Durante los primeros meses del pontificado de León XIV, sus gestos, actuaciones, discursos, su pensamiento, su forma de gobernar la Iglesia católica y hasta su carácter no fueron valorados autónomamente, sino en comparación con el modo de pensar, de vivir, de hablar y de actuar de su predecesor y mentor el papa Francisco. Dependía del sector ideológico que hiciera la comparación para que el juicio sobre el nuevo inquilino del Vaticano fuera favorable o desfavorable.
Los sectores conservadores valoraron positivamente su moderación y equilibrio, contraponiéndolos a la sobreactuación de Francisco. Los integristas lo acusaron enseguida de ser discípulo de Francisco, de seguir miméticamente su programa y de dinamitar los valores cristianos tradicionales. Los progresistas valoraron positivamente su continuidad con la opción por los pobres y la práctica liberadora de su predecesor, así como su ubicación en el Sur global, si bien criticaron su falta de radicalidad en la denuncia de las injusticias y la escasa dimensión política de su discurso.
Creo que ya es hora de valorar a León XIV por sí mismo, sin establecer comparaciones que, si bien no tienen por qué ser odiosas, en este caso pueden no hacerle justicia. A este propósito me gustaría recordar dos palabras latinas que tienden a confundirse y que, sin embargo, poseen diferente significado: potestas y auctoritas, ambas procedentes del Derecho Romano, y aplicarlas al papa actual.
La potestas se confiere a una persona por el cargo oficial que ocupa. La auctoritas define la autoridad moral de una persona, el prestigio que se le reconoce socialmente, el respeto que merece por sus cualidades personales, intelectuales o morales y la capacidad de influir en la gente sin necesidad de imposición alguna.
Los primeros meses del pontificado de León XIV fueron de aterrizaje, tanteo y ubicación en la nueva responsabilidad al frente de cerca de 1500 millones de creyentes que tiene la Iglesia católica en el mundo. Suceder a Francisco no resultaba fácil dada la arrolladora personalidad del papa argentino, ni León XIV lo pretendió. Además, fue Francisco quien le nombró obispo primero de la diócesis peruana de Chiclayo y luego cardenal presidente del dicasterio del nombramiento de obispos, uno de los más importantes y decisivos junto con el de la Doctrina de la Fe. Durante los meses de aterrizaje se puede decir que León XIV tuvo la potestas que le conferían los cargos de Sumo Pontífice y Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano.
Pero poco a poco ha llegado a tener una auctoritas moral sobre todo por sus pronunciamientos en favor de la paz en un momento en el que el mundo se ha convertido en un coloso en llamas con cerca de 100 países implicados en conflictos bélicos, y en el que Putin, Netanyahu y Trump han hecho saltar por los aires el Derecho Internacional y los derechos humanos con la bendición de sectores cristianos fundamentalistas y judíos ortodoxos. Putin declaró la guerra a Ucrania para apoderarse de parte de su territorio y está causando decenas de miles de muertos con el apoyo del patriarca Kiril.
Netanyahu ha provocado el genocidio en Gaza con el asesinato de cerca de 75.000 personas, en su mayoría mujeres, niños, niñas y personas ancianas, ha transgredido el acuerdo de paz y continúa asesinando a la población gazatí y defiende la ocupación de los colonos judíos de cada vez más tierras en Cisjordania. Está llevando a cabo intervenciones militares en el Líbano que siembran la destrucción, los desplazamientos y los asesinatos de miles de civiles. Justifica tamañas agresiones apelando a textos bíblicos leídos de manera fundamentalista y cuenta con el apoyo del 95% de la población israelí y del sionismo judío y cristiano.
Trump ha secuestrado impunemente a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y a su esposa, y en la operación ha asesinado a decenas de personas. ¿Motivo? No la “restauración” de la democracia, sino la apropiación del petróleo y de otros bienes. Ha llevado a cabo, junto con Netanyahu, la intervención militar en Irán con el asesinato del líder de Consejo de la Revolución y de miles de ciudadanos y ciudadanas iraníes. En dicha operación ha contado con el respaldo de un grupo de pastoras y pastores evangélicos fundamentalistas que le impusieron las manos y rezaron con él en el Despacho Oval por el éxito de la invasión militar.
León XIV ha pasado de tener la 'potestas' que le da el cargo papal a gozar de la 'auctoritas' moral por su enérgica condena de la guerra
En dirección contraria a la postura belicista del patriarca de la Iglesia ortodoxa, Kiril, de los pastores evangélicos fundamentalistas y del sionismo judío y cristiano se está posicionando el papa León XIV, que ha convertido la defensa de la paz en la prioridad de su pontificado, poniendo así en práctica su propuesta de “una paz desarmada y desarmante”, que ya expresara en el discurso pronunciado tras su elección papal.
Se ha pronunciado contra la intervención militar en Irán y ha calificado de “verdaderamente inaceptable” la amenaza irracional de Trump de destruir la civilización persa. Ante la infundada acusación que le ha dirigido Trump de estar de acuerdo con que Irán tenga armas nucleares ha manifestado su rotunda oposición a dichas armas.
En clara referencia a Trump y a Netanyahu, ha afirmado que “el mundo está siendo destruido por un grupo de tiranos” y ha condenado que usen el nombre de Dios para justificar tamaña destrucción. Ha condenado enérgicamente la atrocidad de la guerra que amenaza con desembocar en una barbarie y ha expresado su preocupación por la debilidad del multilateralismo y porque se esté sustituyendo la diplomacia a través del diálogo y la búsqueda del consenso por la diplomacia basada en la fuerza.
Los insultos y descalificaciones de Trump no le han atemorizado, sino todo lo contrario: “seguiré hablando fuerte contra la guerra”, le ha respondido. Ahora mismo León XIV es, a mi juicio, el principal y más creíble adversario moral de Trump y de Netanyahu. Ha pasado de tener la potestas que le da el cargo papal a gozar de la auctoritas moral por su enérgica condena de la guerra y de sus efectos destructivos para la humanidad. A la hermenéutica belicista y mortífera de los textos bíblicos utilizada por Trump y Netanyahu para justificar sus intervenciones militares, el papa opone una hermenéutica pacifista en favor de la vida.
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Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y autor del libro 'Por eso lo mataron. El horizonte ético de Jesús de Nazaret' (Editorial Trotta).
Durante los primeros meses del pontificado de León XIV, sus gestos, actuaciones, discursos, su pensamiento, su forma de gobernar la Iglesia católica y hasta su carácter no fueron valorados autónomamente, sino en comparación con el modo de pensar, de vivir, de hablar y de actuar de su predecesor y mentor el papa Francisco. Dependía del sector ideológico que hiciera la comparación para que el juicio sobre el nuevo inquilino del Vaticano fuera favorable o desfavorable.