Debatir es siempre útil y positivo en cualquier ámbito de la vida y en la ciencia más. Pero hay que conocer todas las claves y tener toda la información previa. La renuncia de David Uclés a un encuentro sobre la Guerra Civil a través de un vídeo difundido en redes sociales ha desatado una batalla académica y mediática, aparte del ruido infernal de insultos en esa barra de bar que es X. El encuentro se enmarcaba en el ciclo Letras en Sevilla XI y se denominaba 1936: La guerra que todos perdimos.
El título es un despropósito que enlazaba con la corriente reaccionaria mundial y con otra nacional muy arraigada de equidistancia de —todos fuimos culpables— en la contienda de 1936, que fue un conflicto civil e internacional, aunque esto último se olvida con demasiada frecuencia. La guerra la ganaron los franquistas y se beneficiaron los vencedores. Eso es indiscutible. Lo demás es una tontería que denota una intencionalidad maliciosa y un sectarismo destacado. Aunque hay que decir que el pasado miércoles por la tarde los organizadores comunicaron su aplazamiento hasta otoño por "presiones de la ultraizquierda" y para reconfigurar el programa después de las bajas que han tenido.
Yo voy a exponer mi opinión al respecto como ciudadana y como historiadora que no siempre coinciden tras analizar toda la información que se conoce públicamente. En primer lugar, hay que ver quién organiza el evento y quién lo financia. Los promotores son el escritor, periodista y académico Arturo Pérez-Reverte y el periodista de Canal Sur Jesús Vigorra, que saben de la Guerra Civil lo que yo de ferrocarriles, ahora que todo el mundo es un experto en accidentes ferroviarios y en trenes de alta velocidad. Que se lo digan a Nacho Abad, y, sobre todo, a Héctor de Miguel, que con su humor ácido e inteligente me alegraba el día con el programa Hora Veintipico.
A continuación, hay que ver quién corre con los gastos y resulta que es un banco, motivo suficiente para desconfiar de inicio. En concreto, la Fundación Caja Sol, que sufraga actos académicos y culturales, y suponemos que ha dado completa libertad a Pérez-Reverte y a Vigorra para conformar el plantel de ponentes en las mesas y los títulos de esta actividad. Pero también ha respaldado su labor y el programa final antes del escándalo y de las bajas.
Voy a bolos académicos donde sólo me pagan desplazamiento y alojamiento, y a otros donde además recibo remuneraciones que agradezco –aunque ínfimas respecto a lo que se llevará cualquier político de relumbrón por ir a Sevilla–, pero yo soy una humilde historiadora que "predico" de mis investigaciones, como diría mi querido Julio Aróstegui (el pasado miércoles hizo 13 años que nos dejó). Me encantaría conocer su ácida y aguda opinión sobre este tema.
Como ciudadana nunca iría a un acto donde participa José María Aznar, el de las mentiras del 11M entre otras lindezas, como ha hecho David Uclés. Tampoco me apetecería ir a un acto donde se incluye a Iván Espinosa de los Monteros, que ha sido dirigente de Vox, un partido racista, ultraderechista y antifeminista, entre otras muchas virtudes. Pero, como historiadora, debería sopesar si acepto o no ir a exponer mi discurso, que discrepa de la tónica general del evento. A mí no me han invitado, por supuesto, y aunque algunos dirán que escribo desde la envidia o el rencor, nada más lejos y lo saben quiénes me conocen. Yo he trabajado mucho sobre la Segunda República y algo de Guerra Civil (como las editoriales de ambas zonas y el fenómeno del biblocausto), pero no llego al nivel de especialización de otros ponentes en el tema de la guerra. Así que mi ausencia está perfectamente justificada.
Y, en segundo lugar, hay que analizar la calidad de los ponentes y los títulos de las mesas y de las ponencias. En este sentido, con un rápido vistazo al programa una se da cuenta que es un totum revolutum curioso porque vemos a profesionales de la academia muy reputados para hablar de la guerra, como Julián Casanova, Enrique Moradiellos, Zira Box o Gutmaro Gómez Bravo –muchos de ellos, además, buenos amigos míos–, pero también a políticos de todo pelaje, literatos, cineastas ilustres y gente pintoresca. Eso da cuenta de los intereses de los organizadores y de la Fundación, aparte de figuras de primera fila de la política, y quizás lo que menos importa es debatir de manera científica, pero blanquean y elevan el nivel del acto con la participación de historiadores de prestigio. También convendría saber si cuando ficharon a Uclés o al resto de participantes conocían la inclusión del resto de ponentes y sobre el cariz del evento o de sus títulos. Parece ser que no. Algunos incluso han desmentido a Pérez-Reverte cuando dijo que el título iba entre interrogaciones y que había habido un error de imprenta, señalando que siempre fue una afirmación, desde el principio.
Pero seguimos analizando los títulos de las ponencias y mesas redondas y entonces paso de la sorpresa a la indignación como profesional de la historia. Así vemos que hay una conferencia a cargo de Juan Pablo Fusi, catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), con el siguiente título: "¿Por qué naufragó la II República?". Resulta una afirmación increíble, ahora me entero de que el régimen republicano fracasó, ni siquiera lo ponen en duda con un título menos capcioso que dejara abierto el tema: "¿Fracasó la República?". Las palabras no son neutras ni casuales, lo debería saber bien el académico de la Lengua Pérez-Reverte. Tras años de un avance increíble en la historiografía gracias a la apertura de archivos nuevos, el acceso a documentación desconocida y a las nuevas generaciones que nos hemos incorporado desde la muerte de Franco a este oficio, resulta que hemos llegado en 2026 a la siguiente conclusión: la Segunda República fracasó. Para este viaje no hacen falta alforjas, hemos retrocedido muchos años ya que eso lo decían el franquismo y los golpistas de 1936 que se sublevaron e hicieron naufragar la República. La democracia republicana no fracasó, la hicieron fracasar unos militares africanistas en connivencia con las potencias fascistas. Mientras yo pido en las clases a mis alumnos que sean rigurosos, les explico que hay que desmontar bulos y mitos, y les conmino a que se informen por bibliografía científica y a que no tomen por serio todo lo que aparece en las redes sociales, de un plumazo todo se cae desde ciertos sectores de la academia.
Es muy loable y necesario ir a actos de diferente entidad a difundir tus investigaciones, así como debatir con gente que no piensa como tú, pero no con las cartas marcadas y el árbitro comprado
Este título y otros como "¿Todas las cunetas son iguales?", cuando hay miles de cadáveres de republicanos tirados todavía en cunetas, bajo el cual van a debatir la exministra Carmen Calvo y Alberto Ruiz-Gallardón (que negó en el Parlamento cuando era ministro de Justicia la contribución decisiva de los socialistas, encabezados por Manuel Cordero, en la aprobación del voto de las mujeres durante las Cortes Constituyentes de la Segunda República). O "Noventa años después ¿es posible el diálogo sobre la Guerra Civil española?", con Ester Muñoz –que precisamente se burló en el Senado del dinero destinado a las exhumaciones de las cunetas–, Antonio Maíllo de IU, María Márquez del PSOE-A (ambos ya se han borrado del evento) o Iván Espinosa de los Monteros, que justifica la dictadura y el golpe de Estado de 1936. ¿Qué entendemos por debate? ¿Alguien debatiría de manera seria con un negacionista del Holocausto o con un terraplanista? Quizás deberíamos reflexionar qué es un intercambio de opiniones y argumentos de forma respetuosa y rigurosa entre gente especialista, que sabe de lo que habla y aporta algo. ¿Se imaginan un debate científico riguroso entre un médico reputado, un científico que investiga sobre una vacuna y un tertuliano antivacunas? ¿O entre un experto en cambio climático y un negacionista del mismo?
Todas estas cuestiones nos dan idea de lo tramposo del debate que han planteado Pérez-Reverte y Vigorra con el patrocinio de la Fundación Caja Sol. Se dan por válidas muchas premisas de la historiografía neofranquista, mal llamada revisionista, que son planteamientos de la dictadura remozados con tintes de modernidad. También hay conferencias más serias con títulos más científicos como: “Final de la guerra: fue una paz o una victoria”, a cargo de Julián Casanova, o “¿Fue la Guerra Civil una contienda internacional en suelo español?”, de Enrique Moradiellos, aparte de la mesa redonda “El cine y la Guerra Civil española”, con Alejandro Amenábar, Juan Echanove, Sergio Vila-Sanjuán y Pilar Martínez-Vasseur. A mí me gusta ser justa y rigurosa.
En otra nota de prensa de la organización hace dos días, difundida en redes, afirmaron que los profesionales de la historiografía y demás ponentes que mantenían su asistencia debatirían sobre la inevitabilidad de la guerra. ¡Cáspita! Ahora resulta además que la guerra era inevitable, no lo sabía. Pero es la lógica siguiente tras afirmar que la República naufragó. Maniqueísmo y presupuestos franquistas de manual. Otra cuestión interesante sería saber en calidad de qué van los políticos: de sus cargos y responsabilidades, como ciudadanos que van a dar su opinión pero que no son anónimos, o sólo para dar caché al evento que financia la Fundación Caja Sol y para que sus declaraciones salgan en un canutazo en los telediarios y en una foto en la prensa escrita con el logo detrás de los participantes y así obtenga el patrocinador una publicidad encubierta. Sólo faltaría la financiación de la Fundación Juan March y del periódico ABC, que tanto hicieron por el golpe de Estado.
Yo creo que es muy loable y necesario ir a actos de diferente entidad a difundir tus investigaciones, así como debatir con gente que no piensa como tú, pero no con las cartas marcadas y el árbitro comprado. Los marcos de este evento son completamente tramposos y en un tiempo de avance de la ultraderecha conviene no callarse, por supuesto, sólo faltaba. Pero tampoco deberíamos entrar al trapo en un evento organizado por escritores que no son especialistas en el tema, financiado por un banco y donde van políticos de derecha y ultraderecha que blanquean la dictadura franquista y justifican el golpe de Estado. Es mi opinión desde una postura sosegada y respetuosa que pretende contribuir al debate con planteamientos serios y científicos.
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Ana Martínez Rus es profesora de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense.
Debatir es siempre útil y positivo en cualquier ámbito de la vida y en la ciencia más. Pero hay que conocer todas las claves y tener toda la información previa. La renuncia de David Uclés a un encuentro sobre la Guerra Civil a través de un vídeo difundido en redes sociales ha desatado una batalla académica y mediática, aparte del ruido infernal de insultos en esa barra de bar que es X. El encuentro se enmarcaba en el ciclo Letras en Sevilla XI y se denominaba 1936: La guerra que todos perdimos.