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Así camuflan los diputados los datos sobre sus intereses económicos y esconden su agenda de reuniones

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Hay que agarrarse que vienen curvas

Desde que se anunció la convocatoria de elecciones, era evidente que se avecinaba una campaña muy peculiar. Hace un par de semanas escribía aquí mismo que en este período se trata de competir en una carrera a gran velocidad, en un trayecto corto, lleno de curvas y con posibles incidencias no previsibles. Efectivamente en apenas unos días vamos a asistir a significativos acontecimientos que marcarán el vértigo que se avecina.

El bloqueo: Hasta ahora, este asunto se ha convertido en el principal tema de esta campaña. La incertidumbre sobre el resultado del 10 de noviembre es lógica. Caben diversas combinaciones para alcanzar un acuerdo de gobierno. El PSOE es sobre el que descansa la mayor presión, en tanto en cuanto es el mejor situado en las encuestas. Si finalmente resulta la fuerza más votada tendrá que pilotar las negociaciones y los acuerdos necesarios para poner punto final a todo el embrollo vivido. Si Pedro Sánchez fuera capaz de desvelar a sus posibles votantes cuáles son sus planes al respecto se quitaría de encima una pesada carga.

Las encuestas: Por lo general, a un mes de las elecciones, lo habitual es que la media de las encuestas muestre previsiones dignas de tener en cuenta. Las estimaciones sobre porcentaje de voto están marcando niveles que no deberían variar más de uno o dos puntos arriba o abajo en cada partido. No ocurre lo mismo respecto al número de escaños. El cálculo del reparto de número de diputados provincia a provincia se hace muy a menudo sin una mínima base científica. El sistema D’Hont complica extraordinariamente vaticinar con rigor con estudios basados en muestras demasiado cortas. Así que un primer consejo práctico: podemos empezar a fiarnos con cierto margen de los porcentajes de voto que otorgan las encuestas a cada partido. Por el contrario, conviene no hacer mucho caso al reparto de escaños. Muchos de los estudios que se publican carecen de valor real.

El efecto última semana: En España, se calcula que aproximadamente un 25% de los votos suele decidirse en los últimos días. Lo habitual es que esa decisión de última hora tienda a favorecer a Podemos y a Ciudadanos. Las formaciones más tradicionales (PSOE y PP) suelen contar con electores fieles que tienen decidida su posición con varias semanas de antelación. En diferentes convocatorias anteriores, casi un tercio de los votantes de Unidas Podemos tomó la decisión en ese tramo final. El estilo de las campañas de Pablo Iglesias con marcada fuerza emocional creciente ayuda siempre a ese último impulso. En el caso de Ciudadanos encontrábamos un curioso ejemplo de un “partido refugio”. Casi la mitad de los votantes de Albert Rivera solían inclinarse por apoyarle en los últimos días. En anteriores campañas era un voto ideológicamente indefinido, con cierto aire de modernidad y que no generaba gran controversia social. Para mucha gente, era una opción cómoda, poco comprometida y que dejaba escasa sensación de riesgo. Era perfecto para personas indecisas y despolitizadas que encontraban fácil acomodo en esta formación. Sin embargo, en esta ocasión no parece que la coyuntura vaya a repetirse.

El factor Ciudadanos: Lo que ocurra con el partido de Albert Rivera va a ser la clave para entender el resultado final de estas elecciones. La formación naranja va a luchar hasta donde pueda por enderezar la tendencia a la debacle que se divisa. Según los estudios conocidos, las fugas de votos que tienen se dirigen en tres direcciones hacia el PP, el PSOE y la abstención. Difícilmente, las últimas encuestas que se realicen días antes del 10 de noviembre van a poder recoger lo que vayan a hacer los electores de última hora de Ciudadanos que, en este caso, podrían cambiar de costumbre y apostar por partidos con mejores perspectivas.

La posibilidad de que queden libres cientos de miles de votantes es lo que explica la intensa batalla por el centro que en estas elecciones mantienen Partido Socialista y Partido Popular. Ese votante que podría dejar de apoyar a Albert Rivera parece lógico que busque salidas alejadas de los extremismos. Ni el PP a su derecha, ni el PSOE a su izquierda van a encontrar una oportunidad como esta para crecer significativamente en muy pocos días.

Franco exhumado: Este viernes se supone que sabremos la fecha de la exhumación del dictador. Las imágenes del evento darán la vuelta al mundo y reabrirán una intensa polémica en España. Los porcentajes de nostálgicos del franquismo son más altos de lo que podríamos imaginar. Tendremos días de gran agitación que tendrán presencia garantizada en la campaña electoral. Para Vox será una buena oportunidad para tener mayor visibilidad siguiendo la línea de sus últimos excesos verbales. El PP está dedicado a buscar los votantes liberados por Ciudadanos en el centro y va a eludir como pueda este asunto. Para la izquierda debe ser un elemento motivador que ayude a movilizar a posibles votantes que hubieran caído en cierto desánimo después del fracasado acuerdo de gobierno. Este 12 de octubre puede haber un desfile militar un poco más movido que en los últimos años.

Cataluña: Va a ser sin duda alguna el gran acontecimiento de las próximas semanas. A partir del próximo lunes apenas va a quedar espacio para atender a cualquier otro asunto. Pase lo que pase va a tener influencia segura. Es imposible determinar la gran cantidad de variables que pueden desencadenarse. Parece evidente que Pedro Sánchez es el que se la juega de manera más visible. De cómo gestione todo lo que va a suceder va a depender el juicio de los ciudadanos sobre su figura como presidente. Ahora bien, el resto de los partidos también se verán comprometidos con lo que vaya a ocurrir. Un error de cualquiera en una situación tan delicada puede tener influencia directa con la campaña electoral a la vuelta de la esquina. Si el conflicto se complica puede que se alargue y con ello puede quedarse como monotema hasta el día mismo de las votaciones. Uno de los peligros al que nos enfrentamos puede derivarse del posible interés de algún partido en agitar el conflicto pensando que pudiera beneficiarle en las urnas.

Johnson y Trump: La economía será previsiblemente protagonista del último tramo de la campaña. Lo que pueda ocurrir a finales de mes respecto al Brexit puede tener serias consecuencias en la Unión Europea. La amenaza de una crisis económica internacional provocada por decisiones políticas tomadas lejos de nuestro país está ya presente en el debate público. Donald Trump representa la otra gran incertidumbre. Las guerras comerciales y su dinámica de implantación de nuevos aranceles pueden complicar aún más este convulso período en el que estamos inmersos.

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