El bombardeo de Gernika, hoy. Del discurso de Zelenski al 85 aniversario (1/5)

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En este mes de abril se conmemora, el día 26, el 85 aniversario de la destrucción de Gernika por las aviaciones nazi y fascista. Es un aniversario casi redondo (el próximo no se cumplirá hasta dentro de cinco años) pero si el hecho ha saltado a la prensa, y sobre todo a las redes, es por la mención que de él hizo el presidente de Ucrania en su telecomparecencia ante el Congreso de los Diputados español. No es exagerado afirmar que levantó en armas a algunos políticos y escribidores. También a muchos periodistas.

Como ocurre con Gernika, han vuelto a distribuirse abundantes dosis de desinformación. No en vano Gernika constituye el hecho de armas singular (en el sentido en que se utilizaron armas modernas como fue la aviación) sobre el que más se ha escrito en España y fuera de España. La controversia empezó al día siguiente del bombardeo. No se me ocurre ningún otro caso. Si estoy equivocado, ruego a los amables lectores que me informen.

Servidor se ocupó por primera vez del tema en una mesa redonda que se celebró en abril de 1977, para conmemorar el XL aniversario. Fue la primera vez que tuvo lugar en una atmósfera de libertad, dos meses antes de las primeras elecciones democráticas desde 1936. Lo he seguido intermitentemente y enriquecido mis ideas iniciales. Está por ver que alguien las haya echado abajo documentalmente, aunque hoy se sabe muchísimo más de aquel hecho de armas que entonces.

Por supuesto, no fui ni de lejos el primer autor en ocuparme del bombardeo basándome en evidencias primarias relevantes de la época. Sí fui uno de los primeros —y a veces el primero— en utilizar ciertos materiales hasta entonces no conocidos. Por un azar (como suele ocurrir al trabajar en archivos) los descubrí en el archivo histórico-militar de Friburgo mientras buscaba documentación para elaborar mi tesis doctoral (1971-1973) sobre los antecedentes de la intervención de la Alemania nazi en España.

Los documentos de la Legión Cóndor se quemaron en Berlín allá por 1944 en uno de los bombardeos sobre la capital del Tercer Reich. Se salvaron copias que se habían distribuido a otros ministerios obligados a conocer lo que ocurría en España. Entre ellos figuraban informes diarios de situación (Lageberichte) sobre la evolución de las operaciones de la Cóndor. No los utilicé para mi tesis ya que se salían del marco temporal en el que esta se detuvo, pero los guardé.

Hacia 1975, gracias a varios conocidos mutuos (entre ellos Paul Preston y Eutimio Martin, profesor en Aix-en-Provence), entré en contacto con Herbert R. Southworth. Vivía en un castillo destartalado en Francia y acababa de leer su tesis doctoral en La Sorbona sobre el bombardeo, dirigida por Pierre Vilar. Se publicó inmediatamente en francés y más tarde en castellano e inglés. Contenía una relación para entonces exhaustiva de documentos oficiales inéditos, manuscritos de libros no publicados, documentos oficiales en el dominio público, amén de una bibliografía de más de 350 libros y folletos y de más de 150 periódicos en varios idiomas de una docena de países. Un tour de force al que los autores españoles no estaban entonces acostumbrados.

Herbert y servidor conectamos inmediata e íntimamente. Descubrí que su metodología era muy similar a la que yo había seguido, intuitivamente, al abordar mi propia tesis. Fue el primer autor en ocuparse con extremado rigor académico del tema (ya había habido decenas, si no centenares, de periodistas, historiadores, políticos y aficionados que lo habían hecho con el fin de sustentar las tesis y contratesis surgidas inmediatamente de lo ocurrido en 1937).

Las más importantes Herbert ya las había enunciado en su primer libro, El mito de la Cruzada de Franco, publicado en castellano en Ruedo Ibérico en París en 1964. Hoy, con un espléndido prólogo de Sir Paul Preston, disponible en una edición de Debolsillo, publicada en 2008 por un precio sumamente accesible (véanse sus pp. 423-426). Es, en mi modesta opinión, una obra que no debería faltar en cualquier colección, por pequeña que sea, de obras sobre la guerra civil. Se trataba de un estado de la cuestión sobre la literatura disponible desde la perspectiva franquista y pro-franquista. Apareció en los albores de la tímida apertura de la dictadura al exterior. Había sido forzada por las circunstancias y no por el genio de Franco, tras el plan de liberalización y estabilización de 1959. Se difundió cuando el régimen empezaba su lento camino en pos de una cierta aproximación a la naciente Europa comunitaria. A las nuevas generaciones, todo esto les sonará si no a chino, por lo menos a suahili. Pero así fue.

El mito me había acompañado durante muchos años, pero fue el libro titulado La destrucción de Guernica. Periodismo, diplomacia, propaganda e historia, publicado en francés en 1975, también por Ruedo Ibérico, en donde Southworth identificó, exploró ad nauseam y valoró críticamente una inmensa literatura sobre el bombardeo. También se introdujo en los entonces todavía poco conocidos meandros de las interioridades de la política de no intervención que agarrotó a la República (por cortesía de las potencias democráticas occidentales) en su pugna contra la ayuda nazi-fascista a Franco. En castellano se publicó en 1977, también por Ruedo Ibérico en París y ya en Barcelona.

Nadie podrá argumentar que la obra es difícil de localizar. Las preguntas que se hizo, a la hora de proceder a su investigación, fueron muy simples: ¿cómo, por quién y por qué fue destruida Gernika? Las respuestas las abordó en la tercera parte de la obra emanada de su tesis. Estuvieron precedidas por “El acontecimiento” y “La controversia”. En la primera estudió las noticias procedentes de Bilbao, la réplica del Cuartel General de Franco, las condiciones de trabajo de la prensa extranjera en la España franquista y las noticias procedentes de Vitoria. En la segunda parte, abordó las controversias públicas y no públicas durante la guerra civil que tuvieron lugar esencialmente en el mundo anglosajón y en el francés, y las que se produjeron fuera de tal ruido en los círculos diplomáticos. Después examinó la larga controversia desde 1939 hasta 1977. No dejó títere con cabeza.

La dictadura franquista mantuvo, mientras existió, su falta de responsabilidad en la destrucción de la villa foral, que achacó a diversos elementos. Luego argumentando que se trataba de un objetivo militar. Siempre echando balones fuera

La dictadura franquista, en efecto, mantuvo, mientras existió, su falta de responsabilidad en la destrucción de la villa foral, que achacó a diversos elementos (dinamiteros asturianos, grupos de acción nacionalistas vascos e incluso alemanes que habían faltado a la palabra dada a Franco). Luego argumentando que se trataba de un objetivo militar. Siempre echando balones fuera. Un fenómeno curioso y con una duración de casi cuarenta años. Hay otros casos similares: por ejemplo, el del oro de Moscú, el papel de Franco (asesinato previo incluido) en la conspiración del 18 de julio y quién quiso la guerra civil. Por no hablar de los posteriores.

Todos ellos siguen vigentes hoy. Es lógico. Una tradición franquista tan acrisolada no puede dejar de tener seguidores. Con sus altos y con sus bajos. Personalmente los he abordado con nuevas bases documentales y he tratado de contribuir con mi granito de arena a su esclarecimiento, aportando unas Evidencias Primarias Relevantes de Época (EPRE) hasta entonces desconocidas o muy mal interpretadas.

No lo escribo para darme postín. Todas mis argumentaciones son públicas, sus fuentes también. Cualquiera puede verificarlas. Ni hay historia definitiva ni historiadores definitivos. He solido practicar el método inductivo. Ir de los documentos, debidamente examinados y contextualizados en su entorno próximo, a otro más general que permita mejorar las interpretaciones existentes. Eso sí, reduciendo la separación entre uno y otras en todo lo posible.

En el caso de Gernika, me he concentrado desde 1977 en la vertiente que me pareció siempre la más relevante y que, a juzgar por las distorsiones que hemos leído u oído en las últimas semanas tras la alocución del presidente Zelenski, me inclino a pensar que sigue siéndolo: ¿cuáles y de quiénes son las responsabilidades involucradas en la destrucción de la villa foral?

Varios autores, particularmente alemanes, han dejado en claro el papel eminente de la Legión Cóndor. Luego se ha reconocido, quizá un tanto a regañadientes, la coautoría, más limitada, de la Aviazione Legionaria. Hoy, por lo general, no las niega nadie, a pesar de que todavía siguen levantándose voces que han tratado de disminuir su papel.

La disputa en las redes y en algunos medios se ha concentrado, de nuevo, en el vector que desde siempre me pareció esencial: ¿hubo o no corresponsabilidad por parte de Franco o de sus gloriosos guerreros para evitar que la PATRIA cayera en las garras del comunismo ateo y destructor o en las de vascos traidores a la misma?

No soy, en modo alguno, el único autor que ha abordado documentalmente el tema: Sir Paul Preston y el profesor Xabier Irujo también me han acompañado en el mismo viaje en búsqueda de la, al parecer, insondable verdad. Quizá por ello la villa de Gernika nos habrá concedido ex aequo su premio por la paz y la reconciliación en el último año anterior a la pandemia.

(Continuará)

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Esta miniserie está dedicada a los políticos, periodistas y escribidores que se han pronunciado contra el discurso del presidente Zelenski y en aplicación del principio evangélico de enseñar al que no sabe. 

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Ángel Viñas es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo.

En este mes de abril se conmemora, el día 26, el 85 aniversario de la destrucción de Gernika por las aviaciones nazi y fascista. Es un aniversario casi redondo (el próximo no se cumplirá hasta dentro de cinco años) pero si el hecho ha saltado a la prensa, y sobre todo a las redes, es por la mención que de él hizo el presidente de Ucrania en su telecomparecencia ante el Congreso de los Diputados español. No es exagerado afirmar que levantó en armas a algunos políticos y escribidores. También a muchos periodistas.

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