dando vueltas dentro de una lavadora.

En La vida sexual de las gemelas siamesas (Anagrama), la nueva novela de Irvine Welsh, una profesora de gimnasia que ha salido en defensa de unos jóvenes a los que iban a disparar y ha detenido al hombre que los atacaba se hace famosa “porque el pueblo está pidiendo a gritos héroes de verdad” y su hazaña es lo contrario de unas sociedades en las que impera el egoísmo y no abunda la camaradería. Pero tras la tempestad vienen los cálculos, y la entrenadora se va a encontrar muy pronto rodeada de oportunistas que le aconsejan sacar algún beneficio de su acción desinteresada. “Golpea mientras el hierro está al rojo vivo”, le dicen las malas lenguas, porque aquí todo es parte del espectáculo y sólo triunfa quien tiene una imagen que vender. Aquí y ahora, por el contrario, parece que esta vez algunos no van a conseguir que volvamos a comprarles lo mismo de siempre, porque a nosotros se nos ha agotado la paciencia y a ellos el crédito. Ya no vamos a admitir que el único que puede curarnos sea quien nos hizo la herida. Ya sabemos que romper algo no es lo que te enseña cómo reconstruirlo. Ni mucho menos.

En España, lavar dinero es fácil; blanquear reputaciones, no tanto. Entre otras muchas razones, porque ya no existe el olvido: en la era de Internet nada se evapora, todo es para siempre. Antes de escoger un guía, conviene saber dónde se quiere ir. Antes de seguir unas huellas, hay que enterarse de dónde vienen. Antes de entregarse a la música, estaría bien saber qué son himnos y qué son cantos de sirena. Puede haber quien sólo baile para borrar los pasos que otros han dejado sobre el camino.

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