Liberales de equidistancia selectiva y el ‘caso Montoro’ (que sigue ahí)

Me pilla el final de la semana fuera de la burbuja de la M-30 madrileña, lo cual se agradece en estos tiempos en los que cada mañana amanece con la caldera informativa a punto de explotar y la desinformativa provocando explosiones cada cuarto de hora. A seiscientos kilómetros de la capital las conversaciones son diferentes, y nadie parece estar ansioso de cortar la cabeza a alguien de inmediato, por lo que sea. El sentido común plurinacional parece coincidir en que tanto el accidente de Adamuz como el caos que se viene viviendo en las Rodalies catalanas merecen una profunda investigación, una exigencia de responsabilidades políticas cuando proceda y una inversión rigurosa que evite catástrofes y ayude a recuperar la confianza perdida en redes de transporte fundamentales. Hágase (sin alharacas, y sin ofender a la inteligencia intentando comparar la gestión del ministro Puente –que estaba allí– con la del ínclito Mazón en la dana –que estaba donde ni él ni Feijóo quieren acordarse–. Así que repaso notas de la semana y elijo dos asuntos distintos –aunque con una línea de puntos que los conecta– y sobre los que me atrevo a escribir unos apuntes, por si a alguien interesan.

1.- El académico y superventas Arturo Pérez-Reverte suspende las jornadas que había convocado (pagadas por Cajasol) sobre la Guerra Civil porque dice que ha habido presiones de “grupos de ultraizquierda” para que algunas y algunos de los ponentes previstos se retirasen del panel. Todo empezó el domingo, cuando David Uclés, autor de La península de las casas vacías y flamante Premio Nadal, anunció que renunciaba a asistir porque no quería compartir cartel con José María Aznar o con el ex secretario general de Vox Iván Espinosa de los Monteros para hablar bajo un enunciado común que rezaba así: 1936: La guerra que todos perdimos. Alegaba Uclés que nadie le informó de ese enunciado ni de otros nombres que predicarían junto a él; que el título correcto habría sido en todo caso La guerra que sufrimos todos, y que no estaba dispuesto a compartir cartel con esos nombres citados, que no se han cansado de poner “zancadillas a valores democráticos y a medidas que nos conforman como una sociedad democrática y empática”. Al ‘boicot’ de Uclés se fueron sumando Antonio Maíllo, Carmen Calvo y otros participantes anunciados que coincidían en la valoración del escritor ubetense.

Empezó Pérez-Reverte culpando a “la imprenta” de haberse comido las interrogaciones en el titular de las jornadas, que habría sido 1936: ¿La guerra que todos perdimos? No cuela. Y lo sabe perfectamente el experiodista. Nadie publicita un cartel sin que sus organizadores (y patrocinadores) lo aprueben y corrijan como les venga en gana. Primera mentira, más allá de que la colocación de dos interrogantes no hace sino corroborar precisamente el segundo argumento de Uclés para no acudir: la “equidistancia” ante la salvajada de un golpe de Estado que derivó en una guerra incivil que tuvo ganadores –bien arropados por los fascismos europeos que utilizaron España como laboratorio de la Segunda Guerra Mundial– y perdedores, que no fueron/fuimos todos, sino solo los republicanos o simplemente demócratas. Y terminó el inventor del capitán Alatriste (y de muchas más cosas) culpando a “grupos de ultraizquierda” –en referencia a Podemos– de haber coaccionado a los ponentes para retirarse del panel. Hay que zamparse muchos hongos de esos alucinógenos para imaginar que Uclés o Carmen Calvo o Maíllo pueden actuar influenciados por lo que diga o no diga Podemos sobre los debates a los que acuden.

Lo interesante de lo ocurrido es a mi juicio el tsunami de reacciones febriles que se ha producido desde las filas presuntamente “liberales” de la derecha española. Me refiero al tropel de nombres de la cultura y el periodismo que un día andaban cercanos al PSOE o a la órbita de Prisa bajo el cebrianato, después merodearon o incluso encabezaron movimientos supuestamente “regeneradores” como los de Albert Rivera o Rosa Díez (que en paz política descansen) y finalmente lanzan sus homilías desde lugares tan rigurosos y fiables como The Objective. Eso sí: siempre envueltos en la bandera de un liberalismo que fabrica un odio antisanchista furibundo al tiempo que se escuda en la equidistancia –como bien denuncia Uclés– cuando se trata de asuntos espinosos para cualquiera que se considere demócrata. Son equidistantes selectivos. La Guerra Civil surgió como por esporas después de un régimen republicano corrupto, violento, anticlerical, etc, etc. Un conflicto “entre hermanos” que un día se cabrearon tanto que se liaron a balazos. De modo que estos días das una patada y salen doscientas columnas de opinión en el citado pseudomedio, en ABC, en El Mundo, en El Confidencial o en La Razón dando lecciones de liberalismo e indignándose porque hay rojos peligrosos y sectarios que no aceptan debatir opiniones diferentes. 

No quieren entenderlo porque no les interesa. La derecha presuntamente liberal en España no termina de asumir lo que es obvio para cualquier demócrata –sea azul o rojo o verde– europeo: para ser demócrata hay que ser antifascista. Son cualidades que no sobreviven la una sin la otra por mucho que una de ellas se disfrace. La guerra ‘española’ surgió por un golpe de Estado y sus autores fueron responsables de una guerra incivil sangrienta y de casi cuatro décadas de dictadura también sangrienta. Y en estos tiempos de resurrección alarmante de los fascismos –arropados y alimentados por tecnomillonarios con nombres y apellidos– conviene que cada cual se retrate y que desde las filas de los demócratas retratemos a los embaucadores que se escudan en el falsario prestigio de la equidistancia. Por mucho que intenten apropiarse de nombres relevantes de la cultura o el periodismo de los años treinta y siguientes. (Recuerdo los cabreos de nuestra añorada Almudena Grandes cada vez que alguien osaba ubicar a Manuel Chaves Nogales en las filas de la equidistancia). 

Así que ya era hora de plantar un pie demócrata en la pared de los equidistantes que tienden de manera enfermiza –o crematística– a cojear siempre hacia la derecha. No se puede dar carta de naturaleza a ese revisionismo político que solo busca alentar la falsa imagen de que la dictadura fue una simple consecuencia de la violencia republicana. No se puede admitir un marco de conversación en el que antes de empezar a hablar ya te sitúan en la autodefensa y la justificación frente a la manipulación más burda o más sutil de la realidad histórica. 

La derecha presuntamente liberal en España no termina de asumir lo que es obvio para cualquier demócrata –sea azul o rojo o verde– europeo: para ser demócrata hay que ser antifascista

2.- Anda tan ocupado el financiadísimo liberalismo español con esas jornadas sobre la guerra civil que no ha tenido tiempo estos días de leer ni de destacar ni de analizar el auto del juez de Tarragona Rubén Rus Vela, que atiende la petición de la fiscala anticorrupción Carmen García Cerdá para prorrogar otros seis meses la investigación del llamado caso Montoro, dada la complejidad del asunto, el número de acusaciones personadas y la gravedad de los delitos que se tratan. Recordemos, y cito literalmente la página 2 del auto conocido este miércoles: “La investigación ha puesto de manifiesto la existencia de una presunta trama que gira en torno a la mercantil Equipo Económico, que, mediando precio, se dedicaría a intervenir en el proceso legislativo, moldeando reformas legales a las necesidades de sus clientes”. El entonces ministro de Hacienda y varios de sus altos cargos se enfrentan al siguiente rosario de delitos nada menores: cohecho, fraude contra la Administración pública, prevaricación, tráfico de influencias, negociaciones prohibidas, corrupción en los negocios y falsedad documental. En el sumario ya figuran pruebas documentales de cómo empresas gasísticas redactaban normas que luego aprobaba el consejo de ministros presidido por Mariano Rajoy sin cambiar una sola coma, y ahora se trata de comprobar que el despacho de influencias ligado al señor ministro látigo de actores, periodistas, cantantes y otros nombres de la turba progresista a través de la Agencia Tributaria recibía astillas millonarias por los favores otorgados. 

La fiscala que lleva peleando este caso contra la resistencia incluso de sus superiores directos y cierta dilación en las investigaciones de la en otros casos velocísima UCO sigue a la espera de los informes reclamados sobre, entre otros aspectos relevantes, el régimen económico matrimonial de Montoro y de sus exsocios (ver aquí). Nadie conoce mejor los recovecos para engañar al fisco que quienes dictan las normas del propio fisco. Pero además, en este caso, de lo que se trata es de una privatización directa de la democracia, puesto que son empresas interesadas en su negocio particular las que dictaban las reglas por las que debía regirse el supuesto “libre mercado” en el que competían. 

A uno se le ocurre que los aguerridos y aguerridas liberales soliviantados porque Pérez-Reverte haya tenido que aplazar las equidistantes jornadas sobre la Guerra Civil podrían rellenar ese tiempo vacío examinando los impresionantes patadones a la democracia ejecutados –presuntamente– por el ínclito liberal Montoro y sus secuaces en el ámbito económico y fiscal, y por la trama Kitchen presuntamente dirigida por el liberalísimo y ultracatólico ministro Fernández Díaz en el ámbito policial que pronto se juzgará por dedicar la cúpula del ministerio del Interior a espiar a adversarios políticos y a desinformar a la ciudadanía a través de cómicos ‘liberales’ como un tal Eduardo Inda. 

Hay quien sigue sucumbiendo a los aromas cómodos y adictivos de la equidistancia, como si todo el arco político actuara exactamente igual. Que es lo que pretenden instalar, con esa ya manida técnica de Steve Bannon: “Llenemos de mierda el escenario”, para que todos parezcan igual de cerdos. Y esos artefactos de la desinformación funcionan, aprovechando además el magma estable de la imbecilidad (y echo mano de otra nota tomada esta semana, nada menos que de una encuesta de “cultura científica”): el 28% de la población cree que nos han visitado alienígenas y el Gobierno de Sánchez lo oculta (ver aquí).

Me quedan dos días lejos de la burbuja del ruido y el espectáculo. Pienso aprovecharlos para buscar pócimas eficaces contra los venenos de la equidistancia y de la estulticia (tranquilidad, no busco brujerías, sino buenas lecturas).

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