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Las elecciones vascas se convierten en un esprint por los indecisos, Álava y por erosionar a EH Bildu

Muy fan de...

La Tercera Guerra Mundial ya está aquí

Imaginen a un grupo de señores mayores, en cualquier rincón de España, comentando las noticias:

– Se conoce que estamos a puntito de la Tercera Guerra Mundial.

– Por lo visto, el gordito coreano de la mala leche se ha liado a lanzar misiles a Japón.

– Y el Trump ese, que no necesita mucho para calentarse, igual saca la mano a pasear y mete un zambombazo.

– A todo esto, el hijo de la Tomasa, la que se radicalizó en Córdoba, dice que hasta que no se lleven Andalucía para el califato, no paran.

– Pues sí que estamos buenos.

– Hala, me voy para casa, que va a empezar lo de Jordi Hurtado y hay bote.

Y así convivimos los seres humanos con el horror.

Cuando eres niño, si tienes la suerte de ser querido y protegido, tu entorno se ocupa de distraerte para que no veas a los fantasmas y puedas crecer libre de miedos. Pero cuando eres adulto, no te queda otra que mirar de frente a los monstruos. La distracción para conseguir dejar de pensar en ellos, a ratos, aunque sepas perfectamente que están ahí, has de buscarla tú mismo.

Los hay que eligen la autovía de la agresividad, me cuenta un psicólogo especialista en tratar la amaxofobia –son mayoría las mujeres que reconocen su angustia ante al volante y piden ayuda profesional, por cierto– que muchas de las personas que sufren este temor obsesivo a conducir un vehículo, no asumen su miedo ni lo afrontan, prefieren optar por una conducción violenta y asustar a los demás. Tengo miedo, ergo te agredo. Muy fan.

Otros, en cambio, preferimos combatir el terror con el humor, con el amor, tomar unas cañas con los amigos, “coger un libro”, como dice la madre de Toni, el protagonista de la última novela de Antonio Orejudo o sentarnos a ver, en bucle, vídeos de Joaquín Grilo, el bailaor, para perdernos en su arte inexplicable.

Esta semana hemos asistido a un pleno “extraordinario”, adjetivo idóneo para describir el arte de Grilo, pero inadecuado para definir lo que vimos en el Congreso. Aquella sesión mañanera de vuelta al cole no tuvo nada de extraordinario, yo no vi nada que no haya visto mil veces ya.

La comparecencia de Rajoy para dar explicaciones sobre su responsabilidad en el caso Gürtel –por explicaciones no le vino nada y por Gürtel, tampoco fue más de lo mismo, más de lo de siempre.

Por eso Mariano se fue tan tranquilo como llegó, después de repartir, eso sí, algunos mandobles, unos muy esperables y otros más sorprendentes y embarrados, a los que le cuestionaban.

El mundo se desmorona y nosotros nos enfrentamos

Y cuando le pareció que tenía todo el pescao’ vendido, se plantó ante los diputados con la mano apoyada en la cadera y les espetó que si quieren que se vaya ya pueden ir organizando una –otra– moción de censura. O sea, Mariano vino a decir: “si tenéis lo que tenéis que tener –votos– me echáis”, solo le faltó añadir: “Hala, me voy para casa que va a empezar lo de Jordi Hurtado y hoy hay bote”.

Baldoví, el portavoz de Compromís, lo resumió con precisión quirúrgica: “Insisto, hemos sumado los votos para que usted comparezca, pero no somos capaces de sumarlos para lo verdaderamente importante, para enviarlo a la oposición”.

Resumiendo, guardado el mes de agosto en el armario de la ropa de verano hasta el año que viene, estrenamos este mes de septiembre gravitando entre la amenaza internacional desde varios flancos, el monotema de Cataluña y el hastío de la política nacional. ¡Cómo no vamos a hacer humor para sobrevivir! ¡Es chiste o muerte!

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