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Crisis del coronavirus

Andalucía, Cataluña y Madrid: un año de rastreo insuficiente por la saturación y la desconexión con Atención Primaria

Cola a la entrada del Hospital Zendal de Madrid durante la vacunación de los menores de 60 años que recibieron la primera dosis de AstraZeneca.

Los rastreadores han dejado de ocupar titulares. Pero siguen siendo necesarios para contener los daños hasta alcanzar la inmunidad de grupo, y han sido necesarios durante todo 2021. A pesar de que hace más de un año que los especialistas insisten en que estos trabajadores son vitales para evitar la transmisión descontrolada y que es necesario que se coordinen tanto con Atención Primaria como con Salud Pública para llegar pronto y cortar las cadenas de contagio, tres comunidades siguen sin encontrar más de la mitad del origen de los casos que detectan, es decir, una trazabilidad de menos del 50%. El semáforo covid del Consejo Interterritorial lo considera riesgo "alto" e implica un rastreo pobre. Son Cataluña, Andalucía y Madrid.

Euskadi se queda también por debajo por décimas, con un 49,3%, pero sus datos deben ponerse en cuarentena: durante todo 2021 hasta el 13 de mayo, el Instituto de Salud Carlos III ha notificado una trazabilidad de entre el 0,1 y el 3% en el territorio, una cifra demasiado baja para ser creíble. A partir de dicha fecha, se comunicaron porcentajes superiores al 50%. Los cálculos se efectúan de manera automática, explican fuentes conocedoras del proceso, mediante las fichas individualizadas de cada contagio subidas al sistema SiVies, y a veces falla: Asturias, por ejemplo, estuvo notificando meses trazabilidades de más del 70% cuando el resumen semanal subido a la web del Ministerio de Sanidad les daba menos del 10%. El sistema falla en ocasiones, reconocen estas fuentes, aunque no se sabe bien por qué. 

Andalucía no ha sobrepasado nunca, en todo 2021, la frontera del 50% en su trazabilidad. Desconoce de dónde vienen la mitad de los casos que encuentra. Tanto Cataluña como Madrid superaron esa cifra entre la tercera y la cuarta ola, pero tras el aumento de la incidencia acumulada (casos/100.000 habitantes) en los últimos 14 días de principios de abril, la capacidad de rastreo volvió a desplomarse. En las tres comunidades, la trazabilidad baja cuando suben los casos, por la saturación derivada de una transmisión descontrolada, y sube cuando la IA/14 días vuelve a caer. No se han tomado medidas para que la identificación del origen de los positivos deje de depender de la curva epidémica. 

No es tarea fácil entender las razones del fracaso de un sistema de rastreo, aunque hay indicios y factores que no ayudan a un buen funcionamiento. No es una cuestión solo de números: son engañosos. Cataluña cuenta con unos 800, 10 por cada 100.000 habitantes; Madrid con 1.600, 23 por cada 100.000 madrileños; y Andalucía, con la peor trazabilidad de España, con 101 por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, no hay un criterio nacional para definir qué es un rastreador, las cifras no vienen en ningún documento oficial y los responsables de la administración no suelen aclarar cuántos profesionales se dedican a ello a tiempo completo y cuántos son empleados en la Atención Primaria que, además de llamar a cada positivo, tienen que continuar con sus tareas asistenciales rutinarias y vacunar. 

En Andalucía, de hecho, los profesionales advierten que buena parte de esos más de 8.500 rastreadores de los que presume la Junta de Andalucía son enfermeras que no pueden ejecutar el trabajo con la profundidad que se requiere. "No es una única cifra cuantitativa", opina el especialista en Medicina Preventiva Mario Fontán. Más que tener muchos efectivos, "es importante tener una red de rastreo asentada en el territorio. No solo para trabajar en la identificación de casos, sino para identificar a los casos más vulnerables". Si un rastreador encuentra a una familia que tiene problemas para hacer la cuarentena o que declara no tener cómo hacer la compra, por ejemplo, debe avisar para que servicios sociales u otros departamentos destinados al apoyo durante la pandemia se hagan cargo. De otra manera, es difícil romper según qué cadenas de transmisión. 

Sobrecargar a la Atención Primaria con el trabajo de las rastreadores es una pescadilla que se muerde la cola. Pasa en Andalucía y, según explica Fontán, pasa en Madrid. Si los médicos de familia, los enfermeros y el personal administrativo está hasta arriba, conseguir una cita, aunque sea telefónica, por una sospecha de covid es más difícil, por lo que aumenta el riesgo de que el enfermo no se aísle. Y este sector de la medicina, habitualmente escaso de personal, de medios y de tiempo para tratar a los pacientes con calma, ya se encarga de la vacunación. No puede seguir haciéndolo todo. Si los ambulatorios, ya con mucho por hacer, se encargan de las entrevistas a los positivos, se corre el riesgo de que sean conversaciones superficiales que no permitan hacer recordar al paciente con quién ha estado o identificar una situación de vulnerabilidad.

Por lo tanto, opina el experto, "tiene que haber un equipo independiente". Pero independiente no implica aislado. Tienen que estar en conversación constante tanto con Atención Primaria como con Salud Pública. En Madrid, explica Fontán, sí que hay trabajadores al margen de la estructura de los centros de salud: pero no son suficientes y no hay comunicación. Llegan tarde. Han llegado tarde durante toda la pandemia. "Ahora mismo, las tareas de rastreo las está haciendo Atención Primaria y no es su labor. Esto está dicho por muchos profesionales: muchas labores las han asumido ellos". Médicas o enfermeras llamaban a los positivos y, sabiendo que los rastreadores quizá no llegaban, les hacían las preguntas para identificar a los contactos estrechos. Días después, llegaban los trabajadores del equipo de rastreo, cuando el trabajo ya estaba hecho. 

Un documento del Ayuntamiento reconoce el "déficit" de rastreadores en Madrid durante la segunda ola

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Esta desconexión entre los centros de salud y los rastreadores también se ha producido en Cataluña. La Generalitat subcontrató en julio el equipo de scouts a Ferrovial. scouts Muchos trabajadores lamentaban que, al no ser sanitarios, no podían acceder al historial médico, y tampoco había una interlocución con los médicos para coordinarse con cada caso. Por lo tanto, se produjeron duplicidades que afectaron a la calidad del servicio. Con la llegada de 2021, Salut decidió prescindir de una parte del equipo e integrar a otra parte en el sistema sanitario, precisamente para acabar con esta descoordinación. Los despedidos denunciaron ante la justicia, arguyendo que se prescindía de profesionales que saben cómo hacer el trabajo y que han aprendido sobre la marcha. 

Ni la Consejería de Salud de Andalucía, ni la de Sanidad de Madrid, ni la de Salut de Cataluña han respondido a las preguntas de infoLibre sobre cuántos rastreadores tienen, cuántos ejercen la tarea de manera exclusiva y cuál es la explicación que dan a una tasa de trazabilidad que en otras regiones alcanza el 80%, asumiendo que hay casos irrastreables porque es imposible saber dónde se ha producido el contagio. Pero los testimonios de trabajadores y especialistas permiten entender las razones de un registro tan pobre: la saturación de la Atención Primaria y su desconexión con otros departamentos.

Sigue siendo necesario un buen rastreo: en primer lugar, para evitar que personas que aún solo cuentan con una dosis o con ninguna y que pertenecen a tramos etarios con más probabilidad de un cuadro grave de covid sufran los últimos coletazos de la pandemia. Y en segundo lugar, para que la Atención Primaria se dedique a vacunar, con la mayor dedicación posible, y a tratar el resto de dolencias que han dejado apartadas. Pero hay poca esperanza de que se corrijan los déficits que han estado más de un año sin corregir. 

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