El Partido Popular nos ha inaugurado el año a golpe de elecciones. Así que el que diga que no tiene iniciativas, se equivoca. De momento es solo una fiebre electoral autonómica, pero piensa que se puede extender a todo el territorio. Tiene puesta su mirada en el Gobierno central y no parará hasta conseguirlo. Con el accidente ferroviario de Adamuz se le ha abierto de par en par una ventana inesperada y no quiere desaprovecharla. Desconoce si tanta iniciativa y agitación le traerá más dolores de cabeza que serenidad con las cuentas que hace. ¿Han ganado mejor futuro los extremeños? Depende de las cuentas que se hagan. Parece que Aragón seguirá la misma ruta a tenor de las encuestas, aunque la campaña puede servir para advertir, ¡ojo al verbo y a su sustantivo advertencia!, de lo que se nos avecina.
Extremadura ayer, hoy Aragón, mañana Castilla y León y pasado mañana Andalucía constituyen, cada una por separado, y juntas, un microcosmos de España. A su vez, España conforma un pequeño microcosmos del mundo o, con más propiedad, del planeta Tierra, de su biodiversidad, los seres vivientes y sus recursos finitos, que bien utilizados y distribuidos, nos hacen sobrevivir. Y queráis o no reconocerlo, aragoneses, en estas elecciones está en juego vuestro futuro, vuestra biodiversidad, vuestros lechones, las colmenas, vuestro aceite, las peras y melocotones, la industria de automoción.
No es un secreto que nuestro planeta camina por unos derroteros muy inciertos porque las fuerzas más poderosas que le dirigen están poniendo en peligro su futuro. Las fuerzas ultraliberales y fascistas, amparadas en el neocapitalismo, pretenden manejar todos los resortes. Nunca, como ahora, ni siquiera en el siglo XX, con dos guerras tan catastróficas, que golpearon sobre todo a Europa, está tan extendido el peligro de una catástrofe mayor.
Es una pena que Madeleine Albright haya fallecido, porque hubiera sido todavía más categórica y convincente de lo que fue con Trump en su primer mandato, y que reflejó en su libro Fascismo. Una advertencia. Recoge en él una frase de Primo Levi: “Cada época tiene su fascismo”. Y continúa: “Desde las primeras etapas de su campaña y desde que llegó al despacho oval, Donald Trump ha hablado en términos muy duros de las instituciones y los principios sobre los que se funda un gobierno democrático. Durante este tiempo ha degradado de forma sistemática el discurso político en EEUU, ha mostrado un asombroso desprecio por los hechos, ha difamado a sus predecesores, amenazado con “encerrar” a sus rivales políticos, ha tildado a periodistas relevantes de “enemigos del pueblo estadounidense”, ha difundido falsedades….ha vilipendiado a los emigrantes y a los países de los que proceden y ha alimentado una intolerancia paranoica hacia los fieles de una de la religiones más importantes del mundo”. Si estas afirmaciones, hace ya nueve años, resonaban con la fuerza de las campanas de la catedral de Segovia, mi tierra, ¿cómo interpretaría Madeleine lo que ha dicho y hecho Trump en este primer año de su segundo mandato?
En este último año hemos asistido a un master acelerado sobre Trump y sobre EEUU, sus políticas y sus intenciones y a menos que consideremos aún que Trump es un “tigre de papel” y disociemos sus palabras de sus hechos, a “Europa no le queda más remedio que decir NO”, declara Adam Tooze, historiador en la Universidad de Columbia. “En toda Europa, la extrema derecha es hoy una fuerza política protagonista: o campa cómodamente en el poder, o está a punto de conquistarlo. Italia y Hungría ya han caído en sus manos, mientras que otros, como Francia, circundan su órbita. En la península Ibérica, el auge de Vox y el reciente resultado de Chega en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Portugal van en el mismo sentido”, escribe Sami Naïr.
Ante este panorama, ¿qué se puede hacer? ¿Qué se debe hacer? Advertir, urgir que es necesaria la unidad. Los españoles, los aragoneses ahora tienen derecho a que se les advierta de los peligros de la ultraderecha y del fascismo y se les recuerde tiempos pasados para que no vuelvan a repetirse. Advertir del miedo que supuso para tres generaciones de españoles el pasado franquista y advertir a las generaciones más jóvenes del peligro de la reversión democrática en ciernes y de la catástrofe que supone este retroceso.
Esta situación obliga a los partidos democráticos, progresistas y de izquierda a una urgente y necesaria unidad. “Quien pretenda negar hoy que el fascismo no puede volver se equivoca grandemente, escribió Humberto Eco. Y Juan José Millás repitió: “Ser fascista debiera dar vergüenza. El hecho de que se haya normalizado este discurso es lo que da miedo. Antes a la extrema derecha le daba vergüenza ser extrema derecha y estaba escondida, de repente ha perdido la vergüenza. Uno podía tener tendencias fascistas, pero debía disimularlo por los menos”.
La necesaria unidad tiene que darse en el interior del Partido Socialista, dentro de las fuerzas progresistas y de toda la izquierda socialdemócrata
La necesaria unidad tiene que darse en el interior del Partido Socialista, dentro de las fuerzas progresistas y de toda la izquierda socialdemócrata, por lo que propongo las siguientes iniciativas inmediatas.
Primera.- En el Partido Socialista es obligatorio que se manifieste una unidad inquebrantable. Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el cual ha visto cómo ha cambiado su Extremadura, no puede permanecer en un sillón viendo lo que pasa en Aragón. Tiene que ir allí a reforzar a su partido y a espabilar a los aragoneses durante toda la campaña. Y lo mismo tienen que hacer Emiliano García Page, Eduardo Madina, Jordi Sevilla, Nicolás Redondo y otros. Sus paseos constantes por las televisiones y emisoras dividen al partido. Tienen que ponerse al servicio del partido, de quienes lo dirigen, sin excusas ni pretextos.
Segunda.- A las otras fuerzas progresistas y de izquierda, Sumar, Izquierda Unida, Podemos, Chunta Aragonesa, Teruel Existe, PAR les urjo a lo mismo: unidad, unidad, unidad. Dice Sami Naïr: “La extrema derecha utiliza el sentimiento de impotencia y abandono que sufren las capas socialmente empobrecidas como arma de guerra contra el Estado democrático”.
Tercera.- Y con esta llamada personal y colectiva, propongo que esta unidad contra la ultraderecha y el fascismo se concrete en un acto-mitin, todos juntos, para relanzar el voto de los aragoneses. La Romareda tiene que quedarse pequeña. Sería un mitin inédito, imaginativo, que rompería la dinámica de la campaña de unos contra otros. Hay que machacar, destrozar política y electoralmente a Vox y a Santiago Abascal, al que le cuadra, sin duda, considerarle un “tigre de papel”, para tirarlo a la papelera. Para organizar estas iniciativas, solo se necesita voluntad urgente, incluso decisiones heroicas, no frecuentes.
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Felipe Domingo Casas es socio de infoLibre.
El Partido Popular nos ha inaugurado el año a golpe de elecciones. Así que el que diga que no tiene iniciativas, se equivoca. De momento es solo una fiebre electoral autonómica, pero piensa que se puede extender a todo el territorio. Tiene puesta su mirada en el Gobierno central y no parará hasta conseguirlo. Con el accidente ferroviario de Adamuz se le ha abierto de par en par una ventana inesperada y no quiere desaprovecharla. Desconoce si tanta iniciativa y agitación le traerá más dolores de cabeza que serenidad con las cuentas que hace. ¿Han ganado mejor futuro los extremeños? Depende de las cuentas que se hagan. Parece que Aragón seguirá la misma ruta a tenor de las encuestas, aunque la campaña puede servir para advertir, ¡ojo al verbo y a su sustantivo advertencia!, de lo que se nos avecina.