Las claves del choque por la memoria democrática en la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid
La Real Casa de Correos, en plena Puerta del Sol, seguirá de momento sin ser reconocida oficialmente como Lugar de Memoria Democrática. La Audiencia Nacional ha suspendido cautelarmente el acuerdo de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, aprobado el 20 de octubre de 2025, que declaraba como tal la antigua Dirección General de Seguridad franquista, uno de los principales espacios de represión política durante la dictadura y edificio que hoy ocupa la Presidencia de la Comunidad de Madrid.
Esta decisión no significa que el tribunal haya anulado definitivamente el acuerdo, sino que paraliza sus efectos mientras se resuelve el recurso presentado por el Gobierno de Isabel Díaz que solicitó suspender el acuerdo con el argumento de que puede provocar un perjuicio a la imagen institucional de la sede del Ejecutivo autonómico.
¿Qué ha decidido exactamente la Audiencia Nacional?
La Audiencia Nacional ha decidido suspender, de momento, el acuerdo de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática que declaraba Lugar de Memoria Democrática la antigua Dirección General de Seguridad franquista, ubicada en la actual sede de la Comunidad de Madrid.
Pero esta medida es cautelar, es decir, una decisión provisional mientras se estudia el fondo del recurso. La Sala de lo Contencioso-Administrativo todavía no entra a resolver si la declaración es legal o no: lo que hace es frenar sus efectos hasta que exista una resolución definitiva.
¿Qué significa que sea declarado Lugar de Memoria Democrática?
Significa que el Estado reconocía ese espacio como un lugar vinculado a hechos relevantes de la memoria democrática. En este caso, por su relación con la represión franquista.
En cualquier caso, la declaración no obliga a cambiar el uso actual del edificio, por lo que la Comunidad de Madrid podría seguir teniendo allí su sede. Lo que sí preveía el acuerdo eran medidas de explicación y señalización, como placas, paneles, distintivos memoriales, recursos audiovisuales, geolocalización, investigaciones sobre la Dirección General de Seguridad (DGS) y un censo de personas represaliadas detenidas en sus dependencias.
¿Por qué recurrió la Comunidad de Madrid?
El Gobierno de Ayuso recurrió porque sostenía que la declaración podía afectar a la imagen institucional de su sede. Es decir, el Ejecutivo autonómico no puso el foco en el reconocimiento histórico de lo ocurrido en la antigua DGS, sino que lo puso en el posible impacto que esa señalización podía tener sobre el edificio que hoy ocupa la Presidencia regional.
La Sala recoge este argumento y recuerda que la legislación autonómica obliga a los poderes públicos madrileños a proteger y preservar la imagen institucional, el significado y el uso actual de la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. A partir de ahí, el tribunal considera que la ejecución del acuerdo podría incidir negativamente en esa imagen, aunque no da por probado que ese daño se haya producido ni que vaya a producirse con seguridad.
¿La Audiencia Nacional da por probado ese daño?
No exactamente. La Sala reconoce que no puede afirmarse de forma categórica que la imagen de la sede vaya a sufrir un daño irreversible. Pero también sostiene que no puede descartarse que esa incidencia negativa exista.
Esta es una de las claves del auto, ya que la Audiencia Nacional no afirma que el daño ya se haya producido, sino que considera suficiente la posibilidad de que pueda producirse para suspender cautelarmente el acuerdo.
¿Qué argumentos da la Sala para suspender la declaración?
La Audiencia Nacional habla de dos intereses enfrentados. Por un lado, está el de la Comunidad de Madrid en proteger la imagen y el uso actual de su sede institucional. Por otro, el interés del Estado en desarrollar políticas de memoria democrática.
La Sala considera que, en esta fase provisional, tiene más peso el interés de la Comunidad de Madrid porque la ejecución del acuerdo podría causar un perjuicio “irreversible, o intenso”. Pero también entiende que retrasar la declaración no provoca un daño grave al interés general ni impide que el asunto se resuelva más adelante.
¿Todos los magistrados estuvieron de acuerdo?
No. El auto cuenta con el voto particular del magistrado Luis Helmuth Moya Meyer, que discrepa de la decisión de suspender la declaración.
El magistrado sostiene que no se explica de forma suficiente por qué recordar la historia represiva del edificio puede dañar la imagen de la Comunidad de Madrid. Recuerda, además, que los hechos que motivan la declaración ocurrieron cuando la institución autonómica no existía “ni se podía siquiera imaginar” que llegara a existir.
A su juicio, tendría que concretarse qué daño real puede producirse y cómo afectaría al ejercicio de las competencias de la Comunidad de Madrid. Para el magistrado, recordar hechos negativos de la historia de España no supone desmerecer otros valores del edificio ni hacer un juicio negativo sobre el actual Gobierno autonómico.
¿Se dice algo sobre las víctimas?
El voto particular sostiene que la Sala no ha valorado suficientemente el daño que puede provocar la suspensión de las políticas de memoria democrática.
El magistrado recuerda que estas medidas están vinculadas a la reparación de las víctimas de la dictadura y a los principios de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Según su criterio, retrasar la declaración sí perjudica la finalidad del acuerdo y puede transmitir a las víctimas “sensaciones de desazón e incredulidad”.
Y ahora, ¿qué pasa?
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Por ahora, la declaración queda suspendida mientras continúa el procedimiento judicial. Más adelante, la Audiencia Nacional tendrá que resolver el fondo del asunto, es decir, si el acuerdo de Memoria Democrática debe mantenerse o no.
Hasta entonces, la antigua DGS franquista no desplegará los efectos previstos como Lugar de Memoria Democrática. En la práctica, esto supone que el edificio seguirá funcionando únicamente como sede institucional del Gobierno de la Comunidad de Madrid, sin que se active por ahora la señalización pública de su pasado como espacio de represión durante la dictadura.
El debate, sin embargo, sigue abierto: por un lado, está el reconocimiento y la reparación de las víctimas del franquismo; por otro, la decisión del Gobierno madrileño de priorizar la protección de la imagen institucional de la actual sede de la Presidencia autonómica. La resolución definitiva tendrá que aclarar si ese argumento pesa más que la obligación de identificar y explicar públicamente un lugar clave de la represión franquista.