“Derogar el sanchismo” o la ausencia de programa

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De la misma forma que cualquier persona que aspire a un puesto de trabajo presenta su currículum vitae, un partido que se enfrenta a las elecciones presenta un programa electoral. O por lo menos debería hacerlo, aunque lo cierto es que las expectativas respecto a este asunto son decrecientes ateniéndonos a los últimos acontecimientos. Lo más reciente ha sido ver a Vox presentando el mismo programa electoral en todos los municipios de España, solamente cambiando el nombre, produciendo situaciones tan cómicas como prometer un mejor cuidado de las playas de Madrid, el impulso del pastoreo en Barcelona o más líneas de Metro en Teruel. Sin embargo, más allá del ridículo explícito de los que se sitúan por costumbre al margen del sentido común más básico, es llamativa la postura programática del que se supone partido de la oposición en España, el Partido Popular, que se resume en un eslogan: "derogar el sanchismo".

Para lograr esa escasa y solitaria promesa electoral, Feijóo ya ha comenzado su ronda de reuniones. Nos acabamos de enterar de que el moderado líder de la oposición tuvo una reunión secreta con destacados miembros de la siempre muy independiente justicia conservadora (nótese la ironía) en la que prometió a los asistentes la derogación de varias leyes en el caso de que acceda al gobierno. Sin embargo, más allá de su control moral de partes importantes de la judicatura y del manejo político del Consejo General del Poder Judicial, secuestrado desde hace cuatro años, esa estrategia de derogación absoluta no les ha salido demasiado bien por el momento. De hecho, recientemente el Tribunal Constitucional ya ha desestimado tres importantes recursos a la ley del aborto, a la de eutanasia y a la ley educativa. Mientras el Gobierno y el Congreso se dedicaban a hacer y aprobar leyes, la derecha española empleaba sus poco productivos días de oposición en recurrir todo lo posible al Tribunal Constitucional, al igual que hicieron en su día con el matrimonio igualitario o con la ley de violencia de género, todo con el mismo escaso resultado.

Lo más desesperante de todo es que el programa del Partido Popular no va más allá de esos recursos perdedores y la promesa obsesiva de acabar con todo lo que huela un poco a Pedro Sánchez

Lo cierto es que podría llegar a comprenderse esa estrategia si fuese acompañada de algo más. De una propuesta distinta para España. De algo novedoso a lo que llamar alternativa a lo existente. Pero lo más desesperante de todo es que el programa del Partido Popular no va más allá de esos recursos perdedores y la promesa obsesiva de acabar con todo lo que huela un poco a Pedro Sánchez. De hecho, esta posición programática tan burda y de brocha gorda quedó perfectamente ilustrada durante el último debate en el Senado, en el que Feijóo, al mismo tiempo que se le olvidaba que lo habían nombrado líder del PP para intentar tapar el agujero que dejó la destitución de Pablo Casado por denunciar las comisiones del hermano de Ayuso, repetía con la fluidez de quien se ha aprendido una sola fórmula y la machaca como un loro bien entrenado, que cuando fuese presidente derogaría el sanchismo. Lanzaba esta afirmación en modo de titular como si de una propuesta novedosa se tratase, en lugar del eslogan vacío e inconcreto que es. ¿Derogar el sanchismo? ¿Cómo se deroga eso? Es más, ¿qué narices es el sanchismo? ¿Es acaso todo lo que ha hecho Pedro Sánchez durante sus años de Gobierno? Y si es así, ¿de verdad lo quiere derogar todo? Supongo que entonces su programa resumido en el eslogan “Derogar el sanchismo” implica derogar la subida del salario mínimo a los 1.080 euros de los 735 en los que lo dejó congelado el PP, revertir la subida de las pensiones en un 8,5%, acabar con la reforma laboral que ha hecho que España tenga un 13% de paro en lugar del 26% que teníamos en 2013 con Rajoy, derogar la ley de vivienda para que los caseros no tengan límites para subir el alquiler a los españoles, desactivar la excepción ibérica que ha hecho que España tenga los precios de la energía más baratos de Europa junto a la inflación más baja…

Es triste, pero la institucionalidad y la seriedad más básica de la oposición está herida no de muerte, sino de ridículo. Mientras vemos al presidente de Andalucía enfadarse con Europa porque le critican su legalización de regadíos ilegales en Doñana en el peor momento de sequía de los últimos años; mientras vemos a Ayuso impidiendo que un ministro del Gobierno aparezca en el escenario de las celebraciones institucionales del 2 de mayo y mientras los socios verdes y preferentes del PP no se esfuerzan ni siquiera en hacer un programa electoral para las elecciones municipales diferente para cada municipio, la idea estrella de Feijóo es hablar de “derogar el sanchismo. Si no hay proyecto, no hay garantía de nada. Y prometer tonterías inexactas concentradas en un eslogan absurdo no es un proyecto, solo es una constatación pública de tu extrema debilidad programática y tu total ausencia de una idea alternativa de país. España no se merece esa vaguedad.

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Alán Barroso es politólogo y experto en comunicación política.

De la misma forma que cualquier persona que aspire a un puesto de trabajo presenta su currículum vitae, un partido que se enfrenta a las elecciones presenta un programa electoral. O por lo menos debería hacerlo, aunque lo cierto es que las expectativas respecto a este asunto son decrecientes ateniéndonos a los últimos acontecimientos. Lo más reciente ha sido ver a Vox presentando el mismo programa electoral en todos los municipios de España, solamente cambiando el nombre, produciendo situaciones tan cómicas como prometer un mejor cuidado de las playas de Madrid, el impulso del pastoreo en Barcelona o más líneas de Metro en Teruel. Sin embargo, más allá del ridículo explícito de los que se sitúan por costumbre al margen del sentido común más básico, es llamativa la postura programática del que se supone partido de la oposición en España, el Partido Popular, que se resume en un eslogan: "derogar el sanchismo".

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