Therian, medios de comunicación y extrema derecha

Resulta difícil recordar un ejemplo de viralidad inducida como el que hemos sufrido en la última semana con los therian. Desde que me salió en las redes la primera noticia sobre estos humanos haciendo de animales (el miércoles de la semana pasada) hasta hoy mismo, pareciera que estos seres han invadido nuestras ciudades, que se reúnen por cientos por todo el globo, que son una terrible amenaza… y que yo no tengo otro interés que ese. 

En principio todo el asunto me pareció algo propio de pseudomedios de extrema derecha, de esos que encuentran… no sé, camareros con dos cabezas, gemelos que se casan con gemelas y, de paso, estudios que demuestran que las vacunas provocan autismo, todo ello ilustrado con vídeos falsos creados por IA. Me reafirmé en esta idea después de ver varias entrevistas en televisión. En Telecinco, por ejemplo, en estas semanas he podido ver a varios therian con pinta de querer convertirse en tertulianos, y en el caso de esta cadena en concreto, no ayudó a que el asunto pareciese serio el hecho de que después de entrevistar a un therian se dio paso a un señor que se había casado con un árbol y, por lo que vi en las imágenes, mantenía sexo con el tronco del mismo.

Pero empecé a pensar más en el asunto cuando me encontré con una noticia en El País que recogía el fenómeno desde un punto de vista supuestamente serio. Entonces lo investigué un poco mientras mis redes seguían ardiendo como si entre el macaco Punch, que es casi humano, y los therian, que son casi animales, no existiera nada más importante. Un amigo se molestó en hacer una búsqueda científica y, resumiendo mucho, encontró  que el término existe en la bibliografía científica, que hay al menos 62 papers que lo usan y que se han documentado unos 79 casos en total en todo el mundo. 

Viendo lo que estaba pasando en la televisión se me ocurrió escribir a la Defensora del lector de El País cuestionando el texto publicado, que me parecía de una calidad periodística ínfima. A mi cuestionamiento respondió el propio redactor del artículo afirmando que se trata de un fenómeno que forma parte de la conversación pública en cada vez más países de América Latina. Me explica que se inició, o cobró relevancia, en Argentina con decenas de cuentas en redes sociales que fueron poco a poco viralizando su mensaje. Y que el fenómeno creció enseguida en México, Colombia y Chile.  Por último el hecho de que, según él, hubiera quedadas masivas le daba entidad al asunto. Es decir, justificó la publicación del artículo porque es un tema que aparece en muchas redes sociales y porque se ha hecho viral, así como en el hecho de que hay muchas quedadas. Pero ni se ha molestado en ver qué o quién está detrás de los mensajes de redes sociales, si hay personas de verdad, si son bots, si son vídeos creados por IA… y mucho menos se ha acercado a una de esas quedadas a ver qué ocurre. Vamos, lo que sería hacer periodismo

Lo cierto es que las quedadas que el redactor de El País ofrece como motivo para darle entidad al fenómeno, no son reales… o sí, pero no son quedadas de therian, sino de otra cosa diferente. Se viraliza la quedada y la gente se lanza allí para ver a algún therian, que no aparece. Al momento siguiente lo que existe son quedadas ya no para ver a estos therian, sino para “cazarlos”: es decir, para perseguir y agredir a chavales que, como mucho, siguen modas “raras”, como en su día los emos, los góticos, los furry o los hikikomori. Han existido quedadas de este tipo en Ferrol, Salamanca, Valladolid, Coruña o Barcelona, y todas ellas han sido recogidas con mucha seriedad por varios medios de comunicación. No han ido therian, pero sí fascistas que han aprovechado para gritar “Pedro Sánchez hijo de puta”, para torear a un supuesto therian con la bandera del aguilucho o para romper cosas. También persiguieron y agredieron a un chico que se acercó con una máscara de caballo y, aunque no sabemos si el chico en cuestión se disfrazó en serio o en broma, lo que sí fue serio es la persecución a una persona que no molestaba a nadie.  

Nada de esto es real, es una sensación creada por las redes que son instrumentos en manos de oligarcas fascistas, cosa que olvidamos permanentemente mientras las usamos

Todas estas noticias, esta viralidad, lo que busca es crear sensación de caos; un caos que pretende demostrar que la sociedad se ha vuelto loca y está descontrolada. El miedo, el desconcierto, el odio, la inseguridad que todo esto genera… todo ello crea emociones que llevan a las personas a exigir actuaciones políticas de derechas. Primero creas de la nada el miedo y después ofreces la fórmula sencilla para acabar con aquello que lo provoca. La reacción a la inseguridad existencial (más que material, aunque a veces ambas confluyan) es un llamado a un sentido común que parece haberse evaporado y que es el suelo en el que posamos los pies. Se construye un mundo peligroso y delirante que exige que se intervenga, pero que no es real. Nada de esto es real, es una sensación creada por las redes que son instrumentos en manos de oligarcas fascistas, cosa que olvidamos permanentemente mientras las usamos. Y en esta sensación de peligro se incluye todo lo “raro”, lo nuevo, lo diferente, todo lo que produce cierta desazón existencial que nos lleva a pensar que hemos ido demasiado lejos con los cambios sociales de las últimas décadas. Aunque lo sabemos y lo repetimos, en la izquierda olvidamos permanentemente que nuestras posiciones políticas están construidas desde las emociones y que primero va la emoción y después la racionalidad. Y no al contrario. Y que si algo distingue a las redes es su inmensa capacidad para crear emociones de la nada y en muy poco tiempo. Estamos a dos segundos de vivir episodios medievales en los que una multitud enfervorizada se lanza contra la casa de una persona a la que en redes se ha acusado de beber sangre de niños pequeños… (esto ya ocurrió con el episodio del Pizzagate en EEUU, por cierto). Mientras, los verdaderos pederastas siempre estarán a cobijo porque ellos son los dueños de las redes que, cada vez más, construyen la percepción sobre la realidad que tiene la mayoría. 

Hemos dejado que las redes definan la realidad y ya nos parece más verdadero lo que aparece en pantalla que lo que de verdad define nuestras vidas. ¿A quién le va a interesar el estado de la sanidad pública cuando nos enteramos de que hay gatos humanos, millones de okupas, baños invadidos por trans violadoras, o miríadas de inmigrantes que traen una enorme inseguridad a los barrios? El mundo se está deshaciendo ante nuestros ojos, pero no por aquello que verdaderamente lo está deshaciendo, sino por miedos que son mucho más fácilmente manejables que la verdadera inseguridad, cuya solución es compleja y exige de una participación real de la gente. Para combatir este miedo simple parece que basta, en realidad, con salir a la calle y apalear a un par de therian, a dos migrantes ecologistas y una persona trans que tiene miedo de ir a un baño. Y no digamos lo fácil que es hacer un programa electoral o dar un mitin hablando de terminar con esta locura de mundo que nuestras pantallas nos meten en casa cada día. Trump nos ha enseñado cómo hacerlo. Hemos olvidado que las redes pertenecen y son instrumentos en manos de unos oligarcas fascistas que están librando una batalla contra la democracia y contra los derechos humanos y que lo hacen a través de estas redes. 

La semana que viene seguramente no quedará ni un solo therian, pero no tenemos que preocuparnos porque, ayer mismo, me llegó una nueva tendencia. Los hobby dogging, gente que coge una correa y un collar de perro (sin perro) y lo lleva paseando por la calle. Dos vídeos de esta gente me han llegado ya. Puede que no queden therian pero sí que quedará en mucha gente esa sensación de que hay que retroceder mucho de lo avanzado para volver a un mundo reconocible y controlable. Esto es letal para la izquierda y quienes mandan lo saben perfectamente. No es que estemos perdiendo la batalla en las redes, es que, si no la sacamos de (estas) redes, va a ser difícil ganar.

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 Beatriz Gimeno es exdirectora del Instituto de las Mujeres.

Resulta difícil recordar un ejemplo de viralidad inducida como el que hemos sufrido en la última semana con los therian. Desde que me salió en las redes la primera noticia sobre estos humanos haciendo de animales (el miércoles de la semana pasada) hasta hoy mismo, pareciera que estos seres han invadido nuestras ciudades, que se reúnen por cientos por todo el globo, que son una terrible amenaza… y que yo no tengo otro interés que ese. 

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