Caníbales

#RegalaLibros

Desde siempre he leído por encima de mis posibilidades. Peligrosa y afortunadamente. Porque los libros abren ventanas, te abrazan, te mueven, te transforman. Y, por si fuera poco, se pueden compartir.

Por eso, porque se acerca esta navidad laica y un poco anárquica, porque mi trabajo ideal es el de book coach y porque los libros no caducan…

…dejo el link a mis recomendaciones de 2014, 2013, 2012, 2011 (porque los libros no caducan) y sumo las de 2015 para que podáis regalar uno de los inventos más extraordinarios: un libro.

10.04. Ben Lerner. Luminoso, sencillo y sabio.

House of Cards, Michael Dobbs. La novela en la que se basó la serie británica mucho antes de Kevin Spacey. Una lectura divertidísima, mezcla perfecta de ironía, realidad y ficción.

El día de mañana, Ignacio Martínez de Pisón. Por su forma: una novela hecha de capas y voces.

God help the child, Toni Morrison. El libro más compasivo de esta autora feroz (en el mejor sentido de la palabra).

Siempre Alice, Lisa Genova. Una novela autopublicada que cuenta el alzheimer desde el punto de vista del enfermo. Dolorosa, pero muy necesaria. La peli que protagonizó Julianne Moore también merece la pena.

Distancia de rescate, Samanta Schweblin. Inquietante y muy diferente. Ojo, que duele.

Alguien, Alice McDermott. Esa maravillosa vida de cualquiera, con su coraje cotidiano. Porque, como dice Cesc Gay, “lo cotidiano es infinito”.

Un buen hijo, Pascal Bruckner. ¿Cómo se enfrenta un hijo a la cruel ideología de su padre? Brillante, frío y doloroso.

La conquista de México, Hugh Thomas. Son más de mil páginas, pero ahora que nos acercamos al quinto centenario del desembarco de Cortés en México, conviene repasar la historia, sin prejuicios y con datos: cruel, apasionante, minuciosa.

Everything I never told you, Celeste Ng. El libro del año para Amazon en Estados Unidos. Intenso y maravillosamente contado.

Vida de familia, Akhil Sharma. Una historia llena de humor sobre una tragedia familiar.

Los enamorados, Alfred Hayes. Todo lo que sabemos del amor y no queremos reconocer (imprescindible para guionistas).

There’s something I want you to do, Charles Baxter. Un maravilloso libro de relatos (ligeramente) cruzados que mezclan el amor y la felicidad.

Among the Ten Thousand Things, Julia Pierpoint. Una novela extraordinaria, distinta, sabia.

Pureza, Jonathan Franzen. Es larguísima, pero al tipo que escribió Las correcciones siempre hay que leerlo, aunque se ponga intenso y a ratos parezca misógino.

El hilo azul, Anne Tyler. El principio es la apasionante historia de una familia cualquiera. El final no se cierra, y eso también es un hallazgo.

El reino, Emmanuel Carrère. He aquí un narrador extraordinario, un tipo que está cambiando la forma de contar. El reino es una obra difícil, pero, por favor, leed De vidas ajenas.

Aquellos años del boom, Xavi Ayén. 800 páginas apasionantes sobre el talento literario y sus alrededores. Imprescindible este año en que perdimos a la Balcells.

Identidades asesinas, Amin Maalouf. El antídoto perfecto contra los nacionalismos excluyentes.

Arenas movedizas, Henning Mankell. Generoso y sobrio, Mankell escribió unas memorias atípicas, preocupadas por el mundo que dejábamos dentro de miles de millones de años.

Días de Nevada, Bernardo Atxaga. Un ejercicio interesante, mezcla de diario y memorias aprovechando su estancia en una universidad de Nevada. Me hizo pensar en otra recomendación: Javier Cercas y su experiencia universitaria americana, La velocidad de la luz.

La mujer en silencio, Janet Malcolm. Sobrecogedor. Un relato preciso y autocrítico sobre los límites de la verdad, la biografía y el periodismo.

A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, Manuel Chaves Nogales. No hay adjetivos para tanto talento y tanto dolor. Impresiona la lucidez del autor, y también su empatía y su optimismo: sigue creyendo en los hombres.

H de Halcón, Helen McDonald. Un libro sobre el duelo y sobre la doma. Poético, salvaje, bellísimo.

En movimiento, Oliver Sacks. La biografía de un hombre extraordinario. Es estupendo, siempre y cuando uno haya empezado por el principio y leído sus libros clínicos (especialmente, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero).

Y, ya puestos, aunque no es el mejor libro de Richard Ford, Francamente, Frank, porque cualquier excusa es buena para recuperar al Frank Bascombe de El día de la independencia.

En mi mesa, quedan pendientes Un paisaje de cenizas, de Élisabeth Gille, hija de Irene Némirovski, y Marley estaba muerto, de Carlos Zanón, con la garantía crítica de mi hermano. En mi kindle, Lucía Berlín, que me está hipnotizando; Farándula, de Marta Sanz y el último de Irvine Welsh.

¡Y luego dicen que los libros son caros!

¡Y luego dicen que los libros son caros!

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