Muros sin Fronteras

Vicente Vallés, Podemos y la libertad de expresión

Ramón Lobo

No suelo ver los informativos españoles porque apenas hablan de asuntos internacionales, que son los que me interesan. Prefiero seguir canales extranjeros que emiten en inglés: BBC, CNN y France 24. Si tengo ganas de irritarme busco Fox News, un seguro de cabreo. Conocer su punto de vista ayuda a descifrar a Donald Trump y a la extrema derecha estadounidense. No hacen periodismo. Lo suyo es un subproducto de opinión bastante estudiado e inteligente que no demanda hechos comprobados ni realidad. No hay nada parecido en España entre las grandes cadenas de televisión. El más próximo sería Federico Jiménez Losantos en la radio.

Este preámbulo es para reconocer que no sigo el informativo de Vicente Vallés en Antena 3, aunque sí le he visto varias veces en esta cadena y en TVE, y en los debates electorales. Me gusta cómo trabaja más allá de algunas discrepancias.

Los periodistas, que nos pasamos el día con la escopeta cargada, soportamos muy mal que nos critiquen. Somos de piel fina y ofensa rápida. Habría que diferenciar entre Twitter y España, y entre crítica e insulto, al que somos tan propensos por falta de entrenamiento y talento. Igual que los políticos, somos propensos a percibir campañas y conspiraciones si alguien nos replica. Falta capacidad de encaje, autocrítica y sentido del humor. Lo último se tiene o no se tiene.

Podemos está instalado desde 2016 en el síndrome del fuerte sitiado. Tiene motivos porque fuera de sus muros hay mucha gente disparando que exige sus cabelleras. Parece probado o en vías de probarse judicialmente que bajo el Gobierno de Mariano Rajoy existieron las cloacas policiales dedicadas a elaborar informes falsos para perjudicar al partido morado. También las hubo para hundir (sin éxito) al independentismo catalán. Su contenido, rechazado por los jueces, sigue circulando a través de acólitos del poder cuya misión es esparcir mierda a sabiendas de que es falsa.

El nuevo ataque contra Iglesias es por la tarjeta del teléfono de su asesora Dina Bousselham. Más allá de los aciertos de cada uno en el caso, hay dos hechos incuestionables: alguien robó el teléfono y una copia de la tarjeta acabó en manos de un comisario investigado por la justicia.

La reacción en favor de Vicente Vallés es positiva, y lo sería aún más si se aplicase a todos los periodistas y medios atacados por Vox y el PP. ¿Dónde estaba el gremio cuando insultaban a Cristina Fallarás, Elisa Beni, Ana Pastor, Xabi Fortes, Antonio Maestre, Pedro Vallín y Antonio García Ferreras, entre otros? Sus casos pasaron desapercibidos para la Asociación de la Prensa de Madrid y para la FAPE, no así el de Javier Negre, lo que resulta sorprendente porque se trata de un personaje que se dedica al espectáculo. Hasta la indignación tiene trinchera.

Les recomiendo este texto de Gerardo Tecé en Ctxt: “Un dique contra los Echeniques”. Les advierto de que está escrito en clave de ironía. Lo digo por los amigos de la izquierda divina concepción que primero saltan al cuello y después, si tienen tiempo, leen.

No conviene confundir a Vicente Vallés, por crítico que sea con Podemos y Pablo Iglesias, con subproductos próximos a las cloacas, o personas condenadas por mentir, insultar o inventarse entrevistas. Vallés es un periodista de primera división, estés o no de acuerdo con él. Una cosa es que haya dado un paso de más hacia la opinión, algo que es opinable, y otra mentir, ser ruin y participar en campañas. Él hace periodismo, igual que Xabier Fortes en TVE.

Pablo Echenique, portavoz de Podemos en el Congreso, erró en la forma y en el fondo de su crítica. Un partido que está en el Gobierno de España no puede presentar un vídeo editado a conveniencia, mezclando churras con merinas, para descalificar a un periodista crítico. Entre el silencio y la enmienda a la totalidad deberían reinar los argumentos, decir en qué se equivoca. El vicepresidente Iglesias se refirió a Vallés como presunto periodista. Un tipo inteligente y con su gran formación debería ser más generoso y prudente. La sobreactuación emocional suele ser síntoma de debilidad.

Todos los partidos políticos tienen problemas con la libertad de prensa. No agradan las críticas ni las informaciones perjudiciales. Le sucedió al PSOE de Felipe González con Filesa y otros casos de corrupción, además de las informaciones sobre los GAL. Le pasa al PP con su lista de corruptelas y amaños. Aún sostiene que lo relacionado con la moción de censura y la Gürtel forma parte de un ataque de la ultraizquierda para desalojarlos del poder. Es más fácil ver rojos que manguis. En Cataluña pueden sustituir la palabra “rojos” por “españolistas” y funciona de la misma manera.

Los partidos prefieren los elogios. Disfrutan más con los palmeros, estén en nómina indirecta o por pasión entusiasta, que con los periodistas independientes que les ponen ante el espejo. Es la prolongación narrativa de sus dinámicas internas, en las que se castiga la discrepancia y se afea el entusiasmo tibio. Un partido no es un ejemplo de democracia interna y debate sincero; son maquinarias sin sentimientos ni memoria destinadas a ganar elecciones (o lo que sea).

Del Podemos transversal, que aspiraba a dar el sorpaso a un PSOE en guerra civil y a electrificar la política española, queda una versión mejorada de lo que fue la Izquierda Unida de Cayo Lara, pero el espíritu ya no es el mismo. Ahora es un partido clásico en el que domina el prietas las filas. De los primeros años de entusiasmo existen declaraciones de Iglesias y otros líderes morados sobre las bondades de la ley de prensa de Rafael Correa, de cómo se enfrentó a los monopolios de comunicación en Ecuador, dominados por las grandes familias.

Aquel Podemos inaugural encontraba sus modelos en Latinoamérica, donde la situación social, económica y política tenía pocos equivalentes con la España actual. Tampoco eran exportables los discursos, solo la música, que es emoción colectiva. Hugo Chávez fue la consecuencia de 40 años de saqueo de los partidos turnantes (Acción Democrática y COPEI) y del desprecio hacia los pobres de la clase alta. Chávez fue un soñador que cometió errores, pero no falseó elecciones. Nicolás Maduro ha devenido en un dictador. La oposición sigue atrancada en su visión miope de una Venezuela rica con un pie en Miami y otro en el petróleo de Maracaibo. No son capaces de ofrecer esperanza a todos los venezolanos. Por eso resiste Maduro.

Aquel Podemos juvenil era hijo y nieto de una izquierda española atrapada en la dictadura de Franco que soñó con las revoluciones de Cuba y Nicaragua, los movimientos guerrilleros en medio continente y la esperanza de Salvador Allende, que llegó al poder a través de las urnas. La izquierda de los años setenta, contraria a la OTAN y las bases de EEUU, tenía pocos modelos en Europa occidental. La apuesta de Willy Brandt por Felipe González recondujo al PSOE a aguas más calmas. El sueco Olof Palme reemplazó a Fidel Castro, si es que el cubano estuvo alguna vez en el santoral socialista.

Podemos nació sin referencias periodísticas europeas. No substituyó la ley Correa por la BBC. Y eso es un problema corroborado esta semana por Juan Carlos Monedero al escribir un tuit en el que asegura que “la libertad de prensa pertenece a la ciudadanía, no a las empresas de comunicación ni a los periodistas”. Al meter a todos los críticos, es decir, a los no halagadores, en el mismo saco, se yerra en el diagnóstico y en las soluciones. La visión de Podemos sobre RTVE es la misma que tienen el PP y el PSOE: control férreo con más o menos disimulo.

Es verdad que tenemos un problema: muchos medios de comunicación privados están en manos directa o indirectamente de los bancos y de otras empresas del IBEX, y dependen del maná de la publicidad institucional para sobrevivir. Por eso es tan importante el pago por contenidos y la suscripción, como en el caso de infoLibre y otros medios. Solo la propaganda es gratuita. Es una anomalía que no se corrige con Última Hora. Es necesario implicar a la gente, convencerles con buenos productos independientes e informaciones críticas de calidad.

La política sirve para mejorar la vida de la gente. En democracia no se sigue a los líderes como si fueran profetas, se les discute y enmienda. En mi caso, póngame una ortodoxia delante y me surge una disidencia de piel. Mi trabajo es una rebelión, la discusión permanente. Solo hay una excepción emocional que no atiende a razones objetivas, con o sin VAR: el Real Madrid.

Vicente Vallés, Premio 'Cerecedo' de periodismo

Vicente Vallés, Premio 'Cerecedo' de periodismo

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